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Nota
del autor: Respetando el estilo con el que suelo
escribir mis artículos, en el contenido del siguiente
trabajo se hablará del autor en tercera persona aun
cuanto las reflexiones y propuestas aquí planteadas
son de mi autoría y del producto de mis investigaciones
en las ciencias administrativas.
Después
de varios años de interactuar con personal base, de
coordinación, supervisión y algunos niveles
de gerencia, es imposible ignorar uno de los secretos más
conocidos de la administración contemporánea:
poco más del 80 por ciento del personal considera estar
bajo la supervisión de un gerente inepto. O lo que
es peor, pareciera ser un requisito indispensable para gerenciar,
en ciertas y determinadas empresas, no saber absolutamente
nada del negocio, de administración y de aspectos elementales
del trato con el personal, para ocupar un cargo de tanta relevancia.
Se
debe entender por ineptitud la carencia de aptitud para una
cosa, la inhabilidad e incompetencia, e incluso la muestra
de necedad o incapacidad para un algo en particular.
Se
es un gerente inepto cuando se es incapaz de aceptar sus limitaciones
(pero puede saber que las tiene), de generar un ambiente grato
e inspirador en el escenario laboral y cuando, de manera consciente
o no, se induce a los subordinados a experimentar un sentimiento
de rechazo o desaprobación.
Con
esta expresión no se pretende ofender a nadie, se trata
de una realidad a la que cualquier persona se expone, pues
la falta de capacidad puede ser debidamente detectada y corregida
en la mayoría de los casos.
Resulta
muy difícil tratar este tema sin caer en la subjetividad.
De hecho sería contradictorio no hacerlo porque tales
afirmaciones provienen de la percepción del gerente
por parte de sus subordinados y, por supuesto, la percepción
no es objetiva.
Sentenciar
a un gerente de inepto depende de muchos factores, pero en
algunos casos tales afirmaciones parecieran tener sentido,
situaciones donde resulta evidente la ausencia de conocimientos
prácticos e incluso teóricos de personas que
poseen la responsabilidad de dirigir una unidad de negocios,
las cuales, con una habilidad asombrosa, hacen uso del manejo
de la operación que presenta el equipo que supervisan.
Son
situaciones claras y evidentes para quienes las viven y experimentan,
pero (de una manera incomprensible) no para el resto del personal
que labora en la empresa, y en especial para la alta gerencia.
Parece
suficiente preguntar a cualquier persona y observar que ocho
de cada diez tienen quejas de la manera en que son gerenciadas,
y la misma relación se repite al preguntarles si su
supervisor conoce lo suficiente del negocio o del trabajo
que ellos realizan. Claro, con relación a la segunda
opción, esta proporción no aplica en cadenas
de comida rápida ni en franquicias donde el requisito
fundamental es conocer suficientemente bien todo el proceso,
pero no pareciera haber la misma tendencia, en este tipo de
empresas, cuando se indaga sobre la primera opción.
No
es un secreto: los empleados se quejan en los momentos en
que sienten que el supervisor no puede escucharlos. Lo hacen
de manera clandestina en los baños, escaleras, comedores
o en cualquier espacio que les proporcione cierta seguridad
para expresar de manera abierta y sin censura lo que opinan
de su superior. Las quejas van desde simples contradicciones
hasta el efecto psicológico que genera saber que se
está siendo gerenciado por una persona que no posee
las competencias mínimas para hacerlo y que, en ciertas
ocasiones, están por debajo de sus supervisados.
Basado
en las expresiones de los empleados que experimentan este
tipo de situaciones (sin importar su nivel de reporte), donde
el gerente parece ser una clase de ejemplo ambulante de ineptitud,
carente de esa capacidad gerencial inspiradora y modeladora
propia de quienes deben ser líderes; se pueden listar
algunas de las razones por las cuales tales características
pasan inadvertidas ante la alta gerencia. Estas son:
- Se
les valora porque son personas con una relación longeva
en la empresa: el tiempo de permanencia en un mismo cargo
hace suponer que lo manejan y conocen a plenitud, y más
aún si la operación fluye sin errores importantes,
o los mismos no son del conocimiento de los superiores.
- No
se les evalúa con objetividad porque están
relacionados con el dueño o personas influyentes
de la empresa: son parientes, allegados o amigos de alguna
persona de peso en la organización, recomendados
y vendidos como “buenos profesionales”, o son
individuos a quienes se le deben favores o existe alguna
deuda “moral”, sentimental, política
o de cualquier otra índole que obliga a mantenerlos
en esos cargos. Usualmente ostentan algún tipo de
experiencia que supone la asimilación de las operaciones
por contraste.
- Se
les considera importante porque son personas con títulos
y reconocimientos de envergadura: poseen, en teoría,
todo lo que se requiere para manejar una operación
con éxito, sus logros académicos los anteceden
y por lo tanto se da por descontada la experiencia. A veces
esta situación tan sólo se presume, pues no
hay evidencia de la titulación.
- Se
pierde la oportunidad de cuestionarlos porque son individuos
con una importante habilidad de palabra: su increíble
capacidad para convencer a la audiencia en situaciones de
dudas o conflictos y el apropiado manejo de la información,
aun cuando ni ellos mismos la comprendan, hace suponer un
nivel de involucramiento propio de los gerentes aptos.
- Su
superior es tanto o más inepto que él: cuando
el desconocimiento de la operación, el negocio o
cualquier elemento práctico o teórico está
ausente en los niveles de reporte, es mucho más difícil
identificar la existencia de la ineptitud, pues no existen
fundamentos para oponerse a los planteamientos o acciones
que se presenten.
La
existencia de gerentes ineptos es una realidad, los hay por
doquier, y en la mayoría de los casos muestran las
mismas características. Algunas de ellas son:
- Confunden
la acción de gerenciar con la de gobernar: un gerente
capaz se involucra en la operación y busca la manera
de facilitar el proceso haciendo uso del trabajo en equipo,
en cambio el gerente inepto sólo exige soluciones
desde su despacho estableciendo tiempos y especificando
el contenido de los resultados sin tener la más mínima
idea de lo que pide.
- Siempre
se muestran ocupados y carentes de tiempo: un buen gerente
organiza y administra el tiempo, establece prioridades y
sabe que no todo es urgente. Comprende y valora las necesidades
de su equipo y está consciente de la curva del agotamiento
mental y físico del personal y de la propia. Para
un gerente inepto se requieren días de treinta y
seis horas, todo es urgente y “para ayer”, le
coloca a todos los procesos el mismo sentido de prioridad
y se justifica señalando que “así es
la empresa”, exige el triple de esfuerzo a su personal,
los obliga a trabajar sin reparar en el tiempo, pero cuando
tiene un compromiso fuera del ambiente laboral no duda en
retirarse.
- Se
muestran seguros ante su personal pero nerviosos ante sus
supervisores: un gerente apto conoce al detalle su operación
y es capaz de defender sus alegatos y posiciones con explicaciones
sólidas e irrefutables. En cambio, un gerente inepto
grita y vocifera ante sus subordinados, haciendo uso del
poder que le confiere la posición, pero duda, vacila
o calla ante el cuestionamiento que le realice cualquier
superior.
- No
delegan funciones, dependen de su gente: los buenos gerentes
conocen la operación. Por lo tanto, ante una situación
inesperada, son capaces de tomar las riendas de cualquier
parte del proceso para que éste no se detenga. Los
gerentes ineptos se dedican a justifican la ausencia de
buenos resultados en situaciones donde el personal que han
asignado para una tarea en particular no asiste a sus labores.
No sabe cómo mantener el flujo del proceso y depende
de su personal para que el mismo se mantenga.
- Sufren
del “Síndrome de Anát”: los buenos
gerentes se preocupan por buscar soluciones ingeniosas a
los problemas de su área, están abiertos a
escuchar a su personal y reconocen públicamente la
autoría de los aportes que estos hagan a su gestión.
Un gerente inepto vende las ideas que su personal le ha
sugerido como suyas. En algunos casos pide que le envíen
la propuesta o el desarrollo de un trabajo en formato electrónico
y, tras algunas pequeñas modificaciones, las presenta
a sus superiores como si fueran el resultado de su esfuerzo.
- Son
aduladores, serviles y exhibicionistas con sus jefes: un
gerente apto no necesita promocionarse dentro de la empresa:
la calidad de sus resultados y el buen ambiente que produce
su gestión son elementos suficientemente importantes
para ser valorado y considerado por quienes lo supervisan.
Pero en el caso de los gerentes ineptos no ocurre lo mismo:
siempre andan haciendo eco de lo que realizan, resaltando
sólo aquello que consideran valioso ante los ojos
de sus jefes, a quienes atienden y complacen de una manera
servil y poco ética, sin importar la imagen que se
forjen ante sus subordinados. Frente a sus superiores se
muestran incansables y dedicados, manifestando que si no
fuera por su “estilo gerencial” la operación
no sería un éxito, obviando por completo el
esfuerzo de su equipo de trabajo.
- Sufren
del “Síndrome de Cronos”: un gerente
capaz buscará la manera de hacer crecer a su gente,
en cambio un gerente inepto siempre estará en la
búsqueda de limitaciones para evitar que su personal
lo alcance.
- Para
ellos siempre hay una crisis: los buenos gerentes buscan
el equilibrio entre la empresa y su personal, saben que
sólo así se logran cosechar buenos frutos.
Los gerentes ineptos, de manera constante y repetitiva,
dicen a su personal que las cosas van de mal en peor y por
lo tanto han de aceptar las condiciones que él les
imponga en el ambiente laboral, pues de lo contrario estarían
arriesgando sus empleos. Para ellos siempre hay una crisis
que requiere de atención y cuidado, siendo ellos
los únicos capaces de sortearla.
- Es
necio y obstinado: Un gerente apto maneja el estrés
y la inteligencia emocional, escucha recomendaciones y promueve
la creatividad y la innovación, en tanto que un gerente
inepto constantemente se muestra estresado y malhumorado,
se empeña en que las cosas deben hacerse como él
lo dice y especifica el más mínimo de los
detalles, aun cuando lo que desea expresar no se vea reflejado
en sus demandas. Suele emplear expresiones tales como “trate
de no ser creativo”.
Cabe
destacar que lo expuesto anteriormente no se cumple en todos
los casos, existen gerentes ineptos cuya tipología
es única y particular, siendo casi imposible encuadrarlos
en características similares a las comentadas, pero
cuyo impacto en el personal genera la misma clasificación
de ineptitud.
Ahora
bien, y esto es quizás lo más importante, un
gerente puede ser inepto para algunas cosas pero mostrar una
habilidad única y extraordinaria para otras, pues de
lo contrario sería tan evidente su carencia de aptitudes
que no duraría el tiempo suficiente en la empresa para
poder clasificarlos. Los gerentes ineptos suelen ser muy hábiles
en la palabra, en el montaje de escenarios que los favorezcan,
en dar una buena impresión a las personas que los desconocen
o no son de su área e, incluso, en parecer verdaderas
lumbreras en el campo administrativo. Estudian y ordenan las
expectativas que sus superiores poseen de ellos y se las ingenian
para quedar bien frente a ellos, sin importar el costo en
el capital humano que ello genere. En la mayoría de
los casos conocen sus limitaciones, aunque no las acepten,
por lo que se valen de artilugios para alinearse con las personas
que pueden ofrecerles soluciones o ideas que posteriormente
mostrarán como el fruto de su experiencia y sus reflexiones.
¿Cómo afecta al personal la presencia de gerentes
ineptos? Puede decirse que de muchas formas, pero las principales
son las siguientes:
- Generan
sentimientos de frustración: cuando un empleado descubre
que su experiencia y su nivel académico están
por encina de su supervisor, no tarda en experimentar un
profundo sentimiento de frustración. Esto ocurre
debido a que el individuo se esfuerza en alcanzar títulos
universitarios y experiencia en diferentes campos pensando
que sólo así podrá crecer y ocupar
cargos de importancia en las empresas, por lo que le resulta
contradictorio un escenario donde él esté
mejor preparado que su jefe. No obstante puede ocurrir que
aun cuando el nivel académico los separe, sea la
actitud y el estilo evidente del gerente lo que genere frustración,
pues no se encuentra respuesta a la pregunta ¿cómo
pudo llegar ese inepto a esa posición?
- Reduce
la motivación: el individuo pierde la motivación
cuando el escenario donde se desenvuelve es contrario a
sus principios, valores y a los motivos que lo llevaron
a ocupar una posición en él. Un principio
básico es el que establece que las personas correctas
deben estar en los lugares correctos, y éste se contradice
cuando una persona que es incapaz de gerenciar posee esa
responsabilidad.
- Produce
pérdida del interés por el trabajo: es simple,
si una persona inepta es capaz de ocupar un cargo de envergadura
en la empresa, ¿para qué esforzarse?
No
obstante, y como se ha comentado en trabajos anteriores, la
presencia de gerentes ineptos puede ser de utilidad de acuerdo
al tipo de persona que lo experimente. Esto se puede observar
desde dos ángulos:
- Personas
con orgullo implosivo: se dejarán consumir por los
sentimientos de frustración, desmotivación
y desinterés, dejando a un lado sus expectativas
y sueños para aceptar sin reparos ser gerenciados
por personas que carecen de la capacidad elemental para
hacerlo. Se limitarán a expresar sus angustias, desacuerdos
y opiniones en lugares seguros donde tales comentarios no
lleguen a oídos de sus jefes para así garantizar
su permanencia en el trabajo.
- Personas
con orgullo explosivo: fortalecerán sus metas y objetivos
para alcanzar sus sueños, lucharán por no
dejarse arrastrar por sentimientos adversos que le impidan
avanzar en su desarrollo, observarán la situación
que experimentan como pasajera y se esforzarán por
destacar y demostrar el manejo óptimo de la operación.
Si no pueden hacerlo en el mismo escenario procurarán
su participación en otro.
Quienes
tienen la responsabilidad de dirigir una empresa deben mantener
la objetividad al hacerlo y procurar la selección de
personal realmente capacitado para ocupar cargos gerenciales.
En algunos casos puede que funcione por algún tiempo
la tenencia de gerentes ineptos al frente de una operación,
pero tarde o temprano ello traerá consecuencias negativas
a la organización, que pueden poner en riesgo su operatividad.
Es
un hecho cierto que un buen número de empleados no
renuncian a la empresa sino al gerente de su unidad, lo que
debe ser un punto de reflexión para todo aquel que
posee personal a su cargo y que sabe, de alguna manera, que
no está en condiciones de gerenciarlo.
Lo
anterior es una de las causas por las que hay fugas de cerebros
y buenos empleados en las empresas, personas que deciden retirarse
de organizaciones sólidas y prometedoras debido a la
existencia de un gerente inepto al frente del área
donde laboraban.
A
veces lo que parece obvio puede ser simplemente una ilusión
o la consecuencia de la acción de un paradigma que
impide ver la realidad, por lo que se aconseja estar atento
al estilo gerencial del personal que se posee en esos niveles
y prestar atención al ambiente y a los índices
de rotación de esas áreas, pues una empresa
puede estar perdiendo talento humano por causa del ejercicio
de un gerente inepto. |
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