“Por
irónico que parezca, de la misma forma que el miedo
hace que suceda lo que uno teme, una intención obligada
hace imposible lo que uno desea a la fuerza.”
Víktor Frankl
Frankl
llama a esto “Intención Paradójica”.
Nuestras buenas intenciones se convierten, en realidad, en
la causa de nuestro fracaso. Cuando se persigue un resultado
específico tan fervientemente que se dejan de lado
las relaciones que son parte integral del proceso, estamos
plantando la semilla del fracaso. Trabajamos en contra de
nuestro propio éxito.
Existen
conceptos y comportamientos que son esa parte esencial del
proceso de gestión de empresas familiares. Si se trabaja
teniendo en cuenta estos principios y ajustándose a
estos comportamientos, tratando de convertirlos en hábitos,
el éxito de la gestión se da, de manera casi
natural, como consecuencia. Estos conceptos son:
Armonía
+ Rentabilidad
El
parámetro de éxito de las empresas familiares
consiste en alcanzar simultáneamente “rentabilidad”
y “armonía familiar”. Y esta es la dificultad
extra que conlleva el liderar una empresa de estas características.
En una empresa no familiar se prioriza la rentabilidad como
objetivo final. Así, concentrándose únicamente
en la eficiencia del proceso, podemos obtenerla como consecuencia
natural.
El
liderar una empresa familiar agrega un componente adicional:
el mantener la armonía familiar. Y esto exige un estilo
de liderazgo que debe estar continuamente atento a todas las
posibles fuentes de conflicto, y a actuar anticipándose
a las crisis.
Visión
compartida
En
las empresas familiares la estrategia estará fuertemente
influida por la filosofía, los valores y las metas
de la familia propietaria. Debemos estudiar cómo hacer
para que éstos no se constituyan en un obstáculo,
y sus empresas perduren a través de sucesivas generaciones.
Es
obvio que si la cultura familiar no está alineada con
las necesidades de la empresa, no es posible la existencia
conjunta de ambas.
La
ausencia de un objetivo en común es una de las principales
fuentes de desavenencias, ya que cada integrante de la familia
tiene su propia empresa como meta y, a diferencia de los empleados
no familiares que se someten a cumplir con lo que les dicen,
el miembro de la familia cree que está defendiendo
un objetivo superior, el de su propia concepción de
futuro, y se rebela contra todas las decisiones que tomen
los demás.
El
definir una visión y consensuarla con todos los integrantes
de la familia es un elemento esencial para disminuir las posibles
diferencias, y esto, además, cambia el foco de la fuente
del poder.
“Esto
lo debemos hacer así, no por que yo lo digo sino porque,
de otro modo, no alcanzaremos el objetivo que dijimos que
queremos alcanzar”.
El
primer acto que se debe ejecutar al comenzar a liderar una
organización, sobre todo si es familiar, es definir
una visión. Este proceso debe ser desarrollado en conjunto
con todos los que dirigen la empresa, familiares o no. El
líder debe estar continuamente verificando que todos
los integrantes comprendieron y comparten esa visión
y transmitirla a todos los que ingresen a la organización.
Formalidad
Dice
John Davis: “La formalidad es la mejor amiga de la empresa
familiar”. El líder debe velar para que los integrantes
de la empresa cuiden la formalidad en todos los comportamientos
y procesos que comprenden al gobierno de la empresa.
Se
deben respetar las reuniones de los órganos de gobierno
(consejo de familia, junta de accionistas y directorio), para
poder mantener el equilibrio necesario entre los tres sub-sistemas
que componen el sistema: empresa familiar, familia, propiedad
y empresa.
Este
respeto debe mantenerse tanto con la forma como con el contenido
de las reuniones, horarios, temarios y, sobre todo, el trato
entre los integrantes de la reunión.
“La
mayoría de los empresarios PyME piensa que las empresas
grandes llevan a cabo determinados comportamiento porque son
grandes, y es todo lo contrario, son grandes por comportarse
de esa manera”.
La
formalidad no sólo ayuda al mantenimiento de la organización,
sino que contribuye al crecimiento y desarrollo de la misma.
Jugar
roles
La
gestión exitosa de la empresa familiar consiste en
un juego constante de rol playing, o, como decíamos
en la infancia, el juego de “dale que…”.
El nombre de este juego sería “dale que ahora
somos accionistas”, y luego “dale que ahora somos
gerentes”, y, por fin, “dale que somos familia”.
Se trata de interpretar, en distintos momentos, distintos
personajes, y cada uno de estos personajes tiene intereses
distintos.
El
integrante de la familia debe priorizar la
armonía del grupo y la contención sentimental
de todos los integrantes.
El
accionista debe exigir que la inversión
que realizó en la organización genere rentabilidad.
El
gerente es el responsable de gestionar la
empresa para obtener la rentabilidad que el accionista espera.
El
jugar cada papel es similar a la propuesta de Del Bono en
“Seis sombreros para pensar”, hay que colocarse
el sombrero correspondiente en cada ocasión.
Quizás
sirva de ejemplo una caricatura que publicó la Fundación
Nexia (www.laempresafamiliar.com).
En ella, el Director, con un sombrero que tenía escrito
“Gerente”, le decía a su hijo: “Hijo
mío, no has alcanzado los resultados esperados y tu
trabajo le ocasionó a la empresa una pérdida
considerable. Estás despedido”. El mismo Director
cambia su sombrero por otro que dice “Padre”,
y le dice: “Hijo mío, supe que te han despedido
del empleo, ¿qué puedo hacer por tí?”.
Cuando
se juega un papel se deben dejar de lado las visiones y sentimientos
de los otros roles. Siempre existen grises entre los distintos
roles en el momento de tomar la decisión, y esto es
lo correcto, ya que el parámetro de éxito es
Rentabilidad + Armonía, pero en el análisis
de situaciones y posibles soluciones no deben existir esas
ambigüedades.
Si
todos entienden este juego y participan de él sin trampas,
la convivencia y la dirección se tornan mucho menos
conflictivas.
Pasar
la posta
Algunos
consultores sostienen que, debido a que los empresarios no
quieren ni escuchar sobre el tema, no se debe hablar mucho
de la sucesión. Tiene que ser todo lo contrario, el
empresario debe, entendiendo que su retiro es ineludible,
liderar el proceso de sucesión desde el comienzo de
su gestión. Cuando los hijos todavía son pequeños,
debe ir desarrollando en ellos el vínculo con la empresa,
preparar a su sucesor o sucesores, definir quién es
el más apto o quién se entusiasma más
con la posibilidad de asumir esa responsabilidad, cómo
se preparan, qué vínculo generará con
lo empleados, entusiasmarlo con la Visión, para que
la mantenga y la pase a su vez a sus propios sucesores.
Al
conseguir liderar su propia sucesión, el empresario
crea un legado y transfiere un sueño y no simplemente
un negocio.
Un
CEO de empresa no familiar se mantiene en el puesto entre
cinco y ocho años en promedio. En la empresa familiar
el promedio asciende a treinta años. El primer lapso
puede parecer corto pero, seguro, el segundo es demasiado
largo.
La
empresa y el mundo evolucionan, y las necesidades cambian
y las capacidades necesarias para liderar también.
A determinadas edades esos cambios son muy difíciles,
por lo cual, estirar el plazo de sucesión puede ser
mortal para la empresa. El empresario debe fijar una fecha
límite y, llegada ésta, retirarse. Si comprende
la importancia de este proceso, puede programarlo, entenderlo
y llevarlo a cabo con mucha menos angustia.
Cada
una de las decisiones y acciones que lleven a cabo quienes
gestionan una empresa familiar deben estar regidas por estos
conceptos-principios:
Rentabilidad
+ Armonía
Visión compartida
Formalidad
Jugar roles
Pasar la posta
La
sugerencia es: impriman estos conceptos-principios con letra
grande en una hoja y manténganlos a la vista, sobre
el escritorio, en la pared o, si les da pudor, en aquel cajón
que más usan. Y pregúntense cada día:
¿todas mis decisiones de hoy tuvieron en cuenta el
equilibrio entre la gestión eficiente y la armonía
familiar? ¿Estamos todos compartiendo la misma visión
de la empresa? ¿Hay alguien que no entiende qué
queremos? ¿Fuimos formales en las reuniones y en los
contactos entre nosotros? ¿Estamos jugando correctamente
el juego de roles? ¿No mezclamos los intereses de cada
uno de ellos en el análisis de las situaciones? ¿Tuvimos
en cuenta el primer concepto (rentabilidad, armonía)
al tomar la decisión? ¿Entiendo la necesidad
de preparar mi sucesión? ¿Estoy haciendo lo
necesario para estar preparado cuando llegue ese momento?
El
liderazgo de una empresa familiar tiene una exigencia mucho
mayor que el de otro tipo de organizaciones, donde muchos
conceptos y comportamientos están definidos por la
misma concepción de ella. En la empresa familiar los
vínculos, si bien por un lado son aglutinantes, por
otro conspiran contra las formas necesarias para la gestión
exitosa. Entran en juego intereses, la mayoría de las
veces contrarios entre sí, la eficiencia y la armonía
familiar, la formalidad y la familiaridad, el sentirse eterno
y el entender la necesidad de cambio.
“Todo
lo bueno que tiene la empresa es producto de nuestros comportamientos,
todo lo malo también”. |