Si
bien existen talentos individuales que han dado que hablar
en el campo de los negocios y han podido formar de la nada
grandes emprendimientos, como el del recordado empresario
germano-argentino Silvio Gesell (importador de material odontológico
y creador del emporio comercial “Casa Gesell”),
y tal vez el más conocido de su hermano Carlos (fundador
de la villa que lleva su nombre), el trabajo en equipo potencia
las competencias individuales.
Según
el experto en liderazgo de equipos de origen británico
Charles Margerison, “el éxito o el fracaso en
los negocios es el resultado de las competencias que tienen
las personas para trabajar en equipo”.
Una
investigación de la Universidad de Illinois, Estados
Unidos, demostró que el esfuerzo colectivo supera a
cualquier talento individual, porque ni el más brillante
es capaz de alcanzar los logros del trabajo en equipo. Es
conocida la frase de Magic Johnson, famoso jugador de basquetbol:
“No preguntes qué pueden hacer por ti tus compañeros,
sino qué puedes hacer tú por ellos”.
Sin
embargo, frecuentemente se encuentran equipos de trabajo que
no funcionan. Las personas que los integran tienen distintos
puntos de vista sobre la misma cuestión, desembocan
en discusiones interminables o en lamentables atrasos en las
tareas. ¿Es lo mismo trabajo en equipo que equipo de
trabajo? ¿Será que los miembros del grupo tienen
objetivos diversos? ¿Todos tendrán las competencias
adecuadas? ¿Alguien coordina el equipo de trabajo?
Efectivamente,
si fuera posible esconderse en algún lugar debajo de
la alfombra en una oficina, donde se genera un equipo de trabajo,
se observaría que muchas veces éste no resulta
eficiente: Las personas involucradas asumen distintos roles,
algunas tienen actitudes positivas y hacen aportes valiosos,
otros actúan pasivamente y adoptan una cómoda
posición de “dejar hacer a los demás”,
y existen otros que estorban el trabajo ya que “todo
lo ven negativamente”. Así es que los que pertenecen
al segundo y tercer grupo pueden volver ineficaz la labor
del equipo.
A
modo de ejemplo, observen esta situación en la empresa
XXX S.A.: la misma, de tamaño mediano, se dedica a
la producción y venta de autopartes. Trabaja con un
mínimo stock, para hacer frente a los pedidos del segmento
de negocios minoristas que venden repuestos. Sin embargo,
también cuenta con dos clientes importantes que son
plantas automotrices.
Últimamente
se presenta el siguiente problema: a fin de estimular las
ventas, el área de marketing y ventas lanzó
una promoción destinada a los comercios minoristas,
por la cual se aceptan cuentas corrientes a 15 días,
cuando hasta el momento únicamente se aceptaban pagos
en efectivo o con cheque. Como resultado de la misma, las
ventas a este segmento han subido un 50%, pero la morosidad
de los deudores por ventas ha crecido un 30%, haciendo peligrar
la liquidez de la empresa. Ramón, el dueño de
la empresa, hijo del fundador y actualmente a cargo de la
Gerencia General, ha asistido recientemente a una conferencia
sobre “trabajo en equipo” y decide aplicar lo
aprendido. Forma un grupo de trabajo integrado por Francisco,
Gerente de Marketing; Pedro, el nuevo encargado de ventas;
María, la encargada de tesorería; Julia, la
nueva contadora, y dos empleados administrativos de confianza
suya porque hace 10 años que trabajan con él,
Yolanda y Juan. Como tiene que hacer un viaje con el objetivo
de captar un mercado del exterior, no va a estar presente
en la reunión. La misma comienza a las 11 hs., Ramón
ya está en Ezeiza a punto de tomar su avión.
Desde nuestra incómoda posición, esto es lo
que observamos:
-
Francisco: La buena noticia es que gracias a la promoción
realizada, que todos ustedes conocen, las ventas han aumentado
un 50%. Creo que existe un problema con la gestión
de las cobranzas ya que también se ha incrementado
el porcentaje de morosos, ¿no es así María?
-
María: Sí. Los morosos han aumentado un 30%
desde que se implementó la promoción. Por un
lado, a mí nadie me avisó de las novedades,
por lo que no pude implementar estrategias de cobranzas que
las contemplaran, y por otra parte, los de ventas solamente
se preocupan por efectivizarlas, sin importarles los resultados
financieros. (La mira a Julia que en ese momento mira el piso
sin darse por aludida.)
-
Pedro: Estoy muy conforme con el resultado de mi departamento.
Pero eso no quita que tendríamos que integrar la política
de ventas con la de cobranzas.
-
Yolanda: Todo iba bien cuando no se realizaban ventas a crédito.
-
Francisco: Sí, pero en esa época la empresa
no crecía. Por eso me contrataron, para gestionar el
cambio y apuntar al crecimiento.
-
María: Bueno, pero, ¿cómo hacemos para
cobrar a los morosos?
-
Juan: Un tío mío tiene una consultora que se
dedica a eso. Podríamos pedirle un presupuesto.
-
Francisco: Esa es una posibilidad. La otra es que el departamento
de Tesorería se ocupe del tema.
-
María: (Algo molesta) ¡No tenemos experiencia
en resolver morosos porque nunca se presentaron hasta ahora!
-
Francisco: Tampoco tenían experiencia en captar nuevos
mercados…
-
Pedro: Creo que un asunto crítico es ponernos a pensar
cómo resolver esta posible incobrabilidad, y otro es
generar ideas para que esto no vuelva a ocurrir en el futuro.
-
María: Para resolver el problema actual tal vez podríamos
convocar a la consultora del tío de Juan y pedir otros
dos presupuestos, y luego decidir. ¿Qué les
parece?
-
Yolanda: ¿Dónde vamos a buscar los otros presupuestos?...
¡Cómo extraño al papá de Ramón,
que resolvía todo por su cuenta! Luego nos decía
qué hacer…
-
Francisco: Bueno, pero como ustedes saben, las cosas ahora
cambiaron…
-
María: (Lo interrumpe) ¿y si quiebra la empresa
y perdemos el trabajo?
-
Pedro: Para que eso no ocurra creo que tendremos que diseñar
una política de ventas integrada con cobranzas. Les
propongo que nos volvamos a reunir mañana y cada uno
traiga una idea.
-
Yolanda: De esto no entiendo nada. Yo siempre hice lo que
me encargaron.
-
María: Mi idea es que habría que verificar primero
la solvencia de los nuevos clientes, y luego otorgarles el
crédito.
-
Francisco: Eso desde ya te digo que no es fácil, a
no ser que decidan hacerlo ustedes.
-
Pedro: Creo que Francisco tiene razón. ¿Por
qué no lo piensan y mañana nos volvemos a reunir?
Así tenemos algo concreto para presentarle a Ramón
a su vuelta.
-
Juan: Yo a partir de mañana me tomo una semana de vacaciones.
Se
despiden.
¿Es
el anterior un equipo de trabajo? Y más aún,
¿es trabajo en equipo? ¿Aporta ventajas, sea
para la empresa o para sus integrantes? ¿Funciona este
equipo? ¿Qué rol cumple cada uno? ¿Existe
un coordinador?
A
lo largo del presente artículo se buscará desentrañar
el verdadero problema, cómo mejorar los roles de las
personas y cuál es el papel del coordinador o líder.
Trabajo
en equipo y equipo de trabajo
Para
empezar, no es lo mismo equipo de trabajo que trabajo en equipo,
y esto no es un mero juego de palabras. Un equipo de trabajo
es un conjunto de personas a las que se asignó el cumplimiento
de determinadas metas bajo la supervisión de un coordinador
del equipo. El trabajo en equipo es la aplicación de
estrategias y metodologías que utiliza un grupo humano
para el logro de objetivos comunes. Es decir que el grupo
de personas que forman el equipo crea sinergia. Esto significa
que complementan sus capacidades en pos de un objetivo, planifican
actividades y comparten la responsabilidad.
Sinergia:
situación en que las personas se juntan para alcanzar
objetivos comunes, obteniendo resultados superiores a los
que obtendrían individualmente.
Ventajas
del trabajo en equipo
El
trabajo en equipo aporta innumerables ventajas para las personas
que participan y para los resultados de la empresa.
1.
Ventajas para las personas
Las
personas que trabajan en equipo se benefician porque pueden
acceder a un aprendizaje continuo y permanente, ya que se
encuentran constantemente con modos distintos de pensar y
de resolver problemas, adquieren conocimientos sobre nuevas
oportunidades y, lo que es más importante: ¡conocen
nuevas personas!
El
trabajo en equipo favorece a sus integrantes porque pueden
adquirir mayor comprensión sobre asuntos complejos.
Además, sienten satisfacción y orgullo por la
tarea bien hecha.
2.
Ventajas para la empresa
Los
beneficios que se producen en las personas afectan positivamente
a las tareas que éstas realizan en la empresa. Los
procesos de trabajo mejoran y es posible abordar procesos
más complejos.
Esto
alcanza resultados positivos en la calidad de productos y
servicios, aumenta la rentabilidad y el prestigio de la empresa.
¿Qué
impide el buen funcionamiento de un equipo?
A
veces subsisten problemas que limitan la participación
de las personas en un grupo. Esto se debe a las actitudes
de algunas personas:
–
Personas temerosas. Algunas personas pueden sufrir
este sentimiento. El mismo puede desencadenarse como miedo
a no ser aceptadas como miembros del equipo, o a no contar
con la aptitud que se espera de ellas. Demuestran inseguridad
y falta de confianza en sí mismas. Cuando son nuevas
en el grupo pueden preferir permanecer calladas por miedo
a equivocarse.
–
Individualidades fuertes. Estas personas prefieren
destacarse dentro del grupo y tratan de atraer la atención
con “sus conocimientos” o “genialidades”,
o “hacen sentir su autoridad o superioridad”.
– Individualidades agresivas. Atacan
verbalmente o descalifican a los demás integrantes.
Pueden manipular a algunos integrantes para lograr imponer
ideas que, aunque no sean las mejores, son aceptadas para
evitar confrontarse con estas personalidades dominantes.
–
Individualidades pasivas. Se aíslan ante conductas
agresivas o frente a alguna controversia o si alguien les
manifiesta desacuerdo.
–
Individualidades dispersas. No prestan atención
al diseño y ejecución de las tareas. A veces
presentan conductas que buscan distraer a los demás
integrantes buscando la diversión y desviándolos
de su objetivo grupal.
–
Individualidades ausentes. Personas que literalmente
no se encuentran presentes o buscan evadir el problema, se
retiran o amenazan con hacerlo. Generalmente aportan muy poco.
– Individualidades negativas. Aparentan
ser realistas pero son cómodas y no se atreven al cambio.
Son del tipo: “yo no puedo aportar nada”, “es
más de lo mismo”, “antes no se hacía
así”. Suelen tener una visión negativa
de las cosas. Aparentan estar colaborando, pero su actitud
negativa impide que el grupo haga sinergia.
A
partir de estas tipologías se podrían identificar
cuáles son las actitudes negativas en la empresa XXX
S.A. o en cualquier otra.
Por
lo tanto, si se da con algún método para neutralizar
a este tipo de individuos, es posible no sólo minimizar
obstáculos, sino maximizar las ventajas del equipo.
La
psicoanalista y psicopedagoga argentina Alejandra Marroquín
apunta que el equipo "no debe aplastar las individualidades
sino abrir un espacio de intercambio". Es así
que cualquier metodología de trabajo en equipo debe
basarse en el respeto mutuo, el reconocimiento de las distintas
posiciones, y éstas se basan en la diversa concepción
del mundo, la historia de vida, la formación, la cultura.
Luego, es necesario trascender de las posiciones diferentes
para encontrar objetivos comunes y ser creativos para, juntos,
encontrar opciones que conduzcan a los resultados esperados.
La
primera condición de la sinergia en un equipo:
el reconocimiento de las distintas posiciones
Cuando
se trabaja en equipo, cada persona necesita expresar su punto
de vista. En este sentido, colocarse en el lugar del otro
es una actividad útil para quien escucha. Preguntarle
al hablante por qué tiene un punto de vista particular
y pedirle que lo aclare. Esta competencia es la empatía:
comprender a la otra persona y colocarse en sus zapatos.
Para
manifestar empatía se necesita asentir con gestos y
palabras. Por ejemplo: “Sí claro, comprendo…”,
o “usted quiere decir que…”, mientras se
repiten las expresiones del emisor con otras palabras. Así
se transmiten señales de que el que escucha se va identificando
con el hablante, que comprende sus necesidades. A la vez,
el oyente demuestra sensibilidad y flexibilidad en su actitud.
El
psicólogo estadounidense Daniel Goleman destaca que
la empatía funciona como un radar social y es la capacidad
esencial del mundo laboral.
¿Empatizar
significa estar siempre de acuerdo con el otro, abandonar
su punto de vista, sus valores? De ninguna manera: empatizar
es escuchar y comprender los sentimientos, las emociones y
los puntos de vista de los demás sin necesidad de “estar
de acuerdo”.
¿También
los sentimientos y las emociones ajenas? Desde luego, y para
esto se necesita autoempatía: reconocer los propios
sentimientos y emociones y ser capaz de controlarlos permite
atender los de los demás.
Las
emociones pueden expresarse, pero es necesario evitar los
estallidos. Mantener la calma mientras uno afirma “tu
discurso es enojoso”, no es lo mismo que demostrar con
gestos y palabras que uno está rabioso. ¿Qué
se debe hacer si alguna persona reacciona de este modo? Es
necesario dejarlo que se exprese, dándole a entender
que es comprendido. La actitud de no respuesta a los ataques
evita el conflicto.
Así
es que los equipos eficientes de trabajo están formados
por personas que se escuchan entre sí, reconocen sus
diversos puntos de vista aunque no los compartan, y son capaces
de expresar sus emociones y también de controlarlas.
Y
estar abierto a los diferentes puntos de vista y valorarlos
aunque sean diferentes a los nuestros es la esencia de la
sinergia. La clave para valorar esas diferencias consiste
en comprender que todas las personas ven el mundo de una manera
diferente, ya que las historias de vida y las formas de percibir
la realidad también son distintas.
El
paso crucial del trabajo en equipo:
encontrar intereses comunes
Los
intereses comunes a veces no son obvios, pero están
latentes. Son oportunidades. Deben ser explicitados y presentados
como un objetivo común. Al destacar objetivos compartidos
se avanza más fácilmente hacia las tareas o
actividades que pueden llevar al logro de los objetivos, y
cada integrante del equipo asume un rol.
Para
encontrar intereses comunes hay que saber qué necesita
el otro y por qué, es imprescindible escucharse mutuamente.
Se requieren preguntas respetuosas para ver qué hay
detrás de las posiciones en busca de puntos de acuerdo.
De
este modo se va desarrollando la sinergia: las personas reunidas
para hacer un trabajo que se les encomendó, van reconociendo
sus necesidades, sus intereses y encontrando puntos de acuerdo.
Este paso resulta crucial porque permite avanzar hacia el
paso siguiente: el logro de objetivos comunes.
Cómo
avanzar hacia el logro de los objetivos
Para
avanzar en el logro de los objetivos comunes, los integrantes
del equipo crean opciones o alternativas válidas, a
la vez que deciden qué está dispuesto a aportar
cada uno.
El
coordinador (puede ser jefe de un área o una persona
a la que se asignó ese cometido) estimulará
a los distintos miembros del equipo a que cada uno haga su
aporte.
Se
van redactando opciones de solución que luego se evalúan
una a una, y se selecciona la que lleva a cumplir mejor el
objetivo.
La
función del coordinador es primordial: integra armónicamente
las funciones y actividades desarrolladas por diferentes personas
y las coordina para la búsqueda del objetivo común.
Sin
embargo, ¿el éxito del equipo es el logro de
objetivos comunes? Alcanzar los objetivos no constituye de
suyo un beneficio para el equipo, sino la autorreflexión
y el autoconocimiento: ¿qué pudimos aprender
del equipo?, ¿en qué se destaca cada uno?, ¿cuáles
son nuestras habilidades? Y mejor aún, ¿qué
capacidades necesitamos desarrollar? Para poder generar una
metodología como la propuesta es necesario alcanzar
un alto grado de compromiso por parte de los miembros de un
grupo.
Cómo
obtener compromiso
El
compromiso afianza el sentido de la responsabilidad de los
miembros de un equipo de trabajo, a la vez que le aporta atractivo.
Se genera orgullo por pertenecer. Se obtiene cuando los miembros
del grupo sienten que pueden expresarse libremente, hacer
contribuciones sin perder individualidad, y construir en pos
de objetivos deseables para todos, a la vez que alcanzables,
gracias a que cada uno asume su responsabilidad.
Qué
competencias necesitan tener
los integrantes de un equipo
Entonces,
para generar equipos comprometidos se deben desarrollar ciertas
competencias en sus miembros. Todos los integrantes del grupo
deben cumplir su rol sin perder el foco y la noción
de equipo. Los miembros de un equipo de trabajo necesitan
estas competencias:
-
Empatía.
- Lealtad
y confianza consigo mismo y con los demás.
- Autoconocimiento
y autorreflexión.
- Sentido
de responsabilidad.
- Autodeterminación,
optimismo, iniciativa y tenacidad.
- Inquietud
de superación.
- Capacidad
de autoevaluación.
Estas
competencias pueden adquirirse. El ingeniero estadounidense
Peter Senge, en su libro La quinta disciplina, habla
de la necesidad del aprendizaje de los equipos: “…la
unidad fundamental de aprendizaje de las organizaciones modernas
son los equipos y no las personas… el aprendizaje en
equipo se inicia en el diálogo, es decir, la capacidad
de los miembros de un equipo de entrar a pensar juntos auténticamente.
Para los griegos, diálogos era el libre flujo
de significados por medio de un grupo, lo cual permitía
descubrir información que no estaba al alcance individualmente”.
Es
decir que el aprendizaje de competencias de equipo supera
en efectividad al aporte individual. Ahora se vuelve necesario
definir qué roles necesita un equipo y cuándo
es necesaria su intervención.
Asumir
diferentes roles, o
cómo volver productivos los puntos fuertes de cada
uno
Es
natural, y además necesario, que cada miembro de un
equipo asuma un rol. El encontrar roles positivos hace posible
minimizar el efecto de los roles negativos o individualidades
distorsionadoras de equipo. El experto inglés en formación
de equipos Meredith Belbin, en su teoría sobre roles,
recomienda la participación de nueve roles diferentes
en los equipos de trabajo eficientes. Seguramente que no serán
necesarias nueve personas, algunas suelen tomar más
de un rol para sí:
1.
El Coordinador
Es
capaz de generar sinergia en el grupo. Aclara y define las
metas. Promueve la toma de decisiones. Coordina los esfuerzos
de todos para alcanzar objetivos, aunque no ocupe el cargo
de líder. Es capaz de delegar. Moviliza a las otras
personas en sentido positivo. Permite que el equipo se concentre
en la tarea, a la vez que deja aflorar la creatividad individual
y grupal. Transmite seguridad y es confiable. Brinda toda
la información requerida, o indica dónde o con
quién hablar para obtenerla. Genera un clima laboral
agradable, de mutuo respeto, donde nadie se siente juzgado
ni rechazado. Mantiene buenas relaciones interpersonales.
Otorga el tiempo necesario para que cada integrante pueda
mostrar a los otros lo que sabe.
La
coordinación de equipos de trabajo puede desarrollarse
en sentido vertical, es decir que responde a los niveles jerárquicos.
Por ejemplo un gerente, en lugar de tener 50 subordinados
y estar saturado de trabajo, puede colocar un nivel de jerarquía
más bajo que el suyo, incorporando tres subgerentes,
que son subordinados suyos y que reúnen cada uno un
equipo con un número controlable de personas.
Pero
a veces, como señala el experto en gestión estratégica
de negocios Henry Mintzberg en su obra El proceso estratégico,
“las organizaciones deben suprimir barreras y facilitar
la comunicación y la coordinación dentro del
mismo nivel jerárquico”. Se vuelve necesaria
la formación de equipos de trabajo para la resolución
de problemas específicos o proyectos con coordinación
horizontal. Estos equipos duran un tiempo específico,
hasta que se formaliza el proyecto o resuelve el problema,
y deben contar con un integrador o coordinador del equipo.
Por ejemplo, en el lanzamiento de un nuevo producto se hace
necesaria la coordinación de personas pertenecientes
a distintas áreas de la misma empresa: Investigación
y Desarrollo, Ventas, Publicidad, Canales de Distribución,
Proveedores, Producción. En el caso de XXX S.A. también
se necesita la coordinación del área de ventas
y marketing, Tesorería, Administración y Contaduría.
Pero,
en el caso de los equipos formados para un proyecto, sigue
diciendo el mismo autor que “…dada la complejidad
del trabajo, la supervisión directa queda excluida.
La coordinación deben lograrla quienes tienen los conocimientos,
los expertos, y no quienes tienen la autoridad”. En
la coordinación horizontal, el rol de coordinador es
cumplido por un miembro del grupo con más eficiencia
que por un superior.
2.
El Creativo
Aporta
su imaginación y creatividad al equipo. Resuelve problemas
difíciles. Es una persona llena de ideas, fuente de
propuestas y sugerencias originales. Puede tener problemas
para comunicarse y suele ignorar los detalles. Muchas veces
los demás no lo comprenden enseguida, cuando sus ideas
afloran, sino más tarde.
3.
El Investigador
Es
extrovertido y entusiasta. Busca oportunidades. Es comunicativo.
Su papel principal es evitar que el equipo se quede estancado.
A veces se confunde con el creador pero, a diferencia de éste,
no aporta ideas originales sino conocidas por sus lecturas,
observaciones, experiencias u otras fuentes externas, las
cuales podrían serle de mucha utilidad al equipo. Puede
ser demasiado optimista y puede perder el interés cuando
cesa el entusiasmo inicial.
4.
El Impulsor
Es
un individuo retador y dinámico. Puede trabajar bajo
presión. Tiene iniciativa y coraje para superar obstáculos.
Su carácter impulsivo puede ofender a otras personas.
Sin embargo, bien integrado, su energía empuja a los
demás para avanzar en el trabajo.
5.
El Evaluador
Es
serio y perspicaz. Percibe las oposiciones y juzga con exactitud.
Analiza las ideas presentadas, valora sus pros y sus contras,
y proporciona instrumentos de análisis para que el
equipo pueda decidirse por la alternativa más adecuada.
Pero carece de iniciativa y no tiene habilidad para inspirar
a otros. A veces puede resultar demasiado crítico.
6.
El Cohesionador
Es
cooperador y apacible, perceptivo y diplomático. Escucha
a los demás. Evita los enfrentamientos. Es sensible
para identificar necesidades e inquietudes de los demás
miembros. Su instinto lo lleva a tratar de inspirar ideas
en los demás, sirve de puente en el manejo de conflictos.
En situaciones cruciales, suele ser indeciso y es fácilmente
influenciable.
7.
El Implementador
Es
el organizador práctico que transforma las decisiones
y estrategias en tareas definidas y realizables, que los miembros
del equipo puedan manejar. Es disciplinado, leal y eficiente.
En ocasiones puede ser inflexible y lento en sus respuestas
al cambio.
8.
El Finalizador
Se
preocupa por lo que puede estar mal realizado y por los detalles
para asegurarse de que se ha hecho todo; es el meticuloso
del equipo, el que vela por no dejar nada que hacer. Es esmerado
y concienzudo. Realiza las tareas en el plazo establecido.
Tiende a preocuparse excesivamente y no le agrada delegar.
9.
El Especialista
Está
interesado por una sola cosa a la vez. Cumple con sus obligaciones
y aporta conocimientos técnicos específicos.
Contribuye solamente cuando conoce del tema.
Si
el lector analiza muchos de los equipos que se encuentran
en su entorno, podrá observar que aquellos con desempeños
más relevantes son los que tienen un balance relativo
de los diferentes roles positivos, volviendo posible la sinergia
de competencias.
Cada
uno puede comenzar a analizar su rol y el de cada uno de sus
compañeros de equipo y considerar qué tiene
de positivo, qué de negativo y qué mejoras podría
aportar.
Aprender
a trabajar en equipo
A
medida que un grupo aprende a trabajar en equipo, se familiariza
con el desempeño de las tareas, los miembros van conociéndose
mutuamente, los roles de equipo se configuran naturalmente
y pueden ser observados con mayor claridad. Las personas descubren
cómo armonizar sus habilidades técnicas, sociales
y emocionales en el equipo, y esto incide en el desempeño
eficiente del grupo. Cada uno irá abandonando su postura
o individualidad negativa, para convertirla en un rol positivo
que apunte a un objetivo común y le otorgue eficiencia
al trabajo. Entonces, las personas que forman un grupo de
trabajo se desarrollarán como equipo y aportarán
ventajas visibles a la empresa. |