A
las 10 de la mañana recogía, días pasados,
un coche que había alquilado para una visita comercial
en la zona de Cartagena. Mi secretaria había reservado
un coche en Hertz, compañía con unos precios
muy competitivos. Puedo entender que por un tema de costes
tengan el check in y check out en la última punta del
aeropuerto, pero lo que nunca he entendido es la brutal lentitud
con que te entregan el vehículo, que por el mismo precio
podría ser un proceso casi instantáneo. Esperas,
papeleo, firmas a montones… Después de unos meses
sin visitarles, ¡todo esto había mejorado sustancialmente!
y, como consecuencia, me fui muy satisfecho con mi coche a
visitar a un cliente potencial.
Días
más tarde he desvirtualizado una relación 2.0
con una persona a la que había dejado accidentalmente
plantada días atrás y que, dicho sea de paso,
no parecía guardarme especial rencor. Era un ex directivo
de Hertz que, entre otras cosas, me habló sobre su
experiencia en la implantación de “Hoshin Kanri”
en esta multinacional americana.
No
pude evitar recordar el proyecto en el que descubrí
esa extraña palabra japonesa. Han pasado siete años
desde que me tocó certificar para un fabricante de
automóviles japonés que el despliegue de los
objetivos estratégicos, realizado utilizando la metodología
de ”Hoshin Kanri”, era correcto, y que el cumplimiento
de los objetivos que tenían asignados todos los mandos
de la organización, desde directivos hasta el último
encargado de turno, eran consistentes con los objetivos que
se le habían asignado a la unidad de negocio española
dentro del gran plan de reducción de costes lanzado
por el entonces Presidente Mundial.
Conocedor
de la potencia de un “Hoshin Kanri” (dirección
por políticas) bien implantado, asocié la mejora
en la calidad en el servicio de Hertz con la implantación
de la poco conocida metodología de dirección
por políticas. Aplicando el principio de la Navaja
de Ockham, me pareció lo más razonable.
Muchos
conoceréis el “Balanced Scorecard”, de
Norton y Kaplan, una idea americana con un marketing potente,
mal interpretada por todos, maltratada por ejecutivos y consultores
y que, al final, ha servido para bien poco en muchos países,
aunque algunos piensen lo contrario (los que la venden, y
los que han pagado una pasta y se ven obligados a pensarlo
para mantener la autoestima).
Hasta
que no has visto plenamente implementado “Hoshin Kanri”
en una compañía, no tomas conciencia de las
chapuzas que se han realizado con el mal traducido “cuadro
de mando integral”.
El
trato, la interpretación, el uso y la perversión
que se han hecho de la metodología de Norton y Kaplan
es digna de figurar en los anales de la historia del management
nacional español (en el extranjero no sé que
pasa).
Enumero
los principales despropósitos en la interpretación
de la herramienta:
•
La traducción absolutamente incorrecta ha llevado a
mucha gente a interpretarlo como un cuadro de indicadores
estratégicos y ya está. ¡¡¡NO!!!
Balanced Scorecard es una potente metodología para
el establecimiento, el despliegue y la asunción de
objetivos estratégicos.
•
Incluso en el caso de las organizaciones en las que inicialmente
se consideraba el proyecto en plena magnitud, con el tiempo
se ha deteriorado sin llegar a constituir el cuerpo de la
cultura de gestión de la empresa.
•
Los implicados son a lo sumo los dos o tres primeros niveles
organizativos. Se debería implicar desde Dirección
General hasta el último supervisor del turno de noche
del fin de semana. Es una herramienta que permite alinear
a toda la organización con los objetivos de Dirección.
•
Se ha pretendido implantar en unos pocos añitos. La
metodología de Balanced Scorecard bien aplicada supone
la inversión de años de cambio cultural. Sin
embargo, si te compras un libro de Balanced Socrecard habla
fundamentalmente de mapas, iniciativas, metas… Pero
de la cultura organizativa que admite esto, poquito.
•
Se han realizado grandes inversiones en tecnología
para que el sistema fuese eficiente, y el Balanced Scorecard
es soportado informáticamente por muchísimos
aplicativos. Se han preocupado en hacer eficiente el sistema
de registro de la información (más sólido
que eficiente) y nadie se ha preocupado de que realmente fuese
útil el sistema de planificación estratégica.
Frente
a la metodología americana, la metodología japonesa
se impone con claridad. Frente a los desastres en la implantación
del Balanced, los dos casos que conozco de implantación
de Hoshin son impecables (ya sé que estadísticamente
no es demasiado, pero el artículo queda bien así).
Existe
una prueba muy sencilla de verificar, y que debería
de ser capaz de echar por tierra el orgullo que muestran,
por desconocimiento, los directivos que usan los famosos cuadros
de mando. Te vas a un encargado de la fábrica que la
empresa tiene en Valdemorillos de la Sierra y le preguntas
qué es el Balanced Scorecard. Si no tiene ni idea,
es que la implantación fracasó. Prueben a hacer
lo mismo en Nissan. Todo el mundo sabe lo que es el Hoshin
Kanri porque forma parte de la cultura de empresa. No puede
ser que algo tan estratégico no sea conocido por todos.
Si se preguntan por qué Carlos Ghosn entró en
Nissan y fue capaz de darle la vuelta, la respuesta es Hoshin
Kanri bien implantado.
Pero
el problema no es la metodología.
El
que opta por Hoshin Kanri es porque lo ha comprendido,
realmente cree en él y tiene la fime voluntad de
implantarlo.
El
que opta por Balanced Scorecard lo hace porque acaba de oír
de él, porque está de moda, porque suena bien,
porque una consultora le ha convencido hábilmente de
que era absolutamente necesario (para poder vender cientos
de miles de euros en adaptación de los sistemas, entre
otras cosas), porque tiene problemas que no sabe cómo
resolver y se agarra a un clavo ardiendo para salir de la
situación.
Hoshin
Kanri requiere de una organización disciplinada. En
la empresa japonesa en que lo descubrí todo el sistema
se llevaba de manera impecable ¡EN PAPEL! ¿Y
necesitaban la tecnología? ¡PARA NADA! Explíquenle
esto a un Director de Organización y Sistemas. ¡NO
ENTENDERÁ NADA!
Tecnificar
el Hoshin Kanri ralentizará el proyecto, desviará
la atención de lo esencial, que es el cambio cultural,
y hará que el proyecto fracase.
Después
de finalizada la implantación, si te apetece meter
tecnología métela, pero después de haberte
asegurado que lo esencial funciona: la cabeza de tus directivos.
P.D.
Por si alguien tenía dudas, a pesar de conocer bastante
bien ambos sistemas, ni Hoshin Kanri ni Balanced Scorecard
figuran en la cartera de servicios de Improva. No tengo interés
específico de favorecer uno frente al otro. |