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En
el particular mundillo de la motivación de los empleados
aparecen dos figuras cuyas funciones muchas veces se solapan,
y otras directamente se enfrentan. Estoy hablando de los mandos
intermedios, ubicados jerárquicamente por encima del
personal a motivar, y los departamentos de RR.HH., ubicados
generalmente en un despacho en esas torres de cristal tan
alejadas emocionalmente del día a día del empleado.
A
bote pronto, lo sensato es pensar que quien tiene más
capacidad de influir y motivar al empleado es la persona que
trabaja directamente con él, esto es, el mando intermedio.
El problema más frecuente que nos encontramos es que
este superior no suele tener profundos conocimientos en la
gestión de las emociones y las personas, precisamente
porque su llegada al puesto se debe casi siempre al buen hacer
técnico y a los buenos resultados en su anterior posición,
pero carece de la formación y las competencias adecuadas
para motivar eficientemente a sus subordinados.
Por
otro lado, en los departamentos de RR.HH. sí que hay
personal con alta formación y cualificación,
conocedora de cientos de teorías motivacionales y bien
preparada para ello desde el punto de vista técnico.
Su problema es que viven en esas cajas de cristal y tienen
pánico atroz a salir de ellas y compartir el día
a día con los empleados. ¿Conocen ustedes a
muchas personas de RR.HH. que salgan rutinariamente a trabajar
con el personal de “abajo”? ¿Verdad que
no? Y entonces, ¿cómo es que conocen sus problemas,
sus inquietudes, sus ambiciones?
Algunas
empresas, conscientes de ambos problemas, deciden que los
responsables de RR.HH. dictarán políticas generales
de gestión del personal (política de coches,
de riesgos laborales, de incentivos) mientras que los mandos
intermedios trabajarán la motivación individual
con cada uno de sus subordinados, particularizando las medidas
en función de la valía que muestre cada empleado.
En principio parece una solución razonable, aunque
sigue sin resolverse el problema de la falta de formación
del mando intermedio para llevar a cabo esta tarea.
Sigamos
hilando ideas. Las empresas están descubriendo que
las fórmulas actuales de dirección basadas en
“yo tengo autoridad, por lo tanto digo lo que hay que
hacer y controlo que lo hagas”, no son demasiado motivantes,
sobre todo cuando tropiezan con personas bien cualificadas
y formadas que tienen sus propios criterios de actuación
y a los cuales, con ese método, se les inhibe toda
posibilidad de desarrollar el talento. Ese modelo de “jefe”
está totalmente desfasado, y por ello están
tratando de mudar la figura hacia el “líder”.
Cada
vez existen más cursos de liderazgo y cada vez son
más las empresas interesadas en mandar a sus directivos
a las aulas. La semana que viene tendré que impartir
uno titulado “Dirección y liderazgo”, y
tengo bastante clara la línea pedagógica a seguir:
dedicaré una jornada completa (5 horas), o dos si hace
falta, a explicar la diferencia conceptual, psicológica
y metodológica entre un jefe y un líder. Una
vez que los asistentes tengan claro cómo piensa y cómo
actúa un líder, tendrá sentido dar docencia
sobre “dirección”, a sabiendas de que solamente
así todas las enseñanzas que adquieran serán
vistas desde ese prisma de líder, no de jefe.
Bien,
a pesar de que creo a ciegas en este planteamiento pedagógico,
sigo teniendo dudas sobre la aplicabilidad del aprendizaje,
no tanto por si los conceptos tienen vigencia o no (que estoy
totalmente seguro que sí) sino porque hará falta
que los departamentos de RR.HH. se alineen con esta nueva
manera de dirigir. Es aquí donde me entran las dudas.
Veamos
un ejemplo: desde el prisma de un líder, el concepto
de motivación está obsoleto (nadie está
humanamente capacitado para motivar constantemente a otros)
y lo que se requiere es enseñar a la gente a automotivarse.
La automotivación tiene una parte muy importante en
la adecuación del puesto de trabajo, que debe ser placentero
para el desempeño, evitando que para un empleado sea
un “castigo” tener que ir a trabajar. ¿Estarán
los departamentos de RR.HH. por la tarea de alinearse con
los planteamientos del “líder” de equipo?
O pensarán: “ya vienen los jefecillos con el
cerebro lavado del curso a querer cambiarnos las cosas”.
Otro
ejemplo: el trabajo individualizado del líder, en su
afán por desarrollar personas, obligará a proponer
planes de carrera para aquellos empleados con ambición
y buenas competencias (personal “valioso”, en
una palabra), para lo cual se necesitará nuevamente
la complicidad del departamento de RR.HH. ¿Estará
este último por la tarea, o dará preferencia
a personal externo para cubrir vacantes?
Mi
mensaje pretende que las empresas reflexionen sobre la importancia
que tiene que todos los departamentos “vistan la misma
camiseta” a la hora de motivar. No puede ser que unos
se solapen con otros, o que se enfrenten, o que dejen lagunas
sin cubrir, o que tengan puntos de vista contrapuestos y divergentes.
Me temo que existe un mal engranaje de piezas en muchas de
las compañías, y mientras no detecten el problema
y manden al “mecánico” a hacer los ajustes
pertinentes, el asunto de la motivación seguirá
siendo un tema de difícil solución. |
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