Para
el líder, el disponer de una visión vital equivale
a la brújula del navegante. Lo fundamental en la visión
vital del líder es observar su inclinación,
su énfasis entre el tener y el ser.
Cualquier
visión puede ser válida si puede ser transformada
en beneficios para la existencia, para la vida misma. Esta
visión vital está basada en los principios y
valores personales profundos y a veces inconscientes.
Para
vivir una vida plena a nivel personal y satisfacer la visión
vital, es necesaria la transformación permanente de
uno mismo y, paradójicamente al mismo tiempo, poseer
una alta internalización de principios y valores trascendentales
que son permanentes.
El
líder excelente se hace, se construye a sí mismo,
es como una obra artística. Cuando la esencia del líder
se fundamenta en un sustrato de valores y principios simplemente
humanos, se desarrolla una proyección con sentido de
la vida y profundas satisfacciones.
El
liderazgo es como la belleza: difícil de definir
pero fácil de reconocer si uno lo ve. ¿Cómo
llegar a ser líder? ¿Cómo una persona
se convierte en dirigente de otros? Casi todos tenemos la
capacidad de liderazgo. En efecto, casi todos podemos
señalar alguna experiencia de liderazgo en la vida.
En
realidad, el proceso de convertirse en líder es más
parecido a la realización de una obra artística
que al cumplimiento sistemático de un método
con una docena de pasos a seguir, o el practicar teorías.
La
realidad de convertirse en un líder es más bien
similar a la realidad de convertirse en persona. El proceso
de convertirse en persona y el proceso de convertirse en líder
van de la mano. La esencia del liderazgo es la autoexpresión
libre y total de mi yo integral. La esencia de convertirse
en persona es ser la persona que realmente quiero ser.
Un
líder integral simboliza en forma completa a quien
se ha autoexplorado y lo sigue haciendo, conoce sus fortalezas
y puntos a mejorar, sabe lo que quiere y lo comunica entusiasmado
a otros para que lo apoyen y finalmente sabe como alcanzar
sus metas.
En
el fondo, el arte de llegar a ser líder es el arte
de ser uno mismo. Así de simple y así de
complejo, paradójicamente. Al líder le compete
un papel predominante en crear un ambiente que exprese los
valores y principios, que a su vez facilite en las personas
la búsqueda de objetivos dignos de sus mejores esfuerzos.
Definitivamente
el líder se inventa a sí mismo, porque cada
persona es única, y su proceso personal evolutivo es
único y autodirigido. El arte de convertirse en
uno mismo, en persona, es el arte de convertirse en líder.
Visualiza un bloque de mármol amorfo e imagina cómo
cada quien, con cincel y martillo, a cada golpe esculpe su
obra de transformarse en persona y en líder.
Convertirse
en líder es escribir su propia vida, es convertirse
en uno mismo, auténtico, espontáneo, natural,
sin máscaras, es vivir con el flujo natural de la energía
propia, la que nace muy internamente y nos acompaña
donde se desee andar sin parar, itinerando por los escenarios
donde pueda ser útil al hombre humano.
Un
ilustrativo cuento de A. Melo, nos induce a reflexionar muy
profundamente sobre el autoliderazgo.
“Un
hombre encontró un huevo de águila y lo puso
en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue
incubado junto con la nidada de polluelos, y creció
con ellos.
Toda
su vida el águila hizo lo que hacían los pollos
del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra
en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía
las alas y volaba unos pocos metros.
Pasaron
los años y el águila envejeció. Un día
vio un ave magnífica volando por encima de ella, en
el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre
las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas
doradas.
La
vieja águila miraba hacia arriba con asombro.
–
¿Quién es ése? –peguntó.
– Es el águila, el rey de las aves –le
dijo su vecino–. El pertenece al cielo. Nosotros pertenecemos
a la tierra; somos pollos.
Así,
el águila vivió y murió como un pollo,
porque creía que era un pollo”.
Cuántos
gerentes, supervisores u otras personas son colocadas (le
dicen ascensos) en puestos de mando y no se dan cuenta del
rol fundamental de liderazgo en esas posiciones. Los incuba
una empresa-gallina que los cría, desarrolla y jubila
como jefes-pollo, sin entender que son lideres-águilas.
No descubren que el destino no está escrito, lo escribimos
cuando desarrollamos la capacidad de asombro, al sorprendernos
sabiendo que podemos ser los arquitectos de nuestro destino.
La autorrealización depende de nosotros en la dinámica
de gestión congruente entre el saber, el sentir y el
hacer.
El
autoliderazgo parte de un darse cuenta de quién soy,
de ese conocimiento profundo del yo interior. Con esta base
del conocernos, podemos saber qué necesitamos para
ser lo que deseamos lograr como seres humanos, en un universo
a nuestra disposición.
El
liderazgo no se decreta, se alcanza por mérito propio
cuando se satisfacen las necesidades de los seguidores. Para
poder satisfacer a otras personas debemos estar satisfechos
con nosotros mismos. No podemos dar lo que no tenemos. Para
transformar debemos transformarnos constantemente, buscando
incansablemente la perfectibilidad como seres, es hacer reingeniería
continua del pensamiento.
El
gran Confucio escribió en El Gran Aprendizaje: “Los
ancianos que desean mostrar al mundo sus caracteres refinados,
primero deben ordenar sus estados. Aquellos que desean ordenar
sus estados deberían primero regular sus hogares. Aquellos
que desean regular sus hogares, deberían primero cultivar
su persona. Aquellos que desean cultivar su persona, primero
rectificarían sus mentes. Aquellos que querían
rectificar sus mentes, primero buscarían la sinceridad
de sus voluntades. Aquellos que buscaban la sinceridad de
sus voluntades, primero ampliarán sus conocimientos.
La ampliación de los conocimientos depende de la investigación
de las cosas. Cuando se investigan las cosas, el conocimiento
se amplía, cuando el conocimiento se amplía,
se adquiere la seguridad de la voluntad; cuando se adquiere
la seguridad de la voluntad, la mente se rectifica; cuando
la mente se rectifica, se cultiva la persona”.
El
autoliderazgo es cultivar la persona, es encontrarse. Quien
nunca se ha sentido perdido no encontrará caminos nuevos.
Browin afirmaba: “Cuando la lucha de un hombre comienza
dentro de sí, ese hombre vale algo”. La grandeza,
lo valioso de la humanidad, está dentro de cada ser.
Buscamos explicaciones en el exterior infinito y no nos damos
cuenta que las explicaciones están dentro de nosotros.
El
verdadero, autentico y original líder surge del interior
del ser y se proyecta hacia el exterior social, es como tener
dos mitades unidas por un puente donde fluye la energía
del líder autodirigido por su deseo de servir y trascender
más allá de cualquier sueño imposible.
|