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Cómo
interpretar la situación sería parte de
la solución si no fuera porque la intención
de tu jefe no siempre coincide con tu percepción.
Sigamos
con la nota que comenzamos en el artículo
anterior. Ya vimos dos perfiles distintos de jefes,
ahora veamos algunos de los comportamientos típicos
que más podrían irritarte (nota: si tú
eres jefe, esto podría servirte para reconocer
el daño potencial que podrías estar causando,
consciente o inconscientemente, por no haber dedicado
un tiempo a actualizar los job descriptions
o por no haber reservado diez minutos para entender
por qué alguien de tu equipo considera injusta
su carga de trabajo. Recuerda que esto tiene unos costos
ocultos enormes, que se traducen en rotación,
baja performance, hostilidad intra-equipo, ruptura en
la comunicación y conflictos internos, los cuales
a su vez puedes traducir fácilmente en dinero).
¿Hay
justicia en las organizaciones?
El
comportamiento de tu jefe puede ser desde ambiguo hasta
lo que quieras, pero en realidad lo que más puede
jugarte en contra es la reacción que tomes al
respecto. Te digo algo sobre esto y vuelvo a tu jefe:
cuando uno piensa si es justo que a fulano le den tan
poco trabajo y a mí no, o viceversa, que le den
mucho trabajo a él y a mí no, o que lo
nombren project leader a él y a mí no...
o que me nombren responsable de otro proyecto a mi y
a él no... la persecución de la justicia
laboral comienza a volverse, sin querer, en el foco
de tu esfuerzo, tus comentarios y tu día a día.
Y ahora, de la noche a la mañana, el problema
ya no es de tu jefe, es tuyo. Te lo compraste. Tu percepción
de la situación se adueñó de tu
pensamiento, afectando así tu comportamiento
posterior, y seguramente los resultados que comenzarán
a llegar –por ejemplo: si piensas que estás
siendo injustamente tratado y no estás siendo
oído, posiblemente quieras tomar tus propias
acciones correctivas, llegando tarde, yéndote
más temprano o tomándote más minutos
para el almuerzo cuando el jefe no te esté mirando–.
Esta dinámica, lejos de ser virtuosa, lleva intrínsecamente
las semillas de muy pequeñas y malas decisiones
tomadas diariamente, lo que te posiciona en el umbral
contrario al del éxito.
Un
entorno laboral en erupción: te pide que entrenes
a otros que, debido a esto, estarán logrando
promociones que se te niegan automáticamente
a ti.
"Esto
se pone feo... ¿entrenar a otros para que logren
el puesto o la posición que yo quería?
¿Qué clase de pedido es ese? ¿Cómo
va a jugar así con mi moral? OK, yo se los entreno,
pero que se prepare. Van a quedar bien preparaditos...
je, je, je."
La
sensación de sentirse utilizado (por no decir
otra cosa) es algo que apunta directo al corazón
de la víctima, más aún cuando las
expectativas, los mensajes y hasta la evaluación
de desempeño, hablaban de otra cosa. Pero analicemos
el pedido una vez más: “Te pido que entrenes
a tal y tal, para tal cosa”. Si toman la situación
literalmente, lo único que recibieron es información,
ninguna patada en ningún lado. Tu pensamiento
se encargó de traducir eso en lo que sería
la peor de tus novedades del día. ¿Por
qué? Porque pedirte que entrenes a otros...
a)
no es poca cosa;
b) es una enorme responsabilidad;
c) siempre dio prestigio;
d) te prepara para más.
El
error de tu jefe pudo haber sido el no ser claro en
tu proyecto de carrera; pero que el tuyo no sea el de
no valorar un movimiento horizontal. Olvídate
por un momento de pensar que el único avance
en las organizaciones es el vertical (como sucedía
antes), ya que en organizaciones matriciales la exposición
horizontal (misma responsabilidad, distintas áreas),
diagonal (algo más de responsabilidad y misma
área) también son muy frecuentes.
Estas
son varias posibles alternativas o sugerencias de acción
para cada una de las dos actitudes mencionadas anteriormente:
1.
En el caso del jefe “poco amante de la equidad”:
-
Busca respuestas (utilizando preguntas que alienten
a la comprensión, no que inciten al ataque)
a las siguientes preguntas: ¿será
que me da más trabajo porque sabe que puedo?
¿Será porque me está exponiendo
a algo de mayor responsabilidad? ¿Será
porque soy el único que puede hacerlo? ¿O
será porque alguien tenía que hacerlo
y quedé yo? ¿O será por alguna
otra razón que desconozco?
-
Eres realmente el único al que le pasa esto
del “extra workload”? Tú tienes
más tareas que otro, pero ¿no habrá
alguien que tiene más tareas que tú?
No es una satisfacción, pero al menos tu
jefe balancea para todos lados. Te sugeriría
que no le dediques mucho tiempo a esto, pero si
realmente quieres armar tu “caso”, investiga
lo que hacen otros, qué ha pasado con quienes
han trabajado con este jefe... ¿puedes encontrar
alguna evidencia que demuestre que la cosa es contra
ti?, ¿o se sabe que lo hace siempre, con
todo el mundo? ¿Hay más gente que
se ha sentido subestimada y sobrecargada de trabajo?
- Si
al fin pudieras concertar una reunión con
tu jefe, ¿tienes ya una idea de lo que para
ti representaría una carga de trabajo equitativa,
desafiante y realizable? Nada peor que tener la
pelota de nuestro lado y no saber finalmente qué
hacer con ella.
-
Y en este caso, como consejo final, te diría
que no juzgues tu trabajo por “carga de trabajo”;
a la larga, si las cosas no te salieran como quisieras,
podrías estar quejándote por falta
de trabajo. Tú decides qué prefieres.
Piensa.
2.
En el caso del jefe que parece pedir cosas que no encajan
en tu “modelo”:
-
Todo lo que te sirva para ser más necesario
para tu empresa o, en su defecto, más empleable
para el mercado de trabajo, cómpralo. Suma
competencias, suma activos intangibles. Tú
fuiste el favorito, no ellos. Y asegúrate
de hacer el mejor trabajo que puedas, entrenando
a ese equipo.
-
Si aún sientes que ese puesto podría
ser tuyo (al fin y al cabo lo estarás entrenando
para lo que se espera del puesto), pregúntale
directamente a tu jefe por qué no te consideró
para el mismo. ¿Se necesita algo que tu no
tienes o algo que aún te falta desarrollar?
¿Eres bueno y tienes las competencias necesarias
para entrenar a la gente en “project management”,
pero no estás preparado para liderar un proyecto
en el que la presión, el estrés y
el nivel de reporte es continuo? ¡Puede ser!
No todo el mundo es bueno para todo, por lo cual,
toma coraje y hazle a tu jefe esa pregunta. Y no
esperes tres meses para hacerla; te podrías
estar perdiendo alguna nueva oportunidad de promoción.
Conclusión
Si
piensas que es injusto que los demás no te promocionen...
piensa qué puedes hacer para promocionarte tú
mismo. Aprende las reglas del juego e inicia tu propia
campaña de marketing personal. Los jefes no son
lo que deberían ser ni hacen lo que quisiéramos
que hicieran. De hecho, posiblemente están repitiendo
los errores que juraron no cometerían cuando
fueran jefes. Pero son los jefes, y hoy estás
en esta situación. Y por alguna razón
(que trasciende tu esfera de conocimiento) están
allí. Así que eres tú el que debe
decidir cada paso y, sobre todo, cada pensamiento asociado
a la información que recibes de ellos. |
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