El
cambio es una constante del mercado actual. Hoy, es necesario
ser más productivos para mantenerse y crecer en el
mercado. Ser productivos significa inversión en tecnología
y capacitación en sus empleados. Implica obtener más
con los mínimos recursos.
Esto
resulta una carga muy pesada para los empleados, quienes son
los que ayudan y hacen que la empresa crezca. Muchas veces
exigimos y presionamos a nuestros empleados para que cumplan
con los objetivos, con los tiempos y con las formas. Exigimos
y presionamos porque la competencia lo hace con nosotros.
Es
por eso que cuando se producen errores, desinformación,
mala atención, etcétera, que en realidad son
producidos por la carga de trabajo y las exigencias que se
acumulan, la respuesta suele ser explosiva, poniendo al empleado
en una posición incómoda, porque no pudo cumplir
como debía.
Ahora
bien, ¿qué sucede cuando todo sale bien? ¿cómo
respondemos cuando se cumple con lo previsto o aún
mejor? Es una constante que la respuesta sea ignorancia o,
a lo sumo, un "muy bien". Las veces que me han explicado
esta postura, la basan en que "es su trabajo y obligación
hacerlo bien", o bien "y bueno, para eso le pago".
En síntesis, somos inflexibles ante el castigo pero
reacios a reconocer los aciertos.
En
cierta empresa manufacturera donde trabajé, teníamos
serios problemas de producción, donde se producían
errores muy costosos para la empresa. Ante este problema,
se realizó una investigación que determinó
que la gran mayoría de los empleados estaban desmotivados.
Reclamaban mayor atención y reconocimiento de sus superiores,
y consideraban que si mejoraban los procesos, la única
beneficiada era la empresa.
Con
esta valiosísima información, se desarrolló
e implementó un método de evaluación
de la producción, por el que se premiaba si se cumplían
o superaban determinados objetivos de cantidad y calidad,
que eran ajustados mensualmente.
Los
resultados obtenidos sorprendieron hasta al número
uno de la empresa. Se había dado a los empleados varias
cosas: 1) un reconocimiento a la mejora continua; 2) permitía
evaluar y superarse a sí mismos; 3) el autocontrol,
exigía de sus superiores mayor atención y control,
es decir que la pirámide se invirtió para llegar
al mayor premio posible.
Hoy
en día los salarios flexibles son una realidad. Estos
se basan en una remuneración mínima pero que,
cumpliendo y superando diversos objetivos y marcas, el salario
crece. Este método hace que el empleado tenga un desafío
que vencer (motivación), aumenta la expectativa por
los resultados (motivación) y se preocupa por mejorar
y crecer, porque entiende que sólo así obtendrá
los mejores resultados (motivación). |