Todos
sabemos que hoy el trabajo en equipo es valorado como una
de las claves del éxito de las empresas. Y esto es
así porque en ninguna empresa puede prescindirse del
trabajo grupal, y la efectividad de la organización
descansa, entonces, en la efectividad del trabajo en equipo.
Un
equipo es un conjunto de personas que se necesitan mutuamente
para actuar. Todos los equipos son grupos, pero no todos los
grupos son equipos. La noción de equipo implica el
aprovechamiento del talento colectivo, producido por cada
persona en su interactuación con las demás.
Hay
un clásico dicho de los enamorados: ‘Te amo por
lo que soy cuando estoy contigo’. Ahí, en esa
pequeña perla romántica, hay una definición
funcional de capacitación.
Cuando
un equipo logra mayor alineamiento, surge una dirección
común y las energías individuales se armonizan.
Hay menos desperdicio de energía. Surge una resonancia
o sinergia, algo así como la luz ‘coherente’
de un rayo láser en contraste con la luz incoherente
y dispersa de una bombita.
Un
buen ejemplo es un conjunto musical, en el cual, lo que realmente
importa, es que los músicos sepan TOCAR JUNTOS.
Los
equipos deben aprender a explotar el potencial de muchas mentes
para ser más inteligentes que una mente sola. Tal sentimiento
puede formularse con una frase como: ‘Ninguno de nosotros
es más inteligente que todos nosotros’. Y el
espíritu del equipo al enfrentar cada cuestión
o desafío es: ‘Todos nosotros contra el problema,
y no los unos contra los otros’.
La
relación de un verdadero equipo es una relación
completa. Y una relación completa requiere un pacto...
una relación de pacto descansa sobre un compromiso
compartido con ideas, problemas, valores, metas y procesos
de administración... Los pactos reflejan unidad, gracia
y equilibrio.
El
estímulo y las motivaciones
El
estímulo y las motivaciones son las dos grandes alas
de todo trabajo en equipo. Estimular es excitar, incitar,
mover con viveza a la realización de algo, o acelerar
una actividad, operación o función.
El
estímulo no es un apoyo blando y dulce. Es una intervención
auténtica en la vida de alguien. El estímulo,
en un equipo, debe fluir en cuatro direcciones: hacia arriba,
hacia abajo, a lo ancho y hacia adentro.
En
relación con esta última dirección (hacia
adentro) es donde se revela la importancia de la motivación.
Motivar es dar causa o motivo para algo. El término
motivo proviene del latín motivus, de motum,
supino de motere, que significa mover. O sea, un
motivo es lo que mueve o tiene virtud para mover. El motivo
moviliza hacia la acción. Un motivo precipita la acción.
Es obvio que se necesita un motivo para hacer cualquier cosa
bien.
Las
principales motivaciones en un trabajo en equipo son similares
a las motivaciones individuales, a saber: el deseo de seguridad,
el de una oportunidad (económica) y el ver reconocidos
los méritos propios.
La
diferencia entre el plano individual y el cooperativo estriba
en que, en este último contexto, estas motivaciones
se vuelven efectivas cuando se mantienen en perfecto equilibrio
psicológico con la comprensión de que el buen
funcionamiento del equipo garantiza los deseos o motivaciones
personales de cada miembro.
La
sinergia: el concepto más potente del trabajo en equipo
El
término sinergia, muy utilizado en medicina, representa
el efecto adicional que dos órganos producen al trabajar
asociados. Este fenómeno permite que haya la mayor
unión de fuerzas en la solución de cada problema.
Por lo tanto, la sinergia es la suma de energías individuales
que se multiplica progresivamente, reflejándose sobre
la totalidad del grupo.
La
valoración de las diferencias (mentales, emocionales,
psicológicas) es la esencia de la sinergia. Y la clave
para valorar esas diferencias consiste en comprender que todas
las personas ven el mundo no como es, sino como son ellas
mismas.
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