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“Si
pretende fidelidad de un “Y”,
mejor, cómprese un perro.”
Mi
actividad profesional me desdobla en dos roles que casi a
diario me permiten observar situaciones, percibir climas y
rescatar experiencias, que me desafían a efectuar mi
propia síntesis.
Como
docente universitario, suelo escuchar entre mis colegas, con
un sentimiento mezcla de resignación y fastidio, esta
descripción de sus alumnos:
- “Están
desmotivados, son apáticos y no se enganchan con
la clase”.
- “Te
miran con cara de pocker”.
- “No
fijan conceptos ni prestan la atención suficiente”.
- “Vienen
a la universidad a pasarla bien”.
- “Son
tan distintos a nosotros…”.
- “Se
la pasan enviando MSN mientras doy clase”.
- “Quieren
que les demos un enfoque práctico, sin conocer el
marco teórico”.
En
mi rol de consultor de empresas, Gerentes, Mandos Medios,
líderes de proyectos y toda persona con gente a cargo,
me confía cosas como:
- “No
tienen horizonte de carrera”.
- “Quieren
todo ya; no se dan cuenta de que ocupar este puesto me costó
ocho años”.
- “Tenemos
un 20% de rotación. Formamos a los jóvenes
y al año se nos van”.
- “No
les pidas nada después de las 5 de la tarde”.
- “No
tienen compromiso con la empresa”.
- “Se
la pasan perdiendo tiempo en la computadora”.
- “Hacen
muchas cosas, pero no terminan nada”.
Si
esto es así, ¿frente a qué estamos?,
¿de qué clase de persona, tan aparentemente
distinta, estamos hablando?, y fundamentalmente, ¿cuál
deberá ser nuestra respuesta profesional responsable
para lograr alinear estos comportamientos con nuestros objetivos,
ya sea tratando con alumnos, o liderando equipos de profesionales
en una empresa?
Generación
“Y” o Millenials
Primero,
entendiendo de quiénes estamos hablando. De acuerdo
al Diccionario de la Real Academia Española, la palabra
“generación” deriva del latín “generatio”
que, de acuerdo con una de sus acepciones, refiere a un “conjunto
de personas que por haber nacido en fechas próximas
y recibido educación e influjo socio-cultural semejante,
se comportan de manera afín o comparable en ciertos
aspectos.”
Entonces,
podemos decir que una generación cobra entidad cuando
comparte valores (creencias rectoras), principios de acción,
normas (códigos que regulan la aplicación de
dichos principios), y comportamientos, o sea, manifestaciones
que pretenden “que los otros” vean y conozcan
cuáles son los valores por los que la generación
está dispuesta a trascender.
El
entendimiento de estos factores, configurados por el contexto
social, político, económico y educativo en el
cual se desarrollan, le permite a la generación definir
su “misión” o razón de ser para
luego definir su plan de vida; lo que quiere y lo que no quiere,
lo que prioriza y lo que posterga, su lógica para tomar
decisiones, lo que la compromete o la desarraiga, en definitiva,
en aquello en lo que cree y en lo que no cree.
Dado
que estos contextos que nutren, y de los que a su vez se nutre
la generación, no son simultáneos ni tienen
la misma intensidad ni universalidad, las generaciones no
son estrictamente homogéneas, ni repentinos son los
cortes generacionales.
Sin
embargo, podemos decir que todo contexto se interpreta mediante
sucesos (crisis, rupturas, revoluciones tecnológicas,
cambios y otras expresiones político, sociales y económicas),
que actúan como catalizadores determinantes acerca
del modo de sentir, entender y vivir el mundo por parte de
una determinada generación. Estos sucesos se denominan
Eventos Significativos Generacionales (ESG).
Los
investigadores consideran Generación “Y”
o Millennials a los nacidos entre 1980 y 2000. Si mencionamos
los ESG más destacados de esos veinte años,
es imposible dejar de lado la explosión de Internet,
o la globalización por citar algunos. Los Millenials
recibieron la mayor inversión educativa de la historia
de la humanidad y nacieron y se educaron en hogares tecnologizados;
por lo menos con la presencia de una PC.
En
Argentina, los Millenials son hijos de la democracia, de la
introducción masiva de la PC en el hogar, del MSN,
de la crisis del 2001 y el impacto de la misma en sus padres
y por extensión en sus hogares (quiebras, despidos,
“corralito”, exilio, incremento de las tasas de
suicidio y divorcios, explosión “neoliberal”,
cultura del servicio, etc.).
Pero,
por sobre todo, son hijos de un nuevo momento político
–la democracia– y ello trae consigo la relación
de la generación “Y” con la autoridad emergente,
ya sea a través de una persona, un sistema, una empresa,
o de sus propios padres; por lo tanto, es en el vínculo
de los Millenials con la autoridad desde donde debemos empezar
a entender su “misión” generacional en
primer lugar, para luego desandar la interpretación
de sus comportamientos y aspiraciones.
Aquellos
que somos considerados pertenecientes a la generación
anterior, la “X”, ya que nacimos entre 1965 y
1980, fuimos educados bajo el mensaje “estudiá
una carrera que te dé firma”, o al momento de
ingresar a una empresa, “comprábamos” un
plan de desarrollo a diez años.
Asimismo,
muchos “X” aún somos hijos de primera generación
de inmigrantes; con lo que calaron hondo en nosotros ciertos
mandatos y prácticas relacionadas con la planificación,
el ahorro, “la casa primero”, la rápida
independencia del hogar paterno, el sacrificio, la educación
como inversión a largo plazo y la cultura a menudo
casi obsesiva por el trabajo.
En
cambio, los Millenials, son hijos de padres que “siempre
están ahí”, como al rescate, sin terminar
de cortar el cordón; cuyos hijos “Y” manifiestan
comportamientos caracterizados por:
-
Una adolescencia tardía que se prolonga hasta los
30 años en casa de los padres.
-
Una cultura caracterizada por la inmediatez y lo instantáneo.
-
La revolución tecnológica y los cambios de
hábitos que la misma genera: amistades instantáneas,
practicidad, individualismo, la pérdida de la práctica
de juegos infantiles de interacción y contacto, etc.
-
Nuevas formas de estudio y acceso a la información,
a través de la interacción y la imagen.
-
Al crecer en un contexto marcado por una fuerte cultura
del servicio, consideran a la educación como una
mercancía que debe ser comprada y consumida, por
lo que su acercamiento al conocimiento debe ser rápido,
práctico, sencillo y hasta entretenido.
La
relación de los “Y” con el trabajo
Muchos
“Y” con los que interactúo han visto a
sus padres ser despedidos de sus trabajos, sus ahorros confiscados,
o permaneciendo en la empresa, con menos sueldo y/o porque
no tienen otra alternativa debido a su edad. Esto los lleva
a tener una visión de un sistema empresarial perverso,
al cual mejor sacarle algo (experiencia, plata, contactos,
posibilidad de crecimiento), antes de que el sistema se lo
saque a ellos.
La
libertad es uno de sus valores capitales; desconfían
del término “carrera laboral”, prefieren
hablar de “proyectos profesionales” con plazos
y acciones claramente establecidos por ellos mismos, donde
la empresa es el medio para concretarlos, no el fin en sí
mismo.
Tal
libertad genera que el empleo, en su forma tradicional, ceda
lugar a la empleabilidad. No son empleados de nadie, son empleables
(sujetos libre portadores de conocimiento) del mercado y de
“su” propio proyecto. No existe la fidelización
a la empresa; en todo caso, la misma tiene fecha de vencimiento
y ahí radica su compromiso. Aprendieron esta lección
cuando durante los 90 vieron cómo sus padres “X”
perdían sus trabajos, luego de muchos años de
“carrera” y postergaciones familiares, sus hijos
entre otras, dentro de la empresa.
En
consecuencia, privilegian la estabilidad en la empleabilidad,
por encima de la estabilidad laboral. Cuestionan la palabra
“retención”; nada excepto el plazo de cumplimiento
de su proyecto, el sentirse dentro de un ámbito que
privilegie la libertad de decisión, participación,
valoración y concreción de sus aportes, los
retiene.
Nuevos
valores se incorporan: “calidad de vida” fuera
del trabajo, o “equilibrio trabajo-familia”, pasan
a ser estandartes de los Millenials y factor clave de decisión
a la hora de elegir un trabajo, o renovar el contrato psicológico
con el que están. El tiempo personal se prioriza sobre
el laboral, se trabaja para vivir, no se vive para trabajar;
y menos aún en relación de dependencia.
Liderando
Millenials
Muchos
de ellos son profesionales por título, pero emocionalmente
adolescentes, por lo tanto son carentes, entre otras cosas,
de la madurez emocional y la experiencia de vida necesarias
para supervisar el desempeño de colaboradores que los
doblan en edad.
En
este sentido, un punto a considerar tendrá que ver
con el perfil requerido por parte de las empresas para ciertos
puestos. En otra situación, muchos de nosotros nos
vemos en el reto diario de involucrar “Y” a nuestros
objetivos porque forman parte de nuestro equipo, entonces,
cabría preguntarse “¿qué esperan
de sus líderes?”.
El compromiso de los Millenials no es con la organización
porque no cree en ella, sino con las personas, más
concretamente sus líderes, por lo tanto, revisar prácticas
de liderazgo basadas en la construcción cotidiana de
la autoridad y justicia, frente a ellos, resultará
esencial.
La
autoridad se construye con el ejemplo, no por la demostración
de poder; quienes pertenecemos a la generación “X”
recordamos maestros, profesores, e incluso jefes, que hacían
del poder y, en algunos casos, la coherción, su medio
de influencia. Nada más desatinado con un “Y”.
Los
millenials, a su vez, poseen características que, bien
diagnosticadas y encausadas de acuerdo a un objetivo de negocio
por sus líderes, generan efectividad: la naturalidad
en las relaciones, la tendencia al pensamiento lateral, una
nueva visión acerca de la gestión de las personas
en las organizaciones, y el acceso a la tecnología,
los coloca por encima de otras generaciones a la hora de encarar
proyectos.
Son
mayoritariamente creativos, audaces, y con gran flexibilidad
para adaptarse a situaciones de transición continua.
En general dominan dos idiomas porque viajan mucho y algunos
de ellos poseen posgrados realizados en el exterior.
Constituyen
un buen desafío (o molestia), para sus líderes
por su tendencia a cuestionar y poner en discusión
los paradigmas de gestión fijados. Pragmáticos
y orientados a la acción, requieren de un liderazgo
basado en la fijación y el control de objetivos establecidos;
necesitan, como todo adolescente, que le marquen la cancha
y le den indicaciones en el momento preciso.
Por
todo ello, los “Y” se potencian más en
un entorno creativo donde se valore el aporte y la libertad
de pensamiento. Como líder, genere confianza y dé
el ejemplo, hágales saber lo que espera de ellos y
sea asertivo a la hora de fijar acuerdos de expectativas y
formas de control y evaluación de su desempeño.
Como
el conformismo no entra en su escala de valores, rételos
a liderar proyectos, más que a administrar tareas.
Desbarátelos, no permita que se estanquen, ya que para
un Millenial el desafío constituye la esencia de su
accionar laboral.
El
valor más reconocido por los “Y” en sus
líderes es la integridad; como líder, sea coherente
entre su pensamiento y sus acciones, recuerde que el compromiso
ya no es con la empresa, sino con usted. Por lo tanto, no
se sienta obligado con ellos a tener todas las respuestas.
Es una generación que valora más el “no
lo sé” que una mentira, por parte de su líder.
Como
responsables de equipos de trabajo, la presencia de esta generación
nos obliga a revisar y, por qué no, a repensar ciertas
prácticas de liderazgo, sin dejar por ello de obtener
resultados y objetivos de primer orden, pero sabiendo que
los actores están cambiando.
Creo,
sin embargo, que la experiencia, perseverancia y orientación
al largo plazo como características salientes de la
generación “X”, son un buen complemento
para la espontaneidad, el impulso y la creatividad de los
“Y”.
En
definitiva, una buena oportunidad para construir grandes equipos
de trabajo, potenciando y administrando profesionalmente las
diferencias. |
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