Todos
sabemos que la mejor manera de aprender es teniendo experiencias
propias. Sin embargo, ser un buen observador, un ávido lector
o un sujeto curioso también nos transforma en “buenos alumnos
de la vida”. En mi experiencia los mejores líderes que he
conocido siempre han sido personas íntegras en el ámbito privado,
que se han ocupado personalmente de su aprendizaje como humanos
y no han dejado escapar oportunidad de mejorarse a sí mismos
y evolucionar, aun en las adversidades; que son las ocasiones
que realmente pueden dejarnos un pequeño o
gran legado:
la experiencia.
En
numerosas ocasiones nos vemos en el rol de docentes, como
padres, amigos, y también
jefes. En diversos artículos (algunos de mi autoría,
otros no) se ha tratado el tema de la importancia de educar
como líderes, pero en éste repasaremos las diferentes maneras
de conseguir lo mismo. Y vale la pena, porque no todos nuestros
conducidos tienen las características que mencionamos anteriormente,
y a menudo alguien viene a despertarlas.
Estimular
la curiosidad y la investigación en nuestra gente:
Algunos jefes temen que su grupo obtenga mucha información
porque ésta es un factor de poder. Sin embargo, debemos potenciar
a la gente que forma parte de
nuestro equipo por el beneficio de todos. Preguntemos
una y otra vez. Por ejemplo, “por qué” son dos palabras maravillosas, utilizadas por
creativos, publicistas y profesionales en marketing todo el
tiempo. Si trabajamos sobre un concepto aparentemente firme,
en una reunión de trabajo, preguntemos dos, tres... cinco
veces “por qué es así”, y desnudaremos conclusiones maravillosas,
generalmente aclaratorias, ya que echan luz sobre el origen
de algunos temas y nos ayuda a resolverlo desde la fuente.
Pero también estimula la curiosidad de nuestra gente de manera
asombrosa.
El
juego: la versión lúdica del aprendizaje se remonta
a nuestros inicios como humanos. Aprendemos a vivir jugando.
Incluso los cachorros de muchos mamíferos “juegan” a cazar
o atacar, pues se están preparando para su vida de adultos.
La participación en juegos o experiencias imaginarias se vive
como real por los participantes, generando el mismo interés
en el asunto y les ayuda a descubrirse a sí mismos cuando
asumen roles en los que antes no habían estado.
He
tenido experiencias sorprendentes en este sentido (pedirle
a un tímido que sea en determinado juego “agresivo” por diez
minutos llevó a despertar en él la idea de que podría sentirse
a gusto actuando como un sujeto mas seguro de sí mismo. ¡Fue
magnífico!). Pero por otra parte, sabiendo que la experiencia
no es real y al no temer por sus consecuencias, la ansiedad
disminuye y despliegan mejor sus capacidades. En las reuniones
de capacitación donde se aplica esta técnica no sólo se capta
toda la atención de los integrantes sino que también suelen
salir de éstas motivados a llevarlo rápidamente a la práctica
cotidiana. Una versión conocida es el role playing.
El
humor: Lamentablemente no todos hacemos buenas bromas
e incluso podemos estropear la atención de los que nos escuchan
al decir una expresión graciosa que no haga reír a nadie.
Por eso, en caso de duda, mejor abstenerse.
Pero
si llegamos a un buen feedback con la gente y conseguimos
detectar qué los divierte, es mejor utilizarlo. Hacer reír
a la gente no sólo la relaja y predispone mejor, sino que
además genera endorfinas que, entre otras cosas, consiguen
una atención más plena y una mayor apertura. Además las endorfinas
(¡generadas por nuestro propio organismo!) generan adicción.
Por eso las personas que divierten a otras se convierten en
atractivas. Difícilmente alguien olvide un concepto que ha
aprendido mientras reía durante su explicación o práctica.
Los
ejemplos: Ejemplificar cada concepto con experiencias
claramente comprensibles para todos hace de la escucha en
situación de entrenamiento una verdadera experiencia provechosa.
Y cuando el ejemplo es una anécdota real, tiene más fuerza
todavía. No obstante, cualquiera sea el caso, conseguiremos
que las personas recuerden el concepto al que nos referimos
a partir de la pequeña historia comentada.
...
Y las historias!!! Quién no ha aprendido de buenos cuentos y relatos. Cautivan a pequeños y a grandes
(el cine, las novelas escritas, las biografías). Colocarse
en la piel de los personajes, sentir, vivir la historia, es
aprender. Si lo que busco es obtener la mayor atención de
mi auditorio –numeroso o reducido–, éste es un recurso infalible.
Pero sobre todo, enseña.
Acompañar
personalmente a la gente: estar cerca, observar, escuchar.
Aproximarse y en voz baja aclarar una tarea bien realizada
o corregir un error mientras sucede o inmediatamente después.
No siempre estos son detectados por auditorías o en evaluaciones
periódicas, ya que pueden verse y corregirse antes. La tarea
docente de un buen jefe es permanente.
¿Por
qué simplemente explicar? Hay otras técnicas además de éstas,
pero la intención de esta nota es mostrar unas pocas que pueden
hacer de la enseñanza-aprendizaje una experiencia verdaderamente
rica y, sobre todo, una práctica eficaz.
|