Quiénes
mejor que ustedes saben acerca de la sensación de éxito
y prosperidad que produce el hecho de haber constituido una
sociedad. Es
que formar una sociedad tiene que ver con proyectos, con alternativas
de futuro, con crecer y sumar.
Más
allá de lo que implica la creación de una persona
jurídica (la que toma vida propia luego de su constitución)
es conveniente, como medida preliminar, tener bien en claro
qué tipo de sociedad se formará: ella debe quedar
perfectamente relacionada con la actividad para la cual se
creó, en un todo de acuerdo con su objetivo social.
Es
que resulta de suma importancia contar con una sociedad debidamente
constituida de acuerdo a la actividad que desarrolle la empresa.
Dicho
esto, podemos adentrarnos al tema que hace al objeto de este
material como es el análisis de la relación
entre los socios en el caso de aparecer un conflicto que ponga
en juego las habilidades negociadoras entre ellos.
Legalmente,
los socios responden por la sociedad, son las personas visibles
que –en definitiva– la representarán con
la consiguiente carga (llámesele obligaciones) y retribuciones
(derechos).
Hasta
aquí todo claro, pero ¿qué pasa con los
socios entre sí? ¿Cómo generar relaciones
potables entre ellos que, en definitiva, redunden en beneficio
de la sociedad? Concretamente: ¿cómo negociarán
entre ellos las posibles dificultades que puedan surgir?
Deberá
tenerse presente que la actividad negociadora de la sociedad
frente a terceros resulta –en algunas circunstancias–
mucho más fácil que la negociación “puertas
adentro”, pues en la primera se pone en juego lo “objetivo”,
mientras que en la segunda se ponen en juego cuestiones del
orden “subjetivo”, como son las relaciones de
los socios entre sí, donde se compatibiliza la afinidad
entre ellos, las coincidencias, las diferencias, etc.
La
negociación entre socios merece especial atención,
pues se pondrán en la mesa cuestiones o intereses comunes
que deberán ser negociados como consecuencia de las
distintas ópticas con las que cada uno de ellos ve
el tema..., el mismo tema.
Por
estas cuestiones es que es tan importante saber con quién
desea asociarse. Resulta de suma importancia saber no sólo
cómo es el socio (desde lo personal), sino también
saber qué rol va a ocupar al tiempo de asociarse.
La
identificación de los roles dentro del ente societario
es de suma importancia no sólo para la representación
externa de la sociedad, sino también para saber y determinar
cómo serán enfocados los temas que se sometan
a la negociación interna.
Esto,
a no dudarlo, permitirá a todos los integrantes tener
total conocimiento de las funciones que a cada uno le competen.
Pues
bien, llegó entonces el momento de negociar. Los socios
se encuentran ante el conflicto, ante una circunstancia que
deberán resolver para no poner intereses en juego,
es ahí donde comenzarán a negociar.
Es
importante saber que cuando se negocia “en casa”,
en la mayoría de los casos (salvo que se esté
al borde del colapso social que pueda dar lugar a una disolución)
resulta mucho más distendido (lugares conocidos, oficina,
sala de firmas, etc.), y los socios están más
predispuestos a resolver las diferencias. No obstante ello,
resulta necesario no perder de vista los objetivos que están
absolutamente relacionados con el interés empresarial
más allá de la “informalidad” que
quiera dársele a la reunión.
El
resolver en función de esos intereses redundará
en beneficio del negocio. Por lo tanto, evaluar el factor
“intereses, pérdidas y ganancias” o –lo
que es igual en este caso– efectuar un verdadero análisis
de la matriz FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades,
amenazas) resultará de suma importancia para dar solución
a la cuestión.
Es
cierto que los socios no deben perder de vista el rol que
tienen asignado dentro del ente jurídico, pero también
es cierto que deben tener la “ductilidad” para
poder interiorizarse y permitirse –por decirlo de algún
modo– ponerse en el lugar del otro para propiciar la
escucha activa entre todos.
No
olvidemos que la escucha activa permitirá descubrir
ciertamente cuál es el problema, el conflicto o la
dificultad y, como efecto inmediato, ubicar elementos y alternativas
para darle un cierre satisfactorio y beneficioso para todos.
De
acuerdo con sus posibilidades, los socios no deben perder
de vista los intereses comunes, que son los que finalmente
constituyen la razón de ser de la sociedad.
Finalmente,
la información que todos los socios deben tener en
relación al funcionamiento de la sociedad, como así
también el saber acerca del “estadio” en
que ella se encuentra (como ejemplo puede darse el caso de
las Pymes que han comenzado a resurgir luego de años
de estancamiento), constituirá un elemento clave para
la resolución del conflicto, pues es precisamente el
deseo de éxito lo que generará la esperada tranquilidad
social. |