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Los
sueldos de los miembros de la familia, en una PYME, constituyen
un tema clave, dado que pueden dar lugar a serios conflictos
cuando hay falta de equidad entre lo que perciben los familiares
o, a veces, entre ellos y quienes no son miembros de la familia.
En
algunas empresas familiares el criterio dominante es el del
sacrificio: los miembros de la familia deben ganar poco, porque
se valora su esfuerzo y compromiso personal, y una de las
maneras de que éstos se pongan de manifiesto es que
la compensación económica sea baja. Más
allá de la realidad concreta de cada empresa donde
esto ocurre, lo cierto es que el origen de este pensamiento
está en las empresas de inmigrantes, en las que todos
debían invertir sus esfuerzos sin límites para
subsistir.
El
extremo contrario es el de aquellas empresas que funcionan
como una madre sobreprotectora, que premia a los integrantes
de la familia con compensaciones económicas muy importantes,
que exceden en mucho los valores de mercado.
Entre
ambos extremos se encuentran diversas alternativas. Una de
ellas es que aquellos miembros de la familia que accedan a
un puesto en la empresa (en función de su capacidad
y preparación) serán incentivados con un salario
que se ubicará en un porcentaje prudentemente superior
a un empleado no familiar (digamos un 15 ó 20 % más).
El fundamento para este criterio es incentivar a los miembros
de la familia para que permanezcan y crezcan en la empresa,
y lo que queda involucrado no es sólo el mayor salario
sino, fundamentalmente, el mensaje de que los miembros de
la familia son especialmente valorados por la confianza que
pueden merecer.
Un
punto importante a considerar, a la hora de definir un criterio
de remuneración es, precisamente, si todo aquel miembro
de la familia que desee trabajar en la empresa tiene un puesto
asegurado o si, por el contrario, solo entran a trabajar en
la empresa y permanecen en ella quienes están debidamente
preparados para ocupar puestos específicos, y trabajan
con similar o mayor nivel de compromiso que un no familiar.
Hay
empresas en las que se considera que los miembros de la familia
deben participar en las ganancias aunque no sean socios o
accionistas; sin embargo, en la mayor parte de las empresas
se diferencia lo que se recibe por ser titular del capital
(la ganancia del socio) de lo que se recibe por trabajar en
la empresa.
Tanto
entre miembros de la familia como entre trabajadores no familiares,
la cuestión de la equidad es relevante. Esto significa
que cada persona que se desempeña en la empresa suele
estar muy atenta a que su nivel de retribución guarde
una relación razonable con la retribución de
otros, en función de su preparación y rendimiento,
la complejidad de las tareas a su cargo y la importancia estratégica
para la empresa. Por lo tanto, todo salario basado en el amor,
o en la cobertura de necesidades, está condenado a
ser generador de conflictos, si no existe una explicación
basada en otros factores ligados específicamente a
la actividad laboral.
Desde
ya, la existencia de un plan, que en la medida de lo posible
se diseñe antes, y no después de que aparezcan
los casos concretos, permite prevenir conflictos y dar un
marco seguro de interacción a los miembros de la familia.
Por
lo tanto, se recomienda la celebración de reuniones
(preferentemente con la guía de un profesional externo
al grupo familiar y experto en la materia) en las que se pondrán
de manifiesto los diferentes criterios respecto de las retribuciones,
para llegar, en la medida de lo posible, a elaborar un régimen
de retribuciones, que podrá ser parte de un documento
más abarcativo, como es el protocolo empresario familiar,
instrumento con valor legal y moral que permite a las actuales
generaciones de una empresa de familia llegar a acuerdos duraderos
en materias de participación de miembros de la familia
en la empresa, criterios para la dirección de la empresa,
visión, misión, objetivos, régimen de
resolución de conflictos sin pasar por la Justicia,
etc.
Tener
pautas acordadas y firmadas, y la voluntad de todos de que
esas pautas se cumplan, es una manera de darle racionalidad
a la retribución de familiares y, por lo tanto, poder
generar una política de atracción para aquellos
miembros de la familia mejor preparados, que van a beneficiar
a la empresa con su saber, experiencia y entusiasmo. Al mismo
tiempo, un régimen salarial bien estructurado ayuda
a diferenciar entre lo que alguien recibe por su esfuerzo
personal como trabajador, la compensación que le puede
corresponder en caso de que también ejerza como director,
y lo que le pueda corresponder por su condición de
socio de la empresa.
De
esta forma, con estos rubros debidamente diferenciados, cada
cual puede elegir con más profundidad cuál es
el tipo de involucramiento que desea en relación a
la empresa de familia. |
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