Se
ha popularizado en el mundo empresario y en las “Ciencias
del Management” recurrir a escenarios alternativos para
ser luego más efectivos en la realidad. En esa lista
interesante, pero a la vez cuestionable, de eventos, podemos
encontrar: navegaciones a vela o a remo, cocinar todos juntos,
armar una casa donde quepamos todos, ser visitados por el
entrenador de los Pumas, etc. Vale la aclaración de
que, para que nadie se sienta criticado, sólo citamos
actividades que nosotros mismos hacemos o hemos hecho desde
BDO en los últimos tres años.
Si
estas prácticas se han replicado tanto es posible que
–en algunos casos– provoquen efectos motivacionales
o conceptuales interesantes, llevando a los empresarios y
a la gente que trabaja o lidera en las empresas a pensar,
crear o analizar el trabajo desde una perspectiva diferente.
Actividades
como las que citamos se han aplicado con fuerza en los últimos
tiempos –aunque no de forma excluyente– al tema
de “la emergencia de la Organización 2.0 y el
rol de las nuevas generaciones”. Pero, ¿por qué
es necesario llevar a los empresarios a estas actividades
experienciales para hablar sobre este tema? ¿Por qué
gente exitosa necesita ser conducida como un niño a
actividades que se alejan de su cotidianeidad? ¿Qué
queremos lograr?
Las
respuestas podrían ser muchas. Particularmente, creo
que aquello que vivenciamos quedará “sellado”,
y de ninguna manera será equivalente a un simple contenido
de una capacitación. Pero vuelvo a hacer una pregunta:
¿Por qué en las empresas habría que generar
estas vivencias?
No
queremos aquí abanderarnos detrás de frases
como “la gente resiste al cambio”, “la gente
quiere hacer las cosas de la misma forma siempre”, porque
no sería cierto. Sin embargo, en los últimos
seis meses nos hemos encontrado desarrollando talleres en
los cuales parecía que veníamos a explicar o
a tratar de hacer “experienciar” algo que era
imposible que los empresarios no conocieran con exactitud,
que era “la emergencia de la Organización 2.0
y el rol de las nuevas generaciones”, por resumir el
tema en un título.
Al principio resistimos a dar seminarios de “Generación
Y” porque cuando los presenciábamos en eventos
de colegas y amigos del management nos parecía que
los oradores presentaban una rara especie que había
emergido (la Generación Y). De hecho, dependiendo de
la edad del speaker pasábamos de ver una presentación
graciosa y circense de estos “jóvenes irresponsables
que venían a llevarse el mundo por delante”,
a una defensa shokeante e híper tecnológica
de “post adolescentes” que exhibían el
mundo maravilloso e inaccesible en relación a la Organización
2.0 y el Gen Y.
Pasada
nuestra aversión inicial a dar esos seminarios, comenzamos
a construir una alternativa conceptual que articulara Consultoría
y Capacitación, basada directamente en las consecuencias
del cambio generacional en las organizaciones.
Acciones
Durante
el último semestre del 2009 nos encontramos hablando
y gestionando la transformación organizacional, trabajando
por células, repensando las pautas de seguridad informática,
etc. Resumiendo: nos planteamos aplicar las metodologías,
ideas e innovaciones tecnológicas de lo que podemos
llamar la “Organización 2.0” a nuestros
negocios y hablar al mismo tiempo sobre esto en foros, capacitaciones
y seminarios.
Para
ser coherentes con nuestro discurso, realizamos incluso tres
capacitaciones vía Webex a las cuales asistieron un
promedio de 120 Socios, Gerentes y Directores regionales de
BDO sobre los temas “Herramientas comerciales para la
comercialización de servicios” (septiembre 2009);
“Change Management” y “Organización
2.0” (octubre y noviembre 2009).
En
esas experiencias conversamos sobre temas tan diversos como
“corbatas”; uso restricto o irrestricto de Internet
para empleados; el liderazgo de los jóvenes entre 18
y 24 años; la inversión tecnológica para
el 2009-2010, etc.
No
hubo mucha ciencia en los ejercicios propuestos. Por ejemplo,
cuando teníamos que focalizar en los cambios estructurales
y funcionales que las organizaciones podían realizar
para abarcar el mercado de “prosumidores” –referido
a aquellos que producen y consumen el producto, o sea, todos
nosotros– y adaptarse a la Organización 2.0,
recurrimos a la sensibilidad de los artistas.
Es
muy común observar una obra que alguien llama “arte”
y no entender absolutamente nada de aquello que expresa, y
en casos más extremos, siquiera entender qué
es lo que hay allí en frente nuestro.
Los
artistas son “más contemporáneos”
que el grueso de los empresarios, ya que no tienden a repetir
y repetirse en aquello que fue exitoso, o en una mirada convencional
de la realidad. No dicen, generalmente, frases como “los
jóvenes de hoy son unos irresponsables”; “no
quieren liderar y asumir posiciones en la estructura”;
“quieren todo ya y las cosas llevan tiempo”.
Estas
frases que hoy se escuchan en el mundo empresario hablan posiblemente
más del mundo adulto, apegado a la visión propia
de las cosas, y podrían ser equivalentes a esa imposibilidad
de entender en un instante o, mejor dicho, “sentir”
en un instante mágico aquello que la obra representa,
o en palabras de negocios, “intuir” algo que le
sucederá a nuestro mercado.
Volviendo
al modelo de los artistas que, como verán, es la actividad
vivencial propuesta, tal vez no sólo sean capaces de
ver lo obvio (la vaca en nuestro living), sino además
anticipar lo obvio y lo no tan obvio en sus producciones y,
de ese modo, recrear, transformar o al menos exhibir, de manera
exultante lo que sucede en la época que les toca vivir.
Estas
elucubraciones, en el marco de conferencias y talleres para
empresarios, anticipan el objetivo de hacerles vivir la experiencia
de lo obvio y no tan obvio, que lleven a su empresa algo de
lo que ven en sus casas y sus vacaciones.
Por
ejemplo, si van a hoteles eco-sustentables, luego reciclan
materiales con sus hijos. Si esos mismos empresarios se miraran
al espejo y vieran el elefante en el living, estarían
tal vez trabajando de otra forma, sin necesidad de discutir
si se puede usar o no la Internet en el trabajo, en qué
horario tienen que llegar “todas las mujeres y hombres
de la empresa”, etc.
Para
profundizar en estos tópicos estructurales y funcionales
se trajeron a los talleres dos obras con el mismo tema, realizadas
en intervalos de entre 200 y 500 años.
El
tema escogido era “La cena”. Imagínense
entonces en el salón del Hotel Costa Galana, de Mar
del Plata, o en la Webex frente a su laptop, presenciando
la imagen de “La Cena” de Giotto di Bondone (1302).
Florencia,
cerca del año 1300, es un contexto emancipador, los
gobiernos pasan crecientemente a los ciudadanos. En la religión
apareció San Francisco de Asís, que sale a la
calle a predicar, fuera de los santuarios.
Dicen
que es la obra más grandiosa de Giotto, pero no por
exageración, sino porque interpreta la época,
“lo que algunos dicen de su arte, que es la síntesis
de Dios y el hombre” (Paul Westheim, Mundo y Vida
de grandes artistas I, Biblioteca Joven 1985)
Los
apóstoles parecen campesinos o artesanos, están
sentados en una galería, Giotto se centra sólo
en lo importante, despertar en el pueblo la más inmensa
fe religiosa posible es su objetivo.
No
conoce las reglas de la perspectiva científica, no
sabe matizar colores con luces y sombras, todo se produce
en un mismo plano, produce con las “reglas” o
los saberes e intereses de la época.
Doscientos
años después, Leonardo Da Vinci (1495) pinta
su versión. Esta obra de Leonardo, bastante conocida
por todos, no resulta por ello una evidente y explicita muestra
de la época en la que se produjo si no nos tomamos
algunos minutos para analizarla.
Leonardo
afirmaba que la pintura era una ciencia. Es la época
de inventos y descubrimientos como el papel, la pólvora,
el reloj de bolsillo, AMERICA.
Para
Leonardo, el arte era ANATOMIA, PESPECTIVA y PSICOLOGIA. No
podía negar o abstraerse de nada de lo que sucede a
sucedía a su alrededor, y lo incorporaba masiva y exultantemente
a su obra.
Estudiaba
la óptica y aplicaba la perspectiva, usaba la perspectiva
lineal, pero le agregaba la cromática por colores y
sombras.
Estudiaba
los gestos de la cara, el enojo, la risa, LA PISOLOGIA (eso
se verá en La Giocconda como máxima expresión).
En
síntesis, su arte implicaba una comprensión
cabal del contexto socio-cultural, político y artístico
en el que vivía. y una fantástica reproducción
del mismo, al tiempo que participaba como artífice
de su construcción.
Por
último, y buscando el arte contemporáneo, las
producciones de hoy, tomamos casi al azar un montaje de Devorah
Sperber (2007):
Esta
producción muestra una bola de cristal donde se proyecta
la obra, espejos alrededor multiplican el efecto. Es una obra
que claramente aplica las tecnologías contemporáneas,
se puede montar y desmontar donde sea, depende de la luz y
los espacios, tiene múltiples formas de ser ya que
depende no sólo del montaje sino desde dónde
mira el espectador. El artista incorpora al espectador como
parte clave. Puede ser que al día de hoy la obra no
exista más, o puede haber mutado en diferentes versiones
y adaptaciones.
Mientras
que las dos versiones iniciales de La Cena (Giotto y Leonardo)
en su producción final estaban ligadas a la genialidad
del artista en una obra finiquitada, la última integra
al espectador a la experiencia, se arma y desarma, es portátil
y liviana, casi coincidiría con algunas definiciones
académicas mejor logradas sobre estructuras organizacionales
hoy. Tomemos dos como ejemplo:
“La
duración deja de ser un valor y se convierte en defecto,
lo mismo puede decirse de todo lo grande, sólido y
pesado, lo que obstaculiza y restringe los movimientos”,
de Bauman Zygmunt. Y esta otra: “Históricamente
el propósito de una estructura organizacional era institucionalizar
la estabilidad. En la organización del futuro, el objetivo
del diseño será institucionalizar el cambio”,
de David Nadler.
Después
del arte
Si
bien a esta altura del taller los empresarios pueden comprender
que estamos invitados a reflexionar sobre cómo diseñar
estructuras más flexibles y dinámicas usando
las nuevas tecnologías y los lineamientos de la época,
es el momento para listar de qué estamos hablando,
y que quisimos mostrar:
-
El GEN “Y” necesita participar: Las nuevas
generaciones quieren ser parte de la obra, y una manera efectiva
de gestionarlos es integrarlos (lo que hace el último
artista en su apropiación del tema “La cena”).
-
Las nuevas tecnologías traen oportunidades y reducen
costos: Las tecnologías disponibles no son
sólo parte de la estética de las cosas, sino
que marcan modos alternativos de hacer el trabajo. La Web
2.0, el entrenamiento para trabajar colaborativamente, los
equipos remotos, etc., se presentan como una alternativa importante
para hacer más y mejores negocios a menor costo.
-
Convivencia de la Organización 2.0 con pirámide
tradicional: Se pueden preservar aspectos culturales,
valores y la esencia de ciertas marcas e ideas (como se preservó
el tema “La Cena”), sin por eso creer que no seremos
afectados por el recambio generacional y el quiebre tecnológico.
Todas las marcas y empresas estarían frente a la potencialidad
de encontrar nuevas formas de organización que convivan
con las actuales.
-
Convivencia de productos 2.0 con los tradicionales:
La nueva obra no reemplaza a la anterior. El hecho artístico,
único e irrepetible en el arte, al igual que en las
empresas a través de exitosos o mágicos productos,
pueden coexistir con los nuevos, al igual que las estructuras
y las generaciones pueden convivir.
-
La sensibilidad empresaria: Como el artista siente
su entorno y lo plasma, el empresario no debiera “resistir”
al entorno, quejarse o contraponerse. Dejarse influir y expresarlo
en un marco responsable seria en definitiva la forma más
fácil de proceder.
Llegando
al final del trabajo y como conclusión, habría
dos cosas que queremos destacar: la primera tiene que ver
con lo que hemos llamado “sensibilidad empresaria”,
que ha implicado variadas explicaciones acerca de cómo
los consultores y las empresas buscan dinámicas y alternativas
para trasmitir experiencias que se graben con más efectividad
en la mente y el corazón del directivo, colaborador
o accionista que participa de seminarios o talleres. En este
caso se uso el arte como un facilitador del cambio del paradigma
organizacional del empresario.
La
segunda, y creemos más importante, es el tema en cuestión,
la Organización 2.0 y la gestión y liderazgo
de nuevas generaciones.
Como
no hay una receta para disminuir la rotación voluntaria
de los “Y”, como todo cambia velozmente y nadie
puede “atrapar las pautas del nuevo orden de las cosas”,
como la incertidumbre nos confunde por momentos, vale la pena
rescatar que así como el artista produce en esa revolución,
confusión o exaltación, al empresario no le
queda otra alternativa que hacer algo equivalente, artístico
si es posible (único e irrepetible), productivo, como
un anhelo de mínima, incorporando las pautas, necesidades,
intereses y valores de la época. También se
ha convertido en un deber incorporar a la gente que edifica
la época (Gen X e Y) como una de las estrategias fundamentales
para la gestión de personas en los próximos
años. |