A
veces tengo la sensación de “dejà vu”,
que me repito, que nos repetimos y que no se ha avanzado nada,
o muy poco. Recientemente Bill Taylor en la HBR nos recordaba
el ya casi “mítico” número de Fast
Company de hace cinco años: “¿Por qué
odiamos a RR.HH.?”, donde se comentaba la frustración
que sienten los propios directivos de RR.HH. por la falta
de liderazgo de su función y cómo esta situación
persiste. Y claro, porque esto no la hace siempre un área
popular y creible.
En
el quinto aniversario de la publicación de aquel análisis
que dio mucho que hablar, surge otra vez la pregunta de por
qué razón los CEO que en las cenas de Navidad
con voz grave y solemne nos recuerdan aquello de que las personas
son lo más importantes de las organizaciones, y después,
diríase que por arte de magia, este mensaje desaparece.
De por qué muchos tienen la extraña sensación
de que las organizaciones se dedican a difundir mentiras organizativas
compartidas sobre la gestión de personas “políticamente
correctas”.
En
el artículo de Fast Company se hablaba, además
de la falta de liderazgo de la función, de la fustración
que provocaba que las organizaciones no gestionasen bien el
talento organizativo.
El
elemento clave: líderes, “los tapados”
y otros “clásicos de la gestión del talento”
El
tema clave de la gestión de RR.HH., y que provoca más
fustraciones, es la gestión de talento, que traducido
a un lenguaje conocido por todos significa:
- ¿Por
qué suben los más incompetentes (a veces)?
- ¿Por
qué los que más aportan no son tan valorados
como los “más alineados”?
- ¿Por
qué hay tanto talento oculto?
- ¿Por
qué desaprovechamos el enorme talento de muchas personas?
- ¿Por
qué permitimos que áreas organizativas enteras
vivan “con enorme sufrimiento” y despilfarro
porque los jefes no son auténticos líderes?
Lo
cierto es que todos sabemos que si hacemos tres promociones,
y una es inadecuada, sólo se hablará de la inadecuada,
no se hablará de las otras dos. Y es que la exigencia
en estos temas por parte de todos es elevadísima, ya
que la “injusticia interna”, que tiene una enorme
subjetividad, genera un extraordinario mal clima, y especialmente
si esta injusticia se produce en la elección de posiciones
elevadas, de personas que deben ejercer su liderazgo sobre
otras.
Todos
lo sabemos: no hay peor desatre para una organización,
ni que genere más infelicidad e impacto financiero,
que escoger a un líder que no sea adecuado para un
área organizativa. El funcionamiento de los equipos,
la colaboración, la cultura de la empresa, la satisfacción
de los empleados, los resultados... todo depende de esta decisión.
Efectivamente, es el aspecto clave de la gestión del
talento.
Lo
cierto es que cada vez pedimos a los “jefes” más
características, competencias que algunos consideran
sobrehumanas, una exigencia para algunos desproporcionada...
pero desgraciamente estamos en un mundo con nuevas claves,
pero donde la calidad directiva es la clave de la supervivencia
empresarial.
Tres
sencillos pasos para gestionar el telento
Solo
son necesarios tres sencillas pautas: destapar el talento
oculto, desarrollarlo y promocionarlo.
1.
Destapar e inventariar el talento: lo primero que
debemos hacer es “inventariar” nuestro talento.
Para ello, el input de los directivos es esto, “un
input”, no podemos dejar en manos de una sóla
persona o de dos, quizás con un conocimiento bajo de
otras áreas organizativas, esta decisión. Además
de que suele haber una elevada “implicación emocional”
en este tipo de decisiones que debemos intentar filtrar.
Establecer
dónde esta el talento, entendido de forma diversa (el
talento no es sólo ser un buen jefe, puede ser ser
un excelente técnico), y asegurarnos de que “no
hay talento tapado”, exige tecnologías de evaluación
sofisticadas, pero obligatorias: Management audit, Assesments,
360º, Development Center...
2.
Desarrollar el talento de los potenciales: exigimos
demasiado a nuestros directivos y jefes de proyecto, les pedimos
cada vez más, pero no les “educamos” en
cómo hacerlo y en cómo puede gestionar la dificultad
que exige tener esas competencias. En la universidad no lo
enseñan, ni te lo suele enseñar tu jefe, nadie
te dice cómo se pueden obtener hábitos enormemente
complejos que, por otra parte, se consideran obligatorios.
Acompañemos
a las personas que tienen potencial y no dejemos que sean
exclusivamente sus errores y su experiencia la única
fuente de aprendizaje. Aseguremos que aquellos que hemos considerado
potenciales realmente lo son. Mentoring, programas de desarrollo
interno o externo, etc.
3.
Promocionar y acompañar a los mejores: el
acto menos espóntaneo de una organización, el
más planificado, debería ser gestionar a los
directivos. Jack Welch, alguien que se ha considerado el paradigma
de líder, el CEO de General Electric, decía
que dedicaba 30% de su tiempo al desarrollo de otros directivos,
y recomendaba hacer lo mismo. Reconozco que cuando he dicho
esto en algún taller de liderazgo provocó risas.
Pero
no podemos elevar extraordinariamente la exigencia a los directivos
y pedirles que “inspiren”, que “creen sueños”,
a la vez que consigan “cada día mejores resultados”,
que “desarrollen nuevos líderes” y otras
cosas casi imposibles, y esperar que hayan nacido así.
Sin darles soporte ni desarrollo. Suena rídiculo, y
esto sí que provoca risa (al menos a mí).
Sería
injusto decir que no se ha avanzado nada, aunque para la mayoría
aparentemente no se ha avanzado. Para muchos, estos “aparentemente”
tres sencillos pasos serán enormemente complejos de
llevar a cabo en sus organizaciones y probablemente tienen
razón...
Bueno,
de aquí a cinco años volveré a escribir
otro artículo diciendo lo mismo que ya decimos desde
hace más de una década, y recordaré por
qué RR.HH. defrauda las expectativas de la personas
en las organizaciones.
Recordaré
por qué esta área genera tantas fustraciones.
especialmente, y desgraciadamente entre sus propios directivos.
Recordaré que algunos “aparentemente sencillos
pasos” podían evitar buena parte de esta situación.
Recordaré por qué en las organizaciones muchos
piensan que los discursos humanistas sobre gestión
de personas de los altos directivos son sólo eso, discursos,
y por qué suena a otras mentiras de RR.HH. ¿Alguna
idea de cómo cambiar la situación?
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