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La
administración: diversidad en expansión
La
historia de la administración comprende un gran número
de ideas emanadas de las culturas oriental y occidental y
está estrechamente vinculada al nivel de desarrollo
alcanzado por el hombre en cada uno de los sistemas sociales
por los que ha transitado. Constantemente salen a la luz los
secretos escondidos en la antigüedad y aparecen nuevos
fragmentos de hechos y de historia.
Aunque
es difícil seguir exactamente el desarrollo paso a
paso de la práctica administrativa desde las edades
perdidas en el pasado hasta el presente, resulta claro que,
en esencia, en la historia del desarrollo de la humanidad
se puede encontrar la historia del desarrollo de la administración.
Tan
pronto como los hombres comenzaron a congregarse en grandes
grupos para acometer tareas superiores a sus fuerzas individuales,
se reconoció la necesidad de una manera ordenada de
resolver sus problemas, tan vitales entonces como en la actualidad.
Todo
este proceso de miles de años trajo consigo el incremento
del conocimiento de la realidad, su sistematización
y constante enriquecimiento, su transmisión de generación
en generación, con lo cual surgió el conocimiento
científico, como reflejo sistematizado de las leyes
y principios que rigen la realidad objetiva.
Los
procesos de desarrollo organizacionales no estuvieron exentos
de esta evolución, que con la aparición de organizaciones
cada vez más complejas a través del paso del
tiempo necesitaron emplear distintos métodos caracterizados
por la época en cuestión, y que convirtieron
a la administración en un campo de acción definido,
no abarcado por ninguna disciplina o ciencia existente: las
organizaciones con sus procesos internos y relaciones entre
las personas, estructura interna y los recursos que esta necesita
para su funcionamiento en el marco de los procesos de producción
y de prestación de servicios.
Sin
embargo, es menester reconocer que la administración
no se basta a sí misma y necesita de la ayuda de otras
ciencias para poder llevar a cabo su cometido, así
como lograr que las personas interactúen entre sí
de manera eficaz y efectiva para lograr un fin determinado,
existiendo en la sociedad en todo nivel de agrupación
de personas y en todas las esferas y actividades.
Las
raíces teóricas de la administración
contemporánea surgen a finales del siglo XIX, donde
los intereses de los dueños capitalistas se encaminaron
a la búsqueda de métodos de administración
que respondieran a las necesidades que les presentaba la época.
La transformación del capitalismo premonopolista en
capitalismo monopolista condujo al crecimiento del papel de
la administración, así como al interés
por el estudio de estos problemas, tanto prácticos
como teóricos.
El
proceso de desarrollo de las organizaciones, matizado por
los cambios en su entorno, ha evolucionado necesariamente
a lo largo de los años desde la Revolución Industrial.
Dichos cambios han repercutido de manera evidente en la manera
de administrar las organizaciones. La administración,
en su calidad de conductora de los esfuerzos organizacionales,
siempre ha respondido a la mejora de la relación entre
la organización y su entorno orientándose, de
manera pertinente, a la meta evidente para resolver la contradicción
existente entre una situación externa y la capacidad
de adaptarse a ella y cambiarla en aras de crecimiento gradual
y continuo.
Muchas
son las clasificaciones que las diversas teorías y
enfoques administrativos presentan. Casi podría decirse
que cada uno de los autores que abordan el tema adopta su
propio criterio clasificatorio (Robbins, 1996; Hernández
y Rodríguez, Sergio, 1994; Chiavenato, Idalberto, 1986;
Stoner, James A., 1996; Koontz, H., 1994; Dávila, Carlos,
1992; Claude S. George, 1974; Ríos Szalay, Adalberto,
1977; Duncan, W. J.,1991; Galván, E. José, 1980;
Hickman, Craig y Michael A. Silva, 1992; Huerta, M. Guadalupe,
1994; Medina, S. César, 1988; Merril, Harwood F.,1985;
Palomo, Francisco J., 1989; Sisk, Henry y M. Sverdlik, 1982;
Viedma, José Ma., 1992; Domínguez Machuca, J.
A., 1989).
Cierto
es que, en ocasiones, los estudiosos de la administración,
pensando en cómo enfrentar el entorno, se han olvidado
de él por las propias condiciones favorables que permitían,
sin grandes riesgos, orientar más el esfuerzo hacia
el interior de la organización que hacia el exterior.
No obstante, con el cambio de la era de la estabilidad
a la era de la turbulencia, otros han sido
los derroteros del desempeño empresarial y del pensamiento
administrativo que se ha mantenido respondiendo, según
la situación concreta, a las necesidades de las organizaciones.
Hasta
finales de la década de los cincuenta (era de la estabilidad),
la evolución del pensamiento administrativo se había
construido en torno al concepto de administración como
actividad social debido, especialmente, a las características
relativamente estáticas de la tecnología que
se utilizaba en los procesos de producción y a la ausencia
de estrategias definidas de mercado. El modelo de producción
"masiva", con escasos cambios en su base tecnológica,
se orientó principalmente a lograr economías
de escala: entre mayor fuera la cantidad de productos producidos,
mayores serían los beneficios económicos para
la empresa. El producto era uniforme en sus características
y el mercado se encontraba asegurado para cualquier volumen
de producción.
Al
comienzo de la década de los sesenta, se origina un
proceso de transformación tecnológica de alcance
mundial que, gradualmente, lleva a las empresas a cambiar
la base técnica de producción y a reemplazar,
en consecuencia, el modelo taylorista de organización
por otro sistema, flexible y capaz de adaptarse a las nuevas
condiciones tecnológicas y de mercado. Paulatinamente
se va de una economía dominada por la oferta (era de
la turbulencia), a un sistema que se centra en la demanda,
donde el cliente se convierte en el punto de atención,
y los continuos cambios en sus preferencias reducen los ciclos
de vida de los productos, por lo que se requiere de cambios
e innovación constante para atender con oportunidad
las necesidades, anticiparlas y, en algunos casos, para estimularlas.
Si
la teoría administrativa de la primera mitad del siglo
pasado (enfoque clásico, teoría del proceso
administrativo y relaciones humanas) concibió a la
organización como un sistema cerrado, el cambio en
la base técnica de la producción condujo al
desarrollo del concepto de organización abierta, esto
es, un sistema en continuo intercambio de energía,
información y recursos con el ambiente que le rodea.
La nueva tecnología, junto con la globalización
de la economía, requirió no sólo de la
introducción de nuevos sistemas de organización
de la producción y el trabajo, sino también
de nuevos enfoques para la administración y el mercadeo.
Entre
las nuevas tendencias que caracterizan a la teoría
de la administración en las últimas décadas
del siglo pasado, se encuentran la calidad total y los programas
de mejoramiento continuo; los sistemas de producción
y entregas "justo a tiempo", asociados con esquemas
de "cero inventarios", la reingeniería de
procesos, las alianzas estratégicas entre empresas
de distintos tamaños y giros de actividad, el benchmarking,
teoría de las restricciones, el outsourcing y la organización
inteligente, o sea, la organización que innova y aprende
continuamente para adaptarse a las contingencias.
Para
estudiosos de la administración tan importantes como
Peter Drucker, más que tendencias, las anteriores sólo
constituyen modas pasajeras: "We've been caught in a
period of very rapid change; the feeling is that there must
be a right answer. But also, thinking is very hard work. And
management fashions are a wonderful substitute for thinking...
Each evangelist is quite sure that his own patent medicine
cures everything... There is no universal medicine... The
search for the one quick fix is a universal human failing"
(Davenport, 1997). Sin embargo, no cabe duda que estos son
los enfoques que dominan actualmente el pensamiento y la práctica
administrativa.
En
la actualidad han empezado a surgir corrientes que, con base
en el análisis de estos cambios, proponen el desarrollo
de una administración renovada, que permita identificar
los temas que es necesario revisar de las teorías y
prácticas tradicionales, así como sistematizar
los principales aprendizajes de los actuales modelos organizacionales
y construir una nueva síntesis que incluya como objeto
de estudio de la administración tanto a la organización
en sus procesos, estructura y funcionamiento, como al análisis
y desarrollo del trabajo cooperativo de las personas dentro
de una perspectiva que realce la dimensión compleja
de la administración (F. Varela, 1985; G. Norgan, 1990;
A. Limone, 1998; S. Kauffman, 1999).
Partiendo
del orden de cosas antes comentado, el autor realiza su clasificación
de los diferentes enfoques de cómo administrar una
organización (ver Anexo 1: el
estado del arte de la administración
a tenor de las condiciones reales por las que ha atravesado
la organización y su entorno.).
Como
se aprecia, casi todo lo que se conoce de administración
se articula, según la teoría, la escuela o el
enfoque, alrededor de áreas especializadas intentando,
desde su visión del problema, potenciar el logro de
la meta declarada por la organización, adoleciendo,
generalmente, de un enfrentamiento del problema administrativo
de forma sistémica.
El
autor quiere destacar que al usarse el término teorías,
antes y después, se hace por cuestiones de costumbre
y no porque la totalidad de ellas cumplan con los criterios
epistemológicos de teoricidad, legalidad, explicación,
esto es de cientificidad. En administración no encontramos
ninguna unidad sistemática de conocimientos que
albergue esa masa de conceptos o teorías administrativas,
ni aun el proceso administrativo lo logra.
La
mayoría de las escuelas del pensamiento empresarial
se han basado en un enfoque parcial, lo que trae consigo la
necesidad de aislar un elemento para comprenderlo independientemente
de otros eventos simultáneos e indiscutiblemente relacionados.
Los expertos han sacado partido de enfoques sectoriales en
lugar de utilizar las ventajas del enfoque sistémico
para, al final, pagar caro su posición. Las limitaciones
del atomismo y el holismo hacen que el autor no dude en adoptar
un enfoque sistémico en la propuesta
que se expondrá en la presente investigación.
La
insistencia de muchos "evangelistas" de la administración
en demostrar que tienen la respuesta correcta, ha puesto de
moda dichos enfoques parciales que han tenido seguidores y
entusiastas que pretenden hacer de ellos la respuesta
única a los problemas relacionados con la
administración. Esto explica por qué el estado
de arte en materia de administración ha evolucionado
al ritmo de gurúes que al frente de su facción
administrativa, apoyada con suficiente dinero como para hacer
de su propuesta una "receta mágica", intentan
hacerla vendible al mundo organizacional. Esto hace difícil
a los administradores la adopción de una filosofía
administrativa que se ajuste a las condiciones concretas de
su organización. La realidad ha demostrado que, generalmente,
se ha ido cambiando de "receta" a tenor de su aparición
en el "mercado de enfoques administrativos".
Dada
la complejidad creciente de las organizaciones y del entorno
en que estas se mueven, parece vano el uso de recetas actuando
sobre un único elemento organizacional. Todas las organizaciones
parecen estar afectadas por la imperiosa búsqueda de
nuevas maneras de administrar, pero ya no parece posible razonar
en términos de herramientas y técnicas de administración
aplicables siempre y en todas partes, sino abordar el fenómeno
organizacional con una filosofía global que permita
hacer uso de herramientas y técnicas como medios utilizables
en determinados momentos y no como fines en sí mismas.
La
"selva administrativa" –término acuñado
por H. Koontz para referirse a la proliferación de
propuestas administrativas– hecha realidad nos enfrenta
a una diversidad de criterios, que hacen casi imposible regirse
por un sólo enfoque para poder administrar por estar
caracterizado, cada uno de ellos, por los elementos señalados
anteriormente, lo que deja clara la ausencia de las generalidades
en una actividad, declarada en más de una oportunidad
como ciencia, pero que aún adolece de los elementos
teóricos que puedan avalar dicho criterio.
Debido
a esta carencia, no pocas veces se tiene una visión
reduccionista de la organización, la cual debe ser
abordada desde una perspectiva sistémica, considerándose
prioritario el valor que constituye la capacidad de vislumbrar
a las organizaciones como un todo, en el cual no es relevante
el funcionamiento de sus elementos aislados, sino su totalidad.
Siguiendo
la lógica de estos planteamientos y analizando 33 modelos
de administración presentados por las diversas miradas
de los estudiosos de la administración en aras de entender
y administrar el fenómeno organizacional, habrá
que decir que dichos modelos siguen, lógicamente, las
tendencias de pensamiento de cada una de las escuelas que
los sustentan, buscando alinearse con la situación
económica que caracterizaba el entorno en el que se
desenvolvían las organizaciones y los estudiosos que
intentaban entenderlas y explicarlas.
Los
modelos asociados a las escuelas de la era de la estabilidad,
finales del siglo XIX hasta la década de los sesenta
del siglo pasado, es posible reconocer la orientación
al incremento de la productividad, la organización
del trabajo, el perfeccionamiento de métodos de trabajo,
establecimiento de jerarquía de prioridades internas
para la consecución de la eficiencia organizacional,
todo bajo una visión de sistema cerrado.
La característica de todos estos modelos es el enfoque
interno.
Los
modelos de esta etapa se caracterizan por:
- Centrarse
en uno o varios aspectos de la realidad empresarial, pero
ninguno de ellos llega a abarcar la compleja totalidad de
la misma.
- Reglas
de funcionamiento interno.
- Desatención
a la dependencia entre la organización y el entorno.
- Poca
preocupación por la adaptación continua.
Los
modelos de la era de la turbulencia, que
se empieza a dibujar a finales de la década de los
ochenta del siglo pasado, denotan el cambio paradigmático
favoreciendo, en cuanto a atención se refiere, el impacto
del entorno en la organización, girando hacia la eficacia
organizacional, enfatizando la calidad, el análisis
de la competencia, los procesos de mejora, la determinación
de estrategias que permitieran ventajas competitivas, surgimiento
de una visión de cliente, pues pone el acento en la
satisfacción de las necesidades dada la creciente importancia
de las decisiones de los clientes en los resultados finales
de las organizaciones, todo esto bajo una visión de
sistema abierto. La característica
de todos estos modelos es el enfoque externo.
Las
características principales en esta etapa son:
- Poner
de manifiesto la proliferación de las maneras de
administrar una organización.
- A
pesar de reconocer conceptualmente a la organización
como sistema, su actuación, generalmente tiende a
ser parcelada.
- Enfoque
global de la organización con tendencia a dar respuesta
a todas las problemáticas desde sus paradigmas.
Ese
salto cualitativo y cuantitativo de los modelos de administración
se produjo por la existencia de una etapa de transición
encargada de potenciar el enfoque sistémico de las
organizaciones. Esta etapa se caracterizó por:
- Poner
de manifiesto que las teorías y enfoques anteriores
no son suficientes para resolver la complejidad organizada
de una organización.
-
Vienen a unir las parcelas del saber empresarial.
Si
entendemos por modelo el conjunto de variables relacionadas
que usan los investigadores para describir la realidad y aceptamos
que la información es el fluido fundamental de la administración,
se podría hacer un análisis de los modelos desde
esta óptica. No cabe duda que los modelos de principio
de siglo pasado eran modelos simples, con sistemas de información
también bastante simples. En la medida en que el estudio
de la administración se desarrolló, comenzaron
a desarrollarse combinaciones de estas variables hasta la
actualidad, cuando se requiere de modelos complejos y sistemas
de información complejos.
Es
necesario deja claro que los términos "simple"
y "complejo" dependen de las variables y partes
incluidas por los investigadores, del nivel de detalle al
que la organización está describiéndose,
de los supuestos para explicar la realidad organizacional.
En opinión del autor, la realidad nos muestra que existe
un desligamiento entre modelo y sistema de información.
Cualquier propuesta de modelo teórico de administración
que se presente debe lograr un acercamiento en aras de alcanzar
la correspondencia deseada.
Con
ánimo de dejar polémica
El
proceso administrativo se hace cada vez más complejo,
por lo que existe la necesidad urgente de mejores maneras
de enfrentarlo. Cuando se intenta asir tales problemas, existe
la tendencia a fraccionarlos en partes más manejables.
Esa es una práctica útil, pero tiene limitaciones
serias. Al tratar con cualquier sistema, sobre todo uno complejo
como lo es una organización, no es suficiente pensar
en el sistema en términos de partes o aspectos separados,
para describir el sistema entero. Semejante acercamiento no
es, por sí mismo, una manera exitosa de entender la
conducta del sistema. Desgraciadamente en la academia aumenta
la tendencia a estudiar algún aspecto del problema
organizacional, erigiendo un modelo de ello, mientras la discusión
de la totalidad se relega a estados de mayor madurez de la
"ciencia de la administración". Es de importancia
crucial que se aprenda a complementar esos estudios especializados
con la mirada al todo, no sólo para los académicos
sino para los practicantes a los que se les hace difícil
dar una mirada cruda al todo si los modelos con que cuentan
para administrar sólo se preocupan por una vista parcial.
Es
menester destacar este retroceso científico después
de los avances logrados con la Teoría de los Sistemas,
Enfoque Socio-Técnico y la Teoría de la Contingencia,
exceptuando la Teoría del Restricciones que analiza
a la organización como un sistema en pleno. En la actualidad
se hace necesario un modelo capaz de hacernos entender la
compleja totalidad de las organizaciones, caracterizada por
las regularidades más generales sobre las que se sustenta
la administración. En opinión del autor, este
es uno de los problemas a ser resuelto por los estudiosos
de la administración.
Anexo
1: "Estado del Arte de la Administración".
En formato PDF (debe tener instalado Acrobat Reader). (Ver
el Anexo) (Volver al texto.)
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