Los
deportes colectivos son desde hace tiempo un escenario que
las empresas observan con atención para reflexionar
acerca de su propio hacer.
El
juego deportivo –tanto como la estrategia empresarial–
requiere que personas con distintas capacidades coordinen
acciones y se alineen tras un objetivo común. Para
que las metas planificadas se plasmen en la realidad, es imprescindible
que la coordinación y el alineamiento mencionados ocurran
no sólo dentro del campo de juego sino también
en las interacciones entre todos aquellos cuyas tareas inciden
para concretar dicho resultado: presidente y comisión
directiva del club, cuerpo técnico, jugadores, simpatizantes,
divisiones inferiores, etc.
Análogamente,
en el mundo empresarial, el gerente general (como ejecutor
de los lineamientos de los accionistas) o los socios/dueños
de una PYME, los empleados en sus distintas posiciones, los
proveedores y los clientes, etc., encarnan los roles de las
personas que participan y dan vida a este juego.
Tanto
las empresas como los clubes deportivos ganan el juego cuando
ganan “su” juego. ¿Qué queremos
decir con esto? Que tal vez para un determinado club de fútbol
el objetivo a lograr en la próxima temporada sea mantenerse
en la misma categoría, mientras que para otro será
participar en alguno de los torneos internacionales, y para
un tercero ganar el campeonato local será la única
opción que se plantea.
El
desafío consistirá, por lo tanto, en desarrollar
acciones efectivas orientadas al logro de los objetivos que
la institución se propone.
La
pregunta del título tiene una clara intención
provocativa, y no quisiera que conduzca a las simplificaciones
propias de miradas apasionadas. ¿Realmente está
dispuesto a que su empresa juegue como el “Barza”?
Observe que no estoy preguntando si le gustaría, sino
si está dispuesto.
Me
interesa que nos corramos conscientemente del ámbito
del “pensamiento mágico”, en el cual todo
cambia a través de una simple acción. En esta
línea podemos ubicar la esperanza de que Messi salve
a la selección argentina cuando falta el juego asociado,
del mismo modo que en el pasado lo esperamos de Maradona o
del gerente de ventas.
La
alternativa al pensamiento mágico (según el
cual si contratamos buenas individualidades el resultado colectivo
va a ocurrir per se) es trabajar desde las bases
en un proyecto en el que todos juguemos al mismo juego y lo
sostengamos en el curso del tiempo, más allá
de los primeros resultados.
Lo
anterior cabe, inclusive, en los casos en que las empresas
buscan la intervención de una consultoría externa,
confiando en que un “otro”, portador de un saber
especial, aportará la solución que no se logró
gestionar desde adentro. Nuestra propia experiencia en intervenciones
de este tipo se basa, precisamente, en un acompañamiento
en el terreno para que las personas desarrollen las habilidades
y competencias que les permitan hacer su mejor aporte en un
escenario de colaboración.
Dado
que nadie nació sabiendo, es de esperar que los primeros
intentos de coordinación tengan la demora, los errores
y la falta de armonía que padecemos cuando aprendemos
a bailar.
En
este contexto, podríamos plantear la pregunta del título
de la siguiente manera: ¿está dispuesto a hacer
lo que tiene que hacer como empresario para que ocurra lo
que pretende?
El
Barcelona estuvo dispuesto a llevar adelante un proyecto alineado
en sus valores, de modo que todos –cada uno desde su
rol– se sintieran orgullosos de pertenecer:
-
estuvieron dispuestos a no poner publicidad en su camiseta,
excepto UNICEF, por lo que no cobran;
-
estuvieron dispuestos a endeudarse;
-
estuvieron dispuestos a brindar los cuidados necesarios
a un chico de 14 años como Lionel Messi (y a tantos
otros en quienes detectaron talento) para ir acompañándolo
en su madurez;
-
estuvieron dispuestos a prescindir de algunos futbolistas
fantásticos en función de un mejor vestuario
para el conjunto;
-
estuvieron dispuestos a moverse con una integridad que les
llevó entre cinco y diez años, más
allá de los resultados del proceso, hasta lograr
que los mismos fueran los buscados.
¿A
qué está dispuesto usted para que su empresa
juegue como el “Barza” en su rubro? ¿Sabe
a qué está dispuesta su gente y los demás
actores involucrados? Me parece que las respuestas a estas
preguntas le darán una idea del alcance de su visión.
Por
cierto, me dará mucho gusto prestarle un oído
para que usted pueda pensar estas preguntas en voz alta con
ese “otro” que todos necesitamos cuando nos encontramos
en la soledad del mando.
Solo
los que estén dispuestos a ir lejos, y lo hagan,
sabrán cuán lejos pueden llegar. |