Hace
un tiempo compartí mis anotaciones sobre el interesante
paper Smart People, Dumb Decisions (Gente inteligente,
decisiones estúpidas), de Michael Mauboussin, publicado
en el número de marzo-abril de 2010 de la revista The
Futurist. Aquí vuelvo a compartir algunas de las
ideas analizadas por Michel.
El
cerebro, es estrés y la extrapolación equivocada
Un
error común en la toma de decisiones es la tendencia
a la extrapolación inadecuada de resultados del pasado.
Scott Huettel, psicólogo y neurocientífico de
la Universidad de Duke y sus colegas confirmaron este hallazgo
cuando evaluaron a sujetos con una máquina funcional
de lectura de imágenes por resonancia magnética
(fMRI), a quienes se les mostraban secuencias al azar de círculos
y cuadrados. Después de observar un determinado símbolo,
la gente no sabía qué esperar a continuación.
Pero luego de observar dos símbolos consecutivos, automáticamente
extrapolaban el tercero, a pesar de que sabían que
la serie era al azar. Dos eventos no pueden marcar una tendencia,
pero nuestro cerebro parece creer que sí.
Este
error es complejo porque la mente tiene un deseo profundo
por encontrar patrones, y nuestro proceso de predicción
es muy rápido (los investigadores lo califican de “automático
y obligatorio”). Esta capacidad cerebral de detección
de patrones evolucionó a través de los milenios
y fue sumamente útil para la mayor parte de la existencia
humana.
“En
un entorno natural, casi todos los patrones son de predicción”,
dice Huettel. “Por ejemplo, si estás caminando
en un bosque y escuchas el crujido de una rama sobre tu cabeza,
esto no es una señal artificial, sino que significa
que una rama puede estar por caer, y tienes que salir de allí
(si deseas preservar tu integridad física). Por eso,
hemos evolucionado para detectar esos patrones. Pero estas
relaciones de causalidad no son necesariamente válidas
en el mundo tecnológico, donde surgen irregularidades,
y en el que buscamos patrones donde no existen”.
La
extrapolación también pone de relieve otros
errores más sutiles de la toma de decisiones. Por ejemplo,
proyectar de manera inapropiada el futuro sobre la base de
un número limitado de observaciones, desestimando el
rol que puede jugar lo altamente improbable (ver cisnes negros).
O también los modelos que se basan en resultados históricos
que indican, falsamente, que el futuro tendrá características
similares a la historia. Vemos cómo nuestras mentes
(o los modelos de construcción anticipatoria que emplean
nuestras mentes), no dan lugar a posibilidades inéditas.
Robert
Sapolsky, un neurobiólogo de la Universidad de Stanford
y experto en estrés, señala que una característica
importante de la respuesta de estrés es que desactiva
los sistemas corporales orientados a plazos más largos
y sobrecarga los de respuesta inmediata. No tienes que preocuparte
por la digestión, el crecimiento, la prevención
de enfermedades o la reproducción si estás a
punto de ser el almuerzo de un león.
Debido
a que el estrés aumenta el foco en el aquí y
ahora, a las personas estresadas les cuesta pensar en el largo
plazo. Un gerente que cree posible perder en lo inmediato
su puesto de trabajo tiene poco interés en tomar una
decisión que le permitirá estar mucho mejor
en tres años. El estrés psicológico crea
una sensación de inminencia que inhibe la consideración
de las opciones que pagan beneficios lejanos en el tiempo.
La respuesta de estrés –tan eficaz para hacer
frente a los riesgos del aquí y ahora– interfiere
con el aparato de toma de decisiones y nos predispone a las
malas decisiones.
|