En
primer lugar es importante reconocer que el concepto de organización
procede del hecho de que el individuo es incapaz de satisfacer
todas sus expectativas por sí mismo, tiene que basarse
en los demás para cumplir sus propias necesidades.
En tanto varias personas coordinan sus esfuerzos, terminan
llegando a la conclusión de que juntos pueden conseguir
más que actuando aisladamente. Por eso, con el propósito
de sumar esfuerzos y superar las limitaciones individuales,
las personas se agrupan para formar organizaciones formales
o informales orientadas al logro de objetivos comunes, que
pueden ser transitorios o permanentes. En la medida en que
se manejan bien las organizaciones, éstas sobreviven
o crecen. Al crecer, las organizaciones requieren mayor número
de personas para la ejecución de sus actividades, y
estas personas, al ingresar en las organizaciones, persiguen
objetivos individuales que no siempre son compatibles con
quienes en principio conformaron las organizaciones. Esto
hace que gradualmente los objetivos organizacionales se alejen
de los objetivos individuales de los nuevos participantes,
generándose de esta manera una variedad de comportamientos
e intereses aislados y complejos entre el individuo y la organización.
Por eso, lo trascendental es tratar de armonizar y desarrollar
sólidamente los intereses comunes.
De
este modo, tanto individuos como organizaciones tienen intereses
mutuos, objetivos por alcanzar. Las organizaciones, luego
de un proceso de evaluación, seleccionan sus recursos
humanos para alcanzar, con ellos y mediante ellos, objetivos
organizacionales (producción, rentabilidad, reducción
de costos, ampliación de mercado, satisfacción
de necesidades de la clientela, etc.). Una vez reclutados
y seleccionados, los individuos tienen objetivos personales
que luchan por alcanzar, y muchas veces se valen de la organización
para lograrlo.
Por
la complejidad del ser humano y el laberinto que conlleva
la dinámica de la interacción humana en las
organizaciones, la relación individuo-organización
no es siempre cooperativa y satisfactoria. Muchas veces es
tensa y conflictiva. Argyris intenta mostrar el conflicto
que se genera entre los objetivos que las organizaciones pretenden
alcanzar y los objetivos que individualmente quiere alcanzar
cada empleado. Los objetivos organizacionales y los objetivos
individuales no siempre concordarán muy bien. La organización,
en la medida en que es formal y rígida, tiende a veces
a crear en los individuos un profundo sentimiento íntimo
de frustración, de conflicto, de pérdida y de
corta perspectiva de permanencia en el cargo. Esto ocurre
en razón de las exigencias que las organizaciones formales
imponen a los individuos, midiendo su desempeño y relegándolos
a tareas carentes de oportunidades que pudieran probar responsabilidad,
autoconfianza e independencia.
Para
trazar caminos para una integración individuo–organización
realmente efectiva, la mayor parte de la responsabilidad recae
sobre la alta gerencia. Además de la dificultad intrínseca
que el ejercicio de la tarea gerencial conlleva, Toffler anticipa
que se complicará bastante en el futuro. El comportamiento
del gerente tendrá que satisfacer simultáneamente
varios objetivos, dentro de ellos deberá mejorar su
capacidad para escuchar a diferentes personas y conciliar
intereses.
En
tanto los individuos buscan sus satisfacciones personales
(salarios, comodidad, descanso, horario laboral más
favorable, oportunidad de carrera, seguridad en el cargo,
etc.), de igual modo las organizaciones tienen necesidades
(capital, edificios, equipos, potencial humano, lucro, oportunidades
de mercado, etc.). En tanto que el individuo proporciona habilidades,
conocimientos, capacidades y destrezas, junto con su aptitud
para aprender y su desempeño, a su vez, la organización
debe imponer al individuo responsabilidades, definidas e indefinidas,
algunas dentro de su capacidad actual o debajo de ésta,
y otras requiriendo un aprendizaje a mediano o largo plazo.
Entre las necesidades organizacionales sobresale la necesidad
del elemento humano, recurso indispensable e inviolable. Así,
la independencia de necesidades del individuo y de la organización
es enorme.
La
interacción entre personas y organizaciones es compleja
y dinámica. Barnard hace una interesante diferenciación
entre eficacia y eficiencia en cuanto a los resultados en
la interacción de las personas con la organización.
Según él, el individuo debe ser eficaz (alcanzar
los objetivos organizacionales mediante su participación)
y ser eficiente (satisfacer sus necesidades individuales mediante
su participación) para sobrevivir dentro del sistema.
LA
ORGANIZACION
Edgard
H. Schein señala que: “Una organización
es la coordinación racional de las actividades de un
cierto número de personas, que quieren conseguir una
finalidad y objetivo común y explícito, mediante
la división del trabajo, y a través de una jerarquización
de la autoridad y responsabilidad”.
Coordinación
Particularmente
en la sociedad moderna, el hombre descubre que no tiene la
habilidad, la fuerza, el tiempo o la resistencia necesarios
para poder satisfacer sus necesidades básicas. Sin
embargo, en la medida en que varias personas coordinan sus
esfuerzos, descubren que juntos pueden lograr sus expectativas
más fácilmente que actuando aisladamente.
La
mayor organización, la sociedad, hace posible que,
a través de la coordinación de las actividades
de cada uno de sus miembros, se pueden satisfacer también
sus necesidades individuales. El concepto básico que
subyace a la definición de una organización
es, pues, el de una coordinación de esfuerzos para
la ayuda mutua.
Objetivos
comunes
Ahora
bien, para que esta coordinación sea útil deben
establecerse objetivos que hay que alcanzar, y debe también
existir una cierta concordancia respecto a dichos objetivos.
Por lo tanto, la segunda idea básica en la que el concepto
de organización está basada es la de lograr
objetivos o finalidades comunes a través de la coordinación
de actividades.
La
división del trabajo
La
coordinación y el cumplimiento racional de objetivos
se podrá realizar de una manera óptima si cada
persona hace algo diferente pero en forma coordinada. La sociedad
ha descubierto que los objetivos se pueden lograr más
eficientemente si lo que hay para hacer se reparte entre todos
sus miembros. Lo ideal es que la división se haga sobre
la base del talento o habilidad para hacer la tarea encomendada.
La
idea de la división del trabajo está ligada
claramente a la idea de la diferenciación de funciones.
La organización puede lograr sus objetivos más
fácilmente si establece diferencias con base en los
tipos de tarea, localización geográfica, recursos
humanos, etcétera. Si cada una de las tareas que hay
que realizar exige más de una persona, la división
de trabajo crea diversas organizaciones.
Jerarquización
de la autoridad y responsabilidad
Si
diferentes partes están haciendo cosas diferentes,
se necesita entonces una función integradora que asegure
que todos los elementos están buscando los mismos objetivos
comunes. Por ello es necesario que alguien ordene las cosas
y surge entonces la jerarquía de la autoridad.
Es
obvio que no es posible la coordinación entre muchos
individuos y organizaciones diversas, si no existen los medios
para controlar, limitar y dirigir las diversas unidades. La
misma idea de coordinación implica que cada unidad
se somete a cierto tipo de autoridad con el fin de conseguir
algún objetivo común.
Resumiendo,
la organización, conceptualmente, conlleva las siguientes
consideraciones:
-
Una persona es incapaz de cumplir todas sus necesidades
y deseos por sí misma.
-
Un individuo tiene que basarse en los demás.
-
Cuando varias personas coordinan sus esfuerzos, estas
pueden conseguir más que cuando actúan solas
o aisladas.
-
Las coordinaciones cumplen un rol importante.
-
Deben establecerse objetivos que hay que alcanzar.
-
Debe existir una cierta concordancia en los objetivos.
-
Los objetivos pueden ser alcanzados de una manera óptima
si cada uno realiza actividades diversas de una manera
coordinada.
-
Se necesita una función integradora que asegure
que todos los elementos busquen los mismos objetivos comunes.
Por ello es importante la jerarquía de autoridad.
-
Si cada una de las tareas a realizar exige más
de una persona, la división de trabajo crea diversas
organizaciones.
LA
ORGANIZACIÓN FORMAL
El
concepto de la organización formal, básicamente
se ha desarrollado al definir lo que es una organización.
La organización formal conlleva fines, estructuras
y dinámica explícitamente definidos. Esto exige,
entre otras cosas, una explicación de los roles de
la autoridad y de un sistema de recompensas y castigos, de
medios para conseguir determinadas metas, políticas,
etc.
Aunque
el logro de las metas debe ser la razón de cualquier
actividad cooperativa, es necesario además elaborar
principios que aseguren la creación de una organización
formal eficaz. La organización formal debe ser flexible
para dar cabida a la discrecionalidad para aprovechar los
talentos creativos y reconocer las preferencias y capacidades
individuales.
Generalmente
en el interior de las organizaciones formales se desarrollan
otras suborganizaciones informales. Una organización,
para ser eficiente, debe aprovechar las dinámicas de
las organizaciones informales que tienden inevitablemente
a formarse dentro de ella.
ORGANIZACION
INFORMAL
Keith
Davis describió la organización informal como
"una red de relaciones personales y sociales no establecidas
ni requeridas por la organización formal pero que se
producen espontáneamente a medida que las personas
se asocian entre si". Así, las organizaciones
informales (relaciones que no aparecen en un organigrama)
podrían incluir el grupo de amigos del sexto piso,
el equipo que juega fútbol y los concurrentes asiduos
a la cafetería.
Una
organización informal es aquella que no posee metas
ni estructuras definidas. Ésta tiende a satisfacer
una serie de necesidades de sus miembros. En algunas ocasiones,
los grupos informales suelen satisfacer con mayor eficiencia
las inquietudes de sus integrantes que la propia organización
formal de la que forman parte obligatoriamente los mismos
individuos. Los problemas empresariales pueden tener como
causa la organización informal.
Chester
Barnard considera como organización informal cualquier
actividad personal conjunta sin un propósito colectivo
consciente, aunque contribuya a resultados colectivos. De
esta forma, las relaciones informales que se establecen en
el grupo de personas que juegan ajedrez durante la hora de
la comida pueden ayudar al logro de las metas organizacionales.
Es mucho más fácil pedir ayuda para solucionar
un problema de la organización a alguien que se conoce
personalmente, aun cuando se encuentre en un departamento
diferente, que a alguien que sólo se conoce como un
nombre en un organigrama.
Como
ya se mencionó, una organización para ser eficiente,
debe suscitar en su provecho las dinámicas de las organizaciones
informales que tienden inevitablemente a formarse dentro de
ella.
RECIPROCIDAD
ENTRE INDIVIDUO Y ORGANIZACION
La
integración hombre-organización conlleva necesaria
e implícitamente una correspondencia recíproca
basada en un contrato y en intereses mutuos.
Todo
contrato presenta dos aspectos:
1.
El contrato formal. Es un contrato generalmente expresado
por escrito, que se basa principalmente en las normas laborales
vigentes en el país y en el cual en muchos casos interviene
la autoridad del Estado. Está referido a las condiciones
económicas, beneficios, funciones a desempeñar,
cargo, categoría, horario, etc.
2.
El contrato psicológico. Es algo implícito
que se da cuando una persona se integra a una organización
y en donde la organización y el individuo esperan ganar
con la nueva relación.
El
contrato psicológico y la reciprocidad
Cuando
una persona se integra a una organización, luego de
un largo proceso de reclutamiento y selección de personal,
la empresa debe preocuparse por crear condiciones que permitan
al nuevo trabajador desenvolverse con el máximo de
su potencial para así obtener utilidades. Por otro
lado, se debe brindar las posibilidades de desarrollo del
trabajador para el logro de sus expectativas y su realización
(salarios, escalas de ascensos, jornada laboral, prestaciones,
ventajas del empleo, etc.). Esta situación exige algo
más que un simple contrato formal, es apremiante un
contrato psicológico entre el individuo y la organización.
La
noción de un contrato psicológico implica la
existencia de un conjunto de expectativas recíprocas,
no escritas en parte alguna. Muchas de las expectativas son
implícitas y tienen mucho que ver con el sentido de
dignidad y de importancia de la persona. Todos esperamos que
la organización nos trate como seres humanos, que nos
brinde oportunidad de crecer y aprender más. Gran parte
de los problemas que conllevan al descontento laboral, a las
huelgas y a la deserción tiene mucho que ver con incumplimientos
evidentes del contrato psicológico.
La
interacción psicológica entre empleado y organización
es un proceso de reciprocidad: La organización realiza
ciertas cosas por el trabajador y para el trabajador, lo remunera,
le da seguridad y status; de modo recíproco, el empleado
responde trabajando y desempeñando sus tareas. La organización
espera que el empleado obedezca ante su autoridad y, a su
vez, el empleado espera que la organización se comporte
correctamente con él y obre con justicia. La organización
refuerza su expectativa mediante ciertos intentos de influir
en las persona o de limitar su participación. Las dos
partes de la interacción están guiadas por directrices
que definen lo que es correcto y equitativo y lo que no lo
es.
Este
contrato psicológico se refiere a la expectativa recíproca
del individuo y de la organización, que se extiende
más allá de cualquier contrato formal de empleo
que establezca el trabajo a realizar y la recompensa a recibir.
Aunque no exista acuerdo formal o cosa expresada claramente,
el contrato psicológico es un acuerdo tácito
entre individuo y organización, en el sentido de que
una amplia variedad de derechos, privilegios y obligaciones,
consagrados por las costumbres, serán respetados y
observados por las dos partes. El contrato psicológico
es un elemento importante en cualquier relación laboral
e influye en el comportamiento de las partes. Un contrato
es una especie de acuerdo o expectativa que las personas mantienen
consigo mismas y con los demás. En el fondo, cada persona
representa sus propios contratos, que rigen tanto las relaciones
interpersonales como las relaciones que ésta mantiene
consigo misma (relaciones interpersonales). Una fuente común
de dificultades en las relaciones interpersonales es la falta
de acuerdos explícitos y claros. No siempre las personas
dicen abierta y explícitamente lo que quieren y necesitan.
El esclarecimiento de los contratos, tanto en las relaciones
interpersonales como en las intrapersonales, es importante
para una efectiva experiencia interpersonal.
El
contrato psicológico cambia con el tiempo a medida
que cambian las necesidades de la organización y las
del individuo. Lo que un trabajador espera de su trabajo a
los 25 años de edad puede ser completamente diferente
de lo que ese mismo empleado espera a los 50. En la misma
forma, lo que la organización espera de una persona
durante períodos acelerados de crecimiento puede ser
completamente diferente de lo que esa misma organización
espera cuando alcanza cierta estabilidad o cuando está
sufriendo un revés económico.
Si
la organización cumple el contrato formal solamente
pero no el psicológico, los trabajadores tienden a
tener bajo rendimiento y menor satisfacción en el empleo
en vista de que no logran sus expectativas intrínsecas.
Por el contrario, si éstas se cumplen tanto económica
como psicológicamente, los trabajadores se sientes
satisfechos, permanecen en la organización y tienen
un alto nivel de desempeño.
Según
Edgar H. Schein, en la medida en que las necesidades y las
fuerzas externas cambian, cambian también las expectativas,
convirtiendo al contrato psicológico en un contrato
dinámico que debe negociarse constantemente. El contrato
psicológico es un poderoso determinante de la conducta
de las organizaciones a pesar de que no aparece escrito en
parte alguna.
Intereses
mutuos
La
empresa es un grupo de personas que están buscando
un objetivo. Por lo general, la utilidad es el interés
común. Las personas consideran al centro laboral como
un medio para alcanzar sus metas y, al mismo tiempo, las empresas
necesitan personas que les ayuden para lograr sus objetivos
empresariales. Si no existen estos intereses mutuos, no tiene
sentido tratar de reunir un grupo e impulsar la cooperación
entre ellos, porque no hay una base común.
El
interés mutuo genera metas superiores que integran
los esfuerzos y los recursos de los individuos y las organizaciones.
Todos se sienten alentados a enfrentar los problemas de las
empresas en lugar de enfrentarse unos con otros.
El
interés mutuo conlleva intercambio de recursos y se
desarrolla mediante los contratos psicológicos entre
hombres y sistemas, entre hombres y grupos, y entre sistemas
y subsistemas, en los que prevalece el sentimiento de reciprocidad;
cada uno evalúa lo que está ofreciendo y lo
que está recibiendo a cambio. En este intercambio de
recursos, si desaparece o disminuye el sentimiento de reciprocidad
ocurre una modificación dentro del sistema.
El
objetivo fundamental de toda organización dentro de
una sociedad es atender sus propias necesidades y, a la vez,
atender las necesidades de la sociedad mediante la producción
de bienes o servicios, por los cuales recibe una compensación
económica.
Las
personas forman una organización o se vinculan con
algunas, porque esperan que su participación satisfaga
algunas necesidades personales. Para obtener estas satisfacciones,
las personas están dispuestas a incurrir en ciertos
costos o a hacer inversiones personales (capacitación,
esfuerzos, cambio de actitudes, etc.) en la organización,
pues esperan que la satisfacción de sus necesidades
personales sea mayor que los costos, y evalúan el grado
de satisfacción alcanzada y los costos, mediante sus
sistemas de valores.
Existe
siempre una relación de intercambio entre los individuos
y la organización. El medio por el cual se satisfacen
los objetivos individuales determina su percepción
acerca de la relación, que podrá observarse
como satisfactoria por las personas que perciben que sus recompensas
cubren sus expectativas. El individuo ingresa en la organización
cuando espera que su satisfacción sea mayor que los
esfuerzos personales. Si cree que los esfuerzos personales
sobrepasan las satisfacciones que obtiene, estará dispuesto
a dejar la organización, si le es posible.
Al
mismo tiempo, la organización espera que la contribución
de cada individuo sobrepase los costos de tener personas en
la organización. Es decir, la organización espera
que los individuos contribuyan con más de lo que ella
les brinda.
K.
Davis sintetiza el interés mutuo en la siguiente proposición:
“Las organizaciones necesitan a las personas y éstas
también necesitan a las organizaciones”. |