La
globalización del mercado está motivando una
creciente necesidad de diseñar el futuro en forma meditada,
alejada de la improvisación o el impromptu,
dejando atrás la inspiración repentina y dando
paso al análisis conceptual y a un proceso metodológico
basado en los diversos aspectos que configuran el entorno
coyuntural, en las expectativas existentes y en los logros
esperados.
Sin abandonar sus enriquecedoras experiencias y su dinámica
de gestión, para la gente de empresa es cada vez más
clara la necesidad de diseñar el futuro de sus decisiones
de hoy y seleccionar en forma coherente las alternativas más
convenientes y propicias para el éxito.
Tal
aspiración demandará un adecuado soporte en
Tecnologías de la Información, el que ahora,
a la sombra del paraguas de la estrategia corporativa, se
puede determinar en forma más racional.
¿Qué
entendemos por estrategia empresarial?
La
estrategia empresarial no es otra cosa que el conjunto de
orientaciones, metas y medios que se identifican con la finalidad
de definir un derrotero a la empresa. Es como un gran paraguas
bajo el cual se establecen todas las acciones, tácticas
y operativas de aquella. Es el marco de referencia que delimita
el campo de acción corporativo y que permite integrar
las actividades y los propósitos de las diversas áreas
de la empresa, y del personal en particular, al señalarle
los alcances, las limitaciones y las prioridades del quehacer
empresarial y su incidencia en las actividades de cada uno.
Como
es sabido, en la empresa el personal desarrolla sus actividades
en diversos niveles los que, en general, se clasifican como
operativo, táctico y estratégico. El personal
de nivel táctico, que vienen a ser las gerencias intermedias,
tiene por función la supervisión del logro de
las funciones operativas y el establecimiento de los planes
de trabajo del corto y mediano plazo, y el personal de nivel
estratégico, es decir la Alta Dirección, tiene
la tarea fundamental de definir y viabilizar las estrategias
empresariales, trabajando normalmente para el mediano o largo
plazo, evaluando los resultados y despejando obstáculos.
El
marco referencial proporcionado por el planeamiento debe concluir
en acciones específicas que conduzcan a la realización
de los logros en él establecidos, los que deben abarcar,
finalmente, a todos los niveles de la empresa que se concretan
en acciones de tipo táctico y de tipo operativo, es
decir, proyectos y actividades orientados al logro de los
factores señalados por la estrategia.
¿Cómo
se puede desarrollar la visión estratégica?
Hay
diversas maneras de lograr la visión estratégica,
o sea, de diseñar la estrategia empresarial. La más
común y directa es aquella que se encuentra en la mente
de los directivos y de los dueños del negocio. Porque,
sin lugar a dudas, todo ejecutivo de alto nivel tiene un diseño
de estrategia que es producto de sus años de experiencia,
de su conocimiento del negocio, de su intuición y de
su propensión al riesgo.
Muchos
empresarios, que han tenido gran éxito al llevar a
la práctica esta estrategia mental, no encuentran razón
para no seguir usándola en todo tiempo o circunstancia,
siendo a veces reacios a adoptar formas alternativas o a aceptar
que otros, que no sean ellos mismos, puedan señalarles
diferentes enfoques.
En
realidad no debería haber ninguna contradicción,
ya que esta manera de ver hacia adelante es perfectamente
complementaria con cualquiera otra que siga un esquema guiado,
precisamente, por dichos conocimientos e intuición,
que serán siempre un capital invalorable dentro de
la empresa.
Sin
embargo, aparte de dicha estrategia no formalizada, existen
diversas formas y métodos para lograr el diseño
de la visión estratégica, los que se diferencian,
básicamente, por su alcance (grado de detalle y nivel
operativo de sus resultados) y por su esquema metodológico
(tiempo requerido para el desarrollo del plan y medida de
consumo de recursos de personal, sobre todo de alto nivel).
En
otras palabras, los puntos diferenciadores entre las diversas
modalidades de enfoque del planeamiento estratégico
son, el nivel de operatividad o detalle de los resultados
obtenidos y el tiempo y el costo en recursos consumidos para
su desarrollo. Hablaremos de esto en el siguiente acápite.
Todos
los métodos concluyen en un conjunto de resultados
más o menos comunes, con ligeras diferencias entre
ellos. Dichos resultados se conocen como Visión, Misión,
Objetivos, Estrategias, Metas, Factores Críticos de
Exito, Análisis de Fortalezas/Debilidades y Análisis
del Entorno Competitivo. Estos conceptos los iremos desarrollando
en las líneas siguientes.
No
confundir estrategia con operatividad
Como
hemos mencionado, todo proceso de diseño de la estrategia
empresarial está ligado a la profundidad o nivel de
detalle de los resultados a obtener y al marco de tiempo y
de esfuerzo que demandará el proceso al ser llevado
a cabo. Aunque normalmente estos conceptos están muy
relacionados, el reto reside en encontrar un procedimiento
que, a la vez que simple y viable en el tiempo, produzca resultados
que no se queden en conceptos de tipo gaseoso. De eso trataremos
a continuación.
En
la gestión cotidiana de la empresa se generan problemas
del día a día, que ocupan lugar preeminente
en la marcha de las operaciones de aquélla. Estos problemas
consumen la mayor parte del tiempo y ocupan la más
alta prioridad de los trabajadores (ejecutivos o empleados),
impidiéndoles ver otros aspectos tal vez más
importantes para la supervivencia de la organización,
pero en los que dicha importancia no es evidente por sí
misma, como en los operativos, sino que requieren de un esfuerzo
especial de análisis y reflexión para su detección.
Más
aún, se requiere un enfoque diferente para sobrevolar
las circunstancias cotidianas y, desde lo alto, avizorar un
panorama más amplio y general. Es la transición
de la visión cortoplacista a la del mediano y largo
plazo.
Es
por ello que, cuando nos encontramos inmersos en un proceso
de planeamiento empresarial y sugerimos volcar la atención
en los temas de diseño del futuro, desprendiéndonos
de la carga de lo cotidiano, a muchos ejecutivos les cuesta
lograrlo, mostrando gran impaciencia por llegar a resultados
concretos, de aplicación inmediata, y mostrando gran
preocupación cuando tales productos tardan en llegar.
Es el temor, justificado por cierto, de que todo el tiempo
que se toma en un proceso de esta naturaleza pueda concluir
en generalidades o en lugares comunes que no aporten mucho
a la solución de los problemas candentes del presente.
Aquí
es bueno hacer dos reflexiones. Por una parte, no es bueno
mezclar estrategia con operatividad porque ambas caminan en
tiempos diferentes y la presión por lograr resultados
de corto plazo puede afectar la calidad de la visión
del largo plazo. Sin embargo, si se ha de contratar servicios
para desarrollar la visión estratégica, es bueno
asegurarse de que los resultados aterricen, porque el otro
extremo, el "vuelo" sin descenso, tampoco es recomendable.
Entonces,
¿cómo lograr resultados terrestres sin comprometer
la calidad del desarrollo de la visión estratégica?
La respuesta se encuentra en la metodología a seguir,
es decir, en la estructuración de un proceso que vaya
de lo más general a lo más particular y donde
no haya contradicción, sino más bien colaboración,
entre los dos enfoques.
¿Qué
es el planeamiento?
Muchas
veces tiende a confundirse el Plan con el Planeamiento. Este
es un error de concepto porque el Plan es un resultado, el
resultado inicial del Planeamiento, que es un proceso y, más
aún, debe ser una filosofía, un concepto que
debe formar parte de la cultura empresarial y que involucra
actitudes de apoyo, compromiso y manejo del cambio a todo
nivel.
Gestión
del cambio: actualización del Plan
El
plan no es sino un conjunto de supuestos y metas a lograr
mediante el uso de recursos, tanto humanos como técnicos
o financieros, en plazos determinados y con beneficios esperados.
Sin embargo, es conveniente no perder de vista que este conjunto
de acciones y proyectos corresponde a una "instantánea"
tomada en el momento en que se desarrolló el Plan,
basada en las condiciones reinantes en dicho momento.
Pero
como estas condiciones cambian continuamente, es necesario
que se revise y actualice el Plan incluyendo nuevas actividades,
verificando la conclusión de otras y repriorizando
el conjunto de manera acorde con las nuevas características
del entorno.
Esto
es el proceso de administración del Plan, que es parte
integrante del proceso de Planeamiento y que muchas veces
se descuida o ignora.
Recalquemos:
no es suficiente con haber construido un excelente y bien
pensado Plan, ya que éste perderá vigencia al
poco tiempo de su elaboración. Es extremadamente importante
preparar, e incorporar a la cultura empresarial, un procedimiento
de administración del Plan que garantice su permanente
actualización. Eso sí, en forma viable, es decir,
que no vaya a ocurrir que actualizar el Plan sea más
costoso que el propio desarrollo de éste. Más
adelante ampliaremos conceptos acerca del esquema de administración
del Plan.
Resumiendo
En
resumen, el Planeamiento es un proceso que debe ser incorporado
a la cultura empresarial y que, por lo tanto, debe estar apoyado
por los más altos ejecutivos y ser conocido y ejecutado
con la participación de todos los escalones organizacionales.
Factor clave de éxito es la actualización metódica
y permanente del Plan, lo que se debe lograr consumiendo el
menor tiempo posible de los altos directivos pero permitiendo,
al mismo tiempo, contar en todo momento con una clara y fiel
imagen del estado de su desarrollo y con que su contenido
corresponda a los requerimientos actuales. Cuando esto último
no ocurre, el Plan se desactualiza, pierde vigencia y credibilidad
y termina por ser olvidado en el fondo de un estante.
Misión
y Visión
Acompañemos
a hacer un ejercicio intelectual. A lo largo de los siguientes
párrafos le pediremos que vaya desarrollando los temas
que trataremos. Al final, si la suerte y su paciencia nos
acompañan, es posible que tengamos algo parecido a
un esquema estratégico elemental para su empresa (o
para usted mismo).
Primero
debemos describir lo que nuestra empresa es. Señale
el giro principal del negocio, su ámbito, su penetración
en el mercado, sus expectativas y las de sus asociados y trabajadores
y, finalmente, su proyección en la sociedad. A esto
se le conoce como la Misión de la empresa. Puede ser
un párrafo de unas pocas líneas o una descripción
de una página o más. Todo es al gusto del cliente.
Nuestra recomendación es que sintetice, que sea breve
y ponga en el mínimo espacio todos los temas que mencionamos
anteriormente y que constituyen la descripción de lo
que su empresa es.
Una
vez que logró la anterior descripción, muy pegada
a la realidad y a lo que acontece en nuestra empresa hoy,
pasemos al momento de los sueños. Pasemos a describir
la Visión. Describa en otro párrafo sus sueños
acerca de su empresa. Ponga lo que usted desearía lograr
en un largo plazo (diez años estaría bien),
no importa que ahora pudiera parecer disparatado o exagerado.
Todo vale cuando se desarrolla esta imagen de lo que nuestras
más caras aspiraciones anhelan íntimamente.
No hay lugar para la timidez o la humildad cuando desarrollamos
la Visión de nuestra empresa. Adelante.
Para
terminar, ponga ambas definiciones en páginas diferentes
y analícelas dentro de unos días, para ver en
qué medida identifican su sentir al respecto.
La
Visión y la Misión son dos conceptos que se
desarrollan en la etapa inicial de la elaboración del
Plan Estratégico empresarial, con la participación
de un conjunto de directivos del más alto nivel de
la empresa.
Objetivos
y factores críticos de éxito
Continuando
con el ejercicio, identifique un conjunto de logros a alcanzar
que sean de la mayor importancia para el cumplimiento de la
Misión. No los confunda con proyectos o tareas. Estos
–proyectos o tareas– son conjuntos de actividades
que se desenvuelven dentro de un marco de tiempo específico,
con el uso de recursos de la empresa, que tienen un inicio
y un fin y que generan productos específicos, mientras
que los objetivos son, más bien, propósitos,
logros a alcanzar, y su temporalidad no es, necesariamente,
definida en forma específica.
Ah,
y trate de que sean muy pocos –entre cinco y diez estará
bien–. Tienen que estar relacionados con la empresa
en su conjunto. Por ello, cuando los identifique no se ponga
la gorra de ninguna función o gerencia en particular,
piense en empresa. ¿Qué cosas, aspectos, áreas
o actividades de la empresa no pueden fallar, porque si fallan
harían fracasar nuestros más caros propósitos,
imposibilitarían el logro de los objetivos y nos alejarían
del cumplimiento de la Misión? Trate de pensar cuáles
son, piense también cuáles son las cosas, los
aspectos, las áreas o actividades que son clave para
el logro de dichos objetivos. Estos conceptos se conocen como
Factores Críticos de Exito. También deben ser
muy pocos, de tres a cinco estará bien. Redáctelos
y páselos en limpio para posterior revisión.
Análisis
FORD u OPEDEPO. Fuerzas competitivas. Problemas
La
palabra FORD viene de las primeras letras de Fortalezas, Oportunidades,
Riesgos y Debilidades. La palabra OPEDEPO viene de Oportunidades,
Peligros, Debilidades y Potencialidades. Son exactamente la
misma cosa, use el que más le guste.
Aquí
hablaremos del OPEDEPO. Siguiendo con el ejercicio, analice
ahora las cosas desde dos posiciones diferentes. Comience
pensando en los factores internos a su empresa, aquellos sobre
los que tiene potestad para intervenir directamente modificándolos
o reforzándolos. A estos los llamaremos potencialidades
(o Fortalezas) y debilidades.
Haga
dos listas, una con aquellas cosas en las que su empresa está
bien, en las que es fuerte, y otra lista con las cosas en
las que su empresa no está bien, que deben mejorarse
o cambiarse porque constituyen verdaderas debilidades que
atentan contra el logro de los objetivos y el cumplimiento
de la Misión.
A
continuación haga lo propio pero meditando sobre los
factores del entorno, aquellos sobre los que no tiene capacidad
para actuar, que pertenecen al medio que interactúa
con nuestra empresa. Nuevamente, haga dos listas, una de ellas
identificando aquéllos que pueden ser usados en provecho
de nuestra empresa, si se toman las medidas adecuadas. Estas
son las Oportunidades.
La
otra lista prepárela con aquellos aspectos del entorno
que resultan amenazadores y pueden hacernos daño si
no actuamos oportunamente; estos son los Peligros (Amenazas,
Riesgos).
Estas
cuatro listas son un análisis autocrítico de
la mayor importancia para fijar derroteros en la forma más
consecuente con lo que podemos y no podemos realizar (análisis
interno) y con las cosas que podemos aprovechar o las que
pueden amenazar nuestros logros (análisis externo).
Puede ubicarlas en páginas separadas pero, si caben,
es preferible que divida la página en cuatro partes
y coloque en ellas las listas, en una sola página.
Podemos
complementar este análisis incorporando las características
fundamentales de las fuerzas centrales de la competitividad,
es decir, aquellos factores o segmentos del mercado que determinan
nuestro negocio en el terreno de la competitividad y nuestra
relación con ellas. Identifiquémoslas en forma
específica y señalemos cómo afectan a
nuestro negocio, en forma clara y muy escueta.
El
análisis no estaría completo si no incorporamos
el día a día, es decir, la relación de
los principales problemas que nos afectan hoy y que comprometen
el logro de los Objetivos. Identifíquelos, lístelos,
concéntrese sólo en los principales problemas,
no se repita ni redunde, vuelque, concreta pero eficazmente,
su visión de las principales situaciones que están
obstaculizando la marcha de su negocio.
Cerrando
el círculo
¿Qué
hacer con todo el material elaborado? Veamos, lo primero es
dejarlo decantar y revisarlo con otros ojos uno o dos días
después. Luego de haberlo sometido a esta revisión
y sus correspondientes correcciones, hay varios caminos a
tomar.
Un
esquema es el de partir por los objetivos y, por cada uno
de ellos, identificar acciones que coadyuven a su logro. Luego
hay que pasar a la determinación de las acciones que
ampararán el logro de las primeras acciones identificadas
y, finalmente, a la determinación de medidas cuantitativas
del logro de estas diversas acciones (métricas).
Estas
medidas cuantitativas tienen que ver con factores numéricos
y con aspectos temporales (qué lograr –numéricamente–
y cuándo). Posteriormente estos objetivos y metas deben
generar objetivos y metas en las diferentes funciones de la
empresa, los que también contarán con sus propias
métricas y plazos, y luego con las subfunciones y así
sucesivamente.
Otro
esquema consiste en identificar proyectos que coadyuven al
logro de todo el esquema desarrollado, con plazos y responsables.
Estos proyectos podrán ser del corto, mediano o largo
plazo, dependiendo del factor que contribuyan a resolver,
y pasarían a formar parte de una cartera de acciones
concretas y medibles, a realizar en el tiempo.
Use
uno y sólo uno, el que estime más conveniente,
y prepare su cartera de proyectos o Metas.
La
administración del Plan
Complementando
lo expresado en las partes iniciales de este artículo,
digamos que la administración del plan es algo que
no debe ser dejado de lado o puesto como algo irrelevante.
Es de la mayor importancia si queremos que el Planeamiento
cubra sus objetivos y haya valido el tiempo que demandó
su preparación.
Sólo
dos ideas centrales a este respecto. Primero, debe haber un
Comité de alto nivel que se reúna lo estrictamente
indispensable para verificar avances, manejar los retrasos
e incorporar, priorizadamente, los nuevos proyectos, así
como un equipo responsable de la administración del
Plan, que prepare los informes de situación para las
sesiones del Comité, coordinando con los responsables
de las actividades del Plan para la obtención de la
información relativa a sus proyectos.
Segundo,
este manejo debe ser ligero y no agobiante. El uso de herramientas
de software apropiadas es fundamental, y para ello es recomendable
contar con un esquema de red que permita manejar de la manera
más conveniente y distribuida toda la cambiante información
del Planeamiento.
Una
vez al año se puede hacer una revisión exhaustiva
del Plan la que, si se ha ido actualizando en forma periódica,
puede ser muy sencilla, pero que permitiría incorporar
otros aspectos tales como la medición del logro de
beneficios y el impacto de los logros en las diversas áreas
de la empresa y frente a la competencia.
Una
reflexión final
El
Planeamiento es un proceso de alcance corporativo. Debe corresponder
a la creación de una cultura que lo incorpore y estimule
permanentemente, partiendo por la alta dirección.
La
elaboración del Plan Estratégico Empresarial
debe ser, en lo posible, breve, espontánea, creativa.
Un proceso de elaboración del Plan que tome varios
meses conducirá sobre todo a acciones de tipo operativo,
al desarrollo de proyectos específicos, tal vez diluyendo
la óptica del gran contorno para perderse en especificidades
y retornar así al día a día con todas
sus debilidades.
Sin
embargo, cuidado, esto no implica llegar al desarrollo de
modelos extremadamente simplistas o que no alcancen más
que definiciones genéricas, en la cumbre de la estrategia,
que no se conecten con la necesidad pragmática de logros
específicos, mediciones y asignación de responsabilidades.
Finalmente,
debemos señalar que la elaboración del Plan
Estratégico Empresarial es conveniente para el manejo
organizado y coherente de las Tecnologías de la Información,
ya que permitirá elaborar un plan de dichas tecnologías
apoyado en los parámetros, las direcciones y prioridades
por aquél señaladas y que son indispensables
para el diseño adecuado y eficaz de los recursos de
hardware y software que la empresa requiere para el apoyo
de sus operaciones en el presente y el futuro.
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