Merced
a las influencias orientales de los últimos años
y los nuevos avances científicos occidentales, vamos
evolucionando hacia un concepto unificado cuerpo-mente, conectándolos
sólidamente. Y las emociones se expresan de manera
natural y espontánea en el cuerpo, procesándose
más tarde a través del lenguaje, al emitir un
mensaje verbal.
No
hay escuela que enseñe a los pequeños a mentir
con los gestos y aun así sería, probablemente,
un programa destinado al fracaso. Actuaríamos hasta
que en algún momento el cuerpo nos delate. Vano es
el esfuerzo por demostrar quiénes “queremos”
ser o sentir. En determinado momento nos sonrojaremos, lloraremos,
hundiremos el pecho o cruzaremos defensivamente brazos o piernas
mientras verbalmente afirmemos lo contrario e intentemos disimular.
Nos
comunicamos aun cuando no le respondemos a un compañero
de viaje marcándole que no deseamos conversar, fingiendo
estar dormidos.
Cuando
nos expresamos utilizamos diferentes vías o canales.
El interlocutor puede percibir todo o sólo una parte:
la audible, el discurso. Sin embargo es la otra la que verdaderamente
interesa al observador porque es genuina. Si una persona se
desplaza arrastrando sus pies, encorvando su columna, pero
asegura estar feliz, plena y ser optimista... ¿cuál
de los dos mensajes adoptaría como cierto? Obviamente
el primero. Por eso diferentes doctrinas estudian especialmente
el lenguaje corporal como un sistema de códigos en
sí mismo, que debe mantenerse en el marco de cada cultura
en particular por contener hábitos diferenciados.
En
general, para un receptor entrenado, o por lo menos atento,
ambas señales deben ser coherentes. De lo contrario,
la que tiene mayor peso en la interpretación es la
comunicación del cuerpo. Este principio fundamenta
la amplia variedad de tests gráficos con los que contamos
psicólogos y profesionales: el hecho de dibujar o escribir
es en sí una manifestación kinestésica
que arroja más información sobre la persona
que la que ella misma está dispuesta a dar o incluso,
datos que desconoce por ser inconscientes.
Desde
el punto de vista del comunicador es bueno tener en cuenta
que el 75 por ciento de la información que recibimos
del mundo exterior ingresa por el canal visual. Por eso, a
la hora de transmitir un mensaje deberá tener esto
en cuenta para utilizar la mayor cantidad de recursos visuales
posibles que acompañen en armonía el discurso
que está emitiendo.
También
es posible que alguien registre nuestro aspecto y a partir
de allí asocie y recuerde lo demás: nombre,
profesión, o cualquier otro contenido que haya percibido
por la vía auditiva
Un
profesional que trabaja con personas, un líder, jefe
o gerente, como comunicador y observador, SIEMPRE tiene en
cuenta el mensaje integral de su interlocutor u oyente. Es
en primer instancia su mayor fortaleza, porque logra ir más
allá, adentrarse a veces en las emociones del otro
develando, incluso, asuntos que él pueda negar sobre
sí mismo. Y esta es una de las herramientas que mejor
sabe utilizar porque conduce al sujeto a su propio despertar
y autoconocimiento. Y un verdadero líder es quien consigue
que cada conducido dé lo mejor de sí mismo.
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