Sinopsis
del libro The Future of Management, de Gary Hamel.
Harvard Business School Press, USA, págs. 3-37
Cuando
vas por la carretera, varias veces te ha sucedido una de las
siguientes dos cosas: rebasas un auto gris a una velocidad
mayor, piensas que con eso vas a llegar primero y, ¡oh,
sorpresa!, llegas a la caseta de cobro y unos instantes después
ves cómo el auto gris llega a un lado tuyo, se forma
en otra línea y sale primero de la caseta. Algunas
veces pasa lo contrario y tú eres el carro gris.
En
la administración pasa exactamente lo mismo: en estos
tiempos de incontenibles avances tecnológicos y de
comunicación extrema, es muy fácil acercarse
a los demás, buscar nuevas ventajas y desarrollarlas
para que alguien más, en unos meses, se acerque a uno
y lo rebase por la izquierda.
Cuando
rebasamos por la izquierda estamos pasando o nos están
pasando nuestros competidores con las mismas estrategias y
tácticas que nosotros estamos usando. Es muy fácil
copiar, descubrir, imitar o realizar lo mismo que los demás
hacen. Estamos muy preocupados en observar nuestra industria
para ver qué hace nuestra competencia con un sentido
de no dejarnos rebasar, o para rebasar a los demás.
El
problema surge que nos enfocamos tanto en observar y actuar
en consecuencia, que perdemos la dimensión de nuevas
formas de hacer las cosas, de manejar los procesos o de buscar
nuevos mercado o productos que nos lleven por caminos diferentes.
Hemos
abusado de los esquemas de diferenciación, donde buscamos
tener atributos diferentes a los demás productos, servicios,
proceso o formas de hacer las cosas, que siempre estamos anclados
a lo que la industria o las teorías tradicionales de
administración han hecho por muchos años. Sólo
nos interesa alejarnos lo suficiente de los demás,
suponiendo que ese será un valor que nos permitirá
crecer.
No
entendemos que es como la víbora, que por donde pasa
la cabeza pasará la cola. Igual a donde nos movamos,
los demás también se moverán, y a donde
se muevan los demás, nosotros nos moveremos.
La
innovación no sólo está relacionada con
los productos, servicios y procesos, también tiene
que ver con la innovación administrativa, donde buscamos
nuevas maneras de procesar el entorno. ¿Por qué
procesar?
Procesar
el entorno significa entender lo que está sucediendo
alrededor y cómo nuestras acciones pueden cambiar el
entorno hacia lugares que inclusive no habíamos concebido,
lo cual nos lleva a ser flexibles y creativos en la forma
que administramos. Puede implicar cambios de posiciones, de
poder, de relaciones, de esquemas, de paradigmas, de ideas.
El objetivo es movernos rápido con organizaciones más
flexibles, que sean capaces de entender esta nueva realidad
que cambia día a día.
Nuestros
competidores no podrán seguir a la víbora porque
no sabrán ni entenderán a dónde va. Piensan
que hacemos lo de todos, y tratarán de entendernos.
Ese tiempo es el que hemos ganado, y que una caseta de cuota
no les permitirá alcanzarnos.
Conclusión:
Si en vez de acelerar solamente en nuestro auto, cambiamos
de ruta, evitamos las casetas o integramos un sistema de pago
automático por radiofrecuencia, la ventaja que tenemos
al acelerar más que los demás se mantendrá,
y nuestros competidores tardarán en comprender qué
hacemos; de otra manera, seguiremos viendo, resignadamente
a la izquierda cómo la cola donde se formó el
auto gris camina más rápido que la nuestra. |