El
Juego y la empresa
Los
puzzles o rompecabezas son juegos de entretenimiento y aprendizaje
jugados por millones de personas alrededor del mundo. Son
juegos universales, independientes de la raza, el credo o
la clase social de los jugadores. Básicamente consisten
en la reconstrucción de una imagen o figura que ha
sido previamente dividida en diferentes partes con bordes
de forma irregular, a las que se conoce como “piezas”.
Presentan, como es de esperar, diferentes grados de complejidad.
Para
los niños más pequeños, es usual que
el juego esté formado tan solo de dos a cuatro piezas.
Para los más avezados, los puzzles pueden llegar a
tener más de mil piezas, transformando al juego mismo
en algo mucho más elaborado y rico en interpretación
y reconstrucción de la imagen.
Hay
quienes elevan el nivel de dificultad jugándolo “a
ciegas”. Por ejemplo, se puede optar por tener la imagen
enfrente de uno, es decir copiándola, y ante la menor
duda recurrir a ella. También es posible reconstruir
la imagen a partir de la idea que se tiene de ella luego de
haberla fijado mentalmente por algunos minutos. A menor cantidad
de piezas, más fácil será su reconstrucción
a ciegas.
La
resolución del juego para cada nivel de complejidad,
dependerá de determinadas cualidades personales del
jugador. Cuanto menos complejo resulte el juego, menos habilidades
se requerirán. Para juegos de mayor cantidad de fichas,
otros serán los requerimientos.
En
principio se requiere de una gran observación. Es necesario
saber observar. No basta tan solo con mirar la figura; hay
que elaborar, en todo caso, un mapa mental de la estrategia
a seguir.
Ahora
bien, traslademos esta idea del puzzle al ámbito de
las organizaciones. Podemos pensar en las empresas como grandes
rompecabezas que deben ser armados por aquellos que forman
parte de ese juego llamado negocio.
Tal
cual ocurre con el puzzle, en las empresas hay diferentes
niveles de juego. Seguramente el grado de complejidad en el
juego será muy diferente para el dueño de un
comercio que despacha o vende carne al menudeo, que para el
que se encarga de la faena y distribución de la misma.
El
primero jugará con cuatro fichas, mientras que el segundo
seguramente lo hará con mucho más que cuatro.
Cuanto más grande sea la empresa mayor nivel de complejidad
habrá en el juego. Sin embargo, es posible encontrar
puntos en común, independientemente de su tamaño.
En
las empresas, cada una de las personas que participa en los
diferentes procesos, intenta infructuosamente armar el juego.
Lo hacen conociendo solo una parte de la imagen a construir.
Por
ejemplo, ventas solo ve las fichas que dicen ventas y clientes.
Producción, por su parte, solo ve máquinas trabajando
sin parar y más kilos. Administración se detiene
en todo aquello que hace al registro contable y el dinero
de la caja. Y por último, Abastecimiento solo orienta
su mirada hacia los inventarios y las entregas de los proveedores.
De
manera que esa visión parcial de la realidad hace que
todo el armado del juego se vea comprometido. Tratar de armar
un puzzle a partir de una sola pieza es una tarea casi más
que imposible. En todo caso puede resultar divertido o entretenido
intentarlo, pero en los negocios lo divertido puede resultar
muy caro al bolsillo del accionista.
No
tener en claro la visión de la imagen a reconstruir
es semejante a no tener definida la VISION del negocio.
Este
grado de dificultad en el ensamble del juego no es solo un
problema de las pymes. Por el contrario, las grandes compañías
también son alcanzadas por la falta de visión
de la imagen a reconstruir. La diferencia entre estas últimas
y las primeras radica en que el juego se ha organizado de
tal manera que cada uno de los integrantes conoce cuál
es su rol dentro de la organización y qué se
espera de él. En otras palabras, quien juega conoce
el grupo de fichas que debe mover.
Pero,
¿es esto suficiente para llegar a buen puerto en el
juego de los negocios? Aunque parezca una pregunta sencilla,
encontrar su respuesta no lo es.
Cuando
nos detenemos a pensar qué ficha es necesario mover
primero, nos damos cuenta de que tenemos ante nosotros un
problema de prioridades. Entonces, ¿qué ficha
movemos primero?
Supongamos
un juego de negocio formado por fichas a las que llamamos:
accionista, proveedor, consumidor y proceso. El accionista
es quien dispone del capital para satisfacer las necesidades
de los consumidores. ¡Prioridad máxima! Sin los
consumidores la empresa no existe. ¡Prioridad máxima
de atención! La calidad de la materia prima se traduce
en productos de excelencia, por lo tanto se logra fidelización
del consumidor y mejoras en las rentabilidades. ¡Prioridad
máxima! Entonces, ¿cuál es la prioridad?
¿Quién
es más importante: el accionista; el proveedor; el
consumidor o el proceso? La realidad nos muestra que estamos
frente a un dilema que en muchos casos genera rispideces entre
los diferentes actores que trabajan en la organización.
Todo dependerá del zapato en el que estemos calzados.
Este
dilema de difícil resolución no lo es en la
medida en que conozcamos cómo se juega el juego del
rompecabezas. Dejemos de lado por un instante las fichas y
pensemos de qué manera se relacionan entre sí
cada una de ellas. Y aquí es donde se hace necesario
entender que los procesos son la base del juego.
Para
comprender estas relaciones, diremos que toda empresa está
formada por flujos. Flujos físicos, flujos de información
y flujos de conocimiento. Estos flujos tienen principio y
fin, pudiendo estar conectados entre ellos o no.
Uno
o más flujos pueden formar parte de un conjunto de
flujos, al que denominamos “circuitos”. Estos
circuitos se agrupan para realizar determinadas funciones.
Así, es posible detectar en toda empresa cuatro circuitos:
el de abastecimiento, el de administración, el de ventas
y el de producción. Todos estos circuitos forman parte
de lo que se denomina “proceso de negocio”.
Quienes
administran un negocio deben advertir la presencia de este
dilema y elaborar las estrategias pertinentes para evitar
que las decisiones a tomar se vean afectadas. La administración
de procesos ayuda a comprender cómo deben ser ensamblados
cada uno de los circuitos dentro de la organización.
Cada pieza del rompecabezas posee la misma prioridad. Una
correcta administración de los procesos permite obtener
mayor claridad de los sucesos que ocurren dentro de la empresa,
generando respuesta a cada necesidad.
La
base del juego
Podemos
decir que “un proceso es, básicamente, el desarrollo
y la evolución de las fases sucesivas de un fenómeno”(1).
En una empresa existen muchos y variados fenómenos
que comienzan y terminan, participando uno o más sectores.
La
administración de procesos implica el análisis
de cada uno de ellos para determinar cuál es el valor
que aportan a la operación. No todos son indispensables,
y seguramente habrá muchos que se hallarán duplicados.
La
base del juego consiste en identificar cuáles son los
procesos estratégicos de la compañía,
cuáles son los necesarios y cuáles son los que
dan soporte a los otros dos. Cada uno de los procesos identificados
debe tener un responsable que garantice que las operaciones
realizadas por cualquier miembro de la organización,
cumplan con cada una de las fases que hacen a éste.
Además, el dueño del proceso debe ser el responsable
por la mejora de los diferentes flujos –físicos,
de información o de conocimiento– que el proceso
demande.
Esto
implica sencillamente que todo proceso diseñado para
ser llevado a cabo dentro de una organización, no puede
y no debe encontrarse huérfano de un responsable. La
máxima a seguir sería: “un proceso sin
responsable es un proceso ineficiente”.
No
es para nada atrevido afirmar, a esta altura del desarrollo
del trabajo, que “todos” es la respuesta a la
pregunta ¿quién es más importante? Teniendo
en claro cómo son los procesos dentro de la organización
y cómo se relacionan entre ellos, podremos decir que
la respuesta requerirá de la elaboración de
estrategias que ayuden a anticipar las diferentes fases de
los fenómenos.
Ahora
bien, cómo se hace en la práctica. ¿De
qué manera una pequeña empresa puede elaborar
estrategias de anticipación? En principio, hay que
trabajar mucho en la concientización de lo que representa
un enfoque orientado a los procesos. La capacitación
de la organización es la clave para ello, y la reingeniería
de procesos es la herramienta.
La
reingeniería en acción
La
reingeniería ayuda a desenrollar la trama de aquellos
procesos que no agregan valor a la operación y de aquellos
que resultan ser ineficientes. Para esto es necesario conformar
equipos de trabajo que cultiven dos cualidades indispensables
a la hora de repensar el proceso: la observación y
la interpretación. “Observar e interpretar son
dos aspectos olvidados en la gestión empresaria. Dos
aspectos que incorporan un valor agregado enorme para la cadena
de valor”(2). Los equipos de trabajo deben estar preparados
para ejercitar la observación de los procesos actuales
e interpretar los resultados de los mismos.
Para
anticipar un fenómeno, lo primero que se debe hacer
es entenderlo. Para ello se deberá observar, interpretar
y escribir cada proceso; buscando con qué otros procesos
se halla relacionado. Luego se deberá confeccionar
un mapa de los procesos e identificar a qué circuitos
pertenecen. Los procesos identificados que agreguen valor
serán rescatados y los que así no lo hicieran
serán re-evaluados a los efectos de descartar cualquier
error humano en la evaluación realizada.
Anticipar
un fenómeno no significa adelantar un suceso; es, por
el contrario, entender cuáles son los efectos que éste
ocasiona y cuándo da comienzo. De esta manera, lo que
se logra es disminuir la incertidumbre que normalmente viene
acompañada de los procesos que no son controlados.
Por
ejemplo, en la cadena de abastecimiento la construcción
de un stock de seguridad de materias primas permite disminuir
la incertidumbre que genera la variabilidad en la entrega
por parte de los proveedores. En este artículo no se
discutirá la conveniencia o no de mantener stocks de
seguridad de materias primas. Solo se hace referencia a estos
como una de las técnicas posibles utilizadas para acotar
un tipo de incertidumbre.
Ahora
bien, para entender los procesos hay que comenzar por su análisis,
pudiendo recurrir a la reingeniería de procesos. Esta
debe contemplar cuatro aspectos que hacen a su éxito.
Estos son:
1.
La evaluación de la situación actual a través
de la realización de un diagnóstico
situacional. En otras palabras, será necesario
tener una comprensión muy clara de cómo son
los procesos al momento de hacer la diagnosis y cómo
impactan en el resultado de la empresa.
2.
La construcción de un estado futuro competitivo.
Esta es una de las tareas más importantes que deben
realizar los responsables de la empresa. Es la definición
de lo que se quiere como empresa en el fututo.
3.
La identificación de las herramientas
para llevar adelante los cambios. Definir las herramientas
es identificar cuáles serán los programas, los
procedimientos, los instructivos o los indicadores de gestión
que guiarán cada uno de los nuevos procesos diseñados.
4.
Los requerimientos de capacitación
que demande el nuevo estado futuro competitivo. Aquí
es necesario realizar un balance de las competencias requeridas
por la nueva visión y las que se dispone en la actualidad.
A
continuación se muestra la matriz de reingeniería
de procesos para ser aplicada en el área de
operaciones.

La
matriz ayuda a ensamblar cada una de las piezas del rompecabezas.
Se concibe a la empresa como un gran rompecabezas cuyas piezas
deben encontrarse bien ensambladas. Para que esta sea exitosa
debe tener construida la VISION de su Estado Futuro
Competitivo, y debe conocer cuál es su situación
actual. Luego debe diseñar las herramientas
necesarias para alcanzar la VISION, y debe diseñar
los planes de capacitación acordes
a las competencias requeridas.
¿Qué
se necesita para armar el rompecabezas?
Básicamente,
crear conciencia sobre la idea de “procesos”
entre los que integran la organización. Si el responsable
del abastecimiento de la empresa comprende que él es
el dueño del proceso de abastecimiento
y que su accionar afectará a los otros procesos de
la empresa, entonces será más fácil generar
cambios en la organización. Cuando sucede lo contrario,
los que deberían ser dueños del proceso se transforman
en actores pasivos de ellos. De esta manera pasan a ser presas
de la desorientación, afectando el accionar diario
y haciendo más ineficiente cada uno de los circuitos
que hacen a la empresa.
De
manera que para administrar de manera correcta una reingeniería,
se necesita gente con el conocimiento,
la experiencia y el compromiso
necesario para llevar adelante la VISION de lo que se quiere.

1.
Gente: las empresas se arman a partir de las personas.
Sin gente no hay organización, porque su propósito
es satisfacer la necesidad de los individuos.
2.
Conocimiento: esto implica que no cualquiera puede
integrar un equipo de trabajo. Quienes así lo hagan
deberán poseer determinadas aptitudes. El conocimiento
debe ser teórico-práctico, y quien lo tenga
debe ser capaz de transmitirlo al resto de la organización.
Entre las cualidades, debe destacarse la capacidad de interpretación
de los diferentes fenómenos que ocurren en el interior
de toda organización.
3.
Experiencia: en determinados puestos de trabajo deben
encontrarse las personas con la experiencia necesaria para
solucionar los problemas que se susciten en el corto plazo.
La experiencia de los miembros del equipo para el análisis
de procesos y de los individuos a los cuales se realizarán
las consultas, es de vital importancia para el éxito
de una correcta observación e interpretación.
4.
Compromiso: este es un valor que debe ser cultivado
y reconocido, dado que sin él será muy difícil
armar el rompecabezas. El compromiso se construye de arriba
hacia abajo en la escala de mando. Si la dirección
de la empresa no se ha comprometido con el proyecto de revisión
del proceso, será muy difícil lograr que los
mandos medios lo hagan.
5.
Visión: Si no se tiene la VISION de la imagen
que se quiere armar será muy difícil construir
una nueva organización.
Una
conclusión
Es
fácil ver que las empresas, independientemente de su
tamaño y del tipo de producto que elaboren, tienen
algo en común que denominaremos “proceso”.
Conocer cuáles son y cómo se relacionan entre
ellos es de fundamental importancia para jugar el juego de
los negocios.
Cualquier
ficha puede ser movida en primer lugar en la medida en que
tengamos en claro cuál es la visión
del estado futuro competitivo. Este guiará
el difícil camino hacia el éxito. La reingeniería
de procesos sirve para repensar a la empresa y para generar
las bases sólidas con las que deberá jugarse
el juego. Cuánto más compleja sea la empresa
más sólido debe ser el conocimiento de los procesos
que los miembros de la organización deben tener.
(1) Diego Ferrero. 2008. ¿Qué es y para qué
sirve la reingeniería de procesos? Artículo
publicado en www.materiabiz.com.
(2) Diego Ferrero. 2008. De la observación a la interpretación
de un proceso. Artículo publicado en www.secretosenred.com. |