Se
llama Generación “Y” al grupo de personas
nacidas entre el año 1982 y 2000. Actualmente se están
incorporando a las huestes del trabajo, desconcertando a sus
jefes y supervisores. Sus padres son los pragmáticos
e individualistas de la Generación X.
Criados
en un entorno más participativo, que estimuló
sus preferencias y decisiones, estos jóvenes nacieron
en un mundo más complejo, de violencia, desastres climáticos,
de SIDA; por eso disfrutan del presente, de lo inmediato.
Los
call y contact centers, por ser una de las principales fuentes
de primer empleo, tienen la mayor parte de su plantilla conformada
por los jóvenes “Y”.
Esta
generación tiene otra visión sobre el trabajo,
muy diferente a la de las anteriores (“baby boomers”
y “X”). En primer lugar, por su relación
con el tiempo, del que quieren ser dueños. Por eso
no organizan su vida alrededor del trabajo, como las generaciones
anteriores; para ellos el empleo no posee el valor de estabilidad
y desarrollo que tenía para sus predecesores.
Así
que cuando un trabajo no les gusta, pueden abandonarlo sin
pensarlo demasiado y partir hacia otro.
Disfrutan
de lo inmediato, y su relación con el dinero es más
utilitario: trabajan para las vacaciones, para comprarse la
cámara de fotos, no les impulsa la acumulación
de bienes ni la ambición de ascenso laboral, sino el
placer y divertirse. Por eso solamente se comprometen cuando
encuentran un sentido a lo que están haciendo, y ese
sentido está vinculado a la utilidad de su trabajo.
Estas
características del mundo “Y” sumadas a
factores vinculados con las tareas especificas de un call
center (atención repetitiva de llamados) y el estilo
de liderazgo en algunos centros de contacto, tienen un impacto
directo en la rotación. Sencillamente porque en determinadas
condiciones el empleo no les brinda a estos jóvenes
las cosas que más valoran: diversión, placer,
sentimiento de utilidad, y porque además no les resulta
conflictivo dejar un trabajo.
Esta
generación plantea un gran desafío para los
jefes y los directivos de call y contact centers, quienes
todavía en algunos casos están más preocupados
por la productividad y las métricas que por las personas.
Un detalle que no es menor es que, por lo general, cuando
estos jefes se refieren a los operadores, hablan de “los
chicos”, y aunque esta expresión pueda confundirse
con un termino cariñoso, lo que en realidad connota
es un estilo de conducción y una posición en
la que se ubica al operador. Si se lo piensa como un niño
será tratado de ese modo. Entonces, ¿cómo
exigir, después, resultados e internalización
de reglas?
El
camino, quizás, esté orientado a poder pensar
en un estilo de conducción distinto, que posibilite
liderar esta generación, pero no tomando como referencia
lo que pasaba cuando nosotros empezamos a trabajar, sino las
características y particularidades del gen “Y”.
Una
generación que en principio, exige mayores habilidades
de sus líderes, que demanda buenas relaciones laborales,
junto a un ambiente más informal y participativo, precisamente
características que muchas veces no se propician en
los centros de contacto.
Tal
vez todas estas cuestiones sean la punta del ovillo para comenzar
a pensar en el management actual, y también comenzar
a descifrar los misterios de la rotación. Quizás
uno de los motivos más importantes puede estar más
cerca de lo que se piensa: los líderes.
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