Es
normal esperar que la creatividad florezca en un local de
trabajo tranquilo, con poco estrés, donde los conflictos
son contenidos, donde hay consensos y la gerencia monitorea
de cerca la forma como el dinero es gastado y la manera como
las personas usan su tiempo. En síntesis, donde hay
muchas estructuras departamentales y todo está previsto.
Le pregunto, ¿verdadero o falso?... Falso.
En
general la innovación se genera en ambientes inhóspitos,
con funcionarios desajustados, personas que nos hagan sentir
incómodos, inclusive personas de las cuales no gustemos.
Así será posible encontrar algunos desajustados
que ignorarán y rechazarán el código
organizacional, aumentando la diversidad de aquello que las
personas piensan y hacen, potenciando la innovación.
¿Qué
Gerente en plena pose de su racionalidad contrataría
intencionalmente a alguien a quien le llevase mucho tiempo
para comprender la cultura de la empresa, o que dejase incómodos
a los colegas?
¿Quién
perdería tiempo contratando un candidato cuyas habilidades
ni siquiera son necesarias para la empresa? ¿O quién
daría empleo a una persona que nunca hubiese trabajado
anteriormente en la solución de problemas semejantes
a los que afligen a la empresa en ese momento? “Gente
con experiencia en el cargo”, como se señala
en los avisos de prensa.
La
mayoría de los procesos filtran a estos “desajustados”,
quienes son rechazados en los procesos de selección
sin saber que pueden ser los verdaderos agentes cruciales
para el éxito en programas de innovación. No
válidos si la empresa está en la misma de siempre,
cuidando sus nichos antiguos, conquistados en pasadas y lejanas
batallas.
Los
procesos reales de innovación requieren de personas
diferentes, hay que buscar entre los postulantes a personas
que cultiven una alta autoestima, autocrítica desarrollada,
capaces de percibir las señales sutiles. Personalidades
autónomas y mal ajustadas que descompensen la cultura
organizacional, que alarguen los horizontes de todo lo que
es pensado, percibido o dicho dentro de la empresa.
Pocos
perciben que sus ideas pueden generar los nuevos productos
que la empresa requiere en el futuro.
Hay
que entender que la innovación no es inventar cosas
nuevas, sino ver las cosas que existen de una forma diferente.
Tampoco consiste en copiar lo que hacen en otras latitudes.
La innovación debe traer consigo resultados mensurables,
que mejoren un proceso, un producto, y cuyos resultados sean
vistos por las mayorías.
Si
yo fuese Gerente de una empresa que dependiese de la innovación,
iría más lejos todavía, importando conocimiento
“fresco”. Contrataría gente que nunca hubiese
estado tratando de resolver los mismos tipos de problemas
con los cuales yo estuviese lidiando.
En
el proceso creativo, la ignorancia es una bendición,
sobre todo en las primeras etapas. Hay un dicho que dice “si
quieres saber de agua, no le preguntes a un pez”, haciendo
alusión a que éste sólo se dará
cuenta de que vivió en el agua cuando esté agonizando
en las manos del pescador.
En
mi poca experiencia en la materia, he verificado que los nuevos
servicios y productos se generan en las empresas con la gente
nueva, novata o ajena al rubro, que esté dispuesta
a desafiar el status quo a pesar de que lo puedan despedir.
Que quizá nunca ha usado terno, ni asistido a reuniones
improductivas, ni haya participado del budget. En síntesis,
no traer clones a la empresa, gente que piense igual. “Aquí
somos todos ingenieros”, me dijeron en una empresa,
garantizando que ahí no habrá innovación
nunca.
Si
es la innovación lo que usted desea en su empresa debería,
a mi modesto juicio, incentivarse a sí mismo a romper
su propias reglas y reglamentos. En el momento que eso suceda,
ponga a todos a discutir, unos con otros. Dé nuevas
atribuciones a aquellas personas acomodadas en rutinas operativas.
Comience recompensando las tentativas frustradas, y no apenas
los éxitos. Reserve las sanciones para los inactivos.
Quien
hace lo que juzga correcto, y no lo que le dicen que debe
ser hecho, o aquello que sabe que a sus superiores les gustaría
que hiciese, acostumbra a producir serios trastornos entre
los superiores. Pero por otra parte, acaba también
obligando a apostar a ideas que algún jefe o grupo
poderoso rehusó aceptar, porque entendió que
no pasaba de un desperdicio de tiempo y dinero
Creo
que a pesar de que muchas empresas consideran importante la
innovación, ésta no es, y nunca será,
su actividad fundamental. Al contrario, las empresas se concentran
mayoritariamente en el trabajo más rutinario de ganar
dinero ahora, con productos, servicios y modelos económicos
confiables. Las prácticas más propicias a la
obtención de ganancias siguen viejas fórmulas,
que difieren drásticamente de aquellas tan necesarias
a la innovación.
Durante
este año y el próximo, escucharemos a muchas
empresas hablar sobre la implementación de programas
de innovación, surgirán términos en ingles,
cursos, seminarios y grandes discursos, pero poco pasará.
Los latinos no tenemos cultura de la innovación. Los
brasileños, latinos por esencia, tienen un dicho al
respecto “Nada se cría, tudo se copía”.
En
nuestra cultura, las mejores ideas para promover y preservar
la creatividad parecen extrañas y poco motivadoras
para los administradores. Principalmente porque los procesos
de innovación requieren cambios de 180 grados, riesgos
y cambios de personal. Eso aleja a muchos de estos procesos.
Recuerdo
la frase de Tolstoi: “Todos quieren cambiar el mundo,
pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”.
La
innovación se desarrolla sólo en un ambiente
de libertad, sin decretos, normas, organismos gubernamentales,
comisiones ni burocracia.
La
rutina sucede sin usted, la innovación no.
|