¿Cuántos
de ustedes se han ilusionado con tener el trabajo soñado?
¿Quién no ha estado desempleado contando
los días para reinsertarse, luchando para no
caer en la desesperanza? Es inevitable comparar lo que
siente una persona que se enamora a primera vista y
pasa por esa etapa, donde todo es bello y se perdona
cualquier “malentendido”, con otra en la
que la persona ingresa a la empresa seducida por un
buen sueldo o el prestigio de la marca. Como toda relación,
esa ilusión se podrá quebrar fácilmente
si no conocemos a la otra parte, más allá
de la primera impresión.
He
tenido oportunidad de dictar muchas sesiones sobre la
motivación en la empresa. Recuerdo la primera
vez que escuché hablar de la teoría de
la motivación, fue una tremenda ayuda entender
dónde encajaban mis necesidades y comprender
que la verdadera motivación se encuentra dentro
de uno mismo y no en las cosas externas. No por algo
existe tanta gente que sigue buscando la felicidad en
las cosas materiales, como el gato que quiere morderse
la cola y solo termina por desgastarse inútilmente.
Hace
poco conversaba con un amigo que me decía: “Cuando
suena el despertador y sé que tengo que ir a
trabajar a la oficina me produce una rara sensación
de buscar alguna excusa para no ir”, así
de simple. Otra personas me comentaba cómo se
le endurecía el cuello cuando estaba próximo
a llegar a la empresa donde trabajaba. He sido testigo
de casos de personas que han sido seducidas por una
plaza, con muy buena paga y luego de 30 días
no saben cómo hacer para salir corriendo de la
empresa; porque se sienten engañados, por haber
recibido una “bomba a punto de detonar”
en lugar de un puesto de trabajo. Es lamentable cómo
existen directivos que aún no cesan de cambiar
“fusibles en la empresa” como cuando se
cambia un celular pasado de moda. Pareciera que hubieran
obviado un “pequeño” detalle... ¡trabajan
con personas que exigen respeto y consideración!
Juan
Luis Urcola, en su libro La motivación empieza
por uno mismo, plantea cuatro factores esenciales
que son los causantes de la desmotivación:
1.
La propia persona, se refiere a aquellos que
han nacido con una gran predisposición a la desmotivación,
esos que andan con la nube gris a todas partes y que
solo basta verlos para darse cuenta. En este caso hay
muy poco que hacer.
2.
El trabajo que realiza, cuando la naturaleza
del trabajo contribuye a la motivación o a la
desmotivación. No es lo mismo hacer algo que
te apasiona que por obligación, y peor si no
tienes mucho que elegir. Aquí se combinan la
falta de atractivo, la rutina, la presión excesiva,
la falta de objetivos, entre otros aspectos.
En
estos casos, puedes tener la mejor predisposición
para lograr los objetivos, sin embargo el desgaste ocasionado
por alguno de estos factores termina, en ocasiones,
sometiéndote, encendiendo velas para que los
días y las horas pasen rápidamente.
3.
El jefe, al quien se atribuye la mayor causa
de la desmotivación del personal. Por ello se
dice que las personas renuncian a su jefe y no a la
empresa, debido a las experiencias poco gratas habidas
con él. Contar con un jefe autoritario que siempre
busca culpables y no reconoce los méritos, aquel
que es capaz de “pisar lo que encuentre a su paso
para acceder a la medalla” provoca sentimientos
de fracaso y desconfianza y se puede convertir en el
dolor de cabeza mientras permanezcan en la organización.
4.
La empresa, cuando se convive en ambientes
hostiles, donde la gente camina con la espalda pegada
a la pared para evitar los “dardos envenenados”,
donde imperan las políticas más represivas,
sin derecho a reclamo.
Estos
factores, que podrían resultar familiares para
algunos lectores, se han convertido, lamentablemente,
en una constante en el quehacer empresarial. Los cambios
en el mundo nos han llevado a identificar un nuevo perfil
de trabajador. Las necesidades y las expectativas que
tenían las personas hace veinte años se
parecen muy poco a las que de hoy.
Algunos
de los cambios que se han producido y han impactado
en el perfil actual del trabajador son:
-
Se ha pasado del trabajo físico al intelectual.
- De
un trabajo donde solo el jefe pensaba a un escenario
donde ambos deben pensar y actuar.
- El
jefe ha pasado de un rol de capataz a otro de facilitador,
gestor del cambio.
- De
una organización de estructura piramidal a
otra más horizontal y flexible.
- De
un trabajo individual donde el trabajador solo se
limitaba a hacer lo que el jefe ordenaba a otro donde
se integra como parte de un equipo, que no depende
de un líder sino de la interdependencia.
La próxima vez que suene el despertador, acuérdese
que la motivación empieza en uno mismo. |