El
conocimiento es experiencia.
Cualquier otra cosa es sólo información.
Albert Einstein
Quizás
Nicolas Negroponte suene demasiado apocalíptico cuando
afirma que cualquier empresa que no cuente con la capacidad
de generar Capital Intelectual ni siquiera podrá figurar
en la guía telefónica del año 2003. Quizás
el gurú esté diciendo esto sólo para
despertarnos, o para llamarnos la atención sobre su
nuevo libro. Quizás sea sólo para establecer
una nueva discusión en las grandes expo, o quizás
sea una más de sus predicciones acertadas.
Sea
como fuere, conceptos como Capital Intelectual y Gestión
del Conocimiento suenan muy humanos. Tienen que ver con las
personas, con la inteligencia y los conocimientos, por lo
tanto quienes trabajamos en Recursos Humanos aparecemos ante
los legos como los profesionales idóneos para discutir
sobre el tema y hacer nuestras recomendaciones.
Sin
embargo, estos conceptos tan humanos tienen, hasta el presente,
mucho más que ver con el planeamiento y la administración
estratégica del negocio que con los recursos humanos
propiamente dichos. Esto se debe a que los profesionales de
Recursos Humanos no hemos llegado aún a comprender
cabalmente que el negocio ha comenzado a desplazar su centro
de gravedad hacia los “humanos”, ya no como recursos,
sino como capital, y por lo tanto a responder a sus leyes
de generación y acumulación.
Este
desplazamiento del negocio hacia el factor humano requiere
a su vez que los Recursos Humanos se desplacen hacia el negocio,
un reclamo que venimos escuchando desde hace tiempo y al que
aún no hemos dado una verdadera respuesta. Para darla
debemos comenzar por entender qué la Gestión
del Conocimiento. Es tanto una estrategia de negocio como
una estrategia de recursos humanos, donde los roles de línea
y staff se desdibujan, e incluso la metáfora de Ulrich(1)
sobre el “socio estratégico” no alcanza
para definir el verdadero rol que deberán jugar los
Recursos Humanos en el modelo de empresa del siglo veintiuno.
Por
ello, si queremos empezar a dar respuestas acordes a la magnitud
de la pregunta que se nos plantea, es necesario que comencemos
por comprender esta nueva herramienta de gestión en
todas sus dimensiones: la del negocio, la humana y la tecnológica.
Gestión
del Conocimiento y Capital Intelectual
La
noción de Gestión del Conocimiento se encuentra
estrechamente ligada a la de Capital Intelectual. Mientras
que el Capital Intelectual representa los activos intangibles
de una empresa (capital humano, capital estructural y capital
relacional), la Gestión del Conocimiento intenta formalizar
y sistematizar los procesos de identificación, administración
y control del mismo.
Desde
esta perspectiva, la Gestión del Conocimiento implica
dos variables fundamentales. A la primera de estas variables
la llamaremos hard, pues implica los aspectos más duros
o formalizables de la gestión. Incluye todos los procesos
relacionados con la administración del conocimiento
generado en la empresa: los sistemas de comunicación
formal de la organización, su estructura de procesos
en términos de cadena de valor, así como los
sistemas informáticos a través de los cuales
la información se almacena, clasifica y distribuye
a lo largo de toda la estructura de la empresa.
En
estos procesos, el objetivo es transformar los conocimientos
generados por las personas nuevamente en información
pasible de ser almacenada, clasificada y distribuida para
que resulte accesible a quien la necesite en el momento adecuado.
Dentro
de las variables duras también se encuentran aquellas
incluidas en el capital intelectual pasibles de cuantificación:
el capital estructural y el capital relacional. También
la tecnología de la información aplicada a la
Gestión del Conocimiento cae dentro de esta categoría.
La
segunda variable, a la que llamaremos soft –pues implica
los aspectos más blandos o menos formalizables de la
gestión–, incluye los procesos relacionados con
la identificación de talentos, formalización
de best practices y estandarización de competencias.
Desde
esta perspectiva, la gestión del conocimiento es un
proceso de gestión organizacional cuyo objetivo es
identificar el conocimiento que producen los empleados de
alto desempeño de una empresa para convertirlo en información
que pueda ser re-utilizada por el resto de los empleados de
esa empresa. El objetivo fundamental de este proceso consiste
en identificar el modo en que las personas utilizan la información
para generar nuevos conocimientos, las competencias que ponen
en juego para ello, los procesos de comunicación informal,
la capacidad de trabajo en equipo, y la motivación
que las personas pueden tener o no para compartir sus conocimientos.
Dentro
de las variables blandas se encuentra la variable fundamental
del capital intelectual: el capital humano, es decir, los
conocimientos atesorados en los cerebros de los empleados
producto del aprendizaje experiencial.
Pasos
de la Gestión del Conocimiento
La
gestión del conocimiento surge como una herramienta
que responde a ciertas tendencias del mercado:
–
Uso cada vez más intensivo del conocimiento en la producción
de bienes y servicios: a diferencia de la era industrial cuando
lo predominante era la utilización de capital o mano
de obra.
–
La tecnología y la información nivelan la competitividad:
por lo tanto el crecimiento sólo puede provenir de
la innovación en productos y servicios
–
Obsolescencia del conocimiento: el conocimiento se crea a
un ritmo más lento que el que se usa para transferirlo,
pues las redes informáticas eliminan demoras y permiten
utilizar y compartir información rápidamente
entre fabricantes, proveedores, trabajadores y clientes.
–
Preferencia por los smart products: los productos concentran
cada vez más conocimiento y, por lo tanto, deben ser
cada vez más inteligentes; los nuevos productos son
cosas que pueden diagnosticar su propio mantenimiento o adaptarse
a sus usuarios particulares, y por lo tanto tienden a ser
conectables, customizables, interactivos, aprendientes y anticipadores.
– Tendencia hacia la mass-customization: las empresas
tienden a verticalizar sus mercados a través de un
gran conocimiento de las necesidades de un segmento particular
y de cómo estos utilizan un producto estandarizado.
Estas
tendencias originan ciertas preguntas a las empresas que desean
permanecer y desarrollarse en un mercado semejante:
–
¿Qué necesidad de mercado sabemos satisfacer?
– ¿De qué está hecho el conocimiento
que nos da ventaja competitiva?
–
¿Quiénes son aquellos empleados que utilizan
la información de manera creativa e innovadora en función
de nuestro negocio?
–
¿Cómo transformamos el conocimiento nuevamente
en información?
–
¿Qué competencias son las que le permiten a
nuestros talentos generar nuevos conocimientos?
–
¿Cómo hacemos para que el resto de los empleados
de nuestra empresa puedan hacer lo mismo que nuestros talentos?
– ¿Cómo hacemos para salir del paradigma
que sostiene que la información es poder?
La
respuesta a estas preguntas resulta en un proceso de Gestión
del Conocimiento que incluye las variables tanto hard como
soft, y cuyos pasos esenciales son los siguientes:
1.
Definir el negocio en términos de conocimiento.
2.
Esclarecer cómo se compone el capital intelectual de
la empresa.
3.
Identificar aquellos empleados que producen los conocimientos
que dan ventaja competitiva a la empresa.
4.
Convertir el conocimiento generado por los empleados de desempeño
superior en información: clasificarla, distribuirla
y hacerla accesible.
5.
Identificar las competencias que permiten a los empleados
de desempeño superior utilizar la información
de manera inteligente.
6.
Impulsar un cambio cultural para que los talentos compartan
sus conocimientos.
1.
Definir el negocio en términos de conocimiento
Implementar
un proceso de gestión del conocimiento implica que
una empresa ha identificado el Capital Intelectual que posee
y lo ha incorporado a su core competencie. Esto supone que
la alta dirección ha caído en la cuenta de que
su ventaja competitiva está conformada no sólo
por las habituales variables relacionadas con calidad de producto,
calidad de servicio y satisfacción del cliente, sino
que ha re-definido su estrategia en términos del valor
agregado que la empresa aporta a su entorno de mercado. En
términos de gestión del conocimiento, ese valor
agregado está dado por la especificidad de la necesidad
de mercado que la empresa satisface, y es ese conocimiento
acerca de necesidad-satisfacción lo que representa
el conocimiento de una empresa, su know how o saber hacer
con esa necesidad, que la distingue de las empresas competidoras.
No
es posible siquiera pensar en una estructura organizacional
basada en el conocimiento sin antes tener un negocio basado
en el conocimiento(2). Si como sostiene Chandler(3), la estructura
sigue a la estrategia del negocio, cualquier intento de gestionar
la estructura organizacional de una empresa basada en el conocimiento,
requiere que antes se defina una estrategia de negocio basada
en el conocimiento.
Aunque
parezca una verdad de perogrullo, la única razón
por la que existe una organización es para cumplir
con su propósito fundamental: una clínica existe
para curar enfermos, una escuela existe para educar a la gente,
una empresa existe para satisfacer una necesidad del mercado,
ya sea de productos o servicios. La organización nunca
es un fin, sino un medio para llegar a él. La organización
debe seguir y nunca preceder al negocio, por lo tanto no es
posible que exista una organización basada en el conocimiento
si no existe antes un negocio basado en el conocimiento. Cualquier
directivo que trate de construir una organización basada
en el conocimiento antes de hacer foco en construir un negocio
basado en el conocimiento está poniendo el carro delante
del caballo. Implementar un proceso de gestión del
conocimiento sin tener en cuenta esto, sólo contribuirá
a burocratizar la estructura creando procesos y puestos que
no agregarán valor alguno al negocio.
La
tarea de definir un negocio basado en el conocimiento consiste
en identificar el negocio en términos de lo que la
empresa “conoce”, es decir, la manera en que utiliza
la información para actuar. La empresa puede saber
acerca de sus clientes, de un producto o de cierta tecnología.
El desafío que supone identificar ese saber consiste
en ir más allá de lo tangible y definir el negocio
en términos de su esencia. Por ejemplo, si usted es
el dueño de una cadena de fast-food, probablemente
pueda hacer más dinero “vendiendo” su conocimiento
acerca de cómo funciona un fast-food que vendiendo
comida. Cualquier estrategia competitiva debe basarse en aquello
que la empresa sabe y no en la calidad de sus productos y
servicios, pues estos tienden, tarde o temprano, a transformarse
en commodities.
2.
Esclarecer cómo se compone el capital intelectual de
la empresa
Según
la mayoría de los expertos, la Gestión del Conocimiento
es el conjunto de procesos y sistemas que permiten que el
Capital Intelectual de una organización aumente de
forma significativa mediante la gestión de todos los
activos intangibles que aportan valor a la organización.
El Capital Intelectual, según su precursor Thomas Stewart(4),
es la suma de todos los conocimientos de todos los empleados
de una empresa que le dan a ésta una ventaja competitiva.
Por lo tanto, los directivos necesitan identificar a quienes
producen este capital dentro de su empresa, motivarlos a compartirlo
y luego gestionarlo.
El
Capital Intelectual define el conjunto de aportaciones no
materiales que en la era de la información se entienden
como el principal activo de las empresas del tercer milenio.
Para comprender de manera sencilla este concepto, podemos
recurrir al viejo concepto de “fondo de comercio”:
cuando usted quiere vender un negocio, por ejemplo un almacén,
primero realiza un inventario de activos que contempla el
valor del local, instalaciones y mercadería, con lo
cual arriba a un valor determinado.
Sin
embargo, rápidamente cae en la cuenta de que ese valor
no es real: usted ha trabajado duro durante años atendiendo
bien a sus clientes, abriendo muy temprano y atendiéndolos
incluso a altas horas de la noche. También conoce a
sus clientes por su nombre y más de una vez les ha
entregado mercadería a cuenta. Su almacén goza
de una clientela fija que prefiere pagar la mercadería
un poco más cara que en el supermercado a cambio de
esa atención personalizada que usted les brinda.
Entonces,
al momento de ponerle un precio a su almacén pensará
que todo ello, aunque intangible y difícilmente cuantificable,
tiene un valor, de modo que cuando publique su aviso el precio
será muy distinto al que representan objetivamente
sus activos tangibles.
El
capital intelectual hace referencia a la combinación
de activos inmateriales que permiten funcionar a la empresa:
es conocimiento, información, propiedad intelectual
y experiencia, que puede utilizarse para crear valor. Es el
conjunto de activos intangibles que, pese a no estar reflejados
en los estados contables tradicionales, genera valor o tiene
potencial de generarlo en el futuro. Los conocimientos de
las personas clave de la empresa, la satisfacción de
los empleados, el know-how de la empresa, la satisfacción
de los clientes, etc., son activos que explican buena parte
de la valoración que el mercado concede a una organización
y que, sin embargo, no son recogidos en el valor contable
de la misma. El Capital Intelectual se compone de(5):
- Capital
Humano
- Capital
Estructural
- Capital
Relacional
El
capital humano se refiere al conocimiento explícito
o implícito, útil para la empresa, que poseen
las personas que trabajan en ella, así como su capacidad
para regenerarlo, es decir, su capacidad de aprender. El Capital
Humano es la base de la generación de los otros dos
tipos de Capital Intelectual. Una forma sencilla de distinguir
el Capital Humano es que la empresa no lo posee, no lo puede
comprar, sólo contratarlo durante un período
de tiempo.
El
capital estructural es el conocimiento que la organización
consigue formalizar, explicitar y sistematizar, y que en un
principio puede estar latente en las personas y equipos de
la empresa. Quedan incluidos todos aquellos conocimientos
estructurados de los que depende la eficacia y eficiencia
interna de la empresa: los sistemas de información
y comunicación, la tecnología disponible, los
procesos de trabajo, las patentes, los sistemas de gestión.
El Capital Estructural es propiedad de la empresa, queda en
la organización cuando las personas la abandonan. Un
sólido Capital Estructural facilita una mejora en el
flujo de conocimiento e implica una mejora en la eficacia
de la organización.
El
capital relacional se refiere al valor que tiene para una
empresa el conjunto de relaciones que mantiene con el exterior.
La calidad y sostenibilidad de la base de clientes de una
empresa y su potencialidad para generar nuevos clientes en
el futuro, son cuestiones clave para su éxito, como
también lo es el conocimiento que puede obtenerse de
la relación con otros agentes del entorno (alianzas,
proveedores, etc.).
3.
Identificar aquellos empleados que producen los conocimientos
que dan ventaja competitiva a la empresa
A
los generadores de Capital Intelectual se les conoce como
“talentos”. Los talentos son aquellas personas
que producen resultados sobresalientes, aquellos que se diferencian
del resto de las personas que ocupan su mismo rol dentro de
una organización. Cuando se trata de identificarlos,
las empresas suelen cometer un error habitual: considerar
que los talentos son quienes generan las grandes ideas que
adquieren renombre o aquellos que por una razón u otra
logran tener buena prensa en el mercado. Sin embargo, el talento
no necesariamente adquiere visibilidad fuera de la empresa.
A menudo, quizá la mayoría de las veces, el
talento está distribuido a lo largo de toda la estructura
organizacional en los diferentes puestos que la conforman.
Cuando
se les pregunta a los directivos de las empresas exitosas
cómo logran permanecer en este mercado hipercompetitivo
obteniendo buenos resultados de negocio, suelen responder
que tienen una organización flexible, visión
compartida, trabajo en equipo, y gran capacidad de innovación.
Sin embargo, si alguno de esos directivos tuviese que responder
dónde están esas cosas diría: están
en mi capacidad de transmitirle a la gente una visión,
en el Gerente Operativo que sabe interpretar mis ideas y ponerlas
en práctica, en la jefa de Recursos Humanos que sabe
cómo debemos motivar y recompensar a la gente, etc.
Las personas sobre las que se apoya el éxito de una
empresa son aquellos capaces de hacer, con la misma información
al alcance de todos, algo distinto: los talentos.
Habitualmente
se relaciona esta capacidad de innovación con ciertos
roles cliché como el liderazgo, el planeamiento estratégico
y el desarrollo de productos. Sin embargo una empresa que
sólo posee talentos en estas áreas, no necesariamente
será exitosa. Si así fuera, sólo necesitaríamos
contratar talentos para esos roles y el éxito estaría
garantizado. En la realidad, las empresas exitosas tienen
empleados talentosos distribuidos en todos los roles, desde
el senior management hasta los operarios de planta o las mesas
de ayuda. Identificar a esas personas, comprender qué
hacen y cómo lo hacen, genera cierta información
acerca del Capital Intelectual de la empresa que es posible
gestionar.
En
la práctica, la gestión del conocimiento es
una herramienta tal que si de una fuerza de ventas conformada
por veinte vendedores, tres realizan ventas por encima de
los objetivos, la gestión debe lograr que esos tres
“transfieran” su conocimiento al resto de sus
pares, de manera tal que el desempeño superior tienda
a estandarizarse.
Dado
que los talentos son quienes producen los resultados que la
empresa desea, la manera en que realizan su trabajo se denomina
best practices (mejores prácticas). Mientras que identificar
talentos es un trabajo relativamente sencillo, pues se trata
de construir indicadores de gestión que le permitan
a la empresa identificar quiénes producen los mejores
resultados en términos tales como cantidad de ventas,
mejora de procesos, satisfacción del cliente, trabajo
en equipo, etc., definir las mejores prácticas implica
un proceso más riguroso y complejo.
Las
mejores prácticas están hechas de aquellas conductas
que exhiben los talentos en el ejercicio de su trabajo, particularmente
las conductas que exhiben cuando tienen que afrontar las situaciones
críticas que les permiten alcanzar sus objetivos, o
lo que es lo mismo, cumplir con la misión de su puesto.
Supongamos
un Gerente de Proyectos para quien se ha definido la misión
de su puesto de la siguiente manera: “liderar la ejecución
de los proyectos con un alto nivel de calidad”. Para
lograr este objetivo, él debe administrar recursos
humanos, financieros y materiales, verificar la calidad de
los productos, planificar y organizar las acciones, documentar
el proceso, monitorear los avances, identificar contingencias
o desvíos y resolverlos, obtener feedback del cliente
para garantizar su satisfacción, etc. Como puede observarse,
cada una de estas situaciones no supone por sí misma
la misión del puesto. Sin embargo, es necesario cumplimentar
cada una de ellas si el Gerente de Proyectos quiere alcanzar
el resultado deseado.
Ahora
bien, no todas las situaciones descriptas resultan igualmente
“críticas”, es decir, no todas resultan
cruciales para alcanzar el resultado final. Por ejemplo, identificar
contingencias y resolverlas es fundamental en el proceso global
para liderar un proyecto de calidad, mientras que verificar
la calidad de los productos no es tan crítico para
el proceso global, ya que un error de producto representa
una contingencia anecdótica y previsible en cualquier
rubro.
A
su vez, en cada situación crítica, el Gerente
de Proyectos habrá de poner en juego diferentes conocimientos,
habilidades y actitudes, es decir, diferentes competencias
que le permiten desempeñarse del modo que lo hace en
cada una de esas situaciones críticas. En resumen,
identificar a quienes producen los conocimientos que dan ventaja
competitiva a la empresa es el proceso de identificar las
mejores prácticas, definirlas, estandarizarlas, e identificar
qué competencias son las que les permiten realizar
las conductas necesarias.
4.
Convertir el conocimiento generado por los empleados de desempeño
superior en información: clasificarla, distribuirla
y hacerla accesible
Este
paso es quizá el más sencillo y sobre el que
mayor información ha circulado hasta el momento acerca
de la gestión del conocimiento. Se trata de transformar
los conocimientos nuevamente en información. Una vez
identificadas las mejores prácticas, se trata de crear
reservorios de información sobre las mismas, esto es,
almacenarlas, clasificarlas, redactarlas de manera comprensible,
en lo posible representarlas a través de gráficos
o diagramas de flujo, y colocarlas en un sistema informático
basado en web que torne dicha información accesible
para cualquiera que la necesite en cualquier momento.

Históricamente
los sistemas de información han evolucionado y las
empresas de software han creado programas específicos
para la gestión del conocimiento. Básicamente
se trata de software de red que permite ingresar, clasificar
y distribuir gran cantidad de información acerca de
problemas, resolución de problemas, información
sobre clientes, mercados, proveedores, etc., que espontáneamente
no circulan a través de los canales de información
establecidos, o que sencillamente se encuentran geográficamente
dispersos.
Mientras
que los sistemas de procesamiento y distribución de
la información evolucionan hacia interfaces cada vez
más amigables e incluyen cada vez más procesos
lógicos para la toma de decisiones asistida y la resolución
de problemas, el punto fundamental en este paso del proceso
no son los sistemas (que representan entre un 15 y un 20%
de la gestión), sino comprender la esencia de lo que
llamamos conocimiento.
Los
representantes de la escuela japonesa dentro de la teoría
basada en el conocimiento(6) consideran que las organizaciones
deberían ser estudiadas, a través de los procesos
internos, desde el punto de vista de cómo éstas
crean conocimiento, más que de cómo éstos
son procesados. De hecho, dentro de las empresas sólo
los seres inteligentes, las personas, son capaces de crear
conocimiento.
Mientras
que los llamados sistemas inteligentes actuales, como los
de soporte para la toma de decisiones o DSS, siguen siendo
un apoyo logístico, y la idea de la inteligencia artificial
continúa siendo un debate epistemológico, la
idea de que las organizaciones crean conocimiento toma cada
vez más fuerza. Conceptos derivados de la sociología
del conocimiento fenomenológica y todos los derivados
organizacionales de la llamada memoria compartida e inteligencia
colectiva, intentan dar cuenta de cómo las personas
crean conocimiento en la interacción. Estas teorías
de diversos orígenes, así como otras que no
viene al caso citar, tienen como unidad de análisis
última a las personas individuales, lo que quiere decir
que en última instancia el único sistema de
procesamiento de información capaz de crear ideas nuevas
o innovadoras, es el cerebro humano.
En
la conocida progresión datos-información-conocimiento,
sólo los cerebros humanos son capaces de generar conocimiento.
Es necesario tener en claro que el conocimiento no es información,
sino el producto del procesamiento que de esa información
realiza el cerebro humano con el objetivo de actuar sobre
el mundo.
Si
redujéramos el conocimiento sólo a este procesamiento
inteligente de la información, perderíamos de
vista el aspecto más importante del mismo: el conocimiento
es la guía, el mapa que nos permite actuar sobre la
realidad desde una perspectiva determinada. En este sentido,
el conocimiento es tal sólo si se pone en acto, de
otro modo sólo podemos hablar de información.
El conocimiento es siempre capacidad para actuar: organizamos
y clasificamos datos (palabras, sonidos, imágenes,
sensaciones), de manera de transformar dichos datos en información,
luego los sometemos a reglas lógicas e ilógicas
para procesarlos de tal manera que generan una nueva información
que posee la característica de darnos poder para actuar,
y es esa capacidad para la acción lo que llamamos conocimiento.

Una
vez más, aunque existen metodologías para la
generación de ideas conjunta (por ej. brain storming)
o procesos de dinámica grupal para generar flexibilidad
intelectual (por ej. las técnicas de trabajo grupal
de De Bono), estas sólo pueden aspirar a desempeñar
el rol de “disparadores” para la transformación
de información en conocimiento, pero esto sólo
ocurre a nivel individual.
En
lo que respecta a la gestión del conocimiento, las
empresas no deberían invertir tiempo y esfuerzos en
lograr la generación del llamado conocimiento organizacional,
sino en lograr que los empleados compartan información
que naturalmente no compartirían: información
acerca de clientes, de un mercado en particular, una industria
vertical, ciertos productos, la competencia, etc., es decir,
en este punto será necesario impulsar y motivar a las
personas para que no sientan que su propio valor competitivo
y su empleabilidad en el mercado dejan de ser “su tesoro”.
5.
Identificar las competencias que permiten a los empleados
de desempeño superior utilizar la información
de manera inteligente
Ya
hemos dicho más arriba que las mejores prácticas
se sostienen en las competencias de los talentos. Identificar
dichas competencias supone la implementación de un
modelo de gestión por competencias en toda la empresa.
Dado que el objetivo último de toda gestión
por competencias consiste en estandarizar el nivel de adquisición
de las competencias que exhiben los empleados de desempeño
superior, enumeraremos los pasos de la misma en función
de cómo se aplica este modelo en el marco de la gestión
del conocimiento. Los pasos a seguir son los siguientes:
1.
Identificación de empleados de desempeño superior.
2.
Administración de entrevistas de eventos conductuales
(BEI) para identificar situaciones críticas de éxito
en el puesto.
3.
Codificación y Análisis Temático de las
entrevistas.
4.
Definición de competencias e indicadores conductuales
graduales que reflejen el grado de adquisición de las
mismas.
5.
Construcción de perfiles de puesto basados en competencias
y definición de grados de seniority.
6.
Evaluación del potencial en función del perfil
definido como estándar a través de Assessment
Center u otras técnicas situacionales.
7.
Determinación de los gaps de desempeño contra
estándares actuales y futuros en función de
los objetivos de negocio establecidos para cada puesto.
8.
Diseño de un plan de desarrollo que permita a los empleados
de desempeño promedio desarrollar sus competencias
a niveles superiores en el mediano plazo, y a los empleados
de desempeño superior desarrollar sus propias competencias
en función de los objetivos estratégicos de
largo plazo.
9.
Implementación de un sistema de performance management:
fijación de objetivos, delivery de los planes de desarrollo
y evaluación de desempeño.
La
implantación del sistema de gestión por competencias
es necesario para la posterior implantación de la gestión
del conocimiento. No se trata de un requisito entre otros,
sino que resulta imprescindible para cualquier abordaje no
reduccionista de esta herramienta.
6.
Impulsar un cambio cultural para que los talentos compartan
sus conocimientos
Este
es un punto interesante y de difícil resolución,
pues implica romper con el paradigma de que la información
es poder. ¿A cambio de qué un vendedor estrella
develará sus secretos, el conocimiento que él
mismo ha generado? Pues no se trata de compartir la información
disponible, para ello sólo es necesario desarrollar
los métodos de búsqueda de información
del resto de los empleados, sino que se trata de ese conocimiento
generado a partir de las propias competencias y que conforma
la escénica de la acción de cada persona.
Carla
O´Dell(7) relata cómo resolvió este dilema
Texas Instruments. Según relata la autora, los mercados
de semiconductores de Texas Instruments estaban en expansión.
Sin embargo la empresa no quería invertir en el montaje
de una nueva planta debido a la inestabilidad de dicha industria.
Como esos mercados cambian rápidamente, si la empresa
no puede producir cuando la demanda está candente,
el cliente se pierde.
Así
planteada la situación, el desafío de Texas
Instruments fue aprender a producir más y diferentes
tipos de semiconductores sin construir otra planta. Tom Engibous,
jefe de la división semiconductores, le dijo a sus
gerentes que debían alcanzar el rendimiento equivalente
al de otra planta de semiconductores con las instalaciones
existentes. “Algunos de ustedes son buenos en ciertas
cosas y otros en otras –les dijo–, y tengo la
información que lo demuestra; de manera que es necesario
que encuentren la manera de compartir esas mejores prácticas
rápidamente”.
Teniendo
en cuenta que compartir este tipo de conocimientos se opone
al paradigma de los gerentes, Tom Engibous cambió el
sistema de incentivos para sus gerentes: en vez de recibir
una compensación basada en el rendimiento de las plantas
que tenían a cargo, serían recompensados en
función del rendimiento colectivo de todas las plantas.
Así motivados, los gerentes conformaron equipos de
trabajo para estudiar los procesos clave en cada planta y
descubrieron la mejor manera de hacer una tarea: reunir la
información necesaria y llevarla a sus propias plantas.
Como
resultado de esta gestión, la empresa alcanzó
sus metas de rendimiento en seis meses, lo suficientemente
rápido para responder a los cambios del mercado, y
en tres meses menos que el requerido para construir una planta
nueva con un ahorro de mil quinientos millones de dólares.
Aunque
la experiencia de Texas Instruments es ilustradora e impresionante,
cabe preguntarse si una estrategia semejante es aplicable
a empleados de niveles jerárquicos más bajos,
o en empresas donde la remuneración no está
atada al desempeño. Más aún, toda estructura
organizacional que basa su productividad en los incentivos
es cortoplacista. Dado que la información viaja mucho
más rápidamente que la generación de
nuevos conocimientos, un incentivo monetario puede ser sentido
por quien comparte su conocimiento como algo así como
vender el alma, algo por lo que debería recibir o bien
una indemnización en vez de un premio, o un reconocimiento
de largo plazo.
El
rol de los Recursos Humanos en la Gestión del Conocimiento
¿Cuál
es el rol que le compete a los Recursos Humanos en la Gestión
del Conocimiento? Lo más probable es que los profesionales
del área rápidamente recurran a la lista de
pasos para la implementación y se digan, esto lo podemos
hacer nosotros, esto le corresponde a la línea, esto
a la dirección, esto al departamento de sistemas y
esto lo terciarizamos. Es decir, lo que hemos hecho siempre:
jugar el rol de expertos, staff o consultores internos.
Sin
embargo, un proceso de gestión tal, donde las personas
dejan de representar un recurso para convertirse en capital,
requiere de un cambio de paradigma, requiere romper con el
modelo mental de “yo sé, yo te advierto, y si
no me escuchas verás las consecuencias”. La implantación
de la Gestión del Conocimiento en las empresas implica
que las direcciones y gerencias de Recursos Humanos cambien
su estructura y su perfil.
En
la gestión del conocimiento ya no se trata de alinear
la propia área con la estrategia de la empresa, se
trata de que el área se involucre en la dirección
estratégica de la empresa. Lo cual no significa que
en adelante el management de Recursos Humanos forme parte
del comité directivo, algo que en nuestro país
(Argentina) viene sucediendo desde hace tiempo. Se trata de
que en el nivel que fuere, los profesionales de Recursos Humanos
dejen de ser quienes aportan la parte de gestión que
corresponde a la estructura organizacional y comiencen a aportar
su know how al negocio, o por lo menos, a aquella parte del
negocio que genera ganancias sobre la base de los conocimientos
de los empleados.
Notas:
(1) Ulrich, D.: Recursos Humanos Champion, 1997
(2) Davis, S: Becoming a knowledge-based business, 1999
(3) Chandler, A: Strategy and structure, 1962
(4) Stewart, T.: La nueva riqueza de las ortganizaciones:
el capital intelectual, 1997
(5) Intelect Model: Euroforum, 1998
(6) Nonaka, 1994; Hedlund y Nonaka, 1993; Hedlund, 1994; Nonaka
y Takeuchi, 1995, y otros como Garud y Nayyar, 1994; Kogut
y Zander, 1996; Kim y Kogut 1996
(7) O'Dell, C. : If Only We Knew What We Know: The Transfer
of Internal Knowledge and Best Practice, 1998
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