Es
evidente que la forma de hacer negocios ha cambiado. Más
allá de la situación depresiva del mercado (y
de los consumidores) cada día hay más productos
y servicios para satisfacer una misma necesidad. Sobrevivir,
sabemos que no es tarea fácil y menos para el empresario
que no se ha dado cuenta que las reglas de juego no paran
de cambiar.
Como
en todos los órdenes de la vida, están los que
se dan cuenta de los cambios e implementan las medidas necesarias
para enfrentarlos y a la vez aprovechar la oportunidad que
a ellos puede venir ligada, los que ven la necesidad y pese
a esto no cambian, y los que ni siquiera se dan cuenta de
que la situación recesiva global de estos tiempos nos
va a tocar a todos tarde o temprano.
El
que no implementa cambios radicales está quedando en
el camino. Sin excepciones. Reflexionemos sobre algunas realidades
empresariales de esta nueva década que estamos comenzando
a recorrer con tanto esfuerzo y sufrimiento...
La
competencia es cada vez más inteligente y se mueve
a gran velocidad. La capacidad de respuesta a los
requerimientos del mercado (aunque estos sean muy pobres),
que se traduzca en el desarrollo de habilidades en la empresa
para alcanzar ventajas competitivas sostenibles sobre la competencia,
es tan importante como un producto o servicio único
por sus características.
Las
alianzas estratégicas son de vital importancia para
poder competir y lograr crecimiento. Hay que “tirarse
a la pileta” y no tener miedo. Es preferible unir fuerzas,
experiencias, conocimientos del mercado, a tener que “bajar
la cortina”. No importa el tamaño de las empresas
en una alianza. Una gran empresa puede unirse a una pequeña
o a una mediana. Lo importante es que ambas partes agreguen
valor para estructurar en conjunto una organización
más competitiva.
Extraer
rentabilidad de la información es una de las metas.
El valor de la información que posee una empresa no
reside en la cantidad sino en la calidad de la misma. En la
era de la tecnología de la información no gana
quien tenga más datos sino quien sepa utilizarlos y
extraer lo mejor de ellos. La información de una empresa
constituye en la actualidad (junto con su gente) el activo
más importante.
El
más hábil “se come” al menos hábil.
A diferencia de hace unos años, cuando el más
grande se “comía” a los más pequeños,
el mundo está cambiando y las empresas grandes buscan
cada vez más la flexibilidad y rapidez de la pequeña
y mediana empresa, muchas veces para dejar en sus manos algunas
de sus áreas de negocios, lentas y burocratizadas.
El
mercado es definitivamente de los innovadores. La
innovación, el desarrollo y la investigación
se han convertido en elementos que ninguna empresa puede dejar
de lado si desea crecer, mejorar su posicionamiento y ganar
una mayor participación de mercado.
Con
la globalización de los mercados, las empresas se ven
obligadas a ofrecer nuevos y mejores productos como resultado
de procesos óptimos e innovadores y a través
de una comercialización que responda a las expectativas
del cliente, quien ha roto con estructuras caducas. Existe
hoy casi “escondido” detrás de la recesión
y la crisis, un nuevo consumidor. ¿Podemos todavía
venderle los mismos productos y servicios que le despachábamos
10 años atrás? ¿Vendrá hasta nosotros
a pedirnos por favor que le vendamos?
La
innovación es un proceso que involucra varias etapas:
entre aquéllas, el reconocimiento de la oportunidad
para realizar la innovación, la formulación
de la idea, la solución del problema, la ejecución
del proyecto y la difusión de la solución. La
innovación no es ni más ni menos que el conocimiento
aplicado en busca de la satisfacción del cliente y
obviamente la rentabilidad de la organización.
Los
clientes que vuelven “sostienen” a la empresa.
La necesidad de cautivar al cliente cada día es mayor,
y pese a que se han gastado ríos de tinta escribiendo
sobre el tema, la verdad es que la mayoría de las empresas
dejan para lo último (“por razones de presupuesto”)
todo esfuerzo que tenga como objetivo final trabajar en pos
de la satisfacción del mismo.
El
estudio pormenorizado de la información que aportan
los clientes, y principalmente del 80-20, debe ser el punto
de partida de nuestra nueva estrategia comercial. No necesitamos
clientes que nos hacen gastar más de lo que nos dejan
de rentabilidad. La receta no es ningún misterio: se
logra fidelizar al cliente desarrollando habilidades en la
empresa que tomen muy en cuenta su punto de vista y lo traduzcan
en factores que satisfagan los requerimientos del mismo.
La
motivación, una llave imprescindible para alcanzar
el éxito. El reconocimiento y la motivación
de la gente son indispensables para el funcionamiento de cualquier
organización. Facilitan el proceso de cambio y propician
un ambiente de logro de los objetivos del negocio.
Sin
duda, uno de los aspectos más importantes y básicos
para que una empresa pueda alcanzar un nivel de competitividad
como la que estos tiempos requieren, es la posibilidad de
integrar eficientemente los recursos humanos con los físicos
y financieros.
La
calidad de los productos o servicios de cualquier empresa
está sustentada hoy en la capacidad de mantener operando
establemente sus sistemas de trabajo, y para lograrlo se necesita
contar con personas capacitadas y fundamentalmente motivadas
para hacer el mejor trabajo.
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