Los
valores, en sentido humanista, son aquellos principios
que hacen que una persona sea tal, sin lo cual perdería
parte de su razón de ser o existencia.
Llevado
al terreno de las empresas y organizaciones, los valores
son aquellos principios, referentes o pautas, que definen
las conductas de las personas que forman parte de dicha
organización y que orientan los comportamientos
y las acciones de quien los sustenta.
En
definitiva, los valores no se sostienen por sí
solos, no tienen naturaleza propia, sino que su existencia
está adherida a aquellos que los sostienen.
Si
preguntáramos a los primeros niveles de las empresas
si tienen “código de valores” en
sus compañías, seguro que un porcentaje
muy alto nos contestaría afirmativamente; pero
si preguntáramos si conocen cuáles son
y cómo se definen, ¿cuál sería
el porcentaje de respuestas afirmativas que obtendríamos?
Podemos
lanzar una tercera pregunta, para aquellos que han contestado
afirmativamente a la segunda: ¿están de
acuerdo con dichos valores? Si es así, ¿sus
actuaciones profesionales concuerdan con lo reflejado
en los mismos?
No
debemos aventurar respuestas que no están cotejadas
de manera fidedigna, pero sí podemos abrir espacios
para la reflexión y el aprendizaje en el desarrollo
de nuestros procesos de gestión, a los que debemos
estar dispuestos como ejecutivos.
Hace
poco, leyendo a Leonardo Wolk, me llamó la atención
una frase que decía: “una cosa es saber
lo que es correcto, y otra muy diferente es hacer lo
que creemos que es correcto”.
Si
comprendemos esta distinción, seremos capaces
de actuar en consecuencia con los valores que se registran
en nuestras empresas; de otra manera, lo único
que haremos es actuar sin estar alineados con lo establecido
por nuestras organizaciones.
Un
camino empieza por un primer paso. Si quieres trabajar
y gestionar conforme a los valores de tu empresa, debes
comenzar por conocerlos, interiorizarlos y alinearte
con los mismos. De poco vale hablar de ellos si tú
no actúas conforme a ellos. |