En
tiempos de crisis, la desmotivación es un factor que
no puede ser tolerado. Particularmente si esta causa –altamente
negativa– se propaga entre los integrantes de la “línea
de fuego”, que está constituida por todas aquellas
personas que tienen una relación directa con los clientes,
que son la cara y la voz de la empresa y los responsables
por asegurar que cada episodio de servicio provea un alto
nivel de atención y satisfacción.
Por
lo tanto, su rol y su nivel de responsabilidad adquieren importancia
vital, ya que en gran medida depende de ellos que los clientes
profesen sincera lealtad hacia nuestra empresa y sus productos,
alejando toda posibilidad de que trasladen su patrocinio a
otras organizaciones competidoras.
No
es necesario subrayar la importancia que esta realidad alcanza
durante una crisis de confianza y económica. Resumiendo,
si descuidamos la “línea de fuego”, ellos
harán lo mismo con los clientes. Y los resultados serán
devastadores.
¿Mi
gente está motivada?
Aquellos
miembros del equipo humano que no están motivados equivalen
a personas que han renunciado, pero cuya presencia física
en la empresa continúa aportando lo mínimo indispensable,
y de esta forma conspiran contra la productividad, la competitividad
y la salud de la operación. Si estas mismas personas
llegan a pertenecer a la “línea de fuego”
es esperable que la situación competitiva de la empresa
se deteriore a gran velocidad.
La
pregunta que deben hacerse para conocer la situación
en que se encuentran es la siguiente: ¿ustedes están
seguros de que el 100 por ciento de su línea de fuego
siente legítima pasión por su trabajo, y por
brindar un nivel de atención excepcional en forma permanente
y actualizada?
Cuando
efectúen el análisis previo a la respuesta para
esta pregunta, tengan muy en cuenta que en las organizaciones
coexisten dos tipos opuestos de personas.
Para
muchos de ellos, su trabajo es una mala noticia, una necesidad
ingrata que los convierte en “jubilados activos”.
Al
mismo tiempo, una minoría encuentra en su trabajo una
experiencia gratificante, mucho más satisfactoria que
esperar a fin de mes para recibir un sueldo, ser despedido
o jubilarse, y aguardar la muerte.
Siguiendo
esta línea de pensamiento, tengamos sumo cuidado con
aquellos miembros de la “línea de fuego”
que son magníficos recitadores de políticas
de la empresa, aunque desconocen su impacto en las opiniones
de los clientes (esto se supone es una característica
de los servidores públicos pero, lamentablemente, también
se encuentra entre muchos miembros de la “línea
de fuego” de las empresas privadas).
Los mensajes confusos o contradictorios que emanan de la gerencia
o, aún peor, de los “rumores de pasillo”,
son uno de los factores que generan un clima de desmotivación.
Esto se multiplica en épocas de economías en
dificultades.
Un
caso típico es el comportamiento “pero”
que exhiben muchos gerentes, al contradecirse cuando intentan
establecer políticas operativas.
Es
común que se registren comunicaciones de este estilo:
“Debemos asegurar un nivel memorable de servicio para
los clientes, pero los costos del sector deben ser reducidos”,
o “la retención de clientes debe ser uno de nuestros
objetivos centrales, pero debemos reducir la dotación
en un 5 por ciento”.
Estos
mensajes confusos y desmotivadores son el resultado de una
inmadurez gerencial, sumada a la ausencia de objetivos claros
en los planes comerciales de corto y mediano plazo. Tienen
efecto negativo sobre la imagen de los directivos y gerentes
que, de esta manera, pierden credibilidad y autoridad ante
su gente. A su vez, esto genera que disminuyan sus niveles
de productividad y compromiso con los objetivos señalados
por la gerencia.
Cuidando el clima laboral
En
tiempos de escasez económica es cuando más se
debe trabajar para asegurarse fuertes niveles de motivación.
Simultáneamente, prescindir de todos aquellos elementos
que puedan afectar de manera negativa el compromiso y deseo
del equipo humano de poner lo mejor de sí al servicio
de los clientes y de la organización en general. Para
ello, el clima laboral debe ser celosamente custodiado, asegurando
que ciertos valores centrales estén en su lugar. Debe
reinar un sentimiento optimista desde arriba para abajo, y
un alto espíritu y trabajo de equipo.
La
gerencia tiene que asegurar entre sus propios integrantes
y los componentes de la “línea de fuego”
un nivel de lealtad hacia la organización y sus valores,
de forma tal que en tiempos económicos complicados,
la empresa pueda desplegar actividades que la resguarden de
las consecuencias dañinas que suelen acompañarlos.
Una de las tácticas de mayor efectividad es priorizar
acciones cuidando que no contengan elementos que desmotiven,
sobre todo aquellos intentos –no siempre exitosos–
destinados a motivar, como las palmaditas o comentarios del
tipo “¡Muy bien hecho!”. En ambos casos,
el nivel de aceptación de la sinceridad de las palabras
o el gesto es, en la mayoría de los casos, nula. Antes
de preocuparnos por la motivación, estemos seguros
de que no vamos en la dirección contraria.
Es aceptable que, en épocas de crisis, gran parte del
equipo humano esté condicionado por un estado de ánimo
compuesto por una mezcla de pesimismo y temor, que no le permite
generar entusiasmo por temas que en tiempos normales lo producirían.
Este síntoma toma mayor fuerza en organizaciones de
más de cien personas. El clima de trabajo en un contexto
de dificultades económicas genera desmotivación
generalizada, que conspira contra los esfuerzos de los directivos
de demostrar que la calidad de la atención es la clave
para la supervivencia de la organización, dado que
muchos de sus integrantes no se sienten seguros de su propia
supervivencia.
Una solución eficaz es que los integrantes del equipo
gerencial y principalmente su número uno, se reúnan
con el equipo humano –particularmente los que forman
parte de la “línea de fuego”–, para
explicarles que este es el momento y la oportunidad para llevar
a cabo el mayor esfuerzo colectivo que se recuerde a fin de
garantizar la excelencia. Una responsabilidad de la gerencia
es asegurar que el teatro (la empresa) funcione, haciendo
que los escenarios (cada sector), el elenco (el capital humano)
y las actuaciones (los episodios de servicio), generen un
espectáculo de primer nivel.
Finalmente,
tengamos muy en cuenta que una organización sólo
podrá convertirse en la mejor-versión-de-ella-misma
en la medida en que su equipo humano esté motivado
y preparado para convertirse en la mejor-versión-de-sí-mismo.
El rol de la “línea de fuego”, de acuerdo
con la percepción de los clientes, podría resumirse
en la siguiente frase: “Para el cliente, el componente
de la línea de fuego que lo atiende es la empresa”. |