Los
artesanos
En
la antigüedad los artesanos fabricaban productos para
satisfacer las necesidades de la gente rica. Estas contaban
con los medios para pagar por sus trabajos, los cuales, en
algunos casos y por el tiempo de dedicación, llegaban
a ser prácticamente piezas únicas.
Los
individuos tenían necesidades que debían ser
satisfechas y los artesanos tenían el conocimiento
práctico para crear artículos que, gracias a
su uso, llegaban a cumplir con las expectativas de los compradores.
Así fabricaron sillas para sentarse, vasijas para contener
el agua y copas para beber el vino. En otras palabras, se
estableció una estrecha relación entre sus necesidades
y el uso que se hacía de esos artículos.
Los
campesinos, al igual que la gente rica, tenían las
mismas necesidades básicas. Sin embargo, los artículos
para satisfacerlas eran diferentes. Los nobles beberían
en copas de plata o de cristal, mientras que los primeros
seguramente lo habrán hecho en jarros o vasos de arcilla
o de cerámica.
Es
claro, entonces, que debía existir una aptitud de uso
entre el objeto a fabricar y la necesidad a satisfacer. Si
esto no se cumpliera el producto en sí mismo no serviría
y sería devuelto. Sin embargo, y aun cumpliendo con
esta primera premisa básica, un noble en la época
feudal hubiese rechazado un vaso de cerámica entregado
por el artesano. Es que este artículo no coincidiría
con lo solicitado.
Debe,
entonces, haber algo más al margen de una aptitud de
uso. Algo que se relacione con lo deseado, con aquello que
el noble feudal haya especificado. Este ya no querría
un cuenco para contener líquidos sino, por el contrario,
necesitaba de un artículo que además complaciera
su ego.
La
especificación, por lo tanto, debe definir cómo
será el producto que se necesita, comprendiendo aspectos
que no sólo hacen a lo técnico sino también
a la estética del producto. También es posible
pensar que el artesano fabricara productos iguales o con leves
variaciones. Esto es razonable de plantear en la medida en
que entendamos que cada trabajo era único para él
o, dicho de otra manera, no existía una estandarización
del producto.
Visto
esto, es posible pensar que la calidad de un producto debe
cumplimentar al menos tres características: la
aptitud de uso, la estandarización y la satisfacción
del consumidor.
El
crecimiento de los poblados y la calidad
En
el pasado, el surgimiento de los poblados y las ciudades generó
en sus habitantes nuevas necesidades y deseos que debían
ser satisfechos por los artesanos. Este exceso de demanda
ocasionó cambios en los sistemas productivos. Los artesanos
estaban dando paso a los fabricantes.
Los
primeros no desaparecieron, ya que éstos se concentran
en un tipo de producto que es requerido y especificado por
el cliente. En la industria actual es posible asemejarlos
con el tipo de entorno de fabricación conocido como
fabricación contra pedido. La fabricación de
packaging para una golosina determinada puede ser un ejemplo
claro.
La
necesidad de estandarizar surge como una respuesta natural
del fabricante para agilizar su proceso productivo. Es una
manera de distribuir el trabajo en el tiempo, aprovechando
las épocas del año donde la mano de obra se
encuentra ociosa. Esto permite almacenar partes o piezas del
producto para ser ensambladas cuando el producto terminado
sea requerido. Incluso al encontrarse estandarizado el producto
a vender es posible almacenarlo tal cual el cliente lo quiere.
De
esta manera se dio comienzo a la fabricación contra
una posición de inventario. Es decir que para satisfacer
la demanda de las cada vez más numerosas poblaciones
urbanas, los fabricantes debían fabricar sus productos
para mantener una posición de stock dada. Y esto fue
un problema, porque no todos los productos resultaron ser
iguales, y los clientes podrían rechazarlos. Así,
quien quisiera comprar un juego de sillas para su comedor
corría el riesgo de adquirir sillas con algunas variaciones
entre ellas, por ejemplo de altura.
Con
los artesanos, cada producto era único. pero no ocurría
lo mismo con los fabricantes. Entonces sería necesario
implementar un mecanismo que permitiera garantizar que los
productos que salieran de la fábrica cumplieran al
menos una especificación. Surge así la inspección
del producto terminado, a partir de la cual aquel
producto que cumple con la especificación se habilita
para su venta. El que fuera rechazado será considerado
como “scrap” o, en el mejor de los casos, como
material para reprocesar.
Este
fue un paso importante para el consumidor, quien de esta forma
obtiene productos estandarizados; pero para el empresario
supone un costo nuevo.
La
producción moderna es en principio esto. La inspección
del producto terminado implicó un enorme avance en
términos de calidad, pero sólo se hacía
foco en el final del proceso productivo. Los empresarios comenzaron
a notar que el “scrap” y el reproceso implicaban
un costo extra.
En
las economías actuales existe más de un fabricante
para un mismo artículo, de manera que el consumidor
puede elegir su producto por el precio; entonces fue necesario
buscar la manera de disminuir el “scrap” y el
reproceso.
Por
qué esperar al final del proceso productivo para detectar
las fallas en los artículos. Por qué no implementar
un sistema de controles en la línea de producción
que permitiera descubrir los problemas de calidad. En otras
palabras, por qué no distribuir los controles de calidad
en todo el proceso.
Surgen
así las inspecciones intermedias que mejoran no solamente
la calidad del producto final sino que, además, ayudan
a disminuir los scrap de los productos finales.
Pero
sería necesario ir más allá. Los productos
fabricados por lo general no salen de la línea de producción
con medidas homogéneas. Es decir, existen variaciones
entre una partida y otra. Habría que analizar cuáles
serían las posibles variaciones detectadas en todo
el proceso. Esto naturalmente puede ocurrir. Razones hay muchas.
Los equipos, las materias primas, las personas.
De
manera que el control estadístico de procesos viene
en ayuda para mejorar la calidad de los productos finales.
Pero a veces los problemas de calidad no necesariamente se
detectan en la línea de producción. Las materias
primas tienen mucho que ver con esto.
Al
analizar los insumos que ingresaban al sistema productivo
se daba comienzo a la prevención. Se buscó la
manera de anticipar los probables problemas de calidad, dando
inicio al control de calidad.
Puede
decirse que algo cambió desde aquel artesano en la
antigüedad haciendo sus productos para los nobles, hasta
la actualidad con la fabricación en masa.
La
introducción del concepto de calidad mejoró
los procesos y los productos de la misma manera que los encareció.
Pero esto es algo ajeno al consumidor. En todo caso, este
es cada día más exigente.
Por
lo tanto, las empresas deben buscar la manera de garantizar
la calidad de sus productos independientemente del costo.
Necesitan asegurar la calidad, y ésta no se logra solamente
controlando los productos semielaborados, ni las materias
primas, ni los productos terminados.
El
aseguramiento de la calidad implica mucho más. La calidad
debe ser parte de cualquier proceso, incluso de aquellos que
siempre han estado ajenos, como los procesos propios de ventas
o los de administración.
Repaso
En
un rápido repaso se pudo ver cómo fue evolucionando
la idea de calidad, y realmente resulta difícil pensar
una empresa fabricando productos sin un área que gestione
la calidad de los procesos. Sin embargo, en el universo de
las Pymes es posible encontrar diferentes subconjuntos de
ellas transitando por las diversas etapas de esta evolución
del concepto.
Así,
habrá pymes que fabriquen sus productos sin el más
mínimo control del producto terminado; otras realizarán
un vago control de proceso, mientras que otras probablemente
tengan un sector que se dedique a la gestión de la
calidad.
Lo
que sí queda claro mirando hacia el futuro, es que
cada día los mercados serán más competitivos
en precio y en calidad, y las empresas que se inicien, o aquellas
que quieran sobrevivir, tendrán que gestionarla desde
el inicio de sus actividades primarias. Dicho de otra manera,
deberán ejecutarla, medirla y controlarla.
Después
de lo expuesto, ¿cómo pensar una pyme sin ejercer
al menos una inspección del producto terminado? Definitivamente,
quien no lo haga estará determinado tarde o temprano
su fracaso. Y eso es lo que no deseamos.
¿Qué
se hace?
Ahora
bien, es posible comenzar con algo. Es posible pensar la gestión
de la calidad como un objetivo a alcanzar. Es posible en la
medida que la alta dirección comprenda que compromiso
y capacitación van de la mano.
Compromiso
para asumir el costo que implica implementar la gestión
de la calidad y capacitación en toda la organización
para llevar adelante cada programa, procedimiento o instructivo.
Para
comenzar, se debe visualizar la gestión de calidad
como un estado futuro deseado a alcanzar. Una vez hecho esto,
se debe definir cuáles serán las diferentes
etapas intermedias requeridas, y en cada una de ellas identificar
sobre qué procesos o máquinas productivas se
va a aplicar.
Entonces
será necesario plantearse cinco estados de transición:
•
Estado 1.- Inspeccionar el producto terminado: existen
pymes que no ejercen el más mínimo control de
sus productos. En este estado se hace foco en el cambio de
hábito de las personas en el final del proceso productivo,
para que el personal involucrado vaya familiarizándose
con la idea de control. Se debe habituar a inspeccionar cada
partida a despachar.
•
Estado 2.- Inspeccionar los productos semielaborados:
el estado anterior sólo garantiza que los productos
que se embarquen hacia los clientes cumplan con las especificaciones.
Pero el scrap y el material a reprocesar pueden llegar a ser
altos. Es necesario controlar en cada proceso productivo los
semielaborados. Esto permite hacer una anticipación
del problema.
•
Estado 3.- Controlar los procesos de fabricación:
los productos que salen de la línea pueden presentar
pequeñas variaciones en las especificaciones originales
como consecuencia de la tecnología utilizada o la experiencia
de la mano de obra. En este estado sería conveniente
detectar cuáles son esas variaciones para escribir
las especificaciones de procesos con los máximos y
los mínimos posibles esperados. Aquí se genera
información de proceso importantísima para la
empresa.
•
Estado 4.- Controlar todo el proceso productivo:
la “mala calidad” no sólo se genera dentro
de la empresa, también los proveedores pueden ser parte
de esta cadena de problemas. En este estado, además
de los controles anteriores se debe verificar que los insumos
comprados cumplan con nuestras especificaciones. Si no se
cuenta con ellas, debemos escribirlas.
•
Estado 5.- Asegurar la calidad o hacer gestión
de calidad y medio ambiente: abarca a toda la empresa,
no sólo a los sectores productivos. Una mala información
del sector de ventas puede generar un producto de pésima
calidad. Incluso la empresa, en este estado, debe garantizar
que los productos despachados cuentan con sistemas de trazabilidad
ante riesgos eventuales. De manera que administración,
ventas, compras, RR.HH. o legales deben, y están obligados
a pensar y a actuar en términos de la búsqueda
constante de la calidad del producto o el servicio que su
área brinde.
Elegir
un proceso o un equipo productivo en el cual implementemos
los diferentes estados, nos permitirá hacer visible
el concepto de calidad. Los maquinistas u operadores estarán
incorporando el concepto mediante la práctica; y una
vez que se logre cerrar o certificar que la producción
de una máquina cumple con el programa de calidad escrito,
se seguirá avanzando hacia los otros equipos productivos.
En
síntesis, el camino a seguir está dado, o pensamos
claramente en incorporar en nuestros procesos y en nuestra
gente la idea de gestión de la calidad, o nos quedamos
esperando el turno para que nuestro negocio quede al costado
del camino; y tarde o temprano el mercado castigará
a aquellos que se orillen a esperar. |