Entre
febrero y marzo, todas las grandes Compañías
llevan a cabo su convención anual de ventas. La industria
farmacéutica, las empresas de consumo masivo, los bancos,
las automotrices o las compañías de seguros,
organizan este encuentro con todo su equipo comercial, de
ventas, marketing, etc., para lanzar nuevos productos, coordinar
campañas de comunicación, publicidad y ventas,
presentar los objetivos anuales y analizar cómo se
llegará a alcanzarlos… En síntesis, estos
encuentros se convierten en el puntapié inicial del
año.
En
los últimos años, la expansión económica
hizo que las convenciones se fueran sofisticando, y comenzaron
a convertirse en verdaderos viajes de incentivo. Así,
muchas veces sumaron destinos exóticos y actividades
lúdicas más aptas como reconocimiento al desempeño
que como ejes de una jornada laboral.
Pero
las cosas cambiaron mucho desde los últimos meses de
2008, y el nuevo contexto hace que haya que repensar estos
eventos, como seguramente sucederá con tantas otras
acciones corporativas a realizarse en 2009.
Hay
empresas que están pensando en cancelar las convenciones.
Otras analizan reemplazarlas por reuniones más sencillas
en la propia empresa o en un salón en Capital, y con
sólo una jornada de duración, o tal vez medio
día. La gran pregunta es si los resultados serán
los mismos.
¿Cómo
deben ser, entonces, estas convenciones modelo 2009, post-crisis
financiera internacional?
¿Se
hace o no se hace?
Sabemos
que las empresas tuvieron que reacomodarse a un escenario
distinto porque el mercado se fue achicando, pero siguen necesitando
vender (y quizá más que antes). Por otra parte,
a su vez la competencia será más agresiva, pues
las otras compañías del rubro también
necesitan mantener o acrecentar sus puntos de share.
Por ende, para lograr los objetivos propuestos las empresas
deberán poner en juego la creatividad, trabajar más
y mejor en equipo, comprometerse en mayor medida y “meter”
más pasión a la tarea. Además tendrán
que gestionar el clima interno y los temores del personal,
que en un contexto de incertidumbre son mayores que unos meses
atrás (y no podemos ni debemos obviarlos, ya que impactarán
directamente en los resultados).
Teniendo
en cuenta todo esto, y sabiendo que la diferencia la hacen
las personas, en primer lugar surge claramente que la convención
debe hacerse, más que nunca.
Porque
la gente necesita estar motivada para marcar la diferencia:
para tener claros los objetivos, para contar con la mayor
cantidad de herramientas posibles a su alcance, y para poder
trabajar en equipo y lograr mejores resultados. Esto puede
lograrse aun en un contexto de crisis e incertidumbre, y la
convención colabora, sin lugar a dudas.
Y
además, debe hacerse porque el “no hacer nada”
implica enviar hacia adentro un mensaje que no va a colaborar
con el logro de los objetivos de la Compañía.
Si no se hace, el personal puede preguntarse: “¿Se
trata de austeridad? ¿O será un presagio de
que se acerca una reducción de gastos, y puedo estar
dentro del grupo que será “reducido”? Y
en el imaginario colectivo surgirán muchas otras dudas
y temores (que siempre superan a la realidad), desmotivando
y sembrando indecisión.
Menos pompa
Queda
entonces el segundo interrogante, que es si reemplazando “el
gran despliegue de recursos” será posible obtener
los mismos resultados.
Muchas
empresas no están en condiciones de organizar convenciones
esplendorosas como las de años pasados, por lo que
habrá que revisar la columna de gastos para evaluar
qué puede soslayarse. En principio, seguramente se
apuntará a reducir la cantidad de días, repensando
además el destino y el hospedaje.
Pero
el eje de la convención no debe pasar por “la
cáscara” (el lugar, las comidas, las actividades),
sino por el contenido que se le brinde al personal convocado,
que es lo que les va a dar recursos para el logro de resultados
concretos. Y en 2009, en lo que verdaderamente habrá
que poner el foco es en brindar al equipo de ventas las herramientas
concretas para enfrentar el nuevo desafío: cómo
vender en tiempos de crisis.
Muchas
veces pareciera que la cuestión pasa por elegir un
lugar, y luego ver qué es lo que se puede hacer allí.
Hay muchos lugares para organizar una convención de
ventas, pero realmente creemos que el secreto pasa por generar
un concepto, que conduzca a un evento con mucho contenido,
y a partir de allí seleccionar el lugar que permita
concretar esa idea.
Por
ejemplo, se puede pensar en una propuesta que apunte al logro
de objetivos en un contexto hostil y con recursos muy escasos,
planeando estratégicamente cómo llevarlos a
cabo en un entorno que acompañe el planteo.
Respecto
a las actividades, también se deben plantear en función
de un objetivo concreto: coordinar la realización de
un video motivacional en equipo va a resultar mucho más
valioso que una comida ostentosa, y brindar una buena capacitación
(con su correspondiente anclaje en la realidad y en el día
a día que vive la empresa) puede ayudar a obtener mejores
resultados que rentar un avión hacia algún un
destino remoto, por exótico que sea.
El eje debe ser el concepto
¿Cómo
encontrar la idea o el concepto adecuado? Sin dudas, uno de
los puntos más importantes a tomar en cuenta para este
año será la sinergia: la integración
de dos o más elementos, pero de una manera tal que
aproveche y maximice las cualidades de cada uno, dando como
resultado algo más grande que si simplemente los sumáramos.
La sinergia permitirá aprovechar y maximizar las características
personales y profesionales de cada empleado, para obtener
un resultado más fuerte y potente que si trabajaran
cada uno por separado.
Hay
una serie de aspectos, como contratar un hotel y coordinar
traslados, contratar los elementos técnicos para cada
presentación (sonido, pantallas, etc.) que siempre
son importantes. Pero en este momento (más que nunca)
hay que buscar quien colabore con definir la idea-fuerza que
se convertirá en el eje de la Convención, cómo
comunicarla, qué actividades realizar...
Y
para ser coherentes con esta idea, todos los especialistas
debemos trabajar codo a codo para ayudar a que la organización
logre los resultados que espera. Por eso creo que este es
el momento de aplicar más que nunca en la realidad
todos esos conceptos que las Compañías vienen
pregonando desde hace años: trabajar en equipo. Debemos
aprovechar las fortalezas de cada uno (de los de adentro y
de los terceros) y ponerlas al servicio de los objetivos de
la Empresa.
Para
eso proponemos reunir al Organizador de Eventos, a la Agencia
de Publicidad, las consultoras de Recursos Humanos y Relaciones
Públicas, y las Gerencias de RR.HH., de Marketing y
de Ventas, para que “juntos”, cada uno desde su
mirada, colaboren para generar la Convención estratégicamente
adecuada que sirva para conseguir las metas propuestas para
este 2009.
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