El
artículo “Cómo
la falta de visibilidad impacta en la rentabilidad –
Parte 1”, lo inicié con una premisa básica
y elemental: “cada cosa en su lugar y un lugar para
cada cosa”. Decía que los procesos deben ser
diseñados teniendo en cuenta la visibilidad, de modo
tal que una rápida mirada hacia cualquier sector de
la planta, nos devuelva el estado de salud de la misma. Altos
stocks de productos semielaborados al pie de cada centro de
trabajo; altos niveles de scrap desparramados en cada rincón;
elementos de seguridad mal señalizados o sepultados
por todo tipo de desperdicios, no son síntomas de buena
salud.
También
decía que, no habiendo contemplado la visibilidad desde
un principio en el diseño de un proceso, será
necesario “hacer visible artificialmente lo que no puede
verse a simple vista”. Esta última podría
pensarse como una acción correctiva sobre el proceso
en cuestión. Las políticas de reducción
de inventarios, las mejores prácticas de manufactura,
los balances del flujo de materiales a los cuellos de botella,
los programas de reducción de desperdicios son, en
definitiva, medidas que nos permiten lograr un mayor grado
de visibilidad.
Hasta
aquí me he referido a la visibilidad en un sentido
físico, indicando cómo el desorden afectará
tarde o temprano a la rentabilidad del negocio.
Ahora
bien, es posible ir un poco más allá y aplicar
los mismos conceptos (visibilidad y visibilizar) en el ámbito
de la estrategia. Muchas de las pequeñas y medianas
empresas crecieron de manera desordenada, transformándose
con el paso del tiempo en empresas consolidadas en sus mercados,
con productos reconocidos y aceptados por los consumidores.
Sin embargo, a la hora de analizar las estrategias seguidas
se desprende que la acción de proyectar un futuro posible
es una de las materias pendientes para la mayoría de
ellas.
No
todas las empresas tienen un pronóstico de ventas proyectadas
por familia de artículos o por artículo (SKU);
tampoco hay demasiadas que tengan un programa de evaluación
de clientes o un programa de evaluación y selección
proveedores, o un presupuesto de mantenimiento proyectado
(el dinero que se va a necesitar para trabajos de mantenimiento
durante el período fiscal), o un programa de mantenimiento
(preventivo o predictivo).
La
lista es extensa, pensemos tan solo en lo que representa la
planificación de la producción para una empresa.
Qué, cómo y cuándo se produce, son preguntas
cuyas respuestas se deben tener muy en claro y, asociado a
ellas vienen las otras, como por ejemplo, qué tecnologías
se requieren para nuestros productos y cuáles deben
ser las aptitudes de la fuerza laboral.
Todo
lo anterior se confabula para obstaculizar el camino que la
empresa debe seguir hacia adelante. Es evidente que el concepto
de la falta de visibilidad también es aplicable a este
aspecto de la administración de la empresa. No ser
capaces de ver más allá del día a día,
como consecuencia de los obstáculos del camino (falta
de capacitación, falta de compromiso), nos transforma
en conductores que, privados de la visión de largo
plazo, llevamos a la empresa por un camino de incertidumbre.
Debemos,
entonces, hacer visible el camino a seguir, definiendo el
estado futuro competitivo que deseamos alcanzar como organización.
En este sentido, será necesario delinear varios aspectos
que hacen a la estrategia de la empresa en el corto, mediano
y largo plazo. Habrá que visualizar desde dónde
se parte (diagnosticar) y diseñar una hoja de ruta
que nos muestre hacia dónde iremos, cuáles serán
los recursos con los que contamos y qué esperamos de
ese futuro.
En
definitiva, escribir acerca de la visibilidad en la estrategia,
no es otra cosa que escribir sobre el planeamiento estratégico
de la empresa. La visibilidad se logra cuando tenemos en claro
hacia dónde nos dirigimos, y esta es una tarea de exclusiva
responsabilidad de la alta dirección de la compañía. |