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Si
bien en el mundo de la empresa y los negocios hay que
aprender a ser un buen líder, dicho aprendizaje
parte por aprender primero cómo ser un buen colaborador.
Como no hay cursos para ello, uno generalmente basa
su estilo de colaboración asumiendo cómo
le gustaría que uno de sus subalternos fuera
con uno. En función de aquello, uno puede establecer
cuatro fundamentos esenciales en la relación
que uno debe establecer con su autoridad, a fin de ser
realmente un buen colaborador.
1)
En primer lugar, uno debe presentar a su jefe de la
manera más simple y selectiva los problemas que
debe resolver, ojalá con alternativas de solución
efectivas, sin temor a que la opinión de uno
contradiga la del superior o pueda ser ignorada por
éste. Eso sucede, por ejemplo, en el caso de
Sancho Panza, reflejo de la máxima cotidianeidad,
quien con sus refranes y cultura popular acompaña
los pasos de un guía, el insensatamente sabio
don Quijote de la Mancha, siendo incapaz de contradecirlo,
por ejemplo, al apreciar la real “belleza”
de Dulcinea del Toboso, llevándole el amén
permanentemente.
2)
También debe ayudar a su superior a decidir adecuadamente
en función de los objetivos del negocio y no
del propio. El opuesto a este estilo lo apreciamos en
el Lazarillo de Tormes, quien representa al subordinado
pícaro y astuto, a quien lo motivan sus propios
intereses, y su compromiso se centra más en sus
necesidades que en los objetivos comunes. Al igual que
el personaje, este tipo de trabajador cae en el cinismo
y a veces en el mal uso de los recursos de la empresa,
a causa de su inmoralidad. Quizás debido a su
ignorancia y a sus pesares, uno puede lograr simpatía
por el Lazarillo, pero en el lugar del ciego y con plena
información de los actos, cualquiera de nosotros
lo despediría.
3)
Debe ser capaz, además, de responder todas las
preguntas a su jefe, relacionadas con el negocio y de
las cuales uno posea respuesta, incluso aquéllas
que merecen una contestación incómoda
para él. Esto lo podemos apreciar en Bertuccio,
mayordomo de Edmond Dantès, también conocido
como el Conde de Montecristo. Subalterno y superior
caen en una eventual demencia. Quizás por aquéllo
se justifica que el empleado no detenga en sus malandanzas
al Conde, quien un día le dice a su mayordomo:
“Uno de los dos debe estar loco”. El subalterno
con elegancia respondió “El señor
no iba a contratar a un mayordomo demente”.
4)
Por último, cuando su jefe le pregunte algo,
uno debe responder con mucha seguridad, con información
procesada, apoyada en datos, con opiniones propias y
argumentadas, ya que su superior no tiene por qué
saber de todo, y menos ser experto en lo que usted sí
lo es. Por tanto, no hay que ser como Tomás Rodaja,
quien fue hechizado por no corresponder a un amor, transformándose
en un desquiciado que asumía ser de vidrio, tildándose
de Licenciado Vidriera, capaz de dar las más
insólitas respuestas a los habitantes del pueblo,
con temor a romperse por su supuesta fragilidad. El
no ser capaz de decirle a un superior cuando éste
se equivoca es cobardía, por miedo a su propia
debilidad, como la del joven Werther, quien ni siquiera
logra afrontar su lasitud en el plano personal.
Es
que el mejor colaborador es aquél que hace su
trabajo de manera efectiva y con iniciativa, soluciona
los problemas que enfrenta, colabora con las decisiones
según los objetivos corporativos, y es sincero
y profesional en su papel de subalterno. En síntesis,
hay que ser leal con su jefe. Lealtad no sólo
cuando el escenario sea favorable, puesto que cuando
uno comete un error debe reconocer su grado de responsabilidad,
y no simplemente responsabilizar a toda la empresa,
afirmando sobre un error que “Fuenteovejuna fue”.
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Piero
Moltedo Perfetti
es MBA (Master en Administración de Empresas), Universidad Carlos III
de Madrid, España. Master en Marketing, IEDE, de Madrid, España.
Ingeniero Comercial, Licenciado en Ciencias en la Administración de
Empresas, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.
Diplomas en Marketing Estratégico, Kellogg`s Northwestern University,
USA; en Alta Dirección Internacional de Empresas, Universidad Adolfo
Ibáñez, Chile; y en E-learning, Universidad de Sevilla, España.
Premios: Mc Graw Hill Chile al mejor postgraduado en Marketing 1998; Mejor
Profesor MBA 2003, EAE, España. www.pieromoltedo.cl
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