Introducción
Se
entiende por Gestión de la Competitividad Total a la
filosofía y sistema de administración que tiene
por objetivo lograr la máxima eficacia y eficiencia
de cada uno de los sectores y procesos organizacionales, de
manera tal de elevar a un máximo la capacidad competitiva
de la empresa como sistema productor de bienes y servicios
de manera rentable para sus propietarios, asegurando su crecimiento
en el mediano y largo plazo. Para ello se hace uso de diferentes
herramientas de manera pragmática, evitando todo tipo
de dogmatismos y modas, adecuando las tácticas y estrategias
tanto a las realidades del entorno, como a aquellas que le
son propias a la industria y a la empresa.
El
TCM surgió como necesidad de superar las modas y dogmatismos,
tratando por tal razón de hacer el mejor uso posible
de las distintas herramientas brindadas por las distintas
metodologías en boga.
Si
hay un elemento que sirve de guía a la estrategia y
tácticas a emplear es el pensamiento “lean”,
corriente en la cual confluyen sistemas vanguardistas tales
como el Sistema de Producción Toyota, el Kaizen, Seis
Sigma, el Lean Manufacturing, el Sistema Tompkins de Mejora
Continua, el Sistema de Producción Sincronizado y la
Gestión Basada en Actividades. Ello implica coordinar
y lograr aplicar para cada empresa los pensamientos de Ohno,
Deming, Juran, Imai, Hirano, Goldratt, Harrington, Tompkins,
Kaplan, Shingo y Prokopenko, entre muchos otros.
En
las organizaciones existen múltiples oportunidades
que suelen pasarse por alto a pesar de su gran potencial para
generar beneficios. Entre ellas tenemos las limitaciones generadas
por la producción de fallos y defectos, del tiempo
de inactividad, del exceso de existencias y del incumplimiento
de los plazos de entrega. En Estados Unidos se les suele denominar
a estas oportunidades pasadas por alto “holgura”,
en tanto que los japoneses lo designan como “muda”.
Muda es esencialmente el despilfarro de mano de obra, de productos,
de dinero, de espacio, de tiempo, de información y
de cualquier otro recurso.
En
las épocas de prosperidad esa muda o holgura suele
quedar como está en las empresas occidentales. Pero
cuando aparecen las recesiones, momento en el cual las empresas
deben esforzarse al máximo, se hace hincapié
en la necesidad imperiosa de reducirla.
La
filosofía kaizen nos enseña que la holgura debe
reducirse constantemente, tanto en tiempos de prosperidad
como en tiempos de adversidad.
El
TCM es, pues, el sistema que haciendo uso de los principios
fundamentales de los sistemas antes mencionados, y guiándose
en la búsqueda de la continua y sistemática
eliminación de desperdicios, pretende lograr el máximo
valor para los consumidores y usuarios, obteniendo de tal
forma la máxima rentabilidad sustentable para la empresa,
incluyendo en ella a sus directivos, personal y propietarios.
¿Cómo
lograr esa competitividad?
Fundamentalmente
logrando cubrir las cinco bases del pentágono:
a)
Evitando las pérdidas resultantes de la ausencia o
carencia de información, y superando la posibilidad
de pérdidas debidas a falencias en el control interno.
b)
Eliminando las clásicas siete mudas de Ohno: por exceso
de producción, por sobre inventarios, por movimientos
y transportes internos innecesarios, por errores en materia
de procesamiento o métodos de trabajo, por fallas y
labores de reprocesamiento, por paros y tiempos de espera.
c)
Superando tanto los problemas motivacionales como de ergonomía
en los trabajadores.
d)
Adoptando (y adaptando) las mejores tecnologías existentes
(en función a las necesidades y posibilidades de la
empresa), sumados a la creatividad e innovación, tanto
en materia de productos y servicios, como de procesos productivos.
e)
Satisfaciendo eficaz y plenamente los procesos de diseño,
producción, ventas y cobranzas.
Para
ello es esencial poner en marcha un plan de Dieciséis
Ceros, destinado éste a eliminar o reducir a un mínimo
los diversos factores que individual, conjunta y/o combinadamente,
generan pérdidas o evitan la máxima obtención
de utilidades para la organización.
¿Cuáles
son éstos dieciséis ceros?
I.
Cero fallas o defectos
II. Cero papelería (burocracia)
III. Cero tiempos de espera
IV. Cero accidentes
V. Cero contaminaciones
VI. Cero enfermedades laborales
VII. Cero averías
VIII. Cero inventarios
IX. Cero rotaciones de empleados y clientes
X. Cero morosos e incobrables
XI. Cero niveles de insatisfacción de clientes y
empleados
XII. Cero fraudes
XIII. Cero desinformaciones
XIV. Cero improductividades
XV. Cero actividades repetitivas (duplicaciones)
XVI. Cero incomunicaciones
Su
filosofía y evolución
En
momento de grandes cambios, de enormes transformaciones, de
radicales alteraciones de paradigmas, la administración
de las empresas no puede seguir como una simple evolución
y proyección lineal de los principios surgidos de Taylor,
Fayol y Henry Ford.
Ya
la manera de hacer negocios no es la misma, y si bien algunos
se siguen aferrando a ella, el no saber cambiar a tiempo puede
provocar su desaparición. Nuevos mercados, nuevas tecnologías,
nuevas empresas y situaciones radicalmente diferentes, hacen
que tomar decisiones de la misma forma en que se hacía
unas décadas atrás ya no sea posible ni conveniente.
Pero
entre lo viejo y lo nuevo hay que tener la sensatez y capacidad
de comprender qué ha cambiado, qué va a cambiar
y qué no cambiará durante bastante tiempo. Es
éste uno de los puntos claves en el desarrollo de la
nueva administración de las organizaciones. De aquí
la trascendental importancia de comprender debidamente la
naturaleza humana.
Estamos
viviendo una de las épocas más inquietantes
y revolucionarias de todas las acaecidas en la historia de
la humanidad. Momentos, los actuales, de mayores peligros
y riesgos globales. El cambio climático, la desaparición
de especies, la alteración del contorno de muchos países,
los enormes desplazamientos de seres humanos, las terribles
catástrofes naturales, la aparición de nuevas
e irracionales ideologías, y los sucesivos cataclismos
financieros, cambian por completo la manera de pensar y adoptar
decisiones por parte de los directivos y funcionarios de organizaciones
tanto públicas como privadas.
Ahora
a la hora de tomar decisiones cuentan tanto factores éticos
vinculados con el recalentamiento de la Tierra, el peligro
de las especies, los factores de la globalización,
los riesgos políticos y de seguridad, el cambio en
los tipos de consumos y la mayor variedad y riqueza de los
recursos humanos existentes en el entorno.
Ya
no se trata de reemplazar un sistema o método de administración
por otro, sino de adoptar lo más provechoso de cada
uno de ellos de manera tal de evitar la pérdida de
experiencias y capacidades.
El
querer aplicar una determinada metodología de manera
dogmática sin tener en cuenta las diferencias culturales
de la empresa y su entorno, ni las variaciones existentes
en materia de recursos humanos y tecnológicos, como
así también las distintas realidades económicas
y sociales de la empresa, no generan más que derrotas
y despilfarros en las organizaciones.
Así
pues, es hora de:
•
Evitar dogmatismos.
• Buscar sistemáticamente la simplicidad.
• Entender que no se trata de fórmulas, sino
de formas de razonar y evaluar los problemas, las situaciones
y soluciones.
• Tratar de descubrir las nuevas y complejas realidades.
• Concentrar el máximo de esfuerzos en la búsqueda
de las causas raíces, la prevención y la mejora
continua.
• Comprender que no sólo rige la racionalidad,
sino también la irracionalidad en el mundo tanto de
la política, como de lo social y de los negocios.
• Entender que no se trata de dejar de lado sistemas,
sino de adoptar en cada momento y situación las herramientas
más aptas a las necesidades de la organización.
Aspectos
a tener siempre en cuenta
Hay
ítem que un directivo nunca debe olvidar ni dejar de
tener en consideración de manera permanente. Son aquellos
aspectos o cuestiones que marcan y hacen la diferencia. Estos
son:
1.
Tener una organización liviana y flexible, rápidamente
adaptable a los cambios del mercado, la economía, la
tecnología y la sociedad.
2.
Entrenar de manera continua el comportamiento y la actitud
tanto reactivo como proactivo.
3.
Búsqueda permanente de mejoras en cada tarea, actividad,
proceso, producto y servicio. Ser conciente de que todo es
mejorable.
4.
Hacer de los planes de contingencia una herramienta esencial.
5.
Reconocer que lo que hace factible el éxito tanto en
la implementación de los sistemas como en la competitividad
de las empresas es el factor humano.
6.
Visualizar la importancia crucial del liderazgo positivo,
con toda su connotación en materia de ética
y crecimiento.
7.
La motivación como herramienta crítica y fundamental
para la conducción del personal.
8.
Disponer de mediciones y controles críticos y fundamentales
que permitan monitorear en tiempo y forma la marcha y las
desviaciones en el andar de la empresa.
9.
Implementar un Sistema de Ajustes Sistemáticos (SAS)
que permita llevar las mediciones y ratios actuales a las
fijadas como objetivo.
10.
Entrenar para el trabajo en equipo, y no sólo con carácter
funcional, departamental, o de procesos, sino de la organización
como un conjunto.
11.
Desaprender y aprender cada vez con mayor velocidad.
12.
Seguimiento continuo del entorno de los negocios.
Conclusiones
Este
nuevo siglo requiere de nuevos paradigmas. La manera en que
el empresario ve su empresa y los negocios constituye un paradigma.
Para que dicho paradigma no sea un mapa que le indique un
falso camino, es menester adoptar nuevas y mejores formas
de pensar y analizar los negocios. El TCM© pretende llenar
esa necesidad, mostrando nuevas formas de encarar los procesos
y las actividades de la organización. No se trata de
inventar algo nuevo, sino de saber apreciarlo de una manera
diferente.
El
TCM© trata de mostrar algo distinto y ayudar a la mejora
cuantitativa y cualitativa de las organizaciones.
¿Qué
es lo realmente importante para una organización? No
lo son ni las normas ISO, ni la informática. Lo fue,
lo es, y lo será siempre su gente, su manera de pensar
y hacer las cosas. Su forma de decidir y mejorar. Su ética
de trabajo y las ganas de querer ser más competitivo
cada día. Lo que hace diferente a Toyota, Casio, Honda,
Nissan o 3M son estos factores. Nadie le pregunta a Toyota
o Nissan por sus normas ISO. Honda, 3M o Gillette no son lo
que son por sus sistemas informáticos. Todos ellos
son lo que son por sus culturas de trabajo, sus filosofías
de gestión, sus líderes y el alto nivel en las
relaciones humanas entre los miembros que las conforman. En
el fondo es una manera de pensar y de sentir, o sea una cultura
empresaria que exige y fomenta constantemente la excelencia.
5.
Bibliografía
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Editorial Deusto. 2006.
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• Los dieciséis ceros – Mauricio Lefcovich
– www.gestiopolis.com – 2007
• Las mudas estratégicas – Mauricio Lefcovich
– www.gestiopolis.com – 2007
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• Sane a tiempo su negocio. Koontz Traversa. Bloomberg
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• Resolución de problemas mediante TQC. JUSE
Research Group. Productivity. 1991. |