Si
hay algo que está distinguiendo a nuestra época
es el fenómeno del cambio, y lo que lo hace más
peculiar es la inédita consciencia que vamos teniendo
de algunas consecuencias de estos nuevos escenarios a los
que no estamos sabiendo responder con efectividad y bienestar.
Hoy
en día el esfuerzo de los actores por mantener las
performances del pasado no se condicen con los resultados
que están obteniendo. Es más: diríamos
que cada vez están más lejos de los esperados.
¿Qué hacer?
De
cómo la crisis articula el peligro y la oportunidad
Frente
a este panorama de tanto cambio, lo que experimentamos las
personas es algún tipo de crisis, que nos gusta comprender
en el sentido que lo hacen los chinos, con un ideograma compuesto
por otros dos: peligro y oportunidad.

El
cambio pone en peligro la continuidad de nuestros modos cotidianos
de hacer y, a la vez, si estamos preparados para distinguirlas,
nos puede abrir oportunidades impensadas antes de la situación
que denominamos “de crisis”.
Notemos
que la noción del cambio en nuestra cultura está
asociada a menudo con el miedo y la incertidumbre, y nos importa
proponer una conexión con la oportunidad, ya que el
cambio vive entre nosotros de una manera natural. Por ejemplo,
la piel de nuestra mano cambia totalmente cada tres meses
y el fémur, que es nuestro hueso más grande,
cambia la totalidad de su constitución celular cada
siete años. ¿Qué nos revela lo dicho?
Qué estamos cambiando permanentemente aunque nuestra
vivencia sea la de estar quietos y la de seguir siendo siempre
los mismos.
Heráclito
señalaba que "nadie se baña dos veces en
el mismo río". Sin embargo, nuestra experiencia
cuando vamos al río es la de encontrarnos siempre con
el mismo río que visitamos tiempo atrás. ¿Cómo
es esto? Postulamos que lo que hace que el río sea
río es la dinámica que se conserva de que circule
el agua por un cauce. Por lo tanto el río es el mismo
río y a la vez es otro cada vez.
Veamos
cómo esta metáfora nos permitirá reflexionar
sobre el cambio y el aprendizaje en este tiempo.
Saber,
aprendizaje y cambio
Heráclito
también señaló que “lo único
que no cambia es el cambio”. Por lo tanto, el APRENDER
será una de las competencias que mayores puertas nos
abrirá para movernos con efectividad y bienestar en
este tiempo, más allá que la cultura vigente
privilegie todavía muchas veces el SABER por sobre
el APRENDER.
El
cambio permanente nos revela que antes sabíamos y ahora
no.
Distinguimos
SABER como el operar efectivo en un dominio determinado de
acuerdo a ciertos estándares. Notemos que las personas
“no observamos el SABER sino las acciones realizadas”.
El
cambio genera siempre un evento: nos encontramos NO SABIENDO.
A este fenómeno del NO SABER lo denominamos IGNORANCIA
(que en nuestra cultura no está bien vista). La paradoja
es que el cambio permanente nos muestra cada vez más
y en forma acelerada nuestra IGNORANCIA, en el marco de una
cultura que toma el juicio de IGNORANTE como un insulto en
la mayoría de las ocasiones.
Resulta,
entonces, que lo que en el paradigma cultural que se está
agotando es un insulto, en el paradigma cultural que está
emergiendo es el umbral de todo nuevo aprendizaje
y, por lo tanto, una de las condiciones primordiales de lo
que dentro de unos años comprenderemos como “ser
alguien inteligente” va a ser alguien que reconozca
rápidamente lo que no sabe y se disponga a aprender.
Si
no nos declaramos ignorantes en algún punto,
no tendremos abierto el espacio para aprender.
Creemos
que una de las bisagras en la educación del nuevo milenio
estará dada por comenzar a privilegiar el aprendizaje
más que el conocimiento. Es por ello que consideramos
un error pensar y denominar a este tiempo como “la era
del conocimiento”, ya que éste se vuelve obsoleto
rápidamente. Lo que perdura es la capacidad de aprender,
desaprender y reaprender, como señala Alvin Toffler.
Y
entonces nos preguntamos: ¿en qué consiste APRENDER?
Observamos
que no alcanzará con aprender “nuevos contenidos”,
sino que requeriremos APRENDER
A APRENDER, y esto requerirá mirar al que aprende...
¡y eso es lo nuevo!
Es
en este sentido que podemos comprender que el aprendizaje
es mucho más que adquirir información: aprender
consiste en realizar nuevas y mejores acciones, transformando
en este hacer nuestra manera de estar parados en el mundo,
de emocionar y de estar en contacto con lo nuevo.
Es
por ello que cuando concurrimos a un curso y nos entregan
sólo información, sin haber incluido “en
la entrega” una transformación de nuestra corporalidad,
nuestra emocionalidad y el estar en contacto con lo nuevo,
no tiene que sorprendernos que luego no podamos aplicar lo
aprendido.
Es
por ello que en tiempos de cambio acelerado y de crisis como
los actuales, resultará fundamental desarrollar nuevos
ojos para observar, nuevos aprendizajes para vivir y nuevas
preguntas para hacer. Hoy surge la necesidad de contar con
competencias nuevas que posibiliten aprender desafiando los
modos tradicionales propios y ajenos de encarar los problemas
cotidianos.
Creemos
que el aprendizaje para el cambio es un desafío a encarar
entre todos los actores del vivir actual.
¡Ojalá
esta invitación le resulte inspiradora! |