En
este tiempo de profunda crisis, depresión de la economía,
las empresas se preguntan ¿y dónde está
el cliente? Uno de los grandes desafíos que encaran
es que, simplemente, tendrán menos clientes dispuestos
a pagar por sus bienes o servicios. No sólo ha disminuido
su cartera actual, sino que además hay menos clientes
potenciales en el mercado para captar.
Es
en este escenario donde cobra sentido que las empresas realicen
un cambio estratégico que implique dejar de pensar
en los clientes como en una masa indiferenciada de personas
que compran un producto o servicio, y comenzar a considerarlos
como a un conjunto de individuos, identificables y diferenciables,
con los cuales se puede establecer una relación uno
a uno y ofrecerles una solución a la medida de cada
uno. Esto implica conocer a los clientes. ¿Quiénes
son? ¿Cuáles son sus necesidades? ¿Qué
es lo que les interesa? ¿Qué les impulsa a comprar
una y otra vez? ¿Qué es lo que los dejará
completamente satisfechos?
Un
cambio de rumbo se ha transformado hoy en un imperativo. Justamente
porque ya tenemos dentro de la cartera actual muchos menos
clientes en condiciones de seguir siéndolo. Si no logramos
identificar y diferenciar entre los que son valiosos y los
que no lo son, estaremos utilizando los recursos (de comunicación,
de adquisición y de atención-retención)
de una forma sumamente ineficiente. Estaremos invirtiendo
lo mismo en los clientes buenos y en los que ya no lo pueden
ser.
¿No
adquiere sentido entonces concentrar y direccionar esfuerzos
y recursos, absolutamente restringidos, hacia aquellos clientes
que vale la pena conservar? Por otra parte, muchos estudios
indican que atraer a nuevos clientes es más costoso
que conservar a los actuales.
Es
consecuencia de este cambio que el esfuerzo se concentra en
generar una relación de largo plazo con los clientes
valiosos. Esto implica ofrecerles una solución a su
medida en todos los puntos de contacto con él: vendedores,
call centers, puntos de venta, dealers y customer service.
Se deberá desarrollar “un punto de relación”,
es decir, un eficiente sistema de comunicación que
permita a los clientes solucionar los problemas que se generen,
comprar más y comprar nuevos servicios.
Por
otra parte, la organización también necesitará
de ese mismo sistema para comunicar sus noticias incentivadoras.
Esta
nueva manera de pensar al cliente implicará:
- Modificar
procesos de las empresas que lo encaran.
- La
incorporación de tecnología de base de datos,
Costumer Relationship Management (CRM), etc.
- Un
importante cambio cultural. En este sentido, los procesos
de change management serán claves para lograrlo.
- Un
liderazgo con visión clara de la nueva estrategia.
- Protagonismo
de las áreas de Recursos Humanos para facilitar los
procesos de cambio.
Este
camino no es hoy una alternativa. Es una necesidad de supervivencia.
O se concentran los recursos disponibles en los pocos clientes
valiosos que quedan, o de otro modo surgirá la pregunta:
¿y dónde está el cliente?...
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