Imagínese
como un Gerente de Recursos Humanos de una gran empresa latinoamericana.
Es interrumpido por uno de sus reclutadores, quien le deja
la siguiente ficha de evaluación de un candidato sobre
su mesa:
Nombre:
Moisés
Edad:
Bastante avanzada
Origen:
Huérfano (no conoció a los padres, quienes lo
abandonaron en un cesto junto a un río). Fue criado
por una familia rica ligada a los faraones. Algunas diferencias
conceptuales lo obligaron a volver a sus orígenes y
quedarse sin patrimonio.
Estudios:
Parece haber tenido algún tipo de educación
formal, porque demuestra bastante seguridad en sí mismo.
MBA:
Ninguno
Cursos
de Liderazgo: No tiene cursos de ese tipo ni demuestra conocer
el significado de la palabra.
Experiencia
laboral: Ha circulado por el mercado y registra poca estabilidad.
Internet:
No usa computadoras, asegura que su fortaleza está
en el relacionamiento personal, cara a cara.
Apariencia:
Descuidada, usa barba larga y sucia.
Si
usted fuese un profesional de Recursos Humanos tradicional,
lo máximo que Moisés conseguiría en su
corporación sería el cargo de ascensorista o
portero, siempre y cuando se afeitara, usara corbata, celular,
pasara los cartesianos exámenes psicológicos
y prometiera darse un baño todos los días.
A
pesar de todo ello la ficha de evaluación de su reclutador
no consideró lo siguiente:
- Moisés
negoció con el Faraón la libertad de los israelitas,
600.000 hombres, además de mujeres y niños,
de la esclavitud de Egipto.
- Condujo
y alimentó a esas personas en el desierto por nada
menos que 40 años, capacitándolos para vencer
batallas.
- Delegó
autoridad y poder para los jefes de las tribus.
- Contribuyó
enormemente a la divulgación del nombre y de las
doctrinas de un Dios que, con el pasar de los años,
se transformaría en líder de un mercado de
fieles.
- Preparó
a su sucesor, Josué, para continuar su trabajo de
construcción de la nación de Israel.
Sabiendo
de eso, y no siendo un Gerente de Recursos Humanos tradicional,
usted difícilmente tendría dudas de estar frente
a un profesional apto para ser un ejecutivo de su Compañía.
Este
caso trata de mostrar que el radar de las empresas puede fallar
al momento de rastrear talentos en el mercado, entendiéndose
como tales, la capacidad de poner en práctica, con
mayor o menor facilidad, ciertas competencias en la realización
de una determinada actividad, con resultados mensurables dentro
de la empresa.
Usted
podrá decirme que este no es un buen ejemplo, ya que
Moisés tuvo la inspiración de Dios. Pero debe
admitir que Moisés hizo todo aquello con el sudor de
su frente, sin cualquier apoyo divino.
En
suma, decenas de siglos antes del advenimiento de Peter Drucker,
Tom Peters y del Balanced Scorecard, Moisés consiguió
ser el mayor administrador y estratega de marketing de la
historia.
Claro
que Moisés no sabía navegar en la web y mucho
menos hablar inglés fluidamente.
Pero
¿qué ejecutivo digital o gurú de gestión
sabría negociar con el Faraón la libertad de
la fuerza esclava que era la base de la economía egipcia?,
¿o conducir a pie, sin Jet ni coffee breaks, a un pueblo
hambriento por el desierto?
Aquí
está el punto: Moisés tenía lo esencial,
tenía sustancia, tenía talentos. Cosa que la
mayoría de las empresas no consiguen ver ya que enfocan
su búsqueda en el dominio de las llamadas “competencias”,
en alguien que reproduzca la imagen que la empresa ve al mirarse
al espejo.
En
el nuevo escenario del siglo XXI sólo se consolidarán
las empresas que cambien sus procedimientos y su ángulo
de visión, y ese cambio comienza por los Recursos Humanos.
En
la práctica, la mayoría de los Departamentos
de Recursos Humanos operan así: hay un marco rígido,
llamado “perfil deseado”, y sólo entra
en la empresa quien pasa por aquél, generando gente
que piense igual, que no genere cambios.
Sólo
que, con la globalización y la digitalización
de la economía, las relaciones serán cada día
más uno a uno, o sea, cada individuo tendrá
que ser considerado, analizado e incentivado como un ser único.
Un
batallón de clones de gel y corbata, pensando de la
misma forma, ya no ofrece garantía de utilidades. Especialmente
cuando esa política deja afuera a un Moisés.
Esto
hace necesario revisar las políticas de Recursos Humanos
y preparar mejor a los reclutadores para tratar de hallar
la esencia de un profesional que puede desarrollar sus talentos
independientemente de las herramientas que la empresa le provea. |