Aquellos
que creen que la capacitación es costosa,
pueden probar con la ignorancia.
El
concepto de calidad es hoy moneda corriente en las empresas
y organizaciones de nuestros países. En muchas empresas
cada año el tema se reaviva en ellas y surgen ideas
y planes que la mayoría de las veces quedan en la nada.
La
creencia generalizada es que para acceder a una alta calidad
sólo se puede hacer a través de costosos y complicados
procesos. La mayoría de las veces esto es cierto y
suele desalentar a aquellos empresarios que por diferentes
razones no pueden acceder a dichos procesos.
Pero
existen algunas herramientas de aplicación sencilla
y de costo accesible, que al ser aplicadas mejoran enormemente
la calidad de los servicios.
Una
de esas herramientas es la capacitación de las personas
que por sus méritos accedieron a puestos de gerencia,
jefatura o supervisión. Es habitual que éstas
accedan a puestos superiores porque se destacan por su eficiencia
en el cumplimiento de sus tareas.
Ahora
bien, cuando el buen empleado pasa a ser gerente, jefe o supervisor,
¿alcanza con que sepa hacer muy bien sus tareas? No.
Es necesario que esa persona cuente además con habilidades
para la comunicación interpersonal, para facilitar
el trabajo en equipo y para capacitar a su vez a su gente.
No es lo mismo saber hacer muy bien una tarea que enseñar
a hacerla muy bien. La mayoría de las veces estas personas
no consiguen trasmitir eficientemente lo que han aprendido
porque no cuentan con las herramientas de capacitación
adecuadas.
Aun
así las cosas parecen funcionar, pero posiblemente
lejos de los niveles de calidad que al día de hoy el
cliente espera como servicio.
¿Qué podemos hacer?
Capacitar.
No
todas las personas que hace falta capacitar son iguales ni
tienen las mismas necesidades al mismo tiempo. Son funciones
de un gerente, jefe o supervisor, detectar cuáles son
las necesidades de capacitación.
Un
equipo de trabajo debe tener los objetivos claros para saber
hacia dónde está yendo. Del mismo modo deben
ser claros los objetivos de la capacitación. Si no
sabemos hacia dónde vamos, va a ser muy difícil
saber cuándo hemos llegado. Los adultos se desmotivan
fácilmente si no perciben una relación bien
directa entre lo que tienen que aprender y su práctica
cotidiana.
Hoy
se sabe que el aprendizaje de los adultos tiene cuestiones
específicas que quienes tienen la función de
capacitar deben conocer para poder transmitir eficientemente
sus conocimientos.
No
alcanza con saber muy bien los aspectos prácticos,
además de saber transmitirlos hay que asegurarse de
que el otro los incorporó, los hizo suyos, por lo tanto
los aprendió y sabe aplicarlos. Este tipo de aprendizaje
es el que se sostiene en el tiempo.
También
los encargados de capacitar deben poder evaluar adecuadamente
los resultados, saber qué observar, cuándo repetir,
cuándo corregir, cuándo dejar solo al empleado,
cómo asegurar que lo aprendido perdure en el tiempo,
más allá del momento de la capacitación.
En
este momento de incertidumbre, los empresarios saben que el
factor que puede distinguir su empresa de las otras está
dado por la calidad en la preparación de su gente.
El factor competitivo más importante está (y
estará) en la educación.
La
capacitación de la gente que capacita es una herramienta
importantísima para crear una cultura de aprendizaje.
La
cultura de aprendizaje no se limita a una actividad cada tanto,
sino que se desarrolla cuando el aprendizaje es parte del
quehacer cotidiano.
|