He
dedicado los varios años de mi profesión a exigirles
e impartirles capacitación a los mandos medios. Ha
llegado la hora de defenderlos...
Contrate
a un buen dibujante y a la hora de iniciar su gestión
siéntelo, ajústele bien las manos de manera
que no pueda utilizarlas y coloque un lápiz entre los
dedos de sus pies. Notará que no dibuja correctamente
o, por lo menos, no cubre sus expectativas. Y se preguntará
por qué erró en la decisión de contratarlo,
si él sabe dibujar.
Este
absurdo relato es frecuente en las empresas que contratan
a un gerente y no toman en cuenta que el mismo necesita un
universo propio en el cual moverse para poder accionar en
función de resultados. Entendamos como “buen
gerente” a un líder cuyas propiedades básicas
pueden ser:
-
Autonomía
- Determinación
- Sencillez
- Creatividad
- Profesionalismo
- Empowerment
- Desarrollo
de equipos
- Habilidades
comunicacionales
- Habilidades
motivacionales
- Disciplina
personal
- Tolerancia
- Coaching
- etc.
Los
catalizadores del management pueden enumerarse así:
1.
Dar espacio para tomar decisiones: un gerente aprende
permanentemente. Necesita experimentar para aprender, necesita
realizar cambios para desarrollar su espíritu creativo,
y debe tener una dosis de poder de decisión importante
para ejercer el liderazgo.
Existen cargos gerenciales ocupados por gerentes “títere”,
que sólo parecen haber sido puestos allí para
dar noticias, bajar línea y hacer cumplir los mandatos
superiores. Pero no pueden liderar. Eso es, en el mejor de
los casos, un comunicador –que, además, requiere
de habilidades particulares para llevar a cabo esa tarea–
, pero no un líder.
Luego
se le exige que su gente esté óptima, motivada,
entusiasmada, alineada... pero para llevar a cabo esa tarea
se requiere el uso de decenas de recursos que son utilizables
en un marco flexible de acción.
Por
ejemplo, un gerente decide implementar una administración
del recurso humano por objetivos (no por tiempo, como se hace
habitualmente, es decir: pago horas de trabajo, no calidad
de trabajo), y se compromete a premiar a un conducido diciéndole
que si el jueves supera sus objetivos aprovechando al máximo
sus tiempos, le dará el viernes libre para que pueda
ir a buscar a la escuela a sus hijos que, por lo que sabe,
sería importante para su colaborador.
Y
la empresa arremete: “En esta empresa no pagamos un
sueldo para darle vacaciones a la gente”. Lógicamente,
un líder que llega a esta decisión sabe bien
que lo que logrará finalmente es, en el presente caso:
a) demostrar que es mejor sacarle provecho al tiempo; b) que
se premia la efectividad (los resultados) y no el ocio con
puntualidad y presentismo; c) que él es un líder
lo suficientemente creativo como para sorprender a su gente
cuando lo decide; d) que conoce las necesidades de su gente
y las atiende; e) mantener motivado al que recibe el grato
premio; f) estimular la fidelidad del cliente interno afectado
por tal decisión, etc...
2.
Apoyo incondicional: Efectivamente, los diálogos
privados entre un subordinado jefe y su superior, son siempre
tendientes a mejorar día a día la tarea del
primero, y es en este ámbito donde se habla abiertamente
–de hecho, es condición– de lo errores
y las decisiones desacertadas del mando medio. También
de su desmotivación ocasional, de inconvenientes que
puedan retrasar sus resultados y demás asuntos cotidianos.
Pero, NUNCA ese tipo de diálogo trasciende ese ámbito.
Escucho
con sorprendente frecuencia cómo los líderes
intermedios son desautorizados con revelaciones de sus directivos
acerca de decisiones incorrectas ¡¡¡EN FRENTE
DE SUS PROPIOS SUBORDINADOS!!! En tales circunstancias, el
apoyo a sus decisiones siempre debe ser incondicional. De
otro modo no sólo se le resta todo el poder que luego
se le exige, sino que también el doble discurso invita
al personal a usarlo para su propio beneficio solicitando
favores a uno u otro según el caso.
3.
Se exige a un gerente que haga cumplir normas y objetivos:
En mi experiencia, es altamente probable que lo consiga si
se le permite a él mismo participar
en la fijación de ese tipo de pautas, puesto que tiene
un grado de convencimiento superior y, como se sabe, se transmite
a su gente por el efecto de “cascada”. Si esto
no es posible...
4.
Tratar al gerente como cliente interno: Si no es
posible permitir que el gerente decida pos sí mismo
sus metas, o que pueda ser parte de la fijación de
las mismas, entonces su directivo debería realizar
una tarea adicional, digna de los mejores líderes del
mundo: vender a su gerente medio lo que le solicita que realice.
¡Este debe “comprarlo”! Las empresas parecen
contentarse con notificar al personal, y ésto es tan
sólido para dar por entendido un mensaje como construir
un edificio con agua y arena. El gerente medio debe estar
convencido de dos cosas: que es lo correcto y que puede hacerlo
(que el objetivo es posible).
5.
Libertad para decidir quiénes deben ser sus colaboradores:
Absurdo es pensar que un gerente puede no ser libre de determinar
cuando ya no quiere trabajar más con un subordinado.
Cuando le asignan personas sin conversarlo primeramente con
él; cuando la selección de sus futuros colaboradores
no es siquiera parcialmente abordada por él; ¡es
absurdo! El tiene un perfil definido y tiene el derecho de
poder escoger a sus colaboradores en función de esto,
por tres razones:
1)
trabajará más a gusto con ciertas personas;
2) se exigirá más si él mismo decidió
su incorporación;
3) tomará personas que por intuición se identificarán
más rápidamente con él.
Al
mismo tiempo debe ser lo suficientemente profesional como
para asumir que puede conducir a cualquiera y que sería
un honor para él que le asignen a alguien, y que tratará
de encontrar la “llave” que pueda abrir el talento
oculto de cualquier subordinado.
Estos
cinco puntos resumen lo que he estado percibiendo en años
de capacitación para líderes, que aunque estén
muy dispuestos a aprender y a implementar novedosos métodos
de trabajo, no les resulta posible aplicarlos porque no se
les dan las condiciones para hacerlo.
Muchas
veces, incluso, en forma contradictoria, envían a una
gerente a capacitarse en “motivación”,
por ejemplo, y luego la misma empresa le impide implementar
los nuevos conocimientos adquiridos. Es como llevar a un niño
de paseo a una gran juguetería y luego de haberlo entusiasmado,
hacerle entender que no estamos en condiciones de comprarle
ninguno. Ni siquiera el más insignificante. No sólo
es cruel: además le generó al niño una
necesidad que antes de la visita a la tienda de juguetes no
tenía. No sólo es cruel: además,
le generó al gerente una necesidad que antes de la
Capacitación no tenía. |