Introducción
Hoy
en día la globalización ha causado, debido al
libre flujo de la información, la creación de
nuevas maneras de trabajar, de operar procesos, de dirigir
los mismos y sus organizaciones, niveles más elevados
de habilidades requeridas, e inevitablemente niveles más
altos de stress.
Por
ello, las empresas deben adaptarse, e incluso, anticiparse
a los cambios, planeando adecuadamente sus estrategias y alineando
adecuadamente los aportes de su capital intelectual con dichas
estrategias a fin de alcanzar los objetivos y metas de la
organización.
El
lograr que dichos procesos resulten de manera eficiente, es
decir, que eleve la productividad y redunde en el retorno
de inversión en capital humano, requiere de una gestión
de recursos humanos basada en competencias.
¿Qué
son las competencias laborales?
No
hablamos de nada nuevo, pues este concepto fue utilizado por
David McClelland hace unos 30 años atrás. A
través de sus investigaciones McClelland demostró
que las evaluaciones y tests tradicionales que decían
predecir el desempeño exitoso, eran insuficientes.
A
través del tiempo se han dado a conocer diferentes
definiciones. Sin embargo, creo poder resumirlas a continuación:
Competencia:
Capacidad de desarrollar eficazmente un trabajo, utilizando
los conocimientos, habilidades, destrezas y comprensión
necesarios, así como los atributos que faciliten solucionar
situaciones contingentes y problemas.
Podría
interpretarse también en el siguiente gráfico:

A
partir de dicho concepto se han ensayado tipologías,
clasificaciones y gradaciones de competencias, desde distintos
puntos de vista y tendencias emergentes.
Una
vez lograda la identificación de las competencias a
través de un análisis técnico de las
“conductas de individuos de éxito”, se
obtiene una estructura conformada por: los conocimientos aplicados,
las habilidades desarrolladas y actitudes demostradas. Con
dichos elementos concurrentes podemos formar los criterios
que nos permitan seleccionar, evaluar, formar, desarrollar
y remunerar a los trabajadores.
Conducir
una gestión integral con enfoque en competencias bien
orientada nos permitirá:
- Alinear
el aporte del capital humano con las necesidades estratégicas
de la organización.
- Administrar
de manera eficiente el activo intelectual de nuestros trabajadores,
y a través de ello los activos a su cargo.
- Evaluar
su desempeño sobre la base de resultados y conocer
el personal de desempeño medio que requiere desarrollo
para un desempeño superior.
- Remunerar
al personal de manera justa.
- Determinar
la llamada “brecha técnica” y el esfuerzo
formativo necesario para la movilidad funcional del personal.
- Establecer
cuantitativamente el valor agregado a través de competencias,
así como también el retorno de su inversión
(ROI).
- Establecer
su ventaja competitiva en el mercado.
Cabe
señalar que la Gestión por Competencias no es
sólo responsabilidad de la función de Recursos
Humanos, sino que compromete tanto a la alta dirección
como al personal de línea.
Panorama
en América Latina
Los
esfuerzos por establecer lineamientos de formación
basados en competencias en América Latina han tenido
sus frutos más notables en Chile, Argentina, Colombia,
Uruguay, El Salvador y México.
En
gran parte, dichos esfuerzos han sido impulsados por la OIT,
a través de diversos canales. Asimismo, una serie de
organizaciones internacionales como FDI-CORFO, BID-FOMIN,
han apoyado los programas y proyectos de investigación
y difusión de estos temas en entidades tales como Fundación
Chile, en la Certificación de Competencias Laborales;
Ministerio de Trabajo de Argentina en el marco del proyecto
Experiencias Piloto de Certificación de Competencias
Laborales; el Servicio Nacional de Aprendizaje de Colombia,
con un proyecto similar; el Instituto Salvadoreño de
Formación Profesional (INSAFORP), en la elaboración
del Programa de Formación Profesional con enfoque en
Competencias; y el Consejo de Normalización y Certificación
de Competencias Laborales (CONOCER) de México.
En
el Perú, el Ministerio de Trabajo y Promoción
Social (MTPS) inició hace algunos años un proceso
de instauración de la Formación Basada en Competencias,
estructurando proyectos y programas, contando con el apoyo
del Ministerio de Educación y entidades como la Agencia
Colombiana de Cooperación Internacional, el Fondo Argentino
de Cooperación Horizontal (FO-DR), la Agencia Japonesa
de Cooperación Internacional (JICA), CONOCER de México,
la Agencia Española de Cooperación Internacional
(AECI), la Agencia Suiza de Cooperación (COSUDE) y
otras más.
Los
proyectos elaborados en Perú tienen diversos grados
de avance y algunos de ellos permanecen en stand by, lo que
ha devenido en un pobre avance en la materia de competencias
en relación con los demás países de la
región.
Ejemplos
de iniciativas en entidades de formación profesional
han sido encaminados por CENFOTUR (Centro de Formación
en Turismo), SENATI (Servicio Nacional de Adiestramiento en
Trabajo Industrial) y SENCICO (Servicio Nacional de Capacitación
para la Industria de la Construcción), contando siempre
con la colaboración de entidades extranjeras.
Dado
que la base para una cultura empresarial y educacional basada
en competencias laborales se fundamenta en la formación
de individuos, corresponde al sector privado contribuir para
dar el impulso necesario para el establecimiento y/o puesta
en marcha de los proyectos ya iniciados por el gobierno.
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