William
Ury, considerado el mejor negociador del mundo, nos dice que
si bien las disputas son inevitables y suelen formar parte
de los distintos escenarios, debemos desarrollar habilidades
para que no se conviertan en una batalla campal. Es que aunque
tengamos éxito en una disputa, el conflicto de intereses
que la generó seguirá latente. Frente a esta
realidad, Ury propone una forma para manejar cualquier conflicto:
la negociación.
Nos
dice Ury que hay tres maneras básicas para manejar
cualquier conflicto en particular. Una se basa en quién
tiene más poder, que generalmente desemboca en una
guerra o en una huelga, malestar en la otra parte, etc., de
acuerdo al contexto en que se desarrolla la negociación.
La
segunda busca resolver el problema según quién
tiene la razón; pero entonces hay que recurrir a un
juez que resuelva, lo cual también deja sinsabores
en algunas de las partes.
La
tercera es la negociación. Es decir, aquella comunicación
de ida y vuelta tendiente a lograr un acuerdo, donde los involucrados
tienen algunos intereses comunes y otros opuestos. La más
exitosa es aquella en la que ambas partes obtienen ganancias
(ganar/ganar), lo cual deja abierto el camino para futuras
negociaciones.
La
lección básica para cualquier negociador es
que no debe aceptarse un “no” como respuesta.
Siempre se deberán sondear los intereses presentes
o futuros. Si la otra parte todavía se resiste y sigue
pensando que puede ganar sin negociar, no hay otra opción
que convencerla de lo contrario.
La
negociación es la comunicación tendiente a lograr
un acuerdo, donde los involucrados tienen intereses comunes
y opuestos, y es exitosa cuando ambas partes ganan (ganar/ganar).
Para
negociar con éxito, Ury propone cuatro reglas de oro
que sustentan el principio de ganar/ganar, que son:
1)
Separe el problema de las personas. Para esto hay
que atacar al problema y no a las personas (duro con la tarea,
blando con las personas) Las partes involucradas deben verse
a sí mismas como empeñadas en un trabajo hombro
con hombro, atacando al problema y no atacándose mutuamente.
2)
Concéntrese en los intereses, no en las posiciones.
Detrás de cada posición hay un interés
que motiva dicha posición. La posición es como
la punta de un témpano; debajo, y con mucho mayor volumen,
están los intereses de las partes. Citamos como ejemplo
dos personas que en una habitación discuten porque
una quiere abrir una ventana y la otra parte se niega. Esas
son las posiciones, y si quieren solucionar el conflicto sin
averiguar los intereses, o sea los motivos que los llevan
a estas posiciones, sólo se agravará. Si se
concentran en los intereses, identificarán que una
parte quiere que entre una brisa porque hace calor, en tanto
que la otra, que está trabajando con papeles, no quiere
que esa brisa se los vuele. Conociendo los intereses de las
partes, es mucho más fácil arribar a una solución,
que como bien imagina, es cambiar el lugar donde están
sentados con respecto a la ventana.
3)
Genere una variedad de alternativas para cuando no
hay acuerdo en la primera proposición, para ofrecer
a la otra parte y lo que espera a cambio, de manera que ambos
se beneficien. A esto lo denomina MAAN, que significa la Mejor
Alternativa a un Acuerdo Negociado.
4)
Insista en que "el" resultado se basa en algún
criterio objetivo que beneficia a ambas partes.
Podemos
agregar una quinta, que muchas veces, por parecer obvia, no
se la tiene en cuenta en toda su importancia, que es la preparación
previa a toda negociación. “La mayoría
de las negociaciones están ganadas o perdidas desde
antes de iniciar las conversaciones, según la calidad
de la preparación”. Para esto, hay que pensar,
entre otras cosas, qué quiere la otra parte, qué
intereses los llevan a determinada posición, qué
podría ceder, qué tipo de personalidad tiene
la otra parte (negociador, competitivo, etc.), si tiene autoridad
para tomar la decisión, etc.
Una
de las tantas habilidades de un negociador exitoso es saber
mantener un adecuado equilibrio emocional, de manera de sostener
la equidad o justicia al momento de negociar. Esto le permitirá,
además, hacer un alto cuando la situación se
torna conflictiva, porque aparentemente los caminos se cierran
y la negociación comienza a tornarse en una disputa.
Es que cuando se entra en la espiral de la confrontación,
comienzan a aparecer elementos que hacen cada vez más
difícil llegar a fórmulas negociadas, tornándose
dificultosa la posibilidad de comunicarse.
Lo
mismo ocurre cuando percibimos que nos atacan. En este caso
no debemos responder de igual manera. Escuchémoslos.
Dejémoslos que se desahoguen. Demostrémosles
que entendemos lo que nos están diciendo, y cuando
terminen, convirtamos el ataque contra nosotros en un ataque
contra el problema. Una eficiente herramienta es hacer preguntas
en vez de declaraciones. Estas últimas generan resistencia,
mientras que las preguntas generan respuestas y permiten que
la otra parte se exprese.
En
todo momento debemos procurar romper el círculo vicioso
de la agresión, de la ira, para lo cual es imprescindible
mantener el equilibrio emocional para no reaccionar negativamente.
¿Cómo
lograr mantener el equilibrio? Ury nos sugiere cinco principios
a aplicar en toda negociación:
1)
Vayamos al balcón: el primer paso es controlar
nuestra propia conducta, nuestras emociones. Para ello, en
lugar de contraatacar, rendirnos, o romper la negociación,
debemos imaginar que nos vamos a un balcón desde el
cual se puede observar el escenario donde tiene lugar la negociación,
analizar los intereses de la otra parte y hacer preguntas
escuchando activamente sus respuestas.
2)
Comprendamos la posición del otro: la otra
parte siempre espera el contraataque o la resistencia. Por
lo tanto, haga justamente lo opuesto: escuche y reconozca
otros puntos de vista. Póngase del lado de su contrincante
y desármelo.
3)
No rechacemos, reencuadremos: en vez de rechazar
la posición del otro, trate de convencerlo de la necesidad
de encontrar un punto medio que satisfaga a ambos. Acepte
todo lo que le diga y ubíquelo en otro contexto.
4)
Construyámosles puentes de oro: una vez listo
para negociar, es necesario que conduzca a la otra parte en
la dirección que a usted le gustaría que fuera.
Haga que el resultado aparezca como una victoria para la otra
parte.
5)
El objetivo no es que se pongan de rodillas frente a nosotros:
si la otra parte todavía se resiste y sigue pensando
que puede ganar sin negociar, debemos convencerlos de lo contrario.
Es necesario crear las condiciones en las cuales les sea cada
vez más difícil decir que no.
“La
primera lección para un negociador es que nunca debe
aceptar un NO por respuesta”.
“Nunca
ceda ante la presión, sólo ante los principios”.
“Si
la otra parte todavía se resiste y sigue pensando
que puede ganar sin negociar, usted debe convencerla de
lo contrario”.
“Los
dos primeros obstáculos para la cooperación
son las personas que toman parte: la otra persona y usted
mismo”.
“Abriéndose
a considerar múltiples opciones, puede crear nuevas
posibilidades, una de las cuales podría satisfacer
sus intereses y a la vez satisfacer los de la otra parte”.
“Construya
un puente de oro hacia el otro lado”.
“Facilite
el sí del otro”.
Sugerencias
para una negociación exitosa:
Los
negociadores que tienen éxito escuchan más de
lo que hablan. Cuando alguien exprese una queja, parafrasee,
es decir, repita lo que escuchó. De esta manera, usted
se asegurará que la otra parte escuche lo que usted
escuchó.
Aléjese,
tome distancia, tómese un tiempo (salir al balcón).
Vuélvase sobre sí mismo y pregúntese
qué está haciendo, si hay otra forma de ver,
de interpretar el problema. Tengamos en cuenta que no vemos
la realidad tal como es, sino tal como somos y, por lo tanto,
esta diferente forma de interpretación es una de las
principales causas de resentimiento y de reacciones.
Con
respecto a las reacciones, muchas veces es nuestra reacción
lo que origina el problema. Quizás no hayamos creado
el problema, pero muchas veces reaccionamos ante alguien que
está enojado poniéndonos a la defensiva, y entonces
tomamos revancha. “Cuando decimos algo estando enojados,
podemos arrepentirnos de haberlo pronunciado toda la vida”.
El
equilibrio emocional nos permite, además, ver si la
situación puede interpretarse desde otro punto de vista,
lo cual nos facilitará mostrarle a la otra parte una
visión distinta del conflicto. Esto causará
sorpresa, ya que la otra parte no espera que nos pongamos
de su lado. Es como en el judo: si alguien lo ataca, no vuelva
a atacar, colóquese de su lado. Esto lo pone fuera
de combate, ya que es duro atacar a alguien que dice: "Sí,
estoy de acuerdo con usted”.
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