| |
En
el contexto laboral actual cada vez más exigente, se
deben ver reflejadas las ventajas de tener las competencias
del Ser desarrolladas, y éstas a su vez deben fomentar
el desarrollo de otras, como las habilidades comunicativas,
siendo capaz de trasmitir, entender y recibir ideas, pensamientos,
sentimientos, en cualquier medio, generando a su vez la habilidad
de desarrollar, dar soporte, facilitar y liderar grupos o
equipos para poder lograr metas personales, grupales y organizacionales
de una forma altamente efectiva.
La
Psicología Organizacional debe hacer gran énfasis
en el talento humano a la hora de hacer la selección
de un candidato, y los psicólogos deben tener muy presentes
las Competencias Emocionales. Goleman (2005) afirma que “Cuanto
más fuerte es la variedad de habilidades que un equipo
aplique en su tarea, más flexible podrá ser
para enfrentar las exigencias cambiantes. La diversidad se
inicia con las exigencias técnicas, pero también
se extiende a la aptitud emocional”.
Del
mismo modo lo afirma Smart (1999), cuando sostiene que las
empresas de hoy no solo deben poner mucha atención
en la adquisición de la nueva tecnología y conocimientos,
sino que también deben centrar su atención en
la contratación de candidatos no solo competentes en
sus habilidades, sino sobre todo gente buena como seres humanos,
para poder llegar a ser significativamente competitivos ante
las otras firmas.
Lo
anterior puede ser explicado a raíz de todos los inconvenientes
de tipo ético y logístico que empezaron a detectar
en profesionales altamente calificados a nivel académico.
Entonces las organizaciones se vieron obligadas a replantear
sus sistemas de selección. Según L. Spense (2002),
el proceso de selección debe estar mediado por un componente
ético muy importante, el cual está íntimamente
relacionado con la importancia de la dignidad del ser humano,
“como fin en sí mismo y no como medio para alcanzar
los objetivos empresariales”.
Las
nuevas normas vaticinan quién tiene más posibilidades
de lograr un desempeño estelar y quién es más
propenso a descarrilar, afirma Goleman (2005). Cualquiera
que sea la especialidad en la que trabajemos actualmente,
estas reglas miden características cruciales para futuros
empleos. Goleman también sostiene en su libro que estas
nuevas reglas guardan poca relación con lo que la escuela
marcaba como importante. Para estos patrones, la preparación
académica tiene poca relevancia. La nueva medida da
por sentado que tenemos suficiente capacidad intelectual y
preparación técnica para desempeñarnos
en el empleo. En cambio, se concentra en ciertas cualidades
personales, tales como la iniciativa y la empatía,
la adaptabilidad y la persuasión. La investigación
destila con inusitada precisión qué cualidades
identifican a una estrella en el trabajo, y demuestra qué
aptitudes humanas constituyen la mayor parte de los ingredientes
que llevan a la excelencia laboral.
Según
Goleman (2005), a medida que cambian las empresas, también
lo hacen los rasgos necesarios para destacarse, y comienzan
a aparecer como rasgos de los trabajadores estelares, habilidades
completamente nuevas, notables, catalizadores de cambio y
niveladores de la diversidad. Esto confirma que los desafíos
de ahora requieren nuevos talentos. De hecho, ya comienza
a sentirse la evidencia del cambio de la estructura de pensamiento
en los directivos, ya no dándole tanta importancia
a la formación académica, ya que opinan que
es algo obvio que deben tener. Ahora los elementos diferenciadores
deben ser otros. La mayoría de los gerentes da por
hecho que saben quiénes son sus profesionales con don
de gentes, afirman T. Butler y J. Waldroop (2004). Son los
jugadores del equipo, los que saben qué ocurre en la
vida personal de sus compañeros, los que son capaces
de mediar en los conflictos interpersonales.
Según
un estudio realizado por Hansen (2007), se muestra que aunque
se está en la época donde es muy común
que los empleados estén creciendo profesionalmente,
hay una gran escasez de lo que es talento de verdad, así
como hay muy pocas compañías que en realidad
están preparadas para manejarlo de forma óptima.
A pesar de ésto, añade que algunas organizaciones
que tienen en cuenta el talento como un arma potencial para
el desarrollo de su organización, lo utilizan para
poder identificar grupos de líderes y personas claves
para el desarrollo de la organización. Según
su investigación, se podría decir que el porcentaje
promedio de la presencia de estos grandes talentos es de un
15%. De esta forma, en su artículo hace un gran énfasis
sobre el gran cambio que han tenido que demostrar los departamentos
de Recursos Humanos para poder ser los mejores seleccionadores
de estos grandes talentos que marcan la diferencia entre una
organización y otra.
T.
Peters (2005) anota en su libro sobre Talento Humano: “Actualmente
los robots del software están haciendo los (sorprendentemente
tontos) puestos de trabajo de cuello blanco de antaño.
Una vez más debemos buscar formas totalmente nuevas
de añadir valor”, pero el próximo cambio,
el que está acelerando ahora, promete ser mucho más
radical. Todo lo que sea vagamente repetitivo se automatizará
pronto. Este libro nos da a pensar que el ser humano es ahora,
más que nunca, muy valorado con respecto a tiempos
anteriores. Ya se está desarrollando en temas mucho
más analíticos, articulados con el ser y cada
vez menos operativos.
Así
como las organizaciones están mucho más atentas
en optimizar e innovar sus procesos de selección de
acuerdo a las nuevas teorías, también es necesario
que lo hagan de forma paralela con los talentos ya seleccionados,
haciendo un diseño de carrera muy acorde a su potencial.
Hellriegel
y Slocum (2004), afirman que la visión popular de una
carrera suele estar limitada a la idea de ascender por una
estructura jerárquica en una organización. En
ocasiones esta oportunidad ya no existe para mucha gente por
las reducciones de tamaño, fusiones, etcétera.
Una persona puede seguir en el mismo nivel adquiriendo y desarrollando
nuevas competencias y tener una carrera exitosa sin ser jamás
promovido. Asimismo afirman que el éxito o el fracaso
de una carrera están relacionados con el auto concepto,
las metas y competencias de una persona.
Después
de hacer un profundo análisis sobre la importancia
de elegir a los candidatos por sus cualidades como seres humanos,
más que por su preparación académica
o experiencia, es de suma importancia entender la tendencia
más innovadora de los últimos tiempos, que es
el desarrollo humano por competencias. Hellriegel y Slocum
(2004) también añaden en su libro sobre Comportamiento
Organizacional, que existen siete diferentes tipos de
competencias esenciales para poder desempeñarse de
forma óptima como ser humano, empleado y profesional,
tanto en la organización como en su vida diaria. Estas
son las competencias del ser: el manejo propio, el manejo
de equipos, el manejo del cambio, el manejo transcultural,
el manejo de la ética, el manejo de la diversidad y
el manejo de la comunicación.
Para
estos autores, la competencia central es la del manejo
propio, que cubre las habilidades de reconocer las
propias debilidades, fortalezas, poder determinar sus propias
metas de desarrollo para poder tener un proyecto de vida definido,
percibirse y apreciarse de manera correcta a sí mismo
y también a otros en el ambiente específico.
También tener un buen desarrollo de la inteligencia
emocional y social, entendiendo y actuando sobre sus emociones,
entre otras.
Hay
otra realidad más crucial que determinará la
Inteligencia Emocional, y es que a medida que las organizaciones
se encojen en sucesivas oleadas de reducción de personal,
las personas que quedan cargan con más responsabilidad
y son más visibles. Es decir, si antes un empleado
de nivel medio podía disimular fácilmente un
temperamento irritable o tímido, Goleman (2005) afirma
que ahora se notan mucho más aptitudes tales como el
control de las emociones.
Según
Drucker (2005), vivimos en una época de oportunidades
sin precedentes. Si se tienen ambiciones y aptitudes se puede
alcanzar la cima de la profesión. Depende de uno mismo
labrarse un lugar, saber cuándo hay que cambiar de
rumbo o mantenerse. Para hacer bien todo esto, necesita un
profundo conocimiento de uno mismo, no solo de cuáles
son sus puntos fuertes y débiles, sino también
de cómo aprende, cómo trabaja con los demás,
cuáles son sus valores y en qué áreas
puede realizar sus mejores aportaciones.
Luego
vienen las competencias que giran alrededor de ésta,
que son la competencia del manejo de la comunicación,
que abarca todas las habilidades de trasmitir, entender y
recibir ideas, pensamientos y sentimientos de una forma altamente
efectiva, pudiendo así lograr hacer retroalimentaciones
de manera constructiva a otras personas, participar en la
escucha activa y empática, tener una lectura muy acertada,
lenguaje no verbal de interlocutor. Se podría pensar
que esta competencia es como el sistema circulatorio del resto
de las competencias.
Goleman
(2006) afirma en su libro Inteligencia Social que
no es suficiente percibir cómo se siente la otra persona
o saber lo que piensa o cuál es su intención.
La facilidad social se rige en la toma de conciencia social
para permitir interacciones fluidas, eficaces, como la sincronía,
la auto presentación y la influencia o persuasión
efectiva.
Una
de las ventajas de la competencia de la comunicación
es poder caracterizarse por ser un buen facilitador interpersonal,
ya que pueden centrar intuitivamente su atención en
las experiencias de los demás, T. Butler y J. Waldroop
(2004) afirman que es típico que estas personas se
pregunten con facilidad “¿qué grupo trabajará
mejor en colaboración para sacar adelante este trabajo?”,
o “¿qué cargo necesita esta persona para
desarrollarse y sentirse más competente?”. Pero,
como sabe cualquier directivo experto, la sugestión
eficaz es fundamental para la organización.
Después
viene la competencia del manejo de la diversidad,
donde interviene la habilidad de interactuar, y valorar diferentes
grupos e individuales, teniendo así la capacidad de
transformar esas diferencias en oportunidades de crecimiento
personal y para la organización.
Goleman
(2005), apunta que en la actualidad una de las recomendaciones
de la Harvard Business School es “triunfar a través
de otros que son diferentes de uno”. En la diferencia
hay poder, eso es lo que torna cada vez más crucial
la competencia de aprovechar la diversidad. Asimismo dice
que la enorme variedad de personas que trabajan en organizaciones
de todo tipo, requiere una mayor conciencia de las sutiles
distorsiones que los estereotipos y los prejuicios introducen
en las relaciones laborales entre los gerentes. Por ejemplo,
lo que distingue a los superiores del promedio es la capacidad
de interpretar debidamente, sin las distorsiones de estereotipos
de carga emocional.
Goleman
(2005) también sostiene que lo que falta en los programas
de diversidad es aprovechar la diversidad para que los participantes
aprendan a mejorar su trabajo. Está muy bien que personas
de diversos orígenes se sientan bienvenidas en el lugar
de trabajo y estudio, pero podemos ir más allá:
podemos aprovechar la diversidad para mejorar el desempeño
de todos como consecuencia de los beneficios potenciales de
ese aprovechamiento, como una mayor ganancia, mayor aprendizaje
en cualquier organización sumergida en un ambiente
de flexibilidad y rápida adaptación a los mercados
cambiantes.
Las
habilidades clave que debe tener una persona luego de haber
desarrollado esta competencia, son poder impulsar un ambiente
de inclusión con gente que posee características
diferentes de las propias, poder tener la capacidad de aprender
de aquellos que tienen características, experiencias,
perspectivas y antecedentes distintos, y así poder
adoptar tendencias personales, como la apertura intelectual
y las actitudes que demuestran respeto por la gente, y estar
consciente para aplicar las disposiciones gubernamentales,
así como las políticas y regulaciones de la
organización relacionadas con la diversidad.
M.
Romo y J. C. Cubeiro (2006) señalan que la diversidad,
concebida desde la diferencia y la tolerancia, abre a las
organizaciones a un mundo de oportunidades, una perspectiva
desde la que se ven las cosas de otra manera. Estudios realizados
en los distritos escolares de los Estados Unidos demuestran
que uno de cada tres estudiantes dice ver comportamientos
racistas en el colegio. La diversidad tiene varias connotaciones,
además de la diferencia, implica también abundancia,
y lamentablemente nos estamos centrando en la primera. La
clave está en nuestras diferencias intangibles, como
nuestra manera de aprender, nuestros valores, motivaciones
y sentimientos.
Luego
viene una competencia muy importante y tan controversial últimamente
como es el manejo de la ética, que
refiere a la habilidad global de incorporar valores y principios
que distinguen lo correcto de lo incorrecto en la toma de
decisiones y en la elección de las conductas. Esta
competencia se ve reflejada en identificar y describir los
principios de la toma de decisiones, poder aplicar las disposiciones
y regulaciones gubernamentales, demostrar dignidad y respeto
para otros en las relaciones de trabajo, como emprender acciones
en contra de prácticas discriminatorias y demostrar
honestidad y apertura en la comunicación.
La
siguiente competencia es el manejo transcultural,
que refiere sobre la habilidad global de reconocer y adoptar
similitudes y diferencias entre naciones y culturas, y luego
enfocar temas organizacionales y estratégicos clave
con una mente abierta y curiosa. Esta competencia se vería
reflejada en la capacidad para entender y valorar a diferentes
empleados con diferentes valores y actitudes, poder comunicarse
en el lenguaje del país con el cual el individuo tiene
relaciones de trabajo, poder enfrentarse a condiciones extremas,
en especial aquellas que tienen encargos de trabajo en países
extranjeros, atendiendo los aspectos administrativos y otros
mediante una mentalidad global, que se puede considerar como
una herramienta indispensable para afrontar los obstáculos
que ofrecen los efectos colaterales de la globalización
Por otro lado, sigue el desarrollo de la competencia del manejo
de equipos que, según Hellriegel y Slocum (2004) está
definida como la habilidad global de desarrollar, facilitar
y dirigir grupos y equipos para alcanzar metas organizacionales,
y que se ve reflejada en conductas como poder determinar las
circunstancias en las que es apropiado un enfoque de equipo
y cuándo no, poder manejar el proceso de logística,
proporcionar el liderazgo necesario para precisar las tareas
y responsabilidades de un equipo, tener la capacidad para
solucionar los conflictos personales e inter-grupales relacionados
con las tareas que existan entre los miembros, y poder hacer
una evaluación efectiva del desempeño individual
y colectivo en relación con las metas fijadas.
Hoy
en día en el lugar de trabajo este es un hecho fundamental,
donde cada uno de nosotros tiene solo una parte de la información
o la experiencia que necesita para cumplir con su tarea. Afirma
Goleman (2005) que no hay duda que la mente grupal puede ser
mucho más inteligente que la mente individual. La capacidad
de tener un equipo en buen funcionamiento es por sí
sola un talento valioso. Es casi seguro que en todo equipo
o grupo efectivo hay, cuanto menos, una persona dotada de
ese talento. Las organizaciones de todo tipo han llegado a
la conclusión de que el éxito del todo exige
orquestar los talentos en equipos que atraviesen los límites
tradicionales.
Por
último hay una competencia de mucha utilidad en los
tiempos actuales, la competencia del manejo del cambio,
a la cual Hellriegel y Slocum (2004) definen como la habilidad
global de reconocer e implantar las adaptaciones necesarias,
o trasformaciones totalmente nuevas en la gente, nuevas circunstancias,
tareas, estrategias, estructuras o tecnologías en el
área de responsabilidades de una empresa.
Esta
competencia se evidencia con la capacidad de la persona para
poder diagnosticar las presiones internas como externas y
la resistencia al cambio en situaciones específicas,
asimismo poder aplicar un modelo de sistemas y otros procesos
para la gestión del cambio en la organización.
También estas personas buscan ganar, compartir y aplicar
nuevos conocimientos en la búsqueda de mejoras constantes,
creatividad y enfoques o metas totalmente nuevos. Esto implica,
también, la capacidad de tomar riesgos razonables para
reconocer y aprovechar oportunidades, identificando a su vez
los elementos negativos de las decisiones.
“En
estos tiempos lo único constante en el trabajo es el
cambio”, afirma Goleman (2005). “Se nos alienta
a trabajar los riesgos, a trabajar en equipos, y a entender
que la atmósfera ha cambiado, pero algunas personas
parecen pérdidas, tienen dificultades con la nueva
manera de hacer las cosas…”. Las personas carentes
de adaptabilidad se ven gobernadas por el miedo, el nerviosismo
y una profunda incomodidad ante el cambio. Muchos gerentes
tienen problemas para adaptarse a la tendencia de delegar
la responsabilidad y la toma de decisiones. “La gente
tiene viejas costumbres de autoridad, el nuevo modelo posibilita
que los individuos tomen decisiones por sí solos y
delegar responsabilidades, pero cuando las cosas van mal,
algunos gerentes entran en pánico, vuelven a las viejas
costumbres y endurecen los controles, y así socavan
la nueva manera de hacer las cosas”.
Además
de la pericia técnica, hay toda una horda de aptitudes
emocionales para ser catalizador de cambio. “Se necesita
un gerente de segundo nivel que sea capaz de entrar en la
oficina de un vicepresidente y decirle qué debe hacer
sin dejarse intimidar por la diferencia de rangos”.
Una
de las mayores ventajas de ser una persona abierta al cambio
personal y organizacional, es la capacidad de innovar. D.
Goleman (2005) sostiene que la base emocional del innovador
laboral es el placer que encuentra en la originalidad, en
el trabajo. La creatividad gira en torno a la aplicación
de ideas novedosas para alcanzar un resultado.
Las
personas dotadas de esta habilidad saben identificar rápidamente
los puntos clave y simplificar problemas cuya complejidad
parece abrumadora. Más importante aún es que
saben hallar conexiones originales y patrones que otros pasan
por alto. El déficit de esta aptitud puede ir más
allá de la mera falta de imaginación. Las personas
que no aceptan bien el riesgo, se tornan críticas y
negativas, siempre cautas y a la defensiva. La mente creativa
es algo rebelde por su misma naturaleza, ya que existe una
tensión natural entre el ordenado autodominio y el
impulso innovador. Esto no significa que las personas innovadoras
sean emocionalmente descontroladas. Antes bien, están
dispuestas a experimentar una serie de impulsos más
amplia que los espíritus menos aventurados. Después
de todo, eso es lo que genera las posibilidades nuevas, añade
Goleman.
Según
Peters (2005), la maestría es algo grande, algo esencial,
pero ni siquiera será suficiente en un mundo donde
las categorías de pensamiento y de acción están
errando y cayendo constantemente. Tan importante como hacer
una cosa extremadamente bien es la capacidad de hacer una
docena de cosas diferentes y nuevas a la vez, cambiando el
ritmo cuantas veces sea necesario, lo cual es un argumento
muy importante para sostener que la capacidad de tener una
estructura de pensamiento flexible, de adaptación continua,
es sin duda alguna una capacidad que debe identificar a las
personas exitosas de hoy.
Por
otra parte, vale aclarar uno de los factores más influyentes
en la resistencia al cambio, que desafortunadamente son muy
comunes en las organizaciones. Para poder detectar algunas
percepciones distorsionadas sobre las ventajas de no cambiar,
habría que entender muy bien la diferencia entre la
habituación y la adaptación. Una persona que
no se habitúa a determinadas circunstancias, puede
ser percibida erróneamente por los miembros de la organización
como una debilidad y una falta de capacidad de saber estar
en determinado lugar. Asimismo, puede llegar a ser tachada
como una persona conflictiva, ya que no es una persona que
se conforma fácilmente por las normas convencionales
de la organización. Sin embargo, esta debe verse como
una fortaleza que fomenta la adaptación, ya que la
no aceptación de lo tradicional con resultados deficientes
forma parte de la efectividad, y eso es adaptación.
Muchas personas creen que aceptar todas las reglas, por obsoletas
e inadecuadas que sean, es adaptarse a un entorno, lo cual
es un concepto erróneo.
En
una encuesta nacional en los Estados Unidos sobre lo que buscan
los empleadores en los empleados ingresantes, las aptitudes
técnicas específicas, son ahora menos importantes
que la capacidad subyacente de aprender en el puesto. Después
siguen saber escuchar y comunicarse oralmente, tener adaptabilidad
y respuestas creativas ante los obstáculos y reveses,
tener dominio personal, confianza en sí mismo, con
capacidad de auto motivación, con un deseo de desarrollar
su carrera con una gran efectividad grupal e interpersonal,
habilidad para negociar en desacuerdos y con un buen potencial
para liderar.
Como
consecuencia de tener las competencias anteriormente mencionadas,
otras nuevas puertas comienzan a abrirse a causa de un efecto
catalizador, lo cual implica que otras habilidades, como las
del liderazgo, se vean afectadas tanto de forma positiva como
negativa. Por ejemplo, la aptitud emocional es importante
sobre todo en el liderazgo, papel cuya esencia es lograr que
otros ejecuten sus respectivos trabajos con más efectividad.
La
ineptitud emocional de una persona con varias características
de líder, reduce el desempeño de todos, hace
que se malgaste el tiempo, crea asperezas, corroe la motivación
y la dedicación al trabajo. Es posible evaluar la aptitud
o ineptitud emocional del líder por el aprovechamiento
o derroche que hace la organización de los talentos
que dispone. Manejar una situación emocional que debe
enfrentar un líder, requiere las capacidades necesarias
para resolver los problemas de raíz, establecer rápidamente
entendimiento y confianza, saber escuchar, ser capaz de persuadir.
Otro
gran efecto catalizador de las competencias del ser sobre
el liderazgo, es la influencia que tiene la falta de competencias
del manejo de la diversidad y el manejo transcultural que
pueden tener algunos miembros de la organización para
detonar los prospectos de liderazgo que se pueden estar gestando,
como los famosos líderes invisibles en sus dos categorías.
Hill (2008) define a los lideres invisibles demográficos
como esas personas que debido a su género, grupo étnico,
nacionalidad o incluso edad, no tienen acceso a herramientas
como las redes sociales, los grupos de capacitación
de vía rápida, las asignaciones exigentes, que
pueden prepararlas para puestos de autoridad e influencia.
Asimismo
define otro grupo de líderes llamados “invisibles
estilísticos”. Estas son personas que no se ajustan
a nuestra imagen convencional de un líder, debido que
no muestran la conducta de hacerse cargo y fijar los derroteros
que consideramos inherente al liderazgo. Se les deja de lado
cuando una organización selecciona a la gente que,
según sus cálculos, tiene potencial de liderazgo.
La
competencia del manejo de equipos afecta de forma contundente
el manejo asertivo que un líder debe tener, sobre todo
lo articula con los conceptos contemporáneos que requieren
un cambio de paradigma de lo que en realidad significa ser
líder. Muchas situaciones requieren liderazgo desde
adelante, afirma Hill (2008), profesora e investigadora en
liderazgo de Harvard Business. En las crisis, por ejemplo.
Pero si las personas que pertenecen a la organización
no han sido preparadas para reaccionar en forma colectiva,
debe haber un líder dispuesto a ponerse al frente y
decirles a dónde van y cómo llegar ahí.
Lo que sí necesitamos es un cambio de énfasis,
añade Hill. Hoy las cosas están cambiando con
tanta rapidez, las personas de nuestros equipos que han estudiado
son a menudo estrellas por derecho propio, y si se trata de
dirigirlas desde adelante, simplemente no lo seguirán.
Usted tiene que crear un ambiente en el que estén comprometidas
y en el que se aproveche el talento colectivo de los miembros
del grupo al hacer que todos dirijan en algún momento.
En
cuanto a la competencia del manejo del cambio, es una herramienta
indispensable para el líder de hoy. Los líderes
de cambio no son necesariamente innovadores. Goleman (2005)
afirma que si bien los primeros saben reconocer el valor de
una idea novedosa o de una manera nueva de hacer las cosas,
a menudo no son ellos quienes originan la innovación.
El
modelo de liderazgo para la transformación va más
allá de la gerencia conocida. Esos líderes son
capaces de incentivar por el mero poder de su propio entusiasmo,
no ordenan ni dirigen, inspiran. Al articular su visión,
son estimulantes en lo intelectual y en lo emocional, muestran
una fuerte convicción entre lo que avizoran, y entusiasman
a otros para que lo busquen con ellos, además se esfuerzan
por nutrir las relaciones con quienes los siguen.
A
diferencia de otros tipos de líderes más racionales,
que alimentan a sus trabajadores con recompensas comunes como
los aumentos de sueldo y los asensos, el líder de la
transformación va a otro nivel, analiza moviliza a
la gente al cambio, despertándoles emociones con respecto
al trabajo que hacen.
Como
se puede concluir en este articulo, las organizaciones de
todo tipo han comenzado a darse cuenta de que el mundo está
lleno de hombres y mujeres bien preparados. Ya todo el mundo
tiene acceso a toda clase de información, de tal forma
que la educación ya no es un elemento diferenciador.
El conocimiento ya no abre puertas como antes, ya es algo
más que obvio tener en estos días y en los tiempos
que se avecinan. Lo que definitivamente va a ser un factor
que va a diferenciar a los unos de los otros, serán
las competencias como seres humanos que somos, que nos van
a llevar a poder ejercer el gran proceso ejecutivo que debemos
hacer con nuestro conocimiento cada vez más extenso,
lo cual se verá reflejado en nuestro desempeño
profesional y personal. Por lo tanto las instituciones educativas
están obligadas, ahora más que nunca, a formar
a sus estudiantes no solo como grandes académicos,
sino como mejores personas.
BIBLIOGRAFÍA
Butler, T. y Waldroop, J. (2004), “¿El Don de
gentes?”. Harvard Business Review, Febrero 2004, No
128, p. 46.
Drucker, Peter F. (2005), “¿Gestionarse a uno
mismo?”. Harvard Business Review, No 137. p. 99.
Goleman, D. (2005), ”Inteligencia Emocional en la Empresa”.
Editorial Vergara, Buenos Aires, p 52.
Goleman, D. (2006), “Inteligencia Social”. Editorial
Planeta Mexicana S.A. México, p. 128.
Hansen (2007), What is 'talent'?. Workforce Management, 86(1),
12-13. Retrieved Tuesday, March 13, 2007 from the Business
Source Premier database.
Hellriegel y Slocum (2004), Organizacional Behavior (10ª
Ed.). Mason, Ohio. Thompson. p. 20.
Hill, Linda A. (2008), “¿Donde encontraremos
a los lideres del futuro?”. Harvard Business Review,
volumen 86, No 3, p. 99.
Peters, T. (2005) “La Esencia del Talento”. Editorial
Pearson, Madrid.
Romo, M. y Cubeiro, J. C, “¿Dónde se encuentra
la diversidad?”. Harvard Business Review, volumen 86
(abril 2006), No 145, p. 48.
Smart (1999). Westchester County Business Journal, Retrieved
Tuesday, March 13, 2007 from the Regional Business News database.
Spense, L. (2002), What ethics in the employment interview?,
en Wistenley y Woodall (Eds.). Ethecal isuues in contempòrany
humann resourses management, Gran Bretaña, palgrave.
Macmillan: pp. 43-58. |
|