Una
compañía son todas las personas que la integran,
desde la cúpula hasta la base. Y es solamente cuando
todos los miembros de la organización se solidarizan
alrededor de una estrategia, cuando una empresa se destaca
como ejecutora contundente.
Un
paso importante pare esa finalidad es vencer las barreras
organizativas que obstaculizan la ejecución de la estrategia.
Para ello, es preciso invocar la base fundamental de la acción:
las actitudes y comportamientos de las personas que componen
la organización. Es necesario crear una cultura de
confianza y compromiso que motive a la gente a ejecutar la
estrategia acordada, no de dientes para afuera, sino de espíritu.
Los
corazones y las mentes deben alinearse con la estrategia,
de tal manera que cada persona la haga suya voluntariamente,
movida por el deseo de aplicarla por iniciativa propia y no
por considerarla una obligación. Cuanto más
lejos se encuentren los empleados de la cúpula y más
escasa haya sido su participación en su diseño,
menor será el grado de involucramiento. Siendo, precisamente,
en dichos niveles, donde tendrá que ejecutarse la estrategia
día a día y dependiendo su éxito de ello.
¿Cómo
se puede evitar este riesgo de fallo en la ejecución
de la mejor estrategia jamás elaborada? ¿Cómo
se puede conseguir la confianza y el compromiso de todos los
niveles organizacionales? Existen tres principios claves del
éxito: la participación, la explicación
y las expectativas claras.
La
participación se refiere al hecho de involucrar a las
personas en las decisiones estratégicas que las afectan,
solicitándoles sus ideas y permitiéndoles refutar
los méritos de las mismas y de los supuestos de los
demás. De esta forma se comunica respeto por la persona
y sus ideas. A la vez que da lugar a mejores decisiones estratégicas
y a un mayor compromiso de todos los involucrados.
La
explicación se refiere a que todas las personas involucradas
y afectadas deben comprender la razón por la que se
toman las decisiones estratégicas definitivas. Cuando
se explica el razonamiento sobre el que se basan las decisiones,
las personas se quedan tranquilas al saber que se han tenido
en cuenta sus opiniones, generando un clima de confianza.
Para
que haya claridad respecto a las expectativas, una vez establecida
la estrategia se deben comunicar claramente las reglas del
juego. Los empleados deben saber desde un principio cuáles
son las metas de la nueva estrategia, los objetivos y etapas,
las responsabilidades de cada uno, especialmente porque cuando
las personas comprenden con claridad lo que se espera de ellas,
se minimizan los favoritismos y las maniobras políticas,
abriendo camino a que las personas puedan concentrar sus esfuerzos
en ejecutar la estrategia de la manera más eficaz posible.
Estos
principios de sentido común están basados en
el reconocimiento intelectual y emocional. Las personas desean
que se les reconozca su valor, no como recursos sino como
seres humanos merecedores de un trato justo y digno, apreciados
como individuos valiosos, independientemente de su posición
jerárquica.
El
compromiso, la confianza y la cooperación voluntaria
no son simplemente actitudes o comportamientos. Son capital
intangible. Cuando hay confianza, las personas confían
más en las intenciones y las acciones de los demás.
Cuando hay compromiso, las personas incluso se sienten dispuestas
a sacrificar sus intereses personales para bien de la compañía. |