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Según
cuenta una vieja historia, un noble de la antigua China preguntó
a su médico, que pertenecía a una familia de
sanadores, cuál de ellos era el mejor en el arte de
curar.
El
médico, cuya reputación era tal que su nombre
llegó a convertirse en sinónimo de "ciencia
medica" en China, respondió: "Mi hermano
mayor puede ver el espíritu de la enfermedad y eliminarlo
antes de que cobre forma, de manera que su reputación
no alcanza más allá de la puerta de la casa.
"El
segundo de mis hermanos cura la enfermedad cuando ya es extremadamente
grave, así que su nombre no es conocido más
allá del vecindario.
"En
cuanto a mí, perforo venas, receto pociones, y hago
masajes de piel, de manera que, de vez en cuando, mi nombre
llega a oídos de los nobles".
Este
es un relato que capta con belleza la esencia de la relación
entre el arte de la curación y el arte de "ejercer
la autoridad"; posiblemente ejercer la autoridad y curar
sean mundos aparte, pero tienen algún paralelo: reconocer
como cuenta la historia que cuanto menos se necesita algo
o cuanto menos se note el accionar de alguien, tanto mejor;
si un jefe, gerente, presidente, supervisor, etc. se hace
notar cuando está mandando, algo en la organización
no está funcionando adecuadamente.
Introducción
Algunos
definen poder como la capacidad para hacer lo que uno quiere.
A partir de que el hombre es un ser social, hacer lo que uno
quiere, a menudo, involucra a otras personas.
El
diccionario define autoridad como el poder que tiene una persona
sobre otra que le está subordinada; como el del padre
sobre los hijos, el del tutor sobre el pupilo, el del superior
sobre los inferiores. Es así como los conceptos de
poder y autoridad están entremezclados y ligados.
El
hecho de pertenecer a una empresa, cualquiera sea la posición
que uno ocupe, significa que renunciamos a algún control
sobre nuestro trabajo.
Esta
sencilla premisa no es reconocida y aceptada de igual forma
por todos.
En
el contexto del management empresario vamos a desarrollar
algunos conceptos vinculados al poder y sus trampas, y algunos
conceptos sobre el ejercicio de la autoridad.
¿Quién
tiene el poder?
Gregory
Bateson, antropólogo americano fallecido hace unos
cuantos años, decía que el poder era una situación
relacional. Alguien tiene poder si hay otro que lo otorga.
Entonces ¿quién tiene el poder? "El mismísimo
Goebbels, relata Bateson, creyó que podía controlar
y dominar a la opinión pública en Alemania por
medio de un vasto sistema de comunicaciones. Pero, de hecho,
el aspirante a controlador tendría que tener siempre
sus espías en la calle para que le dijeran qué
es lo que la gente dice acerca de su propaganda. Por consiguiente,
continúa, no se puede tener un simple control unilateral
del poder ". Goebbels, todopoderoso, se dio cuenta de
que no podía hacerlo solo, necesitaba conocer la opinión
de aquellos destinatarios de sus decisiones (opinión
pública alemana) para tomar sus decisiones.
El
poder
Según
M. Grondona, etimológicamente "poder" proviene
de una voz indoeuropea, "poti", que quiere decir
"jefe de un grupo". Poti alude a los jefes de familia
o de clan que deambulaban en los tiempos de las cavernas.
Entonces lo primero que hubo fue el mando absoluto del "jefe".
De él nació incluso el genérico sentido
de "poder" en cuanto capacidad para hacer algo en
cualquier otro terreno. Pareciera ser que lo primero que hubo
fue ordenar y obedecer. Primero el jefe de familia, luego
el rey, un todopoderoso, a él y solo a él le
pertenecía el secreto de sus decisiones. Nadie podía
preguntar por qué. El jefe guardaba para sí
las razones de lo que ordenaba.
En
muchos seminarios con ejecutivos de empresas, profesionales,
y cursos universitarios de posgrado, he desarrollado un ejercicio
que se hace en grupos de tres personas, A, B, y C. Lo anuncio
como un ejercicio para negociar en condiciones desiguales
de poder. Deben negociar entre sí, sobre cantidad de
puntos, cuántos le corresponden a cada uno, siguiendo
pautas indicadas en las reglas del ejercicio. En el desarrollo
pueden llegar a un acuerdo, los tres (A+B+C), dos (A+B, B+C,
A+C), o no llegar a ningún acuerdo. Las reglas establecen
una aparente superioridad del rol de A y una aparente debilidad
del rol de C, reservando para el rol de B un lugar más
neutro. Habitualmente los resultados finales son muy distintos
en los distintos grupos. Cuanto más grupos participan,
más se percibe la variedad de resultados. Los resultados
más comunes son: a) A y B excluyen a C, b) A y B incluyen
a C, pero le dan migajas, c) Algún tipo de solución
equitativa tipo 40 %, 33% y 27%. Este ejercicio es muy interesante
para revisar las creencias sobre el poder y las trampas del
poder.
Para
el "todopoderoso" A, la trampa es creer que puede
controlar la situación sin ayuda de nadie, que no necesita
tener en cuenta a los más débiles para establecer
alianzas; el que se cree más fuerte se tienta a imponer
su voluntad y a cometer abusos.
Para
el "sin poder" C, la trampa es creer que debe estar
agradecido por cualquier limosna que le tiren, no reconocer
que puede aumentar su poder haciendo alianzas con otros; el
que se cree más débil se tienta a ofenderse,
resistirse, o exponerse a ser abusado.
El
ejercicio relatado más arriba es muy interesante en
este sentido: cuando uno analiza los diferentes resultados,
algunos A y C cumplen con sus expectativas, mucho para A,
poco para C. Otros se desconciertan cuando ven los resultados
de otros grupos, en los cuales A resignó varios de
sus puntos y C consigue muchos más que los otros C.
Con las mismas condiciones iniciales, las distintas creencias
sobre los propios recursos (poder) y distintas actitudes hacia
las alianzas deriva en diferentes resultados finales.
Muchas
veces se confunde el concepto de poder con uso de la fuerza.
Si a una audiencia se le pide que dé un gesto simbólico
de poder, muchos mostrarán sus puños en forma
amenazante o injuriosa.
Fuerza
es tomada como un concepto de dominación; hay cierta
tendencia de identificar el poder con la capacidad de victoria,
es decir, ejercerlo sobre otra persona u organización.
Estas
confusiones y tendencias se hacen notorias en los abusos del
poder, entendiendo abuso como el usar mal, excesiva, injusta,
impropia e indebidamente alguna cosa (Dicc. Encicl. Salvat).
Los
abusos de poder del tipo: "¡porque sí!",
"¡se hace así por que lo digo yo!",
"¡yo soy el jefe y basta!", "¡no
me van ustedes a enseñar a mí como se hace!",
"¡si no le gusta ya sabe lo que tiene que hacer!",
"cumpla sus órdenes y basta!", no son buenos
para ninguno de los que participan en la situación.
La
sombra agazapada del poti permanece en las relaciones
donde hay una autoridad.
La
"víctima" del abuso puede obedecer, pero
lo hará con enojo y no va reconocer la legitimidad
de la autoridad, reaccionará con hostilidad, bajará
su autoestima, disminuirá su rendimiento, estará
más expuesto a errores y accidentes, etc.
El
que manda de esta forma, también es una "víctima"
de la misma situación, porque ve en los demás
riesgos y peligros, insuficiencias y defectos, tampoco es
confiable para sus subordinados, pierde el contacto con ellos,
por lo tanto pierde la posibilidad de estar al tanto de lo
que sucede.
Cuando
en una empresa el liderazgo y las normas son rígidas,
fijas e inmutables, la comunicación es indirecta, vaga,
e insincera. Esta es una manera infalible de crear una organización
problemática.
Si,
en cambio, el liderazgo y las normas son flexibles, apropiadas
y sujetas a cambios, la comunicación es directa, clara,
específica y sincera. Si bien no hay garantías,
así existen más probabilidades de generar una
organización vital, que apoya y nutre a sus miembros.
La
autoridad
Si
bien hay personas que parecieran nacidas para ser líderes,
para ejercer autoridad, lo cierto es que la mayoría
de las personas que ocupan posiciones de liderazgo, ya sea
en naciones, grandes y pequeñas organizaciones, empresas,
etc. lo hacen a través de una exigente y disciplinada
preparación. Hay algunos recorridos para llegar a liderar.
Es necesario que alguien quiera hacerlo, eso hace a la motivación
del líder; luego es necesario que crea que puede hacerlo,
esto está vinculado con la autoestima; seguidamente
es bueno saberse líder, reconocerse como tal, hace
a la identidad; y finalmente todo esto es posible si uno sabe
hacerlo, es decir si hay capacitación.
Síntesis
El
arte de conducir, de liderar, de ejercer autoridad, están
basados en el conocimiento, en la experiencia, en la capacidad
para hacer participar a los otros, en la confianza propia
y de los otros, en la motivación para hacerlo, en la
capacitación, más que en el uso de la fuerza,
la amenaza, el creerse el dueño de la verdad, el único
poseedor del conocimiento y el conocedor de todas las respuestas.
Esto
me recuerda una historia...
Había
una vez un hombre que daba una clase a los padres sobre cómo
ser padres. La tituló "Diez mandamientos para
padres" y los padres, inseguros en sus aptitudes, venían
de todas partes para asistir a su clase y aprender cómo
ser mejores padres. En aquel entonces, ese hombre no estaba
casado ni tenía hijos. Un día conoció
a la mujer de sus sueños y se casó. Con el tiempo
tuvieron un hijo. Entonces cambió el título
de su clase, "Cinco sugerencias para padres". Con
el tiempo fueron bendecidos con otro hijo. Y entonces le puso
un nuevo nombre a la clase, "Tres pistas provisionales
para padres".
Cuando
nació su tercer hijo, dejó de dar la clase. |
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