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Según
la OCDE (Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económico) los países de la Unión
Europea pierden cada año más de un 3% de profesionales
de alto nivel procedentes de sectores tecnológicos
que migran principalmente a Estados Unidos, Canadá,
Suiza y Australia. La CEPAL (Comisión Económica
para América Latina), describe las razones por las
cuales un país pierde talento y en la mayoría
de los casos no lo recupera, como fue el caso reciente de
México. Los factores más comunes son demográficos,
diferencias salariales entre países, condiciones sociales
adversas, la internacionalización de profesionales
en la empresa multinacional, atractivas oportunidades de desarrollo...
Este
hecho, también llamado “fuga de cerebros”,
ha ocurrido en más ocasiones a lo largo de los últimos
años, como es el caso de Italia, al perder en 2006
más de 12.000 recién licenciados. El primer
ejemplo hasta la fecha, “The brian drain”, ocurre
durante los años ’50, tras la Segunda Guerra
Mundial, con la salida en masa de médicos desde el
Reino Unido hacia los Estados Unidos.
Este
efecto de emigración del talento podría ser
una realidad en España a corto plazo. El efecto dominó
de la crisis está afectando muy negativamente a organizaciones
y profesionales, motores de la economía española.
Contener la caída de las ventas hoy es una labor de
titanes para algunos sectores de actividad, un reto que cada
día se hace más difícil acometer. El
mercado impone barreras que frenan el alcance de los objetivos.
Un agravante más es la estricta política de
concesión del crédito de los bancos. Entre otras
consecuencias, ha generado una bajada drástica de los
índices de consumo de las familias y de inversión
de las empresas, una situación de estancamiento del
mercado, difícilmente reversible a corto y medio plazo.
Las grandes firmas españolas tienen mayores posibilidades
de sobrevivir por su condición multinacional, compensando
sus malos resultados obtenidos en nuestro país, con
el éxito de sus acciones en otros países con
economías menos afectadas por la crisis.
Esta
situación hace que parte de los profesionales de primer
nivel con escasas alternativas de desarrollo, se marchen del
país para incorporarse en compañías con
buenos planes de carrera y proyectos atractivos en los que
trabajar. Del mismo modo, mucho talento que se encuentra en
situación de paro, al no encontrar un puesto de trabajo,
no dudarán en “fugarse”.
Los
directivos y empresarios tienen la responsabilidad no sólo
de llevar una gestión eficiente de las cuentas de la
empresa, sino que además deben plantearse estrategias
sólidas de retención del talento. Los equipos
motivados son más creativos, eficaces e innovadores.
Conscientes de la realidad a la que se enfrentan, vuelcan
sus energías en mejorar o desarrollar nuevos productos
y servicios, adaptándose a las nuevas exigencias del
mercado. El desarrollo de las personas dentro de la organización
es clave para crear equipos cohesionados, autónomos
y proactivos para hacer frente al problema con las mejores
actitudes. La labor del directivo es crear condiciones para
que los colaboradores elijan un alto nivel de implicación
en los proyectos. Obviamente, en un entorno tan complejo como
el que hoy vivimos en España, donde los expedientes
de regulación de empleo están a la orden del
día, es difícil crear entornos idóneos
para retener o atraer el talento. Pero es obligación
de los líderes dedicar gran parte de sus esfuerzos
en crear equipos de alto rendimiento que afronten con éxito
las dificultades y los malos resultados.
Pero,
¿cuánto talento estamos dispuestos a perder?
La
migración o fuga del talento, es una realidad en España,
y en consecuencia, está afectando aún más
la ya debilitada competitividad de las empresas españolas.
La falta de crédito y la huida del talento están
provocando un estado de “hibernación empresarial”:
poca o nula inversión, escasa contratación de
profesionales y una reducción drástica de los
planes de formación. De esta forma, estamos fomentando
una cultura empresarial envejecida. Esta gestión de
supervivencia evita plantear nuevos proyectos que abordar.
Faltos de herramientas y recursos, los equipos entran en un
estado de letargo, desmotivados y sin una dirección
estratégica clara, esperan reactivos a que alguien
de la dirección decida por ellos. La proactividad,
la autonomía, la creatividad y la motivación,
son determinantes para crear entornos favorables para alcanzar
el éxito. Por tanto, los líderes que no planteen
fomentar este tipo de culturas, harán que sus equipos
pierdan fuerza a medida que los malos resultados exprimen
sus esperanzas, provocando miedo y desconfianza en la dirección.
Incluso el talento, que podría desarrollar buenas iniciativas
de salvamento, decidirá marcharse dejando cojo al resto
del equipo, agravando más la situación y continuidad
de la empresa en el futuro.
Es
momento de aceptar las nuevas reglas de juego, cuanto antes
seamos conscientes de la nueva realidad, antes nos pondremos
en marcha para dirigir la empresa a buen puerto. Elegir es
renunciar, es dejar en el camino fórmulas del pasado
más recientes que en su día funcionaron con
éxito y que hoy han quedado obsoletas. Reorganizar
y buscar nuevos recursos, crear equipos capaces de afrontar
el cambio con determinación y eficacia, quedarnos con
los mejores, es decir, con aquellos profesionales que eligen
ser parte de la solución y no del problema… son
piezas necesarias para afrontar la situación con firmeza
y determinación.
Perder
a los mejores profesionales, dejándoles que se marchen
fuera del país, es un problema que las empresas de
ámbito local no pueden permitirse. Adaptar las estructuras
organizativas, creando culturas y entornos favorables de desarrollo,
es el primer paso para afrontar con éxito el futuro
y la competitividad de nuestras empresas.
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