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Le
propongo transitar el fascinante recorrido desde donde usted
está, hasta el auténtico liderazgo, tanto en
su vida personal como profesional. En un escenario global
tan cambiante, dinámico e interdisciplinario como el
que nos toca vivir, existe una verdadera y urgente necesidad
de líderes en cada campo de actividad. Líderes
que puedan gestionar el cambio y crear el futuro. Prepárese,
entonces, para ser uno de ellos.
Preparación
de los jugadores
Nos
encontramos en el inicio de nuestro camino. Antes de poner
a prueba las herramientas que nos conducirán al liderazgo,
deberemos aprender ciertas reglas y ejercitarnos un poco.
Tenemos algo de tiempo para ello. Cerca nuestro, otros jugadores
ya se preparan, pero eso no debe importarnos. Nos acercamos
a nuestro salón de entrenamiento. Allí no hay
ningún equipo sofisticado, y a primera vista podría
sorprendernos que, en medio de la sala, sólo exista
ese espejo de cuerpo entero. Estamos frente a él. Completamente
solos. El entrenamiento comienza.
El
espejo
Pero...
¿puede haber algo más absurdo que un salón
de entrenamiento totalmente vacío? Cuidado. No hay
que anticiparse. Nuestro entrenamiento, como líderes,
pasará por la mente. Y es por ello que no precisamos
complemento alguno. Salvo, claro está, este espejo.
Él nos devolverá nuestra imagen actual como
punto de referencia.
¿Qué
ve? ¿Logra acaso percibir a nuestro mayor adversario?
No, no busque cerca suyo. No es ningún competidor que
haya visto cerca, pujando por lograr también el liderazgo.
Mire nuevamente al espejo. Le tiene delante de sus ojos. ¿Logra
ver sus propios miedos? Tal vez no esperaba esa pregunta,
lo sé. Pero en realidad allí reside su peor
adversario. En usted mismo. Por ello, lo primero que haremos
será mirar hacia nuestro interior, a fin de dejar atrás
miedos, preconceptos y prejuicios.
Enfrente
sus temores
El
miedo, como el resto de nuestras emociones, reside exclusivamente
dentro de nuestra cabeza. No lo busque en otro lugar, pues
está engendrado y alimentado por usted mismo. Si nos
damos cuenta de ello, también deberemos admitir que
sólo nosotros podemos darle fin. Imagínese ahora
que ya no teme lo que tanto le asusta. Mire a su alrededor.
El mundo le está esperando (en realidad, siempre estuvo
allí, a su alcance, para que usted lo disfrute y llene
de proyectos; el problema era que sus miedos le impedían
ver eso) Ahora sienta la sensación de libertad que
le da su nuevo estado. Los miedos no pueden acabar con usted,
si usted no lo permite. Recuerde eso.
Muchos
miedos se gestan en nuestra propia inseguridad, fomentada
a veces por influencias, comentarios, o hasta una educación
que nos dice “Cuidado, no cometas errores”. Pero
una persona que teme cometer errores, o que teme no poder
hacer las cosas que desea, ya ha fracasado. Su miedo anticipó
(y consolidó en él) el resultado que tanto temía,
sin darle siquiera una oportunidad de lograr el éxito.
Le ató al suelo, y no lo libera. Por ello, deberá
previamente librarse de sus falsos temores. ¿Que con
el correr de los años fracasa en algunos proyectos?
No hay nada de malo en ello; todo el que avanza alguna vez
se cae. Observe a los niños: para poder caminar, deben
caerse algunas veces. Pero no por ello cejan en su empeño.
Si así fuese, todavía estaríamos gateando
en cuatro patas... Lo importante no es evitar equivocarse,
sino aprender de los errores y seguir adelante.
Aleje
sus miedos
Nadie
tiene esa enorme capacidad de hacerle abortar proyectos enteros,
como puede hacerlo usted en un abrir y cerrar de ojos. Sus
miedos e inseguridades se conjugan con mayúscula. Si
les deja obrar, ellos desharán rápidamente todo
el camino que usted se empecinó en recorrer. A la primera
de cambio, aparecen dudas como:
“No
podré lograrlo”
“¿En realidad soy bueno para eso?”
“¿A quién le importa lo que yo haga?”
“Hay profesionales mejores que yo”
“¿Y si fracaso?”
Y
muchas otras por el estilo. ¿Común denominador?
Miedo e inseguridad en estado puro. Pero ¿sabe una
cosa? Sólo usted les da vida para que ellos puedan
mutilar sus sueños. Recordemos algo: usted ve el mundo
a través de sus propios cristales. Y cada persona posee
un juego único y personal de cristales. Por ende, unos
ven las cosas como una permanente oportunidad, y otros las
ven como una crisis constante. Todo depende de lo empañado
(o traslúcido) que esté cada cristal. Y es usted
quien tiene la potestad de darse cuenta que una cosa es “cómo
usted percibe las cosas”, y otra muy distinta “cómo
son las cosas en sí”.
Se
sorprendería si le dijera que muchas cosas en la vida
carecen de forma manifiesta, y que cada uno de nosotros las
impregna con sus preconceptos y paradigmas. ¿Hay que
cambiar las cosas? A veces basta con cambiar la manera en
que las percibimos. Si esa manera cambia, y logramos despejar
nuestros preconceptos, muchos miedos huirán por la
ventana.
Para
demostrar esto, nada mejor que analizar cada una de las dudas
temerosas que enunciamos líneas atrás, y ver
si tienen realmente sustento.
“No
podré lograrlo”
¿Acaso
se cree inferior a alguien que a su juicio sí lo lograría?
Usted no es inferior a nadie. Pero lo será si comienza
a pensar en forma negativa. Si lo hace, cortará las
alas a cualquier forma de resolver problemas que se le pueda
ocurrir. ¿Por qué, en vez de hablarse a sí
mismo de una manera tan negativa, no prueba con: “¿Qué
herramientas me hacen falta para lograr lo que deseo?”
Y se pone manos a la obra para obtenerlas. Sin excusas, y
sin descanso.
“¿En
realidad soy bueno para eso?”
¿Lo
sabe? ¿Acaso ha probado desempeñarse en ese
rol? ¿Habla por experiencia propia, o tan sólo
por “lo que cree”? Si nunca puso las manos en
la masa, no puede asegurarlo. Y si alguna vez falló
al intentar hacer algo, ¿qué le hace pensar
que volverá a cometer los mismos errores del pasado?
Porque de los errores se aprende, y mucho. Usted se supera
a sí mismo merced a que prueba algo, comete errores,
aprende de ellos, y continúa adelante.
“¿A
quién le importa lo que yo haga?”
A
usted debería importarle, en primer lugar. Lo esencial
es hacer las cosas bien, con todo nuestro corazón puesto
en ello, independientemente de que a otro le importe. Ya vimos
la inconsistencia de vivir comparándonos con los demás,
o de depender exclusivamente de su juicio. ¿A usted
le importa? Bravo. Adelante, a toda máquina.
“Hay
profesionales mejores que yo”
Y
de seguro, peores. ¿Y eso qué? Lo importante
es que usted sea bueno en lo que hace, que lo haga con pasión,
y que disfrute haciéndolo. Una persona que cumple estos
tres requisitos inspira a otras, y logra muy buenos resultados.
Eso es lo que cuenta.
“¿Y
si fracaso?”
Quien
nada hace, jamás fracasa. Pero tampoco nada consigue.
Si usted fracasa, aprenderá de los errores que cometió,
y en la próxima oportunidad que tenga, logrará
el éxito. ¿Ve el valor de un fracaso? Así
es: aprender, aprender siempre. Muchos líderes del
mundo de los negocios, la cultura, los deportes o la política,
han logrado llegar a donde están merced a múltiples
fracasos. Porque fracasar no es el problema. Qué hacer
con el fracaso es el verdadero problema. Quien utiliza el
fracaso como un maestro que le ayuda a mejorar, y continúa
avanzando (esta vez con mejores armas) llegará al éxito.
Quien, por el contrario, sucumbe en él, está
perdido.
Para
seguir con lo que se propuso, debe dejar atrás miedos
e inseguridades tontos que le atormenten. Aprenda a cambiar
de cristales para ver correctamente la realidad. Pregúntese
siempre: Los que ahora tengo, ¿me sirven, me ayudan
a crecer y evolucionar? O por el contrario, ¿me llenan
de inseguridades y prejuicios absurdos?
ROMPA
SUS PARADIGMAS
Porque
no sólo sus temores le anclarán innecesariamente.
Su manera de ver la vida puede hacer lo propio. Analicemos
juntos algunas suposiciones, aceptadas por la mayoría
como ciertas, a pesar de que se demostró hace tiempo
que dejaron de serlo.
El
sueño del empleo de por vida
Si
bien a diario vemos cómo innumerables empresas se fusionan
y reestructuran, y contemplamos cómo, por la alta competitividad
global reinante, es cada vez más difícil perpetuar
el anhelo de conservar nuestro empleo, a veces nos resistimos
a pensar que el cambio, ese cambio con mayúsculas que
afecta a todas las economías del planeta, también
nos afectará a nosotros (llámese “a nuestro
empleo”).
Tampoco
podemos pensar que mantendremos nuestras habilidades a medida
que pasen los cambios. De hecho, deberemos aprender y desechar
habilidades, y ver el mundo laboral como una serie de proyectos
a llevar a cabo, más que como una serie de horas laborales
fijas a entregar a cualquier empleador. Estos proyectos, en
los que nuevas habilidades puedan tener cabida, tomarán
tal vez la forma de teletrabajo, o bien outsourcing.
Las
empresas u organizaciones pueden despedirnos y sin embargo,
retener nuestro talento bajo formas más independientes
para las partes. Quedarse en la concepción antigua
del empleo perpetuo nos hace perder de vista que todo cambio
también es una oportunidad. Y que las oportundades
sirven solamente a quien está preparado para ellas.
Nada
es para siempre. Los conocimientos tampoco
Nada
sirve para siempre, y mucho menos los conocimientos adquiridos
hace décadas. Los títulos, que simbolizan niveles
académicos alcanzados hace tiempo, no pueden sustituir,
bajo su ala, la necesaria actualización profesional
que a diario hay que llevar a cabo. Pero por otra parte, y
en un escenario global cada vez más interdependiente,
donde equipos de trabajo se arman y desarman para llevar a
cabo proyectos con mayor nivel de complejidad y calidad, es
preciso contar con una visión interdisciplinaria sumamente
amplia, que nos servirá para movernos con soltura en
distintos círculos. Y esto tiene que ver con el punto
anterior (empleo de por vida) ¿Qué sucedería
si usted tuviese que desempeñarse, por decisión
propia o motivado por las circunstancias, como asesor, docente
interno o externo de la organización, o integrar proyectos
que se aparten de los que hasta ahora puede hacer? ¿Podría
participar, por ejemplo, en el diseño de un servicio,
canalizar las necesidades de su equipo de trabajo y establecer
contacto con clientes potenciales, o bien ayudar a la venta
del servicio y asistir a los clientes en su uso? ¿Ve
a lo que me refiero con “habilidades interdisciplinarias”?
Todo esto puede suceder, sea porque la empresa u organización
se reestructure o asuma nuevos desafíos, o porque usted
deba hacerlo, motivado por las circunstancias.
Conciba
entonces su mente como un conjunto de piezas que pueden conformar
distintas figuras, más que como un conjunto de figuras
predefinidas. Su mente, entonces, es un conjunto de piezas,
todas ellas intercambiables (algunas hasta desechables o reemplazables
por otras), dignas de una nueva versión de usted mismo.
Usted
mismo. Escuche la expresión nuevamente. “Usted
mismo”. Como individuo que merece desarrollarse a pleno.
Con decisiones propias, y un ancho universo de cosas por hacer.
Usted. Eso nos lleva al siguiente punto.
Evite
compararse con otros
Compararse
con otros implica pensar que nuestro nivel de autoestima deriva
en forma directa de la mayor o menor similitud con ciertos
“estándares” establecidos. Si somos distintos,
si encaramos la vida o nuestra profesión de un modo
más original y creativo que lo hace el común
de los mortales a nuestro alrededor, de seguro no encajaremos
en el molde mayoritario. Pero nos preguntamos: ¿qué
hace avanzar las cosas? ¿El repetir siempre lo mismo,
sin evolucionar, o el tornarse creativo, adaptable a los cambios;
original, en una palabra? Si todos hacen siempre lo mismo,
¿cómo pensamos que lograrán un resultado
distinto a la media que obtiene la mayoría? ¿Estamos
dispuestos a correr el riesgo de crecer, evolucionar e influenciar
positivamente a otros, gracias a nuestro propio (y muy personal)
desarrollo interno?
La
única llave que puede movernos está dentro nuestro,
y es por ello que es tan difícil motivar a alguien
cuando él no está automotivado para avanzar.
Debemos aprender que nada ganaremos por el simple hecho de
compararnos con los demás. Siempre habrá quien
esté más alto o más bajo que nosotros.
¿Y qué con ello? Lo importante es echar leña
a nuestra propia caldera interna, para que lleve nuestra locomotora
directo hacia la meta (aquella para la que sentimos que debemos
dar todo nuestro esfuerzo).
Tan
negativo es compararse con otros, como lo es el hacerlo siempre
con uno mismo. ¿Cómo puede una persona compararse
con ella misma? Mirando permanentemente hacia su pasado. Observando
y volviendo a vivir lo que ya no está, lo que ya no
es. Por ello, la próxima sugerencia dice:
No
se atenace a su pasado
Hay
dos cosas de las que podemos estar seguros. La primera es
que el futuro todavía no existe como algo tangible
(está, sí, en nuestra cabeza). Y la segunda,
que nuestro pasado jamás volverá, ni podremos
modificarlo (aunque tenazmente se esfuerce por aparecer, también
en nuestra cabeza). Y aquí debo confesarle algo, y
es que el pasado y las semillas del futuro pueden entrelazarse.
Lo hacen a través de un puente cotidiano: nuestro presente.
Si vivimos de cara al pasado, amargándonos por lo que
hicimos o dejamos de hacer, por las oportunidades perdidas,
por los proyectos malogrados, lo único que conseguiremos
será condicionar nuestro presente. Le restaremos vida,
le amargaremos o, lo que es aún peor, le tornaremos
inoperante. Si esto ocurre, nuestro futuro (suma potencial
de todos nuestros esfuerzos presentes) se verá condicionado
también. Lejos de ser lo que desearíamos que
fuese, se convertirá en una continuación de
nuestras frustraciones.
Por
ello, aprenda de su pasado, pero déjelo atrás,
sobre todo emocionalmente. Los errores existieron, es cierto,
pero su única utilidad, aquí y ahora, es la
de darle a usted experiencia, brindarle una nueva forma de
ver y encarar mejor las cosas. Si desecha esto, y sólo
toma la dosis emocional que le produce el recordarlos, pierde
toda posibilidad de dejar de cometerlos, y sobre todo, de
avanzar. Avanzar hacia nuestra meta: ser mejores líderes
y personas. Ser, no simplemente parecer. Porque por supuesto,
no es lo mismo. Lo uno es esencia y lo otro, una imagen que,
desprovista de contenido, se volverá contra nosotros.
¿Ser...
o parecer?
Un
auténtico líder, profesional y personal, busca
siempre “ser” y no sólo “parecer”.
Hay una notable diferencia entre ambos estados. Actuar “como
los demás” no lo convierte en “los demás”.
La diferencia reside en la esencia misma de nuestros actos,
más que en los actos en sí. Primero hay que
forjar la convicción de que algo es realmente necesario
para nuestra vida, sea ésta personal o profesional.
Luego, hay que integrar esta convicción al resto de
nuestros valores, para lograr así una actitud adecuada.
Finalmente, resta producir un comportamiento coherente con
esta actitud. Por ende, pretender “parecer” sin
realmente “ser”, no nos conducirá a buen
puerto. Es muy factibles que desemboquemos en la frustración.
Veamos
un ejemplo. ¿Qué va mejor con usted? ¿Un
ambiente de trabajo y desarrollo más en solitario,
al estilo de un hombre o mujer-orquesta, que valore la autonomía?
¿O uno grupal, rodeado de pares con los que intercambie
ideas? Ninguno de los dos es el “mejor para todo”.
Son, sencillamente, distintos, con sus facetas positivas y
negativas. Ahora imagine que usted debe, ya mismo, asumir
el rol contrario. Tratar de “parecer” lo que no
se “es” le llevaría a conflictos internos.
Desempeñarse en roles para los que, al momento, no
cuente con disposición personal (al no haberse adecuado
al cambio) sólo produce pobres (y conflictivos) resultados.
Si debe “parecer”, entonces también debe
“ser”.
Cree
imágenes positivas e inspírese en ellas
Para
liderar su vida personal y profesional, nada mejor que motivarse
con imágenes positivas de lo que espera conseguir.
Veamos un ejemplo: usted está en una agencia de viajes,
observando con detenimiento ese afiche que anuncia unas maravillosas
vacaciones en el Caribe. Hay algo que ha llamado su atención,
y ahora observa la imagen de una playa de suave arena, bañada
por un mar cristalino. Usted ya se imagina allí, disfrutando
del sol. Le agrada lo que imagina, y de hecho, ya está
mirando con atención el resto de las imágenes
que componen el cuadro. Desea enterarse de los beneficios
y las condiciones porque sus vacaciones se acercan y usted
considera que se merece esto. ¿Lo ve? Así actúan
las imágenes positivas, trasladándole por anticipado,
motivándole a lograr lo que desea. Y esto se aplica
a todo en la vida.
Pase
delante suyo imágenes positivas de aquellos logros
alcanzados, para sortear momentos difíciles del presente.
Piense: “Si llegué hasta aquí, ¿qué
me impide continuar y lograr lo que deseo?” Cree otras
imágenes donde se vea logrando lo que quiere, disfrutando
a pleno de sus beneficios. Ello le ayudará a motivarse
a sí mismo, y a no desfallecer cuando los obstáculos
(inevitables siempre) aparezcan en su camino.
Asuma
nuevos desafíos y riesgos
La
vida misma es el mayor de los desafíos, y si hablamos
de “riesgos”, dígame usted si alguien le
aseguró que vivirá hasta los cien años.
Nadie, ¿verdad? Pues bien, si la vida misma no está
asegurada, ¿puede sorprendernos que para vivir debamos
asumir desafíos y riesgos? Pretender conservar las
cosas inmóviles, y con ello escapar a los desafíos,
o a los cambios y sus riesgos, es totalmente absurdo.
Todo
cambia. Nosotros mismos lo hacemos a diario sin darnos cuenta.
Y todo lo que emprendamos involucra cierto riesgo. Pero el
nivel de riesgo depende de nuestra capacidad para acotarlo.
¿Cómo? Mediante nuestra experiencia y formación,
una sólida actitud para enfrentar las cosas sin miedos
injustificados (si algo falla, ya lo arreglaremos, pero si
nunca nos animamos, jamás sabremos si no lo hubiésemos
logrado), y por supuesto, el consejo de quienes pueden saber
más que nosotros sobre el tema, además de analizar
(o dejar que otros lo hagan por nosotros) toda la información
disponible para tomar una decisión fundada en certezas.
Cierto
es que decidir sobre algo sin bases firmes, o en total desconocimiento
sobre lo que se decide, es riesgoso. Pero como puede verse
al analizar el párrafo anterior, no lo es cuando se
cuenta con apoyo. Si carecemos de preparación, toda
decisión en nuestra vida se convertirá automáticamente
en riesgosa. Busque entonces el nivel de preparación
suficiente para que la sensación de riesgo deje de
paralizarle. Pero luego actúe.
A
igual forma... idéntico resultado
Quien
se queja porque no obtiene mejores resultados al encarar sus
asuntos, debería pensar antes en las causas que en
los efectos. Si no cambian las causas, tampoco cambiarán
los efectos. Si cada vez los resultados obtenidos son más
pobres, uno debería reformular (total o parcialmente)
la manera en que intenta producirlos.
Habrá
que cambiar, y como sabemos, todo cambio empieza en la mente.
Primero, debemos modificar nuestra actitud hacia él.
Para que algo cambie realmente, debemos comprender y asimilar
en nuestro interior la necesidad de modificar nuestras actitudes.
Luego, y sólo luego, podrá cambiar nuestro comportamiento.
Los resultados cambiarán con él.
Cree
su futuro
En
el mundo hay dos tipos de personas: quienes reaccionan a los
cambios (algunas veces, luego de cierto tiempo), y quienes
los producen o se anticipan a ellos. Los primeros son reactivos,
y los segundos proactivos. Tórnese proactivo, porque
el futuro lo construyen las personas dinámicas, que
establecen las circunstancias para que éste ocurra
de acuerdo a sus expectativas.
Los
grandes líderes, a lo largo de milenios, han establecido
las condiciones para que ocurrieran los cambios. Usted puede
(y debe) provocar las circunstancias que motiven el futuro
que desea para su profesión y persona. Crear el futuro
consiste en eso: crear los caminos para llegar a lo que ansía.
Nunca quedarse esperando a que la oportunidad llame a su puerta;
hay que poner la puerta delante de la oportunidad que usted
haya concebido.
Si
el camino ya está, muy bien, a seguirlo. Si no está,
a construirlo. Haga que las cosas pasen, porque el que espera
simplemente, es aventajado por el que construye sin cesar,
día a día, hora a hora. Transfórmese
en un generador de circunstancias, y haga de eso su llave
maestra para lograr sus metas.
Construya
mejores relaciones
El
liderazgo se basa muchas veces en las relaciones, pero en
las auténticas relaciones, que conllevan la empatía
como su ingrediente fundamental. Ponerse en el lugar de los
demás, comprenderles y motivarles, son características
esenciales que todo líder debe fomentar y aplicar a
diario.
La
comprensión pasa por entender el punto de vista de
nuestro interlocutor, y saber (además de valorar) que
lo que dice y cómo lo dice, se basa en sus experiencias
y forma de ver la vida. Y por qué no, en sus prejuicios.
El líder, por ello, no impone; convence. No ordena;
dialoga. No confronta; busca la cooperación. Para ello,
debe escuchar mucho más que hablar. Debe actuar con
generosidad para cosechar de los demás en idéntica
moneda.
Aquí
no tienen cabida ni el ego, ni la soberbia. El auténtico
líder se rodea de personas más capaces que él
en determinados asuntos, y eso jamás le induce a intentar
dominarlos o coartar la libertad del grupo para tomar iniciativas.
Sabe que todo intento de controlar al otro, de acotarlo, demuestra
un problema de inseguridad propia, de incapacidad para ver
que los demás son tan buenos profesionales como puede
serlo él. Y pueden desempeñar perfectamente
su trabajo. Por ello, quien desea desarrollar el liderazgo,
debe trabajar mucho sobre sí mismo, a fin de fortalecer
su carácter. El trabajo es de por vida, pero los beneficios
bien valen la pena.
Paciencia...
y perseverancia
Hemos
llegado al final. Ya ve, hay algunas cosas sobre las cuales
trabajar día a día. Pero contamos con las herramientas
necesarias. Esas herramientas son los conceptos que he puesto
a su disposición. Pero permítame agregar algo
sobre dos grandes amigas que harán mucho por usted:
la paciencia y la perseverancia.
Sin
ambas, cualquier proyecto personal o profesional tiene buenas
probabilidades de fracasar. Dígame, ¿hay algo
más duro que una piedra? ¿Y algo más
suave que el agua? Sin embargo, una gota de agua, tenaz y
perseverante, a lo largo del tiempo puede horadar la piedra.
Sea como el agua: tenaz, persistente, paciente. Una de las
diferencias entre Oriente y Occidente es justamente ésta:
la paciencia. Su culto, tan venerado en Oriente, se ha embebido
en todas sus artes. Aprenda de ello.
Nada
se logra sin paciencia. Los cambios de la noche a la mañana
nunca funcionan. Las dietas “milagrosas” de una
sola semana son un fracaso. Los caminos cortos son sólo
eso: caminos muy cortos. En la vida no existen atajos para
hacer las cosas. Todo camino necesita su tiempo para ser recorrido.
Y la perseverancia de dar cada día el número
de pasos necesarios para llegar a la meta.
Paciencia
y perseverancia: la una es espera confiada en los frutos de
la otra...
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