La
verdad es para el consultor de procesos su peor pesadilla.
Este no resulta ser ajeno al común denominador
de la mayoría de los mortales. Tener la razón
es una manera de estar en paz con uno mismo. La razón
de las causas analizadas debe tener una estrecha relación
con las consecuencias manifestadas. Esta es una premisa
básica.
Sin
embargo, la historia nos ha demostrado que el ser humano,
en su irrefrenable búsqueda de la Verdad, cometió
las peores atrocidades que se recuerden; tan solo pensar
en el modelo de universo propuesto por Ptolomeo, que
demoró el progreso de la ciencia en casi siete
siglos.
Como
consultores de procesos, buscar la Verdad no debe ser
la meta. En todo caso nuestra función se remite
a entender e interpretar los diferentes fenómenos
que se desarrollan dentro de una empresa, para luego
proponer una alternativa de mejora que, bajo determinadas
condiciones, produzca un aumento en la rentabilidad
del negocio.
Buscar
el entendimiento de algo para luego interpretarlo, no
es lo mismo que buscar la verdad. En todo caso lo que
buscamos es uno de los elementos esenciales que hacen
a la hermenéutica: La aleteheia. A diferencia
del término en latín verita, que significa
correspondencia entre las palabras y las cosas, el término
aletheia, designa lo que se devela, lo que se muestra.
Visto
de esta manera, la consultoría debe sacar el
velo de aquello que se esconde y que forma parte del
proceso. La verdad debe ser una construcción
entre la empresa y el consultor. Este último
debe comprender todas las variables que hacen al negocio
analizado y debe exponer sus conclusiones despojado
de los vicios que acarrea el empresario. En la medida
en que el consultor se aleje de la mirada del cliente,
sesgada por la rutina, la construcción de la
solución a proponer se verá enriquecida
por el aporte de ambos.
En
este nuevo rol que nos toca cumplir a los que ejercemos
la consultoría, se incorporan otras disciplinas,
además de la ingeniería, que convergen
para ayudar a entender e interpretar diferentes situaciones
y contextos empresariales. Así entran en escena
la filosofía, la psicología o la sociología.
De manera que ya no estamos solos. Esa multiplicidad
de miradas hacia el proceso hará que las soluciones
a encontrar se vean enriquecidas, logrando aquello que
todo empresario busca cuando contrata a un consultor:
aumentar la rentabilidad de su negocio.
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