El
contrato psicológico es un elemento importante en cualquier
relación laboral, e influye en el comportamiento de
las partes. Un contrato es una especie de acuerdo o expectativa
que las personas mantienen consigo mismas y con los demás.
En el fondo, cada persona representa sus propios contratos,
que rigen tanto las relaciones interpersonales como las relaciones
que la persona mantiene consigo misma (relaciones intrapersonales).
Una fuente común de dificultades en las relaciones
interpersonales es la falta de acuerdos explícitos
y claros. No siempre las personas dicen abierta y explícitamente
lo que quieren y necesitan.
El
contrato psicológico adecuado debe traducirse en un
alto grado de correspondencia del trabajador con la empresa
y viceversa.
Ni
siquiera aquellas empresas consideradas de excelencia, con
gran “capital humano”, pueden asegurar la continuidad
de su competitividad si no empiezan a atender las necesidades
sociales y psicológicas de sus trabajadores. Aunque
no exista acuerdo formal o cosa expresada claramente, el contrato
psicológico es un acuerdo tácito entre individuo
y organización, en el sentido de que una amplia variedad
de derechos, privilegios y obligaciones, consagrados por las
costumbres y la cultura, serán respetados y observados
por las dos partes.
La
noción de un contrato psicológico implica la
existencia de un conjunto de expectativas recíprocas,
no escritas en parte alguna. Muchas de las expectativas son
implícitas y tienen mucho que ver con el sentido de
dignidad y de importancia de la persona. Todos esperamos que
la organización nos trate como seres humanos, que nos
brinde oportunidad de crecer y aprender más. Gran parte
de los problemas que conducen al descontento laboral, a las
huelgas y a la deserción, tienen mucho que ver con
incumplimientos evidentes del contrato psicológico.
La
interacción psicológica entre empleado y organización
es un proceso de reciprocidad: La organización realiza
ciertas cosas por el trabajador y para el trabajador, lo remunera,
le da seguridad y status; de modo recíproco, el empleado
responde trabajando y desempeñando sus tareas. La organización
espera que el empleado obedezca ante su autoridad y, a su
vez, el empleado espera que la organización se comporte
correctamente con él y obre con justicia. La organización
refuerza su expectativa mediante ciertos intentos de influir
en las personas o de limitar su participación. Las
dos partes de la interacción están guiadas por
directrices que definen lo que es correcto y equitativo y
lo que no lo es.
El
contrato psicológico cambia con el tiempo a medida
que cambian las necesidades de la organización y las
del individuo. Lo que un trabajador espera de su trabajo a
los 25 años de edad puede ser completamente diferente
de lo que ese mismo empleado espera a los 50. En la misma
forma, lo que la organización espera de una persona
durante períodos acelerados de crecimiento, puede ser
completamente diferente de lo que esa misma organización
espera cuando alcanza cierta estabilidad o cuando está
sufriendo un revés económico.
Si
la organización cumple el contrato formal solamente,
pero no el psicológico, los trabajadores tienden a
tener bajo rendimiento y menor satisfacción en el empleo
en vista de que no logran sus expectativas intrínsecas.
Por el contrario, si éstas se cumplen tanto económica
como psicológicamente, los trabajadores se sienten
satisfechos, permanecen en la organización y tienen
un alto nivel de desempeño.
En
la medida en que las necesidades y las fuerzas externas cambian,
cambian también las expectativas, convirtiendo al contrato
psicológico en un contrato dinámico que debe
negociarse constantemente. El contrato psicológico
es un poderoso determinante de la conducta de las organizaciones,
a pesar de que no aparece escrito en parte alguna.
La
empresa es un grupo de personas que están buscando
un objetivo. Las personas consideran al centro laboral como
un medio para alcanzar sus metas y, al mismo tiempo, las empresas
necesitan personas que les ayuden a lograr sus objetivos empresariales.
Si no existe un equilibrio organizacional entre ambas partes,
no tiene sentido tratar de reunir un grupo e impulsar la cooperación
entre sus integrantes, porque no hay una base común.
El
equilibrio organizacional genera metas superiores que integran
los esfuerzos y los recursos de los individuos y las organizaciones.
Todos se sienten alentados a enfrentar los problemas de las
empresas en lugar de enfrentarse unos con otros.
El
equilibrio organizacional conlleva intercambio de recursos
y se desarrolla mediante los contratos psicológicos
entre hombres y sistema, entre hombres y grupos, y entre sistemas
y subsistemas, en los que prevalece el sentimiento de reciprocidad;
cada uno evalúa lo que está ofreciendo y lo
que está recibiendo a cambio. En este intercambio de
recursos, si desaparece o disminuye el sentimiento de reciprocidad,
ocurre una modificación dentro del sistema.
El
objetivo fundamental de toda organización dentro de
una sociedad es atender a sus propias necesidades y, a la
vez, atender a las necesidades de la sociedad mediante la
producción de bienes o servicios, por los cuales recibe
una compensación económica.
Las
personas forman una organización o se vinculan con
algunas, porque esperan que su participación satisfaga
algunas necesidades personales. Para obtener estas satisfacciones,
las personas están dispuestas a incurrir en ciertos
costos o a hacer inversiones personales (capacitación,
esfuerzos, cambio de actitudes, etc.) en la organización,
pues esperan que la satisfacción de sus necesidades
personales sea mayor que los costos, y evalúan el grado
de satisfacción alcanzada y los costos mediante sus
sistemas de valores.
Existe
siempre una relación de intercambio entre los individuos
y la organización. El medio por el cual se satisfacen
los objetivos individuales determina su percepción
acerca de la relación, que podrá observarse
como satisfactoria por las personas que perciben que sus recompensas
cubren sus expectativas. El individuo ingresa en la organización
cuando espera que su satisfacción sea mayor que los
esfuerzos personales. Si cree que los esfuerzos personales
sobrepasan las satisfacciones que obtiene, estará dispuesto
a dejar la organización, si le es posible.
Al
mismo tiempo, la organización espera que la contribución
de cada individuo sobrepase los costos de tener personas en
la organización. Es decir, la organización espera
que los individuos contribuyan con más de lo que ella
les brinda.
Las
metas organizacionales y las individuales no siempre son las
mismas. En la práctica se comprueba que “el hombre
busca el máximo placer con mínimo esfuerzo”
(Adam Smith). Es decir, los trabajadores tratan de sacar mejores
beneficios de la empresa sin que su contribución sea
importante. Por otro lado, muchos empresarios explotan a sus
trabajadores para tener mayor utilidad.
En
la medida en que se manejan bien las organizaciones, éstas
sobreviven o crecen; al crecer, las organizaciones requieren
mayor número de personas para la ejecución de
las actividades para el cumplimiento de sus objetivos, y estas
personas, al ingresar en las organizaciones, no siempre lo
hacen pensando en los intereses de la empresa, sino que persiguen
básicamente objetivos individuales.
Esto
hace que gradualmente los objetivos organizacionales se alejen
de los objetivos individuales de los nuevos participantes,
generándose de esta manera una variedad de comportamientos
e intereses aislados y complejos entre el individuo y la organización,
generándose el rompimiento del equilibrio organizacional.
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