| |
Para
encuadrar el tema, comenzaré transcribiendo la apertura
de un seminario sobre Change Management que daremos próximamente,
basado en nuestra experiencia de trabajo en el Team de Change
Management de BDO Becher, que a modo de buscar el efecto en
los espectadores, y tal vez a modo de provocación,
explicitará algo similar a esto:
“¡Change
Manager se nace! No se puede gestionar el cambio organizacional
si uno no es un buen gestor del cambio… no hay un libro
de base que nos enseñe los pasos que, de hacerlos correctamente,
podamos gestionar los grandes cambios organizacionales…
y si no se nace, el change management se hace.
El
Change Manager (o gerente del cambio, o gestor del cambio)
es la persona que se dedica a “hacer”, y esa es
la clave de su práctica. La diferencia entre un Manager
que gestiona el cambio y otro que no lo hace es precisamente
lo que uno hace y el otro no.”
Pasada
esta disertación (que usa en formato cómico
la discusión de si el liderazgo se aprende o es una
habilidad innata, si se nace, se hace o se construye) que,
claro está, no pretende ser académica, y es
cuestionable hasta por mí mismo, ahondaremos en las
dos líneas de trabajo aquí propuestas:
–
Por un lado, en las claves actitudinales y conductuales de
una disciplina o un trabajo de consultores expertos que efectivamente
realizan change management en las organizaciones. A falta
de la gerencia “del cambio”, estas personas son
hoy los gestores del cambio en las organizaciones. Ejemplos
de esto son los líderes de proyectos de IT que desarrollan
con éxito una nueva aplicación, los ferentes
de finanzas que logran aumentar la cultura de control en su
organización, o los soldados de RR.HH. que consiguen
que una empresa cambie aspectos fundamentales de su cultura,
por ejemplo el modo y el sentido con el que se realizan las
evaluaciones del desempeño.
–
Por otro lado, el artículo tratará de documentar
algunas líneas metodológicas y buenas prácticas
de change management vigentes.
La insistencia en la polémica frase “Change Manager
se nace”, tiene su raíz en que la esencia de
un proceso de cambio exitoso es que alguien (y a veces es
una sóla persona) crea fervientemente que el cambio
es necesario y factible. Esta creencia por lo general se asocia
con personas que no sólo pueden imaginar escenarios
diferentes sino, fundamentalmente, que pueden llevarlos a
la realidad. Nuevamente, bajando al campo de lo concreto,
son las personas capaces de “plantarse” ante todos
aquellos que creen que el cambio no es necesario, y sostener
activa y creativamente la idea que justifica la necesidad
de cambiar. Después están los recursos técnicos
y, ahí sí, cuando nos valemos de las buenas
prácticas de change management encontramos en el puesto
número 1 ó 2 de los “to do” la frase:
“Crear una sensación de urgencia”.
El
Change Manager es aquella persona que dentro del marco organizacional
se anima, se autoriza, y es autorizado por la organización
para crear una sensación de urgencia, algo así
como la idea de que si no se cambia, el negocio, la organización,
y todos los que la habitan, se hunden.
Entonces,
el supuesto curso o seminario de change management dirá
en el capítulo número 1 que hay que generar
una sensación de urgencia, pero para animarse a hacerlo
hay que estar muy seguro de la visión del cambio, y
para estar muy seguro de que la propia visión del cambio
es necesaria para la organización, hay que ser un líder,
y para ser un líder hay que haber pasado por determinadas
experiencias vitales que nos predispongan, y en definitva,
no es que se nace, pero casi lo es. Para seguir la receta,
hay que haberlo hecho muchas veces sin saber que se estaba
aplicando esa receta.
Sobre
este conjunto de actitudes que podría tener la persona
encargada de liderar los cambios se apoya el esquema metodológico,
en sentido estricto. El cambio lo hace toda la organización
y, en sentido más estricto, es liderado por algunos
que, por lo general, se nuclean en lo que se llama la “Coalición
Directiva o del Cambio”.
Es
una buena práctica de change management formar una
coalición directiva sólida, pero ¿cómo
se hace? Podemos seguir con las bromas y afirmar: “La
coalición directiva nace”. Pero, ¿cómo
nace?
El
Change Manager es aquella persona que se anima, se autoriza
y es autorizada por la organización para formar un
equipo con gente que no era un equipo hasta ese momento o
no estaba al servicio del cambio organizacional. El punto
aquí es que saber que hay que formar un equipo que
soporte las resistencias, las críticas, las dilaciones,
las desviaciones, no nos ayuda a formarlo. Ese saber es sólo
la condición necesaria para empezar. Pero para soportar
que los miembros del equipo quieran faltar a las reuniones
porque sus Directores los requieren (o tienen una “call”
del exterior, o no tienen tiempo, o no les pagan para eso,
etc.) y que no falten, hay que ser Change Manager, y como
esta posición no suele existir en las empresas, no
alcanza con la responsabilidad conferida. Para ser Change
Manager hay que saber gestionar el cambio independientemente
del rol que se cumple en la organización y aquello
que se ha estudiado.
Un
buen ejemplo entre lo actitudinal (el “se nace”)
y lo aprendido (el “se hace”) puede encontrarse
en la metodología de gestión de proyectos, nuestro
gran aliado hoy tanto en la Ingeniería Civil, en el
área de IT y, cada vez más en el resto de las
áreas de la organización. Todo lo que ahí
se aprende es la base del Change Management, saber administrar
herramientas de gestión para grandes proyectos es como
tener una Biblia entre las manos que marca el camino de las
buenas prácticas de gestión, pero… las
actitudes de aquellas personas llamadas a liderar el proyecto
terminan siendo la gasolina del proyecto. Hacer minutas es
prolijo y clave para los proyectos; saber usar las minutas
para negociar, explicar desvíos, argumentar delante
de los socios estratégicos, hacer funcionar una reunión
de equipo del proyecto, termina siendo lo fundamental.
La
teoría, tanto como la metodología, es aquello
que el Change Manager debe saber, y el hallazgo de los consultores
es que, por lo general, y al no ser el change management una
disciplina que se estudia en la universidad, aquellos que
gestionan los cambios organizacionales ya hacen lo que la
teoría formula, cuestión que no es extraña
ya que la teoría del change management no es otra cosa
que una extrapolación o conceptualización de
la práctica de la gestión del cambio efectiva.
Podemos
aquí, y para comenzar a cerrar los conceptos, hacer
dos listados: por un lado, el que marcará los pilares
básicos, aquello que la práctica del change
management puede y debe contemplar. Este listado podría
ser:
Pilares
del Change Management
- Crear
una sensación de urgencia.
- Formar
una poderosa coalición directiva.
- Crear
una visión que otorgue sentido al cambio.
- Comunicar
la visión activa y estratégicamente.
- Potenciar
a otros para poner en práctica la visión.
- Planificar
la obtención de éxitos a corto plazo.
- Consolidar
las mejoras y producir más cambios.
- Institucionalizar
nuevos métodos.
Eso
son los pilares, la base, los cimientos o como queramos decir
que es sólo una guía para comenzar. Después
viene lo actitudinal, lo innato o aprendido (ya no importa
y dejamos la broma), lo que el Manager tiene que hacer para
sostener el proceso o los procesos de cambio organizacional,
podrían ser:
Actitudes
del Change Manager:
- Creer
en lo nuevo, amar el cambio y asociarlo a la productividad
y el negocio.
- Tener
la voluntad firme de influir en los otros y dejar una marca
en su tiempo (lo que Kovadloff llama “ser contemporáneo”).
- Crear
equipo, sostenerse en equipos, valorar la importancia de
que haya al menos dos o más personas dispuestas a
sostener el cambio cuando la resistencia aparezca.
- Transmitir
el sentido del cambio. ¿Por qué y para que
cambiar?
- Delegar
y generar en otros la responsabilidad de implementación
que uno solo o unos pocos no pueden realizar.
- Premiar
y reforzar las conductas asociadas al cambio y desalentar
todo aquello que se distancia del objetivo de cambiar.
- Lograr
grados crecientes de documentación, metodologización
y todo aquello que contribuya a sedimentar nuevas prácticas
para que se conviertan en instituidas a pesar de su inevitable
derrotero de cambio.
Y
la lista podría seguir, orientada en aquellas conductas
que los Managers pueden o no tener a la hora de provocar el
éxito de un proceso de cambio.
Claro
está que si bien el change management no tiene aún
en la mayoría de las organizaciones una persona física
que representa el rol, no debiéramos transitar sobre
la fantasía de que esto es un atributo organizacional
que debe recaer sobre las gerencias de RR.HH.
El
Manager del cambio es alguien que trabaja en cualquiera y
en todas las áreas de la organización, que eventualmente
y para proyectos cor, se corporiza en una o unas personas
internas o externas con la responsabilidad de que al menos
los aspectos centrales del cambio requerido se produzcan.
Y
para salir definitivamente de la frase polémica y jocosa
de que “Change Manager se nace”, podemos introducirnos
en otra frase simple y también parcial, pero que miente
menos al buscar el mismo efecto comunicacional: “Change
Management se hace”. |
|